sábado, 26 de marzo de 2016

CUAUHTÉMOC ZAMUDIO III [18.319]


Cuauhtémoc Zamudio III

(Monterrey, México   1990)
Ha publicado en diferentes revistas como Fea Internacional, Oficio y El Quehacer. Fue subcampeón del Primer Campeonato de Spoken Word de la Feria Internacional del Libro Monterrey 2014, se mantiene activo en distintos círculos literarios y artísticos de la región.



La mañana

Es que en la mañana en que comienza el calor y termina la lluvia sobre el concreto, se hierve el agua creando bochorno para preparar los cafés cargados. Violáceos pigmentos van devorando los ojos bajo las ojeras. La preocupación, no de llegar a casa, sino de tener un hogar, unos pesos cobijados por mis bolsas. No las de los ojos, las de los pantalones. Sin perder el control de las palabras, de la cordura y los conocidos; volver al destino nuestro mejor amigo. ¿Quién podría confiar en el azar y la suerte? Pues he vivido bien, bien, bien fuerte. Con dos pesos, pero un centenar de amigos, aunque hasta ahora ya los he gastado todos.

Mi poesía bien invertida se ve en los muslos de mi musa, y el respiro dulce de su boca a mi olfato, frío, cálido. La temperatura de su cuerpo acurrucado en mis brazos. Pero, ¡oh! mañana en que se levanta la preocupación a la orilla de mi cama.
¡Oh! la brama que escupe sobre mi cuerpo la desdicha.
Arrastrando la pesadez de una ciudad y su tráfico y su porvenir y su miseria y sus preocupaciones.
No hemos nacido solos, solamente egoístas.



La Flaca

En un camino de totales retrocesos, corriendo todos en círculos ciegos y enajenados por el vertigo. Flotando, embistiendo. Intentando hacer algo, pero tan sólo destruyendo. Nos sentíamos volar al flotar sobre el excusado. Mártires de una época que seguimos y seguimos condenando, con las espinas en los pies y en la cabeza. Se va sintiendo la cosa caliente como Infierno, que no te mata, te quema, y se incinera el alma bajo verdadero fuego. Pulula en suspiro cuando no en anhelo. Seguí un camino cuando joven, bien honesto y sin pecado. Pero ya vivir es pecar y pecar es vivir. Y sin pecar no se vive, se nace muerto dicen. Yo quiero destazar tantas ideas como mentes, como cuerpos. Yo quiero vivir, y así viviendo nos vamos entregando al muerto.
Hola flaca. Mi pecado es el exceso cuando bebo. Bebo mucho, así cuando amo, fumo, me pierdo, así muero. Te entrego a ti cada uno de mis huesos. Arranca la piel, las uñas, los pelos. Arráncame los labios con uno de tus besos.
Destruye el control, va cambiando de enervante, cambia en busca de una acción. Bendita la revolución, cuando no grita se calla. Donde los cuerpos se deshicieron en gusanos frente al césped del olvido. No mantenemos secretos, sólo los vivimos. Y así se va de largo a la deriva, callado por el amor que se tiene más a la muerte que a la vida. Baila dulce la flaca.



La fauna

-Allá fuera hay toda una fauna, amor-

Sentimientos animales, salvajes e inocentes; bestiales acotaciones con colmillos de coyote. Alas cubiertas de un plumaje incandescente, son aquellas que rodean y dan luz al cielo. Mi corazón tiene garras de oso y piel de liebre.

Alguna tarde cayó frente a mí una pluma con la punta impregnada por el tintero del destino. La tomé en mis manos, la posé en mi cara, llené mis pulmones maltrechos y soplé para que ella, sobre nubes animales, dibujara el bestiario de amorfas pasiones que el instinto envuelve. Somos perros, gatos, mandriles, rinocerontes y elefantes. Al ir por la calle tratando de imitar con dignidad y ser humano, me veo trastornado por el brío que a mi cuerpo hiere.

Debajo de esta piel, vuelan aves y se desatan estampidas. Debajo de esta piel, tan sólo sobrevive el más fuerte. Llegas con tu infantil seguridad para entrar a las fauces del lobo; yo sólo pido que te trague sin masticar primero. No hemos llegado más allá de comunicarnos con gruñidos y roces, somos puros con caricias torpes que desgarran el cuero. Ya no siento nada, tu tacto se impregnó a mi piel y mutamos en un ser eterno.

Irracionales animales que te cazan en las sombras. Sólo ves sus ojos brillantes que te rodean y emboscan. Carcajadas de frenéticas hienas burlonas resuenan en mi mente. A la mayoría de las cosas les hago una pregunta al conocerlas: dime ¿Qué es más difícil vivir? ¿El perderte o el poseerte?

-Aquí dentro yace toda una fauna, amor-

¿Cómo puedo explicarte que mi momento más libre es al ser por ti domesticado? No me obligues a seguir salvaje, yo quiero pasar las noches tras los barrotes de tu cautiverio.







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