viernes, 4 de marzo de 2016

CRISTÓBAL CABRERA [18.191]


Cristóbal Cabrera

Cristóbal Cabrera nació en Burgos hacia 1513. El día 15 de noviembre de 1598 moría en Roma.

Este casi desconocido escritor español es el autor de los dísticos latinos que figuran en el Manual de adultos de 1540, hasta hoy el más antiguo impreso conocido de Juan Pablos. Cf. Joaquín García Icazbalceta, Bibliografía mexicana del siglo XVI, nueva ed. por A. Millares Carlo, México, Fondo de Cultura Económica, 1954, pp. 58-61, quien reproduce los dísticos con una traducción. Estos dísticos son, según Millares Carlo, los primeros versos latinos publicados, no sólo en Nueva España, sino en América.“Apéndice” a la Bibliografía mexicana del siglo XVI, pp.518-519.

Cristóbal Cabrera nació en Burgos hacia 1513. Llegó a México, según sus propias palabras, “paene puer” [casi niño].

Apud Elisa Ruiz, “Cristóbal Cabrera, apóstol grafómano”, Cuadernos de Filología Clásica, 12 (1997), p.63. 

Vivió en Nueva España protegido primero por el virrey Antonio de Mendoza y luego por Vasco de Quiroga. En 1535, aún adolescente, era ya notario apostólico.  Participó en el sínodo de México, celebrado el 27 de abril de 1539, como asistente de Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán. Fue un poeta prolífico en español y en latín. Nicolás AntonioBibliotheca Hispana Nova, Madrid, Viduam et Heredes D.J. Ibarrae, 1783, t.I, p. 284.. cita las siguientes obras: Flores de consolación,Cabrera publicó esta obra en México, según lo asienta en el prólogo al Cancionero (mencionado infra): “... Ni tampoco pusiera aquí mi nombre como no lo puse en otro librico que días ha escribí a ruego del primer obispo y arzobispo de Méjico y primera marquesa del Valle llamado Flores de consolación...” (apud Michel Darbord, La poésie religieuse espagnole des Rois Catholiques à Philippe II, París, Centre de Recherches de l´institut D´Ètudes Hispaniques, 1965, p. 302). 

Según José María Vigil (Reseña histórica de la literatura mexicana, México, s.e. 1909 [?], p. 224) “hay motivo para creer que esta obra es la misma escrita en latín con el nombre de Meditatiunculae, que sin nombre de autor mandó en obispo de México a la Marquesa, quien la hizo traducir en castellano”. Meditatiuncula ad serenissimum Hispaniarum principem Philippum, Censura novae opinionis Eucharistiae, Rosarium Beatae Mariae juxta Evangelium sacramque scripturam, entre otras. E. Burrus en su artículoE. Burrus, “Cristóbal Cabrera (ca. 1515-1598), first American author: A check list of his writings in the Vatican library”, Manuscripta, 4 (1960), 67-69. localizó cincuenta escritos de Cabrera que incluyen tres volúmenes de poesía, uno en latín y dos en español. En Poetas religiosos inéditos del siglo XVI (La Coruña, 1890), Marcelo Macías edita un cancionero suyo, titulado Instrumento espiritual, cuyo prólogo está fechado el 25 de marzo de 1555, cuando Cabrera ya se encontraba viviendo en Roma. Según Michel Darbord este Cancionero contiene la poesía religiosa de Cabrera, en la que destaca la práctica del soneto: 

“C`est un des plus importants efforts pour adapter le sonnet en hendécasylabes italiens aux thèmes spirituels”.Op. cit., p. 303. Sin embargo según Eliza Ruiz (art. cit., p. 118), 4 de los sonetos publicados por Darbord son espúreos. La misma autora considera autènticos once sonetos: 

