miércoles, 30 de marzo de 2016

GIAN BATTISTA GUARINI [18.343]


Gian Battista Guarini

Gian o Giovanni Battista Guarini (10 de diciembre de 1538, Ferrara - 7 de octubre de 1612, Venecia) fue un poeta, dramaturgo y diplomático italiano renacentista.

Nació en Ferrara, Italia, donde pasó sus primeros años. Su familia descendía de Guarino Veronese, linaje al que también perteneció el humanista y arquitecto Guarino Guarini. En 1557 se convirtió en profesor de poética y retórica de la Universidad de Ferrara. En 1564 se casó con Taddea di Niccolò Bendidio, fijando su residencia en Padua, como huésped de los Gonzaga. Fue miembro de la Accademia degli Eterei. En 1567 entró al servicio del Duque de Ferrara, Alfonso II d'Este, desempeñándose como cortesano y diplomático. En 1579 substituyó a Torquato Tasso como poeta de la corte, de quien fue amigo y antagonista. Realizó importantes misiones diplomáticas para esta corte tanto en Italia como en otros países de Europa. En 1588 dejó Ferrara definitivamente por sus desacuerdos con Francesco d'Este y se retiró con los suyos a la hacienda familiar, Villa Guarina.

Su hija Anna Guarini fue una de las tres mujeres del concerto di donne, las famosas cantantes virtuosas de la corte de Ferrara. Tuvo un fin trágico al ser asesinada por su propio esposo y su cuñado.

Cuando Guarini se jubiló en 1582 escribió su trabajo más conocido, Il pastor fido de 1590, una tragicomedia pastoral que se convirtió en una de las obras más famosas y traducidas de su época.

Los años finales de su vida, enturbiados por diversas desgracias familiares, los pasó en Roma, cada vez más retirado de la vida pública. Allí fue elegido príncipe de la Accademia degli Umoristi en 1611.

Guarini fue un representante típico del cortesano renacentista, ambicioso, orgulloso e inquieto, siempre en busca de honores y reconocimientos, pero dotado también de una aguda inteligencia, una vasta cultura y unas dotes literarias excepcionales.

Obra e influencia

Il pastor fido (1590).

Guarini escribió muchas obras de diversos géneros y materias (teatro, poesía, obras doctrinales). Entre las principales se encuentran:

L'idropica. 1583. Drama.
Il verato. 1588. Tratado polémico.
Il pastor fido [1]. 1590. Poesía.
Il segretario. 1593. Diálogo.
Il verato secondo. 1593. Tratado polémico.
Lettere. 2 volúmenes. 1593-96. Correspondencia.
Rime. Venecia, 1598. Poesía.
Compendio della poesia tragicómica. 1601. Poesía.
Trattato della politica libertà. Tratado político.

Il pastor fido (El pastor fiel) fue y continúa siendo su obra más famosa. Se trata de una tragicomedia pastoril escrita entre 1580 y 1583, pero publicada en 1590, que se hizo muy popular y se tradujo a muchos otros idiomas durante el siglo XVII, estableciendo pautas de comportamiento refinado y de galantería que duraron hasta finales del siglo XVIII.

No hubo ningún literato que tuviera mayor influencia que Guarini sobre la historia de la música italiana de los periodos renacentista y barroco. Sus poemas sirvieron de base a muchos músicos, como Giaches de Wert, Monteverdi o Luca Marenzio, para la composición de abundantes madrigales, seguidos solo en número por los de Tasso. El prolífico madrigalista Philippe de Monte llamó a una de sus colecciones Il pastor fido. Y en el catálogo de Antonio Vivaldi figura otra obra con la misma denominación (6 sonatas para flauta de pico y continuo, opus 13), aunque puede que fuesen otros quienes le asignasen tal nombre.

Su obra también tuvo decisiva y duradera influencia sobre los libretistas de ópera, hasta que fue desbancado por Metastasio ya entrado el siglo XVIII.

Puede que la obra de Guarini carezca de la profundidad emocional que tiene la de Tasso, pero refleja una gran vivacidad e ingenio, al tiempo que está dotada de una poderosa musicalidad intrínseca, que facilitaba enormemente su engarce con la música, de donde derivó su extrema popularidad, sobre todo en una época en la que los excesos sentimentales estaban ya pasando de moda.


[ANTOLOGÍA DE POETAS LÍRICOS ITALIANOS
TRADUCIDOS EN VERSO CASTELLANO (1.200—1.889)
OERA RECOGIDA, ORDENADA, ANOTADA Y EN PARTE TRADUCIDA
POR Juan Luis Estelrich

PRIMERA EDICIÓN a expensas de la EXMA. DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE LAS BALEARES

PALMA DE MALLORCA ESCUELA-TIPOGRÁFICA PROVINCIAL año 1889]



EL «PASTOR FIDO» 

FRAGMENTOS 

I

EXHORTACIÓN QUE HACE LINCO Á SILVIO PARA QUE DEJE LA CAZA Y SE OCUPE EN AMAR. 

Dime: si en esta tan alegre y bella
Estación, que renueva el mundo todo,
Vieses en vez de florecientes valles, 
De verdes prados y vestidas selvas
Estarse el fresno y el abeto y pino
Sin su usada frondosa cabellera,
Sin verdura los prados,
Sin flores los collados;
¿No dijeras tú, Silvio, el mundo ahora
Se merchita y desmaya?
Pues la sorpresa y el horror que entonces
De tan extraña novedad tuvieras,
De tí mismo la ten: diónos el cielo
Vida y costumbres á la edad conformes:
Y así como el amor nunca conviene
A pensamientos canos,
Así la juventud de amor contraria
Contrasta al cielo, y á natura ofende.
Mira en torno de ti: ¿ves la hermosura
Que adorna, Silvio, el universo ahora?
Ella es obra de amor: ama la tierra,
Ama también el mar, aman los cielos:
Aquella que allí ves luciente estrella,
Del alba precursora,
Bella madre de amor, de amores muere,
Y enamorada luce y enamora:
Mírala envuelta en esplendor y en risa;
Quizás en este punto el dulce seno
Deja del caro amante y sus delicias.
En bosques y florestas
Aman las fieras, y en las ondas aman
Las oreas graves, y el delfín ligero.
El pajarillo aquel, que dulcemente
Canta, y lascivo vuela
Ya del haya al abeto,
Ya del abeto al mirto,
Si espíritu tuviese, y voz humana,
Yo me abraso de amor, exclamaría.
Mas bien lo siente, y en su voz lo dice
Que su amada le entiende; y le responde:
A mí el fuego de amor también me inflama.
Brama el toro en el campo, y cuando brama,
Al blando juego del amor convida:
El león en el bosque
Ruge, y aquel rugido
Es solo de su amor dulce gemido.
Todo en fin ama, ¡oh Silvio! ¡oh Silvio sólo
En cielo, en mar y en tierra,
Será alma sin amor ni sentimiento!
¡Oh! deja ya las selvas,
Simple zagal

