jueves, 24 de marzo de 2016

AMY BLAKEMORE [18.291]


AMY BLAKEMORE

Amy Blakemore (Deptford, Londres, 1991). Es una de las voces más llamativas de la poesía joven británica. Su primer libro, Humbert Summer (2014), ganó el Melita Hume Poetry Prize. Poemas suyos aparecen en revistas como: Poetry London, The Morning Star, FuseLit, Magma, Brittle Star, Rising, Cadaverine, S/S/Y/K. Fue ganadora del Foyle Yung Poet en dos ocasiones (2007 y 2008). Es editora de la revista digital, Pomegranate. Estudió Lengua y Literatura en Oxford.


Traducción por Luis David Palacios
http://circulodepoesia.com/2016/03/poesia-britanica-amy-blakemore/


Cangrejo en una caja de poliestireno

Atraviesas las rocas alimentadas de verde
sobre un lecho escamoso de hielo, lejísimos
de tu cálida boca del charco,
con su oferta marginal de algas.

Cangrejo en una caja de poliestireno,
tus ojos siguen aún imposiblemente minúsculos,
pero el decodificado disco de tu cerebro, rugoso, hace
recordar los domingos apretados de peces,

la mano de tu hermana enhebrando orquídeas
¿como cuando eran sacadas en el desorden del agua?
Discotecas en el fémur de un marinero muerto,
danzas de jorobado.

Cangrejo muerto en una caja de poliestireno,
en venta en un lugar de mercado –
¿se retuercen alguna vez las anguilas junto a ti
en su húmeda muerte de caucho?

Pregúntate ¿por qué no te esforzaste más
en romper las cuerdas,
desenredar las redes?



Crab in a Polystyrene Crate

You are spiking rocks green-fed
in flaking ice-bed so far from
your tepid rock-pool mouth
with its tender fringe of algae.

Crab in a polystyrene crate,
your eyes are still so impossibly small,
but does your sidecoded disc-brain, ridged,
remember minnow-crushing Sundays,

your sister’s hand like stringing orchids
as they were lifted in the swash?
Discos on a dead sailor’s femur
humpbacked quicksteps.

Dead crab in a polystyrene crate,
for sale in a market stall –
do the eels beside you sometimes writhe
through their rubber death damp

Ask you why you didn’t try harder
to snap the ropes,
un-net the nets?



La Virgen de Guadalupe

Desde el patio al parque,
arrancó indiscriminadamente,

su profundo cabello como una
bandera; goteando de católica,

violetas y dorados rosarios
en cada temblorosa coyuntura de su cuerpo;

listón de terciopelo y retazos de lúrex,
azules Marías y Teresas.

A través de la ciudad abrió una senda,
su boca se volvió una trampa de fuego;

olía a los hombres
de motocicletas y ephemeras vintage.

La llamaron Virgen de Guadalupe
por todas sus rosas clavadas, su lloroso mesías;

sin embargo, el nombre resultó irónico.
Oíste que fue madre

ruidosamente detrás
de la parada del autobús al anochecer.

Su cabello ardería en el verano
y los santuarios que mantuvo detrás de sus oídos se derretirían,

lloraría a través de la ciudad usando sólo calcetines
y no mucho más.

No pasará mucho, mira,
antes de que no vuelva llorar–

se convierte en leyenda
para las celebridades de alcantarilla

y quizá
limpia habitaciones de un hotel cualquiera.




The Virgin of Guadalupe

From the playground to the park,
she tore indiscriminately,

her hair wide behind her like a
flag; dripping with catholica,

purple and gold rosaries
at the snaky body’s every juncture;

velvet ribbon and scraps of lurex,
blue Marys and Theresas.

Through the city she blazed a trail,
her mouth became a firetrap;

she smelt of men
with motorbikes and vintage ephemera.

They called her The Virgin of Guadalupe,
for all her nailgunned roses, her weeping messiahs;

though the name was ironic.
You heard she mothered

noisily behind
the bus shelter at dusk.

In the summer her hair would burn
and the shrines she kept behind her ears would melt,

she’d tear through the city in ankle socks
and not much else.

It won’t be long you see,
before she tears no more –

becomes a legend
for the sewer’s glitterati

and perhaps
cleans rooms in a hotel somewhere.



Los huéspedes

Eres niña, imagínate.
Te detienes en la puerta para ver a los huéspedes
durmiendo como caimanes en sillones y sofás cama.

Son amantes o amigos de tus padres.

Los ves porque yacen entre ti y la televisión.

Te detienes porque los pliegues de sus ojos
forman una costra amarilla como cuevas de sal,
parecen un poco viejos, un poco sabios,

y porque sientes el aliento de sus ronquidos;
cortados del amargo aire de la mañana,
forman estatuas de resina pegajosa cuando no estás ahí,

nacarados picos de paloma o mujeres en vestido de noche

que te dirán quiénes son estos extraños.



 The Guest

You are a child, imagine it.
You stop at doorways to squint at guest
sleeping like alligators on sofas and sofabeds.

They are your parents’ lovers or friends.

You watch them because they lie between you and the television.

You stop because the creases of their eyes
are crusted yellow like salt caves,
seem a little old, a little wise,

and because you feel their snoring breaths,
hacked from the sour morning air
form tacky resin statuettes when you aren’t there

of pearly-beaked doves or women in ball gowns

that will tell you who these strangers are.




Dirty girls

you’ll be blown down by their belief
in casting a purple shadow which may seem
crass or confrontational but you sell your ass
on the internet, what do you know?
They could be sisters except they like each other:
one draws pentacles on polaroids
and the other looks like Cat Marnell.




Turkey neck

cystic, cold as blossom,
it smells scrofulous
and of furniture polish.
Blunt beaked with no interruption
for the ear, and at the breast begins
pitted pore after little pitted pore.
There are mothers and children and these
are inevitable and for each
there’s an old woman –
she smells scrofulous
and of furniture polish.
The child pinches the skin, the little pitted pore –
and the old woman says
you’re always going to touch what you don’t want to.
It waits on the kitchen table – offensive with sea salt, sage.




L’Agonie

Commenting on his friendship with Baudelaire,
the artist notes a mutual love of skeletons:
a crude line drawing of St Theresa
in a state of holy déshabillé,
receiving oral stimulation from a skull.
The japanese call it Ukiyo – e,
the pressure of bone within.
Obtain a time-piece, strangle the hour,
swing from life’s photogenic chandelier!






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