“¡Oh fe, luz de mis ojos verdadera!”, “¡Oh bienaventurado quien retiene!”, “Mi ánima Señor, es navegante”, “De ti salen las cosas producidas”, “Dulzura de mi alma, mi bien sumo”, “¿Quién es el que se mira en el espejo?”, “A tu suma humildad, Virgen gloriosa”, “Amaréte, Señor, mi fortaleza”, “El Señor es mi luz, salud y vida”, “Señor, en ti esperé muy confïado” y “principio, medio y fin del alma mía”. Tanto así que Marcel BataillonErasmo y España. Estudios sobre la historia espiritual del siglo XVI, trad. A. Alatorre, 2a. ed. En español corr. y aum., México, Fondo de Cultura Económica, 1966, p. 820. lo considera uno de los creadores del soneto espiritual.

En atención a lo poco que se sabe de este autor, al lauro de haber sido el primero en publicar versos latinos en el Nuevo Mundo y a su aplicada actividad intelectual durante su residencia en Nueva España,También Francisco Pimentel en su Historia crítica de la poesía y de las ciencias en México (a partir de la ed. de 1982, no en las anteriores de 1883 y 1885) menciona Cristóbal Cabrera como uno de los primeros poetas, aunque español, que produjo parte de su obra en Nueva España (cf. Francisco Pimentel, Obras completas, México, Tipografía Económica, 1903, t. 4, pp. 27-28). aparece aquí Cristóbal Cabrera como el primer autor español de la Colonia con un soneto que reproduce Millares Carlo en el citado apéndice a la Bibliografía de García Icazbalceta, reproducido también por José Almoina “Importante corpus bibliográfico” (reseña a Joaquín García Icazbalceta,  Bibliografía mexicana del siglo XVI) Boletín del Instituto Caro y Cuervo, 13 (1958), 207-221, p. 220. (de donde lo toma Millares Carlo) y por M. Darbord (op. cit.) y una canción reproducida por Elisa RuizArt. cit., pp. 120-121. a partir del manuscrito de la Biblioteca Vaticana, descubierto por Marcelo Macías y García.Poetas religiosos inéditos del siglo XVI, sacados a la luz con noticias y aclaraciones, La Coruña, 1890.


CRISTÓBAL CABRERA, APÓSTOL GRAFÓMANO

Por ELISA RUIZ

El día 15 de noviembre de 1598 moría en Roma, al amanecer, Cristóbal Cabrera. Dan fe de este suceso la lauda sepulcral a él dedicada en la capilla de la Inmaculada Concepción que forma parte de la iglesia de San Michele al Borgo Vecchio’ y la copia del testamento registrada en el Libro Maestro de la archicofradía de la Resurrección. El carácter fidedigno de ambos documentos es indubitable. A partir de ellos, y siguiendo una técnica de flashback., vamos a intentar reconstruir el hilo de la presente historia.

Como es natural, el primer tramo de nuestra investigación consistirá en localizar el lugar y la fecha del nacimiento de Cabrera. El gesto casi instintivo, de un conocedor de esta época es recurrir a los repertorios bibliográfico-literarios más o menos coetáneos, a saber, la recopilación hecha por un grupo de eruditos que responde al titulo de Hispaniae Bibliotheca t la Pinacotheca de Janus - N. Erythraeus’ y la inevitable Bibliotheca Hispana Nova de nuestro compatriota Nicolás Antonio. En las dos primeras obras ni siquiera se recoge su nombre. Olvido incomprensible. En la tercera se le consagra un artículo de cierta longitud. En él se afirma:

Palentinuin patria eumn fuisse iam notavimus, civem tamen se Medinae de Rioseco. imo et canonicum alicubi vocat.