Traducción: Manuel José Quintana




II

CUENTA ERGASTO Á MIRTILO LA CAUSA DE LA PESTE CON
QUE DIANA DESOLABA Á LA ARCADIA 

Te contaré la dolorosa historia
De nuestros males, que arrancar pudiera
Llanto y piedad á las encinas duras,
No sólo á humanos pechos: en el tiempo
Que el sacerdocio santo era obtenido
Por jóvenes también, hubo un mancebo,
Noble pastor, y Sacerdote entonces,
Llamado Aminta; el cual amó á Lucrina,
Ninfa gentil á maravilla y bella,
Pero soberbia á maravilla y falsa,
Mostróse ella gran tiempo agradecida,
Ó lo fingió con vanas apariencias,
Al puro afecto del amante joven,
Y sustentóle de esperanzas falsas,
Mientras que el infeliz rival no tuvo.
Mas no bien fue de rústico mozuelo
Mirada la inconstante, cuando al punto,
Sin defenderse á su primer suspiro,
Al nuevo amor abandonóse toda,
Antes que el mal se sospechase Aminta.
¡Mísero Aminta! que esquivado luego
Fue, y despreciado tanto, que ni verle
Ni escucharle jamás quiso la impía
Pues como al fin tras el amor perdido,
Quejas también y lágrimas perdiese,
Vuelto, rogando á la gran diosa: «¡oh Cintia!
Dijo, si ya con inocentes manos
Y puro corazón el sacro fuego
En tu altar encendí, venga la llama
Que la pérfida ninfa en mí ha vendido.»
Oyó Diana el llanto y las plegarias
Del fiel amante, su ministro amado:
Pues respirando en la piedad la ira,
Acrecentó la cólera, y cogiendo
El arco omnipotente, lanzó al seno
De la mísera Arcadia inevitables
Y ocultos dardos de espantosa muerte.
Sin piedad, sin socorro perecían
Gentes de toda edad, y de ambos sexos:
Era tarda la fuga, el arte inútil,
Vano el remedio; y antes que el doliente,
El médico infeliz morir solía.
Una sola esperanza en tantos males
Quedó, y fue el implorar su auxilio al cielo:
Consultado el oráculo, respuesta
Dio, clara sí, pero funesta y triste:
Que Cintia estaba airada, y aplacarse
Sólo pudiera si la infiel Lucrina,
Ú otro de nuestra gente en lugar suyo,
En holocausto presentado fuese
Por las manos de Aminta á la gran diosa.
Ella en vano lloró, y esperó en vano 
De su nuevo amador ser socorrida:
Que al fin, llevada con solemne pompa,
Fue miserable víctima á las aras:
Donde á los pies de su ofendido amante,
A aquellos pies de quien seguida en vano
Ya tanto fue, las trémulas rodillas
Dobló, esperando su infelice muerte
Del mancebo cruel. Aminta entonces,
Intrépido desnuda el sacro acero,
Y en su rostro inflamado parecía
Que el furor y venganza respiraban.
A ella vuelto después dijo, lanzando
Un gran suspiro, anunciador de muerte:
«Aprende en tu miseria, infiel Lucrina,
Cual amante seguiste, y cual dejaste;
Contempla en este golpe.» Al decir esto
Clavó el cuchillo por su mismo seno,
Y cayó sin aliento en brazos de ella,
Víctima y sacerdote á un tiempo mismo.
A tan fiero espectáculo pasmóse
La mísera doncella; pero al punto
Que recobró la voz y los sentidos
Dijo llorando: ¡Oh fiel, oh fuerte Aminta!
¡Oh amante, que tan tarde he conocido,
Y me has dado muriendo vida y muerte!
Si fue culpa el dejarte, ora la enmiendo
Eternamente uniéndome contigo.
Y esto diciendo, desclavó el cuchillo
Teñido aún con la caliente sangre
Del tarde amado enamorado pecho,
Y atravesando el suyo, moribunda
Sobre Aminta cayó, que aun no bien muerto
De aquel golpe fatal suspiraría.
Tal fue de ambos el fin

Traducción: Manuel José Quintana



III

CORISCA 

¿Quién ha visto jamás, ni quién ha oído
Más extraña pasión, más importuna,
Ni más loca también? ¿Quién en un pecho
El odio á un tiempo y el amor unirse
Con temple tan sutil, que uno por otro
Se dilata y estrecha, y nace y muere?
Si desde el pie gallardo hasta el semblante
Miro yo la belleza de Mirtilo;
Si sus modales y su hablar contemplo,
Y su hermoso ademán, y sus miradas,
Me asalta amor con tan violento fuego,
Que toda yo me abraso, y me parece
Que vence esta pasión todas las otras.
Mas si después contemplo el obstinado
Amor que tiene á otra mujer, y pienso
Que de mí no se cura, y que por ella
Desprecia mi beldad idolatrada
De mil almas y mil, tanto le esquivo,
Y le aborrezco tanto, que imposible
Se me hace haberle alguna vez amado,
Y que ardiese por él el pecho mío.
Me digo así tal vez: ¡oh si pudiese
Gozar de mi dulcísimo Mirtilo,
Tal que yo sola le tuviese, y nadie
Le poseyese nunca! ¡Oh más que todas
Feliz Corisea! Y en aquel momento
Un ímpetu en mi seno se despierta,
Y hacia él tan dulcemente me arrebata,
Que á sus huellas seguir, y á suplicarle,
Y á descubrir el corazón camino.
¿Qué más? así me punza este deseo,
Que si pudiera ser le adoraría.
Por otra parte me revuelvo y digo:
¡Un soberbio, un esquivo, un desdeñoso,
Uno que á amar otra mujer se atreve,
Un hombre que me mira y no me adora,
Y así de mi semblante se defiende
Que no muere de amor! ¡Yo que debía,
Como á tantos he visto, verle ahora
Abatido y lloroso á los pies míos,
Abatida y llorosa á los pies suyos
Podré verme caer! Y en esta idea
Ira tal, y tal cólera concibo
Contra él, y contra mí, por haber vuelto
A mirarle la vista, el pecho á amarle;
Que odio más que la muerte el amor mío,
Y el nombre de Mirtilo, y le quisiera
Ver el más infeliz, más afligido
Pastor que hubiese; y si le viera entonces,
Con mis manos allí le mataría.
Así el odio y amor, ira y deseo
Se combaten á un tiempo; y yo, que he sido
La llama de mil almas hasta ahora,
Y el tormento de mil, ardo y suspiro,
Y pruebo en mi dolor el mal ajeno.
Yo, que allá en la ciudad por tanto tiempo
De amantes gentilísimos servida
Fui siempre insuperable, y burlé siempre
Todas sus esperanzas y deseos;
Ya de un rústico amor, de un vil amante,
De un zagalejo humilde soy vencida.
¡Oh Corisea infeliz! en este punto
Si desprovista de amador te vieras,
Di: ¿qué fuera de tí? Dime, ¿qué harías
Para calmar tu enamorada rabia?
Aprendan á mi costa hoy las mujeres 
A conservar y á acumular amantes.
Si ni otro bien ni pasatiempo alguno
Que el amor de Mirtilo yo tuviese,
¡Cierto que rica de galán me viera!
Mil veces simple la mujer que á un solo
Amante llega á reducirse: ¡oh! nunca,
Nunca tan necia se verá á Corisea.
¿Qué es constancia? ¿qué es fe? fábulas vanas,
Nombres imaginados por zelosos
Para engañar las simples doncelluelas.
La fe en el pecho de mujer, si acaso
Fe en hembra alguna aposentarse puede,
No es bondad, no es virtud; es una dura
Necesidad de amor, ley miserable
De menguada beldad que ama á uno solo,
Porque amada de muchos ser no puede.
Mujer bella y gentil, solicitada
De muchedumbre de amadores dignos,
Si á uno se acerca, y los demás despide,
Ó no es mujer, ó si es mujer es necia.
¿Qué vale la beldad cuando no es vista,
Y si vista no amada, y si es amada
Amada de uno solo? que en el mundo
Cuanto más dignos y frecuentes sean
De una mujer los amadores, tanto
La fama crece y alabanza de ella,
Y su esplendor y gloria se aseguran
En tener muchos. Las discretas damas
Así vivir en las ciudades suelen;
Y las que son más bellas y más grandes
Con mayor libertad: siempre es entre ellas
Despedir un amante gran locura:
Hacen muchos así, lo que uno solo
Quizá no hará: quien para dar es bueno,
Quien á servir, quien á otro cosa es útil;
Y sucede tal vez que sin saberlo 
Lanza el uno los zelos que dio el otro,
Ó los despierta en el que no los tuvo.
De esta manera en las ciudades viven
Las mujeres ilustres, donde un día
Yo aprendí el arte del amor, guiada
De mi espíritu mismo, y del ejemplo
De una dama gentil que me decía:
Es preciso tratar á los amantes
Cual si fuesen vestidos: tener muchos,
Uno ponerse, y remudarlos todos:
Que el largo conversar causa fastidio,
Y el fastidio desprecio, y odio al cabo.
Es grande error, Corisea, que una dama
Llegue su amante á fastidiar; tú cura
De que aquel que soltares, salga siempre
Quejoso, y no cansado. Y así siempre
He procedido yo: gusto tenerlos
En grande copia, entretener los unos
Con los ojos, los otros con las manos;
Pasar al pecho el que mejor me agrada,
Y al interior del corazón ninguno.
¡Mas ay! que de esta vez yo no sé cómo
Ha venido Mirtilo, y me atormenta
Tanto, ¡infeliz! que á suspirar me obliga,
Y á suspirar de veras: y negando
A mis cansados miembros el sosiego,
También yo aprendo á desear la aurora,
Tiempo oportuno á los amantes tristes.
Y heme por esta selva solitaria
Andar buscando la adorada huella
De mi enemigo. ¿Qué te harás, Corisea?
¿Le rogarás? el odio no lo quiere,
Aunque lo quiera yo: ¿le huirás? Ni aquesto
Lo consiente el amor, aunque debiera
Tal vez hacerlo así. ¿Pues qué resuelves?
Las súplicas primero y los halagos 
Abrirán el camino, y descubierto
Le ha de ser el amor, mas no la amante:
Si esto no basta, acudiré al engaño;
Y si ni este tampoco, memorable
Venganza hará la cólera

