martes, 29 de marzo de 2016

LUIS PONCE ROMERO [18.334]


LUIS PONCE ROMERO 

Médico, Poeta y Filántropo.
Nació en Acaxochitlán, Tulancingo, México, el 10 de mayo de 1839.

Al morir su padre, su madre lo envió a Tulancingo, donde con el maestro Marciano Lezama terminó su instrucción primaria.

En 1850, protegido por su tío con José María Borja y Vivanco, ingresó al Colegio de San Juan de Letrán para estudiar varias materias humanísticas e idiomas que, sumados a sus conocimientos literarios, le permitieron ser traductor de Víctor Hugo, Berenger y Gilbert.

Ingresó a la Universidad y, terminada la preparatoria se inscribió en al Escuela Nacional de Medicina donde, en 1861 presentó examen profesional para obtener el título de médico.

Al presentarse la invasión francesa, debido a sus convicciones liberales ingresó al Cuerpo Médico Militar y asistió como miembro del Ejército de Oriente, comandado por Zaragoza, a la gloriosa batalla del 5 de mayo.

Terminada la lucha fue a radicar a Tulancingo y ejerció su profesión con humanitarismo.

Escribió sus ideas en varias publicaciones provocando la hostilidad de los conservadores que llegaron a lograr su destierro. Fundó en 1863, junto con el Lic. Emilio Barranco Pardo, el órgano periodístico El Tábano, con el que combatió a los partidarios de Maximiliano y llamó al pueblo a apoyar a Juárez.

Fundó también en la misma ciudad un hospital, realizando actos filantrópicos con los necesitados y prestigiándose de tal forma que aún sus enemigos políticos solicitaban sus servicios, que nunca negó.

En la Ciudad de México escribió en las publicaciones más importantes de su época, que también publicaron sus poesías merecedoras del elogio de los literatos más distinguidos. Especialmente colaboró en los notables periódicos Reconocimiento y La Orquesta.

Posteriormente, también en unión del Lic. Barranco Pardo, publicó El Ensayo, semanario de carácter e informativo.

Fue autor del libro Poemas y composiciones diversas con prólogo de Juan de Dios Peza, que es una selección de su producción literaria, y tradujo varias obras del inglés, francés e italiano.

A la muerte de su madre, acaecida el 10 de abril de 1875, sufrió un decaimiento alarmante hasta que, combatiendo una epidemia de tifo que surgió en Tulancingo, fue atacado por ese mal y murió en la misma ciudad el 16 de octubre del mismo año.

Sobre su tumba se escribió el epitafio que él quiso: "Luis Ponce no pudo vivir sin su madre".

(T. MANZANO: Dicc. Biográfico del Estado de Hidalgo. R. VEGA SANCHEZ: Antología de Poetas Hidalguenses. M. A. PERAL: Dicc. Biográfico Mexicano. DICC. PORRUA de Historia, Biografía y Geografía de México).




Literaria

El Poeta

En este valle de dolor, un día tomó el señor, de los humanos seres, uno cuyas miradas fulguraban bajo el nublado cielo de su frente: Pulsa –le dijo- este laúd sonoro, más valioso que el centro de los reyes; avasalla los tiernos corazones; sobre las alnas tu dominio ejerce.
       
Tuyo es el bosque con sus altos pinos, tuyo es el viento que las hojas mueve, tuyas las flores con su casta esencia, y tuya el ave que los aires hiende. Para ti guarda la tranquila noche el silencio, la paz, las auras leves, y la tarde sus nubes caprichosas y la hora del crepúsculo solemne. Tu sabrás encontrar en los sepulcros el misterio que halaga y que conmueve, tú comprender sabrás esos rumores que en la torrente mundanal se pierden. Átomo desprendido de mi mano, incendiaré tu corazón, tu mente, y en la siniestra noche de la vida estrella tú, deslumbraras a veces. Pero en cambio del necio la sonrisa, del cáliz del dolor, las agrias heces son para ti. La envidia, la calumnia te seguirán como irritadas sierpes; el pesar de los otros será tuyo, tuyos los sufrimientos en que mueren, y arrojará a tu alma gota a gota la hiel que en ellos la desgracia vierte.
      
Se mofarán de tus sentidos cantos los que elevarse como tú no pueden, los que arrastran en inmundo vicio; si hablas de la virtud, dirán que mientes, libre tú, del esclavo los insultos lapidarán tu corazón valiente; apóstol del progreso, los tiranos odian tu voz, tus cantos escarnecen, más las almas que sufren y que velan, los pechos que suspiran y que sienten, forman tu pueblo... y a tu acento laten y al eco de tu canto se estremecen.
        
De gloria y de dolor es tu camino, nadie goza cual tú, y a nadie hiere con más furor el mal; todos envidian ese poder que de los cielos viene. Esas coronas que a los lejos brillan, secan el corazón, queman la frente: Poeta, ciñe tu inmortal corona, y cumple así tu misteriosa suerte.
         
Y el ser privilegiado, el ser que lleva, una corona en su cabeza ardiente, cumple de Díos la voluntad suprema, reina en el corazón, canta y padece!  





En la Noche 

          
Cuando en la triste y silenciosa noche sueñes conmigo y lánguida me veas, acariciando mi abatida frente y oyendo el eco de mi voz contenta; Piensa que es mi alma que visita tu alma y en las alas va de su pasión, ligera, pues para el ser que quiere cual yo quiero es un paso el abismo de la ausencia.

En vano mi destino inexorable lazos tan tiernos destruir interna; si nuestros cuerpos separados duermen nuestras dos almas separadas velan!






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