En realidad anteriormente no nos ha dicho el nombre de la ciudad que lo vio nacer, sino tan sólo que fue sacerdote de la diócesis de Palencia. En todo caso el pasaje es digno de comentario.
En la edición de Manual de Adultos su nombre aparece acompañado del adjetivo burgensis. Este toponímico no volverá a encontrarse en ninguna de sus múltiples obras ni tampoco en la inscripción sepulcral donde simplemente figura Hispania. El silencio y la mala información que han reinado sobre este personaje son tales que no se ha llegado a dilucidar todavía este particular. Agustín Renedo lo incluye en su elenco biográfico Escritores Palentinos , por el
contrario no se le cita en un trabajo de corte idéntico al anterior llamado Escritores Burgaleses . A nosotros, sin embargo, el manejo de la copia del testamento inédito de Cabrera nos ha permitido zanjar la cuestión. Al hacer la partición de sus bienes él menciona un censo que compró «en Zaratán junto a Valladolid» y pide que se le haga « decir una misa cada semana en la iglesia parroquial de Santa Olalla donde están sepultados parientes y yo recibí recién
nacido el Santo Bautismo y después la Confirmación». Queda, pues aclarado este pormenor.
La fecha de su nacimiento la podemos conocer también a través de sus propias palabras. En el tercer volumen del trabajo llamado Bvangelica Bibliotheca declara que éste fue terminado ¿líe testo Sanctae Immaculatae Conceptionis Beatae ac Virginis Dei Matris, hujus pauperis peccatoris natali. De igual modo en su testamento pide que se digan misas en dicha festividad por la misma razón.

Corrobora esta datación su inscripción funeraria en donde se afirma: Vixit annos 84 (sic) M[enses] XI D[ies] VI¡. Estas cábalas nos remontan al 8 de diciembre de 1513 0 En efecto, se puede apreciar en Cabrera una particular devoción por la figura de la Virgen, y en especial bajo esta advocación, tanto en sus escritos, según veremos, como en sus actos. La construcción a sus expensas de una capilla en honor de la Inmaculada da buena prueba de ello:

Pro devotione autem erga B. Virginem et Michaelem Archangelum in sacra huius aede ad Vaticani radicem, quam. Michaelis de Sala tunc vocabant> fundata ibi propriis sumptibus et consecrata conceptae absque ulla macula Virginis capella II.

Tormo lo califica incluso de «teólogo inmaculadista.” y Nicolás Antonio nos transmite una curiosa explicación de su consagración a Dios y de su vinculación personal con la Madre de Cristo:

Natus est Christophoro patre ac Beatrice matre, statim ac novit, maior factus, parentes desiderio prolis habendae, si nasceretur, Deo eum votis suis consecrasse> ac sanctissimae Dei Matris Conceptionis festo sese in lucem editun, fuisse, vitae caelibi atque ecclesiasticae addictus Romam tandem venit 

En cuanto a su familia sabemos el nombre de sus padres, doña Beatriz Alvarez y don Cristóbal Cabrera, médico de profesión, y el lugar donde se hallan enterrados, la iglesia parroquial de Medina de Rioseco y la de San Francisco de Villalón, respectivamente. Mimismo conocemos la existencia de hermanos. Nicolás Antonio cita nominalmente un varón y siete hembras, de las cuales cuatro casadas.

También menciona otras cuatro hermanastras, fruto de un primer matrimonio de su padre. Cabrera en un soneto acróstico nos da los nombres de Elvira y Leonor, de estado religioso. Este último onomástico aparece en el artículo de la BHN. La misma fuente nos dice que el escritor viene a Roma una cum fratris sul relicta quam per vianz sorons compellavit. En efecto, en toda la documentación legal y funeraria se le otorga este grado de parentesco a una tal Isabel con la que estuvo particularmente unido y con quien debió de convivir durante largos años en Roma. Junto a él fue enterrada un año más tarde de la muerte de aquél y tras la copia del testamento de Cristóbal se encuentra también, en el mismo legajo, el de Isabel. Esta mera coincidencia de emplazamiento simboliza y traduce materialmente un excelente entendimiento fraterno.