Traducción: Manuel José Quintana



IV

EL SÁTIRO

Cual hielo á plantas, sequedad á flores,
A ciervos red, á paj arillos liga,
Granizo á espigas, y gusano á trigo,
Así contrario amor fue siempre al hombre;
Y quien fuego le dijo, conocía
Su natural tan pérfido y malvado:
Pues si el fuego se mira, ¡oh cómo es bello!
Y si se toca, ¡oh qué cruel! El mundo
Más espantoso monstruo no conoce:
Como fiera devora, y como acero
Punza y traspasa, y como viento vuela;
Y donde afirma la imperiosa planta
Toda fuerza y poder cede á su fuerza.
No de otro modo amor, que si le miras
Ya en bellos ojos, ya en cabellos de oro,
]Oh cuál gusta y deleita! ¡oh cuál parece
Que sólo paz respira y alegría!
Mas si te acercas mucho, y si le pruebas,
Si comienza á bullir, y luego crece,
No tiene tigre Hircania, ni la Libia
León tan fiero ó pestilente sierpe,
Que en fiereza le venza ó se le iguale:
Crudo más que la muerte y que el infierno,
Contrario á la piedad, ministro de ira,
Y finalmente amor de amor desnudo.
¿Mas para qué hablo de él? ¿por qué le culpo?
¿Es él la causa de que el mundo ahora
Amando no, más delirando peca?
¡Oh femenil perfidia! á ti se impute
De la infamia de amor toda la culpa.
De ti sola, y no de él, viene y se engendra
Cuanto de duro y de malvado tiene:
Pues él de suyo blando y apacible,
Al punto pierde su bondad contigo.
Tú no le dejas penetrar al pecho,
Y de pasar el corazón las vías
Le cierras todas: por defuera sólo
Le adulas y le halagas; y es tan sólo
Tu cuidado, tu pompa y tu deleite,
De un afeitado rostro la corteza.
No son tus obras ya, ni ya te empleas
En pagar con tu fe la fe de amante,
En luchar en amar con quien te ama,
Hacer de dos un corazón tan sólo,
Y en una voluntad unir dos almas.
Pero te ocupas en teñir con oro
Un cabello insensato, ornar la frente
Con una parte del envuelta en nudos,
Y lo demás en red entretejido
Prender el corazón de mil incautos.
¡Oh cuan indigno á un tiempo y fastidioso
Es el verte tal vez con los pinceles
Pintarte las mejillas, y las faltas
De natura y del tiempo andar borrando!
¡Hacer se torne en púrpura brillante
La triste amarillez, blanco lo negro,
Las arrugas lisura, y un defecto 
Quitar con otro, y aumentarle acaso!
Y esto es nada, aunque tanto: son iguales
A las obras, costumbres y caricias.
¿Qué cosa tienes tú que no sea falsa?
Si abres la boca, mientes: si suspiras,
Mentido es este suspirar: si mueves
Hacia alguno los ojos, la mirada
Es mentida también; todos tus actos,
Todo ademán, y lo que en ti se mira,
Y lo que no se mira, hables ó pienses,
Andes ó llores tú, cantes ó rías,
Todo es mentira, y aun aquesto es poco.
Vender más bien á quien mejor se fía;
Al más digno de amor amarle menos;
Y aborrecer la fe más que la muerte:
Tales las artes son que hacen tan crudo
Y tan perverso á amor. Tuya es la culpa,
¡Oh pérfida mujer! de sus delitos;
Ó lo es más bien de quien de ti se fía.
En mí la culpa está, que te he creído,
Corisea perfidísima y malvada,
Aquí tan sólo por mi mal venida,
De las regiones lujuriosas de Argos,
Donde la liviandad tiene su imperio.
Mas tú finges tan bien, y eras tan diestra
En mentir tus costumbres y palabras,
Que con las más honestas ora unida
La fama del pudor anda contigo.
¡Oh cuánto afán he sostenido! ¡oh cuántas
Ignominias por ella! ¡oh cómo ahora
Me arrepiento de todo, y me avergüenzo!
Aprende, incauto amante, de mi pena
A no adorar cual ídolo un semblante:
Que la mujer idolatrada es cierto
Un numen infernal: de su belleza
Se lo presume todo, á fuer de diosa
Sobre ti, que te humillas, elevada,
Como cosa mortal te tiene en menos:
Que ser por su valor ella se cree,
Lo que la finges tú por tu vileza.
¿Para qué tanta esclavitud y tantos
Ruegos, suspiros, llantos? Estas armas
Úsenlas, sí, los niños y mujeres,
Mas nuestros pechos, aun amando, sean
Fuertes y varoniles: hubo un tiempo
En que pensaba yo que suspirando,
Y llorando, y pidiendo, en pecho de hembra
La llama del amor se despertase.
Ora lo advierto, erré: que si ella tiene
El corazón de pedernal, es vano
El intentar con lágrimas suaves,
Ó con el blando aliento de un suspiro,
Hacerle echar centellas, si el acero
De un rígido eslabón no le combate.
Por tanto deja el suspirar y el llanto,
Si el logro quieres de tu amor, y si ardes
Con fuego inextinguible; allá en el seno
De ese tu corazón más escondido
Tu afecto oculta, y ejecuta á tiempo
Lo que natura y el amor enseñan.
Pues la virtud de la modestia sólo
En el semblante la mujer lo ostenta,
Y es grande error el que al tratar con ella
La tengas tú jamás; pues aunque tanto
La usa con los demás, consigo usada
La tiene en odio, y en su rostro quiere 
Que la mire el amante, y no la emplee.
Con esta ley tan natural, si amares,
Tendrás gusto en tu amor: no ya Corisea
A mí me encontrará tierno y rendido,
Sino fiero enemigo, que con armas
De un hombre de valor, no femeniles,
En crudo asalto la herirá. Dos veces
Cojí ya esta malvada, y no sé cómo
Se me fue de las manos; mas si llega
Por la tercera vez al mismo paso,
Ya yo la pienso asegurar de modo
Que escapar no podrá. Por estas selvas
Suele á veces vagar, y yo venteando
Como sagaz sabueso, ando tras ella:
¡Oh que terrible estrago y que venganza
Si la cojo he de hacer! Yo haré que vea
Que llega alguna vez á abrir los ojos
El que fue ciego, y que por mucho tiempo
No ha de vanagloriarse en sus perfidias
Una mujer sin fe y engañadora.

Traducción: Manuel José Quintana



V

AMARILIS

¡Oh Mirtilo, Mirtilo, vida mía!
Si vieses por ventura,
Cómo palpita el corazón ardiente
Que llamas roca dura,
Tú lo compadecieras,
Y no piedad rendido le pidieras.
¡Oh, cuánto somos desgraciados, cuánto!
¿Qué dicha el ser amado te daría?
¿Qué bien supremo ser tan tierno amante?
¿Por qué, fortuna impía,
Separas tú los que el amor constante
Debiera unir? Y tú ¿para qué juntas
Ciega pasión, los que apartó el destino?
¡Oh dichosos aquellos
A quienes señaló naturaleza
Por ley sola de amor, amor divino!
Ley humana implacable,
Que das por pena del amor la muerte!
Si es el pecar tan dulce
Y el abstenerse tal virtud, amable
No eres, naturaleza, ni perfecta,
Pues repugnas su ley. ¡Oh ley odiosa,
Que tanto te lastima al reprimirte!
Mas ¡qué! no la amorosa
Pasión inflama al que la muerte huye.
Pluguiese al cielo que la muerte sola
Fuera á mi falta la debida pena.
Honestidad santísima, cadena
Que un alma bien nacida
Respeta siempre cual sagrado numen,
Esta pasión querida
Que he destrozado con el duro acero
De tu rigor, á ti yo la consagro,
Del corazón despojo lastimero.
Tú, Mirtilo, perdona, vida mía,
A quien sólo es cruel cuando piadosa
No puede ser, perdona á la que es tuya
En las palabras enemiga impía,
Mas en su blando pecho oculta amante.
¿Quieres venganza? Ya la tienes. Ese
Fiero dolor que sientes penetrante
Es, más que tuyo, mío. Tú mi vida
Formas, tú eres mi aliento, 
Aunque contrasten nuestro amor la tierra
Y el alto firmamento;
Así, siempre que lloras mi quebranto,
Esas lágrimas tuyas son mi sangre,
Tus suspiros mi alma, y esas tristes
Penas que gimes tanto
No son tormentos tuyos, que son míos,
Y á mí me despedazan más impíos.

