sábado, 26 de marzo de 2016

PRISCILA PALOMARES [18.317]


Priscila Palomares 

(Monterrey, México 1994) ha publicado diversos textos en antologías y revistas entre ellas: Fractales (2012), Incandescencias (2013), Cosmonauta (2014), Por qué tiemblan (2015), El Axolote (2015); ha organizado antologías para jóvenes escritores tales como Paletas (2013), Colores (2013) y Detrás de la montaña roja (2014). Dirige la revista artística Ahí Muere e imparte de talleres de escritura creativa en espacios culturales e instituciones privadas.
Publicó el libro Nueces y sirenas (2014) con editorial Abismos y algunos fragmentos de lo que alguna vez fue Regina (2015) con editorial Poetazos. Actualmente trabaja en el poemario Sinfonía y busca las cochinillas que perdió a los ocho años.



+52

una navaja atraviesa la tripa del sillón
evoca unos ecos negros latigazo
lo escuchas
escuchas
el silencio del monte atrás de la ciudad de las quejas
las preguntas resuenan en mis latidos no sé si alguien se acuerde de ti
nunca contestaste el teléfono que te regalé
yo no soy de mucha plática
eres de mucho pensar
boca de tijeras deja bailar a las carnes
por dos manecillas gritamos a las paredes derretidas que dejaran nuestras cenizas en el
cuarto se encoge
se escapa de mi lata de pulmón
afuera de ese cuarto sólo se escucha
un teléfono

d                                                o                               d

e                           c                    l               a              o

s                                                  g





ay

en el silencio de los huesos
cruje un cuervo
de vidrio roto encaja la carne
a la cortada

corre a un río de garras
ahorca huecos

una garra una cuerda una garra un chillido una garra una cortada una garra un rastrillo una garra un tumor en la garganta sostiene los ganchos de costra seca piel de elefante
se despega una grieta desnuda los pliegues arrugan leña quemada gris suelta un silencio
cruje

crujen
huecos




I. cuando se derrite el vientre

ya te vas fresa ovalada
no te vamos a extrañar
hinchados los dedos por tantos taconazos al velcro mojado
olor a cigarro entre las piernas          el pelo con ojos cansados de tanto esquivar
                                                                                                                                                  ganchos
por qué te fuiste a pasos de cordón fluidos en el volcán
por qué te fuiste
no te pisamos aquel estambre atado al talón
por qué te fuiste
dejaste un sillón desocupado un pájaro sin plumas
por ver un remolino arrancarte
los pelos del vientre




VI.  los barcos duermen
la nube que uso de sombrero
está cansada de llover
derramar agua sobre el mismo fleco
tuerto lo cortó
se lo regalo al señor descalzo
le arden las llagas
abiertas
sudan el pus
que traigo guardado en el bolsillo derecho
7642 migajas de piel
giran en el espejo
refleja la taza de café
en el castillo de arena
que hoy hormiguero
derrite las cobijas
en boca escupe hormigas
pican sus hinchados
ligamentos






V. Estelo
vuelve Estelo
ahoga ese aire que traspasa la redondez
Estelo
vuelve
el dolor
Estelo
vuelve
sin ser invitado
se hospeda en el esófago
quién sabe cuántos momentos se va a
embarrar
sus vecinos murmullan
aquella pregunta que la cubeta circula
se quedará
pagará su deuda
se quedará
pero no preguntan
ni tocan la puerta
sólo recorren los pasillos
a esperar
a que salga
Estelo
las dudas
sembradas en el piso del pasillo
los consumen
a mordidas
comienzan las fugas de agua salada
no paran
aquellos murmullos del vecindario
retumban
inunda el edificio
Estelo
ahoga eso
ahoga a ellos
los muebles se desmayan
los vidrios se revientan
niño madre padre
evacuan el edificio
en pijamas
pero Estelo
sigue encerrado
en silencio
sentado ante el escritorio que da al
balcón
abre la puerta
se asoman sus zapatos negros
sin pagar la renta
ni la deuda
ni un vecino le reclama
sólo apuntan
nos inundó
Estelo
camina
en busca de otro hogar
lo observan
anhelan sus regresos
de él
dolor
de él
deuda
del
hidratador de cielos




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