2. VIAJE A LAS INDIAS

La falta de documentos sobre la vida de este escritor nos impide trazar con cierta abundancia de datos el desarrollo de su existencia.
No obstante, hemos conseguido situar los jalones esenciales de su cronología, acudiendo a unas fuentes fidedignas: su propia obra y su testamento. En el ms. Vat. Lat. 1164, que conserva una traducción del griego al latín de los Argumenta itt omnes epistolas ‘ hecha por el propio Cabrera, se lee en una carta de dedicatoria al obispo Juan de Zumárraga, de mano del autor, lo siguiente:

Hoc ergo quicquid est jaboris mibi visuin est, secundum Deum ciii me totum debeo, tuae nuncupare Prudentiae. Nam praeter quam quod me quodam pene puerum statim ex Hispania ingressum Mexicun, domi fovisti, aluisti ac humaniter reparasti arnoreque vere paterno semper es prosecut os; donasti etiam hypodiaconi. diaconique munere; ac de¡num Christi gratia actum est ut modo mihi indigno imbecillique adolescenti presbyterii onus et honos imponeretur.

Hemos dado la cita itt extenso porque todo cuanto allí se afirma es de capital importancia para conocer a este personaje. En primer lugar queremos subrayar el hecho de que arriba a Méjico. Ignoramos las razones que le mueven a participar en la magna empresa de la colonización de las Indias, máxime siendo de tierra adentro. ¿Pobreza familiar? ¿Sed de aventuras? No hay que olvidar la circunstancia de que el descubrimiento de América es un hecho sucedido hace tan sólo unos treinta años. La edad temprana de Cabrera y, quizás, la falta de medios, nos deja entrever que llegó al Nuevo Mundo ancho de esperanzas y estrecho de conocimientos. Su encuentro con el benemérito franciscano Juan de Zumárraga es decisivo, el cual no sólo le acoge en su casa, sino que además velará por él como un auténtico padre. Nada más elocuente que su propio testimonio. Suponemos que bajo su tutela debió aprender latín, griego, teología y gran parte de los vastos conocimientos humanísticos que después van a emerger en su amplia obra. Un hecho es cierto: en 1535, aún adolescente, es ya notario apostólico según obra en la documentación relativa a la erección de la Iglesia, sic) de Méjico. Tres o cuatro años más tarde accedería al sacerdocio. Por estas mismas fechas participa en el Sínodo de Méjico, celebrado el 27 de abril de 1539, como asistente del obispo de Michoacán, Vasco de Quiroga, hombre de gran personalidad, vasta cultura y dotado de un profundo y recto espíritu evangélico, según se deduce de su propia labor y del impacto causado en Cabrera y que se refleja en algunas páginas del tratado De solicitanda infidelium conversione. Al amparo de este prelado debió ultimar su formación profana y religiosa ~ puesto que en 1540 se edita en Méjico el Manual de Adultos, obra de carácter religioso compilado por Pedro de Logroño y en colaboración con el bisoño sacerdote, con vista a las tareas evangelizadoras en curso.
De este libro compondrá Cabrera el texto poético que sirve de introducción, las partes literarias y el índice de materias. Dicho sea de paso, este volumen, o mejor dicho, las páginas existentes, constituyen el primer ejemplar impreso en América. El dato merece ser tenido en cuenta. Probablemente en el año 1536 se iniciaron los trámites para importar este sistema de difusión cultural al Nuevo
Mundo bajo las instancias del virrey don Antonio de Mendoza y del propio Zumárraga. Al cabo de largos meses llegaron de España y concretamente procedentes del prestigioso taller sevillano de Juan Cromberger, las piezas necesarias para poner en marcha la nueva industria. El dinamismo de muchos de estos pioneros es sorprendente: han transcurrido tan sólo cuarenta y ocho años del descubrimiento de las Indias y apenas pocos más desde la invención de la imprenta. No olvidemos que el primer libro en lengua inglesa estampado en este continente data de 1640.