Traducción: Manuel María de Arjona.



LA BELLEZA

De su gentil belleza haciendo alarde,
Enamorada de su rico velo,
Al apacible brillo de la tarde
Una soberbia rosa se miraba
En el limpio cristal de un arroyuelo.
De repente la brisa impetuosa
Sopló atrevida, y de la frágil rosa
Arrebató en vertiginoso vuelo
La corola fugaz, que el arroyuelo
Arrastró en su corriente.
Tal es de la Beldad la triste historia,
La infortunada suerte:
Brilla un instante, y cambíala en escoria
El soplo de la muerte.

Colombia
                       Traducción: Rafael Tamayo





A UN JILGUERO

¡Oh cuánto es á la tuya parecida
Esta mi triste vida!
Tú preso estás, yo preso; 
Tú cantas, y yo canto,
Tú simple, yo sin seso,
Yo en eterna quietud y tú travieso.
Música das á quien tu vuelo enfrena,
Música doy, aunque á compás del llanto,
A quien me tiene en áspera cadena.
En lo que es diferente
Nuestro estado presente
Es en que tú, jilguero,
Vives cantando, y yo cantando muero 

Traducción: Pedro Soto de Rojas 



IL PASTOR FIDO

In lingua Napolitana.

DI DOMENICO BASILE.

IN NAPOLI
Per Egidio Longo. 1628
Con licenza de' Superiori.
Imprimatur

Iacobus Terragnolus Vic. Gen.

Aloysius Riccius Can. deput.

Franciscus de Claro Can. Dep.

A LI QVATTO
DE LO MVOLO

De Napole.

Me venne capriccio sti mise arreto de componere lo Pastore fido de lo Caualiero Quarino à la lengua nostra Napolitana: E tanto haggio scacamaronato, scassato, postellato, agghiunto, e mancato, che pè gratia de lo segnore Apollo songho arreuato à puorto, e ll'haggio scomputo. Pò penza, repenza, fantastecheia, e torna à penzare à chi lo voleua donare; haggio concruso, che buie ve lo gaudite. Ed a chi meglio se poteua fare sto presiento autro ch'a buie, che site li chiù antiche de Napole, e ve gaudite nà Cetate tanto bella, Nobele, e Ricca, che cò granne ragione se chiamma Regina dell'aute Cetate Mparatrice de le Prouinzie. Napole capo de Regno, Giardino de tutto lo munno, vuocchie deritto de tutta la Talia che puozze sempre auonnare comm'auonnaua la tauola de Cullo Romano. Ruga, Iermano, e chillo che lo chiammano Peccione d'Agnano. Donca à buie sia fatto sto presiento, Raccordannoue, che se nge fosse quarchuno (commo non gne ne mancaranno) che borrà fare de lo bello ngiegno, e deciarrà ch'è buono, ch'è tristo; le potite da parte mia fare à sapere (comme cò la presente facciano) cha chillo, cha fatta stà fatica la fatta pe gusto suio e non s'è piccato maie de poeta, ne ncè, e se ncè fosse manco nge vò essere. Tanto chiù ca le sona no vespone nè la recchia de na noua venuta da Parnaso, che lo segnore Apollo vò, che se fraueca la casa de la gnorantia, e chisse che banno cenzoranno, haueranno da seruire pè parrelle à carreiare prete, e cauce: Auzateue da stò nietto segnure Poete mieie care; e con chesto segnure Quattro zoè vuie che state ncoppa à la fontanaue soschiauo, e se non è lo duono comme meretate; pegliatene lo buono ammore, mpromettennoue aurte compeseziune Napolitanesce piacendo à lo Cielo, e se no sgarro la via de la fontana d'Alecona. Una sola cosa v'allecordo, e me nne farrite nò gran piacere, e à buie sarrà manco fastidio. Quanno senterrite chisse magnifice (cchiù male lengue che Poete) pè farele schiattare, no le date aodientia, ne le respondite, ma facite nfenta de nò l'hauere sentute pe lo fruscio dell'acqua,

Da Napole lo mese de Iennaro.

1628.

DE MATTIO BASILE

O che gusto aggio figlio
De sso componemiento
Ch'aie fatto a lengua nostra
Benedetta la penna co lo nchiostro
Che te farranno ardito chiù de iglio,
Canta Vasile figlio.
Che singhe beneditto a braccia stese
Canta cà sulo si, no nc'è cortese.



L'ARRVRE DE LA STAMPA.

Lautore se remette a la beuegnetate de chi legge, sulo ve racorda che a la scena de lo terzo atto, che accommenza ò primma vera bella nce trouarite uno vierzo lungho vole essire dui verzette picciole.

OPERE DA STAMPARE

Lo dottore a lo sproposito. L'ospitale de li pazze. La casa de la ngnorantia. La defenzione de li Poeta Napolitane contro Troiano Boccalino; e Giulio Giulio Cesare Caporale n'anzi ad Apollo.

ATTO PRIMMO

SCENA PRIMMA

Siruio, e Linco.

Sir. Iate vuie, che nzerrasteuo.
La spauentosa fera, a dà lo signo
Cà volimm'ire à caccia; su scetate
Ll'vuocchie, e li core à suono de sto chuorno.
Se mai fù pè Porchiano
Pastore nnammorato de ssa Dea,
Che se sentesse pizzecare mpietto,
De fracassare sirue, e mmassarie,
Veccone ccà no piezzo.
Hoie me pozzo auantare
D'hauere sempre appriesso
Lupe, e puorce saruateche de spanto,
A tantillo de luoco;
Che borria fa s'hauessemo chiù largo.
Chillo Puorco nmarditto,
Spauiento de natura, co le sanne;
Chillo crudo, e feroce
Quanta case ha scasate
Se sape buono pe sti commecine:
Roina de campagne,
Paura de Befurche. Iate adonca.
Non solo ve spedite,
Mà ngioriate ancora
Co chisso chuorno la Signora Frora.
Nui, Linco priesto à onorà li Dieie,
Trouammo na via bona,
Comme auimmo farnuto iammo à caccia;
Ca chi buono accomenza hà miezo fatto,
Nò perzò, che lo Cielo nce consenta.
Lin. Lo llaudo Signor ssì, ire a li Dieie,
Ma dà fastidio à chille,
Che guardano lo luoco, no lo llaudo,
Tutte dormeno ancora.
Quanta songo à lo Tempio, è non hanno
Chiù tempestiuo, e chiù priesto lo Sole,
Autro, che da lo muolo.
Sir. E Fuorze à chi? lo suonno sempre all'vocchie,
Ogne ncosa le pare matarazzo.
Lin. O Siruio, Siruio, ed à che si arredutto.
Mò che ssì figliulillo,
Shiore de la bellezza,
Ianco comm'à no iglio.
E la scarpise, e no nne vuoie fà cunto?
Eh se fosse la mia ssà così bella
Facce saporitella,
Couernateue sirue diciarria,
Appriesso à nautra caccia
Me vorrià arreposa sta negra vita;
Sempre me vorria stare nfesta, è niuoco
La stat'allombra, e lo vierno a lo fuoco.
Sir. Ente belle conziglie,
E te si stato saudo?
La lammia se canosce ca và a bela.
Lin. Autre tiempe, autre ntriche,
Se fosse Siruio affe ca lo farria.
Sir. Ed io se fose Linco,
Mà perche songo Siruio,
Nò ne voglio fa niente, haie ntiso buono?
Lin. A fraschetta nò gnì tanto lontano
Cà puoi perecolare,
Se vuoie na fera vi call'aie vecino
Manza comme na pecora.
Sir. Dice da vero Linco? è tu mme burle?

Lin. Vuoie burlà tù, no io,

Sir. Ed è cossì becino?

Lin. Quanto tu da te stisso.

Sir. A quale Serua stace?

Lin. Tu si la serua, Siruio,
E sai qual'è la fera, che neè dinto?
Sì tu, che nò hai pietare.
Sir. A' mò che ll'aggio ditto, ca si pazzo;

Lin. Na Ninfa à cossì bella, e gratiosa;
Ma che Ninfa diss'io, anze na Dea?
Chiù fresca, e chiù bezzosa,
De lladdorosa Rosa
Chiù tennerella, e ghianca de lo Zinno.
Ped'essa nò è Pastore
Nfrà Nuie, che nò ne chiagna, e nò nsospira
Ma sospira à lo viento.
Pe te stò maccarone va a lo caso.
A tene è destenata
Mo, nnuno punto, sempre che la vuoie.
Nò mmierete d'auere ssò morzillo
Dinto a ssi diente; nò foir Siruio
Dì perche la despriezze, si ch'aie core,
Ma non de fera, anze si tutto fierro.
Sir. Io che nò insenta ammore, sò de fierro,
Linco, chessa è bertute, nò me pento,
Che stia dinto à sto core, sò contente
Si cò essere crodele venco ammore,
Sò d'isso chiù Segnore.
Lin. Dimme quanno llai vinto?
S'ancora nò t'hà tinto.
Sir. Llaggio vinto, perche mme sò arraffato.

Lin. Se na vota se nzecca, Messè Siruio.
Se sapisse na vota;
Comm'è fatto st'ammore,
Fuorze t'accostarisse à quarche Ninfa
E chella puro à tene.
Bene mio dicerrisse,
Ch'allegrezza hauerrisse,
E commo si benuta tanto tardo;
Lassa lassa ssè sirue,
Fuile ssè fere fraschettone, ed amma.
Sir. Ma ca chiagnie, che ffai?
Ciento de ssè caiotele darria
Pe na quaglia cacciata da Presutto;
Chi hà gusto de ss'ammore se lo tenga,
Io pe mè tanto no lo senta niente.
Lin. Nò siente ammore, e bbè che senterraie?
Tutto lo munno chesto sulo sente;
Crideme muccosiello,
Lo senterraie a tiempo,
Che sarà male tiempo.
Nò lo canusce buono sso figliulo,
Sà fare quarche schizzo,
Dillo a sto fusto, vasta.
Nò è chiù gran ndolore,
Quanno a n'hommo de tiempo vene ammore.
La chiaia quanno è bbecchia nò sperare,
Sia chi se voglia no la pò sanare.
Ma s'à no giouello ammore pogne,
Ammore puro l'ogne.
Se le dace dolore,
Lè dà speranza ancora,
Se pare che l'accìa, lo sana nfine,
mà se t'arriua, quando si arreuato
Vicino à lo desierto,
Diauolo, lo chiaieto è desperato:
Tanno si cà sarrisse lesto lesto
A la forca dell'anne chiatto mpiso,
E bbi se te scappasse, oime, piatate
Doue la truoue? nullo te la venne
Ntiennela Siruio, afferra stò buon tiempo,
Vi cà pò è male tiempo,
Tiene mente à stà varua iancheiata,
Voglio dicere mone,
Te n'addonarraie pone,
Quando potiste nò nboliste niente,
Pò che borraie, te spizzola li diente.
Lassa, lassa sse fere,
Lassale Siruio fraschettone, ed amma.
Sir. O che senco, è che beo,
Tenire mente cosa,
Ammore vò ped'isso ogne ncosa.
Lin. Sienteme, gia chè simmo à primmauera,
Stascione che fa stà nfesta lo munno,
Di? se pe parte, de vede shiorute
Li prate, le montagne, e le chiamure,
Pò vedisse la vita senza frunne,
L'ammennolella, e nò ncacciasse shiore,
La terra sempre secca, e senza frutto,
No diciarisse, cà lo mundo è ghiuto?
Me mmarauigliarria de la natura:
Cossì Siruio sì tune,
Sì cà sì primmauera,
Smacenatello, è penzance no poco,
Che t'hà potuto dare chiù lo Cielo
Farete Douaniero de bellezza?
Nò nc'hà penzato a la menore aitate
Senza hauerete dato coratore,
La ntese ch'à li viecchie nò commene
Ammore, vò che buie sempre gaudite;
E ncè vuoie contrastare? Vì c'affienne
Lo Cielo, cò la terra tutta nzieme.
Siruio votate ntunno,
Che bellezz'à lo munno, eche sbrannore
Songo opere d'ammore?
Nnammorato lo Cielo,
La Terra, co lo mare,
E chella pouerella nnante ll'arba.
Videla chella Stella,
Amma la meschinella,
E sente de lo figlio la frezzata,
Che le passa lo core,
E puro se nnammora,
Nammorata esce fora
Pe trouare l'ammore
Ridenno à cossì dice.
O che bita felice
O gusto, ò sfatione,
La pouerella và cercanno Adone
Ammano pe ssè sirue
Li Lupe, e pe lo maro le Canesche,
Le Ballene, e li Tunne;
Chillo auciello, che canta
Co la gargante sempre quanno vola;
Mò a na chianta, e mmo a natura,
O de Rosa, ò Viola
S'hauesse la parola,
Autro non sentarrisse, ardo d'ammore,
Ardo dinto a lo core,
Cossì canta isso stisso,
Lo sape bueno, e nò nse ne vò ire.
Siruio siente lo dire,
Grida doce confuorto,
Ardo d'ammore; ò frate mio, ch'aie tuorto:
Le Bacche, sempre chiammano li vuoi,
Le Cornacchie, li Gruoie,
Lo Leione a lo vosco,
Quanno grida, nò è ira,
Ma d'ammore sospira;
Tutt'ammano a la fine;
Siruio, tu sulo si sconzentiato,
Che nò nsi nnammorato.
Arma senza piacere,
Vuocchie senza vedere,
Lassale chesse serue
Fraschotta, fraschettone, amma nna vota.
Sir. Tiente chi m'è pedante,
Vedite bello mastro de vertute;
Pe parte de me da buone conziglie
Me và mettenno ncapo le pottane,
O nò nsi ommo, ò io sò n'anemale.
Lin. Sò ommo, e mme ne preio
Sò ommo, e nò le nnego; e tu chi sine,
Fusse maie le perammede d'Agitto;
Fuorze isso n'era ommo.
Stà ncelleuriello Siruio,
Ca chi vola troppa auto
Pe sse fa Dio, nterra fà no sauto.
Sir. Linco, vi se si pazzo; to nò nsaie
Doue scenne la schiatte de sto fusto?
Chillo, ch'eppe lo munno sotta coscia
Iusto da llà sceng'io, da chillo sango,
Fuorze ca nò vencette sempre ammore?
Lin. Và ca te stà no panno nnante all'vuocchie
Sciauratiello; e tu doue sarrisse
S'Ercole Valentone non ammaua.
Mò te staie zitto, bè quann'accedette
Chelle fere de fore a cossi crude
Chi nce le fece accidere? fù ammore;
Appriesso pone, che le fece fare,
Na gonnella se mese, e parea sninfia
Pe parte de iocare lo mazzone,
E 'ncuollo hauè la pella de lione,
Tenea lo fuso, e la conocchia nmano,
Se volea trasformare comm'à chella,
Che lo faceua ogn'ora sospirare.
Erano li sospiri farconette,
Passauolante, frezze de no fierro,
Che no nne stea chiù fino into lo nfierno.
Ammore le donaie chisso reiale,
Vì s'era forte, e pò fu femmenella;
Chi nce vole resistere ali strale,
E se le tira pò à na cosa bella
Commo si tune iunnolillo e riccio,
Shiore de Maggio graziuso, e frisco,
Fa quanto vole ammore, falle guerra,
Cà non è guerra, vi cà è no pasticcio,
Quant'auze lo cappiello, e che nce truoue?
L'ammore de na Ninfa, ed è di vista,
Punto haueffero à mmene sse quatrella,
Ncappassence sempre io dinto à ssò bisco.
Non te conziglio, che non facci chello,
Che faceua Ercole,
Tu già le sì nepote,
E bueie mmetare li costumme suoie,
Và pè le sirue, è nò lassare ammore,
E pò ch'ammore? de na Fatecella,
Nò morzillo, na giota, e nò sbrannore,
D'Amarille, à tè dico, ò comm'e bella.
Dorinna se couerna da Dottore;
Fai buono no lo nego, a la mogliere
Se porta nore, e repetatione.
Sir. Ancora Linco mio, non mmè mogliere.