3. DE NUEVO ESPAÑA

En el año 1545 regresa a la patria. Al igual que ignoramos las razones de su ida, desconocemos los motivos de su vuelta. Lo que sí podemos afirmar es la huella importante que estos años dejan en su vida. Cuando de nuevo lo encontramos en su Castilla natal, y concretamente en Medina de Rioseco donde obtendrá más tarde una canonjía> es ya un eclesiástico lleno de experiencias misioneras
y humanas, amén de hallarse en plena posesión de sus dotes intelectuales. Resulta curioso comprobar cómo en Nicolás Antonio no hay eco de esta aventura mejicana. Este lapsus y algunas otras inexactitudes que hemos observado en el artículo por él elaborado en honor de Cabrera nos induce a pensar que su información sobre este escritor fue particularmente superficial e indirecta. En caso contrario habría tenido noticias del viaje a Nueva España del que hay referencias en los mss. vaticanos. No obstante debemos confesar, en honor de la verdad, que las alusiones no son excesivas, ya que se encuentran localizadas en obras concretas y que, además, el volumen de su opera omnia es tal que con facilidad el bosque puede impedir que se descubra el árbol. Por otra parte hace el efecto de que este autor ha seguido al pie de la letra el precepto evangélico de no volver la cabeza hacia atrás: ni nostalgias ni recuerdos de su estancia americana. En él se realiza una auténtica metancia

4. TRASLADO A ROMA

En esta ciudad transcurrirá el último tercio de su existencia. Una vez más ignoramos el cómo, el cuándo y el porqué de este viaje. Conjeturas posibles, muchas: celo religioso-literario, otorgamiento de un cargo eclesiástico, o, simplemente, un rebrote del espíritu de aventuras que en su niñez le había conducido a Nueva España. El hecho es que Romam tandem venit y allí vivió ad mortem. Sobre esta etapa de su vida tenemos los datos que nos depara su propia testamento. Éste fue otorgado el 4 de octubre de 1598. es decir, un mes largo antes de su muerte, ocurrida como ya dijimos el 15 de noviembre de ese mismo año.


OBRA:


Autores como él son los que dan el pulso de las tendencias medias de una época y los que sirven de trampolín, a partir del cual se exhibirá la pericia del genio. Como es lógico, al recorrerse centenares de versos se descubre algunos atisbos de verdadera poesía o felices hallazgos. Por ejemplo, la composición inédita que a continuación transcribimos, en la que se adivinan ya algunos de los aciertos que después desarrollará Lope:


Soy muy inútil siervo tal me siento
Y soy más para menos cada día.
Carece de virtud la vida mía
Soy vano, todo aire, todo viento
Deseo siempre en ti mi pensamiento
Mi bien, mi fin. mi paz, mi luz, mi vía.
A ti mi Dios sin ti venir no puedo
Ni puedo sin tu gracia ser quien debo,
Suplícote me toques con tu Dedo.
En ti soy lo que soy, en ti me muevo
Sin ti nada soy, yo lo concedo,
Oh, cría en mí mi Dios corazón nuevo.


El tema de la música, topos de la época, encuentra en Cabrera un sincero representante, dadas sus aficiones melódicas:


Oh harpa celestial, dulce vihuela
Psalterio singular, sacro pandero
Tus cuerdas con tu piel en el madero
Dan música suave que consuela...


El eco viril de Jorge Manrique impregna esta bella canción sobre el quiasmo muerte-vida y vida-muerte:


En la vida desabrida
Es la muerte buena suerte.
En la vida está la muerte,
En la muerte está la vida.

¿Quién puede llamar vivir
Al vivir de este desierto;
Pues se cuenta ya por muerto,
Quién vive para morir?
Más es muerte dolorida
Que vida, guerra tan fuerte.
En la vida está la muerte,
En la muerte está la vida.

Para vivir vida cierta,
Hemos de vivir muriendo.
Viva el espíritu venciendo;
La carne quede por muerta,
Espere vida florida,
Quien al sumo bien advierte.
En la vida está la muerte,
En la muerte está la vida.