Lin. Non n'hauiste la fede
L'autiere, fuorze dico la buscia?
Guardate fraschettone
Nò scorruccia li Diete,
Non te fedare, ch'aie la lebertate,
Chi te la dette, te la pò leuare.
Tienence mente buono, e fà penziero,
Se ntennere me vuoie, apere ll'vuocchie,
Cossi bole lo Cielo,
A chisto matremmonio te chiamma,
Le grazie, che mpromette n'anno fine.
Sir. N'haueano autro penziero
Li Dieie sulo de chesso, chesso appunto;
Stanno sempre à sguazzetto co li guste.
Linco, frate sò nato cacciatore,
Se tu si nnammorate vance appriesso.
Lin. Tu scinde da lo Cielo?
Tu si de chella schiatta?
Nne miente pe ssa canna.
Nno lo creo, nè nsi ommo,
E se puro si ommo iuraria,
Ca tune si chiù priesto
Figlio de Tigra, frate de Leione,
Nepote ntierzo grado à no Draone.



SCENA SECONDA

Merrillo, & Argasto.

Cruda Ammarill', e perzì co lo nomme
D'ammare, amare daie pene, e tormiento,
O Amarille de lo cannamele
Chiù doce, e chiù soaue,
Ma de l'aspeto surdo,
E chiù sorda, e chiù fera, e sempre fuie.
Pocca cossì t'affengo
A la morte correnno,
Gridarranno pe mmè vuosche, e montagne,
E sta padula ancora
Diciarrà quanta vote
M'à ntiso sospirare
Ssa bella nomme toia,
Chiagniarrà sta fontana,
Shiosciarà Tramontana,
Parlaranne sta facce,
E pietate, e dolore,
Se farrà muta ogn'autra cosa nfine,
Parlarrà lo mmorire,
Te diciarrà la morte li sospire.
Erg. Mertillo sempre ammore da tormiento,
Saie quanno ne da chiù, quann'è chiù chiùso.
Isso tene la vuriglia
Ddou'è llegata n'arma, che bò bene.
Mò ammolla, e mmò stregne,
Me chiù stregne, ch'ammolla lo cornuto,
Tu no nneuiue stare tanto tiempo.
Scopriremme sso ffuoco, che t'abbruscia;
Quanta vote lo disso, arde Mertillo
Dinto a no caudarone, e se sta zitto.
Mer. Vollette a mme, pe nò abbrosciare ad essa
Argasto caro, e starria zitto ancora;
Ma la necessetate fa gran cose,
Me sento sempre sosorrare ntuorno
Na voce, che correnno và a lo core,
Commo dicesse, ora và ca si fuso,
Amarille sto cuorpo nn'e la toia,
E lo comportarraggio ammaro mene.
Grido, e pò torno, à frate chi lo sape,
Se mme sente quarcuno, io negrecato
Sempre sto co sospietto, e co paura,
Lo saccio Argasto, e nò mme nganna ammore
Pe mmè no mbà troppo auto la Fortuna,
No nce speranza de cogliere pruna,
Nè manco haue ssà stella Angelecata:
O che bellezza; e pò è de no sangho
Lo chiù gentile, ch'è sotto la Luna.
Canosco buono la chianeta mia.
Nascette pe le shiamme; e lo destino
Voze ch'ardesse senza mai gaudere,
Cossì hà piaciuto à lo Cielo torchino,
Me scrisse la settentia de sto muodo,
Ch'ammasse morte, e nò la vita mia,
Vorria morì pe l'arma de Zì Antuono,
Ma che piacesse ad essa; e no sospiro
Sulo ascotasse, e pò dicesse muore.
Primma, che me ne iesse all'autro munno
Na cera ne vorria, ma nò tant'agra:
Ma tu se me vuoi bene Argasto caro,
Ed aie compassione de me scuro,
Dincello se la truoue, ò se la vide.
Erg. Nò è gran cosa; pouero chi amma,
Quanno penza hauè assaie, non haue niente.
Se sapesse lo patre tale cosa
(Arrasso sia) cha se nà mmescanno
Co li Pasture, che sò nnammorate,
Se ne sapesse niente, ò pure fosse
A lo ciociaro ditto, ò negrecata.
Chi sà se te foiesse pe sta cosa,
Fuorze t'ammasse, e no lo bò mostrare.
La femmena haue ncapo la magnosa,
Che segnifica essere norata,
E s'essa puro te volesse bene,
Che meglio porria fa, se nò nfoire,
Chi nò npò dare aiuto, face buono.
Ascota senza pagha sto conziglio,
Ca chi nò tene forte, n'aue niente.
Mer. Eh se fosse lo vero, oh bene mio,
Duce sospire, e pene troppo care
Ma (se agge sempre lo cielo pe frate)
Dimme quale è nfrà nui tanto felice
Pastore accossì buono abbentorato?
Erg. Canusce Siruio? L'vneco figliulo,
Ch'eie de Montano, Sacerdote nuosto
Pastore ch'è de granne zeremonia,
Nu bello figliulillo, chillo è isso.
Mer. Viato a te, ora chessa è fortuna,
Cogliere rose, quanno cade iaccio,
Nò te ne mmidio nò, ma chiango à mene.
Erg. Nò n'haue mmidia ca lo pouerello
E digno de pietate, chiù che mmidia,
Mer. Commo pietate?

Ar. Commo, ca no llamma.

Mer. Ed hà bita? Ed hà core? ò che sia acciso.
Non ndeu'hauè abbespato
Lo viso angelecato.
Io sò chillo, ch'abbruscio, e me conzummo
Pe chill'vuocchie, che mm'hanno
Fatto deuentà pazzo comm'Orlanno:
Ma dimme, pe che causa se vò dare
Ssà bella gioia a chi no la canosce.
Erg. A chisto matremmonio lo Cielo
Mpromette la salute de Porchiano;
E to nò nsaie ca la gran Dea ogn'anno
Vole na Ninfa de nnozente sango,
Ch'è soleto à morì la sfortonata.
Mir. Nò llaggio ntiso maie, nne iurarria,
Tanto chiu ca sò nuouo a sti paise,
Male po mene a cossi boze Ammore;
Sò iuto sempre pe buosche, e montagne.
Peccato granne deu'essere chisto,
Che moppe tanta collera a la Dea.
Erg. Apparecchiate, e siente pe lo capo
La storia, ch'ogn'anno nce tormenta,
Commouarria a piatate li Leiune
Nò nche l'huommene propio de marmo.
A tiempo antico non se potea dare
Ncostodia de lo Tempio a Sacerdote,
Che fosse giouene, era ndegnetate;
L'eppe no cierto, e se chiammaua Amonta
Museco, iostratore, e nnammorato
De na Ninfa, Lucrinna, assaie lucente,
Ma era senza fede la sciaurata;
Amenta se la tenne no gran tiempo,
E le volea no bene, ch'arraggiaua,
Spisso deceua, ò arma, ò speretillo
De stò core, de st'vuocchio, e de sta meuza.
Lo diascace mò, che nò nnà lana,
Iette a Lucrinna a bennere na pecora,
Pe ffà, ch'Amenta hauesse la quartana.
No ntanto, ch'essa vedde no capraro.
Sostenere non pò la primm'occhiata,
No zinno, cò no pizzeco, e no squaso
Se ncrapecciaie la perfet'assassina.
Amenta se n'addona, e priesto trase
Dou'è la porta de la gelosia;
Si chiagne, si sospira, tu lo saie,
Che pe proua canusce buono ammore.
Mer. Chisto dolore sì ch'ogn'autro auanza.

Er. Ma po, ch'Amenta heppe perdute tutte
Li chiante, li suspire, e li lamiente
Pe causa soia, chiagnendo disse: ò Dea
Se maie sta Amenta te fece na sauza,
Se te fò seruetore Amenta scuro,
Signà Cintia lo saie, se te sacraie
Cò nò core nnozente n'arma pura,
Vendetta, ò Santa Dea de chella fede,
Che m'è stata mancata sa ssà cana.
Lo sentette la Dea, se scorrocciaie,
Ah zellosa ad Amenta correuare?
Afferra l'arco, e tanno saiettaie
Sta sfortunata Terra de na pesta,
Che nne moreano tommola, e megliara,
Era perduta ntutto la speranza
Soccurzo non se troua, ncrosione,
Accise bona parte de la gente,
Non serue lo sceruppo, ò la nzagnia,
Lo Miedeco stea peo de lo malato,
Vna sperana ncè restatte sola
De pregare lo Cielo nnenocchiune,
Corzero à n'Araculo vicino,
Chiagnenno, e sosperanno li meschine
La resposta, ch'auettero fu chesta,
Ca la Sia Cintia s'era assai nfummata,
Ma se pure accordare se volea
Locrinna fosse à lo Tempio portata,
E pe mano d'Amenta consagrata,
A la gran Dea, cà vittema voleua,
Se contentaie Locrinna, ed à lo Tempio
De la Signora Cintia fù portata,
Co na festa, e gra giubelo arreuaie,
Arreuata che fu vedette Amenta,
Le tenne mente pe lo salotare
Commo decesse, ammore mio scontento
Io moro sula, perche te gabbaie?
Ndenocchiata che fu nnante a l'autaro
Veccote Amenta co la fierro nmano
Cagnato de colore, e sosperando
A cossì disse, tiene mente ò Ninfa
Lo nammorato, che non te fu carò,
Vi chi lassaste, è chi secoteiaste.
Auzaie lo vuraccio, e se chiauatte ncuorpo
Lo fierro, che passaie no buono parmo
Quanno la sfortonata de Locrinna
Tra la morte, e la vita dubetaua,
Sò morta Io? ò puro è muorto Amenta?
Amenta le cadio ncoppa le braccie.
Se scippa, e se strauisa, ò core aspetta,
Tu haie voluto morì sacrefecato
Pe parte mia, desse essa, mà nò importa,
Ca nò la passarraggio ssa mmarcata,
Afferia lo cortiello, e se lo schiaffa
Dinto à la commessura de la panza,
Cadio ncoppa ad Amenta, che nò era
Ancor a muorto, sulo freccecaua,
Mà ncapo de no paco l'arme belle
Volaro, e se ne iero à li pariente.
M. Eh, fù lo Cielo, che le voze dare
Tiempo, che commattesse ffì a la morte,
E mostrasse la fede, e la piatate.
Soccesse niente appriesso, dimme, Argasto
De la mortaletate, la Sià Cice
Co la morte de chiste se quetaie?
Erg. Nò ntutt'à nnèna mbotta se quetàie.
Ncapo de n'anno, à lo stisso tiempo
La nfermetate se fece ncampagna
Chiù peo pe sette vote de la primma.
De nuouo all'Aracolo tornaieno
E siente la resposta, fò gostosa,
Se nchillo tiempo era, io, me nce sbracaua;
E che ogn'anno na Ninfa s'accedesse;
Idest zita, ò che nò arreuasse
A bint'anne, azzò la granne Dea
Co chesto se forria cierto quietata.
Ascota stautra recipe alle femmene
Na settentia, che nò nse pò appellare,
Col'asequatur de mandato Regio;
Conca vedola, ò zita, che mancato
Hauesse de la fede: sia de fatto
Connannata à morì senza reparo,
Se quarcheduno vorrà fa lo scagno,
Se nò ch'esca de fatto la iustitia.
Aie ntesa la meseria de sta terra,
Chiste sò guaie: ma spera lo buon patre
De fornire, co chisto matremmonio
Tutte sse cose, perche hà no gran tiempo
Che ieze a l'Aracolo, decenno
Quann'hauea da cessà tanta roina,
Le su respuso proprio de stò muodo:
Nò nfornerane maie chi v'affenne
Ffi che de Cielo nò cognonca ammore
Doie schiatte soccie, azzò l'antic'arrore
De na femmena fauza
No Pastore iustissemo l'ammenda.
Hora mò a Porchiano nò ncè autro
De Siruio, e d'Amarille, perche lloro
Scenneno da lo Cielo, da la schiatta
Lluna de Panno, e llautra pò d'Arcide.
E pe lo male nuostro maie a tiempo
Se scontraie matremmonio chiù fino,
Doie schiatre de lo Cielo belle, e oneste,
Femmena, e ommo; tale, che lo patre
Spera c'haggia grà luoco la resposta
Che l'Aracolo fece. Chesto è quanto
Io pozzo referire a vossoria,
De lo riesto lo sà sulo lo Cielo,
Isso farrà figliare quarche iuorno
Sto matremmonio co no figlio mascolo.
Mer. O pouero Mertillo sfortunato,
Tanta gente canaglia,
Cò le scoppette, e li cane calate
Contra no miezo muorto
Core, ch'è nnammorato,
Ammore n'abbastaua?
No nbalea, se lo cielo non s'armaua.
Erg. Mertillo, Ammore becco
Autro non beue, è maie non se ne satia,
Che lagreme d'ammante:
Iammo ca te mprometto
De mettere à li sische chisto nciegno,
Pe fare che ssà Ninfa oie t'ascota:
Tu stà no poco zitto,
Ca nò ssò comme pienze ssi sospire
Sfatione à lo core;
Ma saie che ssò, prouenze, e sceroccate,
Che portano co lloro grann'ardore,
Ca cossi bole Ammore,
Azzò li pouerielle nnammorate
Aggiano truone, lampe, e grannanate.


SCENA TERZA.

Corisca.