Como grano de simiente
Que por mejor se podrece,
La carne muerta florece,
Revive resplandeciente.
Recuerde, si está dormida,
El alma, vele, despierte,
En la vida está la muerte,
En la muerte está la vida.

Es yerro buscar placer
En lo vano, corruptible,
Ea aquel bien invisible,
Corazón, pon tu querer.
A tal blanco dirigida
Tu flecha de amor acierte.
En la vida está la muerte,
En la muerte está la vida.

De trabajos y tormentos
Es esta vida presente:
No siente quien no los siente
Entre tantos descontentos.
Lo dulce que nos convida,
En pura hiel se conviene.
En la vida está la muerte,
En la muerte está la vida.

En aquella vera gloria
Los ojos claros pongamos;
A Jesús gracias pidamos,
Pidamos nos dé victoria;
Pues la más dulce bebida
En un momento se vierte.
En la vida está la muerte,
En la muerte está la vida.


Nos recuerda el aliento poético de Fray Luis de León el arranque de su meditación que dice:

¡Oh alma, si tú tuvieras
Tales alas que volaras
A los cielos!

Allá volando te fueras,
Do descansando gozaras
Mil consuelos.


En cambio es palpable el eco de Jorge Manrique en la continuación de este mismo poema, donde no sólo la estrofa empleada así lo proclama, sino incluso la estructura verbal:


Allí pudieras gozar
Del sumo bien que deseas,
Con mil dones;
Allí no vieras pesar,
Ni contienda, ni peleas,
Ni pasiones.

Allí cuanto vieras, fuera
Todo santo, todo bueno,
Todo sano,
Todo muy de otra manera,
Que lo del mundo terreno,
Todo vano.

Todo cuanto el mundo adora,
Y precioso le parece,
Todo junto,
todo se pasa en un hora,
Todo vemos que perece
En un punto.

Los Papas, Emperadores,
Los señores de gran suerte
Y principales,
Los mayores y menores,
Todos, viniendo la muerte,
Son iguales.

Lo bueno que acá se alaba,
La riqueza y hermosura,
Todo vuela.
¡Oh, cuán en breve se acaba!
¡Oh, cuán poco tiempo dura!
Alma, vela.

Contempla lo verdadero,
Lo celestial, lo divino;
Ten memoria;
Y sigue al manso Cordero
Con tu cruz por el camino
De la gloria.


Es deliciosamente ingenuo el diálogo entre el pecador y Cristo basado en el terna profano «Todos van del amor heridos y yo también»:


¿Quién te causó Cristo di
Tal dolor?
¿Quién sino tu pecador?

PECADOR.—Buen Jesús rey adorado
¿Por qué estás puesto en la Cruz?
CRISTO. — Pecador, por darte luz
Por pagar yo tu pecado
PECADOR.— ¿Quién te trajo a tal estado
Di Señor
CRISTO. — Quién sino tú, pecador, etc.


A veces acuña sus versos como jaculatorias:


Clara estrella del mar
De los pecadores gula
Guíame dulce María.


Como es natural, el tema del nacimiento de Cristo es objeto de variadas y múltiples versiones, donde se reflejan la ternura y la devoción mariana. Tal ocurre en el zéjel:

Habed placer y alegría
Con las nuevas de este día
A Jesús parió María
Venid vedle tiernecito
¡Cuán bonito!


o en esta otra canción festiva a la Natividad:

Vista no vista vistosa
Que cosi cosa.

Vista criada nacida
No vista Virgen parida
Vistosa del sol vestida
Más que el sol y luna hermosa
Que cosi cosa.

Qué cosa pudo nacer
De tal virtud y tal ser
Que vence nuestro entender
Por ser tan maravillosa
Que cosi cosa.

Qué cosa se vio criada
Tan perfecta y acabada
Que mirada y estimada
No puede ser más preciosa
Que cosi cosa.

Creemos que, dadas la dimensión de este trabajo y su intención propeudéutica, los ejemplos citados son suficientes para corroborar nuestras afirmaciones.







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