Encè nesciuno maie, c'hauesse visto
Cosa cruda, e spietata chiù de chesta,
Ch'aggio io dinto a lo core, ammore è sdigno
Se nce sò ncaforchiate, e forte stritte
L'vno cò l'autro ch'io nò saccio commo
Non me strua de docezza, mora, e campa,
S'io tengo mente à Mertelluccio mio
Da la capo à lo pede aggratiato,
Pare che sia no Rè, tant'è polito,
De costumme, de vista, e de parlare,
M'assauta ammore co no fuoco viuo,
Tutta menchie de shiamme, nfine ch'io
Confesso essere venta, e guadagnata.
Ma si pò penzo à chillo granne ammore,
Che porta à nautra femmena, e pe chella
A me fuie, e desprezza; stò pe dicere
La grà bellezza mia ch'à mille roseca,
Isso la fue le vanga la pepitola,
Me lo vorria magnare, quanno veo,
Che pe no brutto vurenzola sogliardo
Ammore mmà legata, e forte stretta,
Nfrà me penzo, e repenzo, e pò concrudo,
Cacciando llodio, ò Merteluccio, dico
Hauessete sempr'io dint'à ste braccia,
Fusse tutto lo mio, me tenerria
Corisca d'ogne nfemmena chiù nnauto.
Nchillo stante me vene no capriccio
Tutto chino d'ammore mmierzo d'isso,
Che de ire a trouarelo sospiro,
Se fosse chiù nne lla de casa miccio,
Azzò scopresse l'aspro fuoco mio,
Pregannolo dicesse, chisto core,
Nò è de Corisca, e de vessegnoria.
Ma pò dell'auta vanna, quanno penzo
E dicho nfrà me stessa: no schifuso,
E che pe nauta femmena me sprezza,
Nò pezzentiello chino de sodimma,
Fuie da me comme se fosse pesta,
Vennetta Ammore, nò me fà morire.
E isso mò che douerria venire
A ste pettole meie pregando sempre,
Le vago appriesso, ò che dolore, ò Dio,
Comportarraggio chesto? morta sia
Se no le voglio fà sentì nò scuoppo,
Che s'allecordarà mente isso è biuo.
Sia mmardetta chell'hora, e chillo punto,
Che trasette Mertillo int'a sto pietto,
Mertillo, ch'odio, chiù de scaranzia,
Vedere lo vorria lo chiù scontente
Pastore de ste vuosche, è s'i potesse
Quanno me vene st'ira de l'hauere
Co cheste mano meie lo scannaria
Tanto lo sdigno, e llodio, che ne sento.
Dicere cha so stata sempre fuoco
Ch'aggio arzo trenta milla per zune
Mò na vrenzola mm'arde, è me conzumma
Cossi sdigno volere, odio, e Ammore
Dint'a sto core sempre fanno fuoco.
Io che tant'anne dint'a la Cetate
So stata de le chiù belle lo schieccho
E beneano pè mme mosecheiate
De chierchiette, leiute, e calasciune,
Veneano à laua pò li nnamorate,
Chi cò lo matrecale, è lo sonetto:
Mò da no monnazzaro so beffeiata
Pè parte de canta, chiagno a stafetta.
O d'ogn'autra Corisca sconzolata,
Che ne sarria de tene, se sprouista
Tu te trouasse senza nnamorate?
Vesognaria, ch'ogn'ora te sceppasse.
Mparate à spese meie femmene tutte,
Se volite auè mille nnamorate,
Cas'io no hauesse auto, che Mertillo
Ve iuro affe ca l'haueria sgarrata.
Pe tornare à preposeto, ve dico
Cà femmena, che n'homm sulo cerca
Sarrà sempre pezzente la meschina,
Mà nò Corisca, che n'hà d'ogne mmesca.
Che fede? che costantia? zannarie.
Paparacchie boscie d'ommo geluso
Penganno le zetelle ssì forfante
Fede ncore de femmena? maie fede
E se quarchuna n'hì, lo che nno creo
No ne fede che benga da lo core
E perche la meschina hà un'Ammore.
Ma fà che nce ne vengano dell'autre
Salutanno, è ncrenanno, ed essa azetta,
Le salutate co la faccia à rriso
Và troua fede curr'à la staffetta.
Bella femmen'è pò sollecetata
Da nnamorate assaie, che banno attuorno
E d'essa ne vò uno, è l'autre caccia,
N'è femmena, e se pur è, gran sciocca
Che serue a na bellezza stà coperta?
E se puro è scoperta no la vede
Autro che nn'ommo sulo, o Brutta cosa
Quanta chiù sò, tant'essa chiù s'auanta
D'hauere nn'ammorate co la pala
Cossì se face à Napole, è lo fanno
Le chiù ricche, è chiù belle de cacciare
Lò nnemorato guarda, ch'è peccato
E bregogna, sciocchezza e betoperio
Chello che nò pò vno, farrà llautro
Chi a darete sei canne de Tommasco
Chi la guarnetione, e chi le perne
E cossì lo refonnere va lesto
L'vno non sape lo fatto dell'autro
La Gelosia nò ncè, peche le femmene
S'anno lo cunto lloro be mparato
Io mò che bidde chisto bell'Asempio
De sse femmene granne ll'afferraie
E mme mparai da peccerella ammare
Corisca mme deceano se vo fare
Iusto commo se face de li guotte
Quann'aie llo nnamorato int'alle mano
Hagene sempre chino nò repuosto
Pigliate lo chiù bello, e cagna spisso
Peche se viue ad vno, pò ncè resta
Lo llurdo, che nne vene lo schifare
Appriesso à lo schifare affè lo iette.
Non pò hauè peo no femmena che dare
Gusto à lo nnamorato, quanno vole
Fallo venire sempe scappellato
Npromiettele mà nò le da restoro
Accossi haggio fatt'io, è perzò nnaggio
Quanta ne voglio è le trattengo sempre.
Mò vno co na vista gioueiale,
Mo nautro cò no tuocco de Manella,
Chillo che mme dace, è chiù refonne.
Te lo squascio, è facciole carrize:
Ma finte, perche sempre co la chiaue
Nzerro lo core azzòcche nullo ncentra.
No nsaccio ammara me, commo sta vota
Ncè trasuto Mertillo, è mme tormenta,
De no tormiento, che maie arreposo.
La notte fuio, e orria sempre iuorno
Chiang'è sospiro, è mmai no nfaccio niente
Nfine me songo bona resoluta
Hi cercanno pe stuort'à tutte llore
Mertillo l'Odiato Ammore mio.
Mà che farraie Corisca se lo truoue?
Lo pregarraie, guarda ca nò mmole
Llodio si bè ammore lo bolesse,
E tù lo fuie, è bà pe nauta via.
A chesto ammore manco nce consente,
Ma lo deuerria fà pe ll'arma mia.
Mà che farraie Corisca, siente siente
Quanno llaggio trouato dicerelle
L'Ammore, ma de chi, nò le scoprire,
E se co chesto nò nfarraggio niente
Farrà lo sdigno na mennetta granne.
Mertillo nò mbuò ammore, odio te venga
E Amarille toa se pentarrane
Volere co Corisca sta attozzare
Ed'à la fine essa sentarrane
Quanto pò sdigno, à femmena ch'bbampa.



SCENA QVARTA.

Titero, e Montano.

Montano mio vaglia la verdate,
Saccio ca parlo, à chi de me chiù sape,
Non se ntenne cosi commo se penza
Le resposte de sse signure aracole?
So commo à lo cortiello, chi lo piglia
Pè taglià pane, caso, e d'autre cose
La mano, se nce troua, e nce va bene.
Chi lo piglia pè accidere eie acciso.
Ch'Ammarillede mia, commo te dico,
Sia da lo Cielo destinat'à dare,
La salute à Porchiano, a la bon hora.
Chi de me chiù gran gusto n'hauerria
De me che le so patre? ma s'io penzo
A chello, che l'Aracolo ncà ditto
La sgarrammo, è faccimmo propio niente,
S'Ammore ha da fà sto Matremonio,
Peche ffuie isso ammore? maie se vedde
Odio fa lo sanzaro, core ntienne,
Fà male, chi contrasta co lo cielo.
Perche se se contrasta è chiaro signo
Cà lo Cielo nò mmò, se le piacesse
Ch'Amarille de mia fosse mogliere
A Siruio tuio no lo farria ì appresso
A caccia à lupe, ma caccianno Ninfe
Mon. Non nmide tu ch'è fraschettiello ancora
Decedott'anne iuste nò à fornute,
Co lo tiempo pur isso, sente ammore.
Tit. Lo senterrà de Lupe, è nò de Ninfe.

Mon. A Gioueniello core pò chiù frate.

Tit. Ammore à tutte quante, e natorale.

Mon. Senza l'anne nò rompe ll'Aurenale.

Tit. Sì ll'Aruolo gioueniello fa lo shiore.

Mon. Pò shiorì signor sì, ma senza frutto.

Tit. Lo shiore amaturato dà lo frutto
Nò nzò benuto pè fa accustiune
Montano frate, voglio sta coieto
Ma t'allecordo, ca puro io sò patre
De na Zetella zita, che n'agg'autra
E cò lecientia toia starria pe dicere
Ca mm'è stata da mut'affè cercata.
Mon. Nò nte sconfidà Titero; lo cielo
Pare à tè, che non vea stò matremmonio
Lo vede lo destino; e che llafede
Ch'è data nterra alagra dea nostra
No mancammo de fede à la sia Cintia
Tu saie Titero mio, ca chessa Dea
Quanno se ncricca nce da lo mal anno.
Ma pe quanto me pare, è quanto pozzo
I cò l'argenio mio specolianno
Lo cielo ncè consente, è oie te dico
Cà lo cielo farrà ssò Matremmonio.
Recordatenne agge fede ammico
Se nò sarra cossi dì ch'io so becco
Te voglio dire chiù; sta norte nsuonno
Haggio visto na cosa pe la quale
Io ngagio na speranza che spatello.
Tit. Chi vò credere à suonne, è che bediste

Mon. Penso ca t'allecuorde, ma chi è chillo
Tanto sciuocco nfrà nnuie, ch'amment n'aggia
Chella notte de chianto, è de spauiento
Quann ascette sebeto è spannie l'acque.
Doue steano l'aucielle fece pisce
Ll'Huommene, è llanemale,
Le mantre, è li casale,
Annegaie chella laua.
La medesema notte,
Co recordanza amara, io sfortonato
Perdie lo core mio,
Che core perdie chiu,
No figliulo nfasciolla.
Che n'aueu'autro, ed era tanto bello,
Che sempre viuo, e muorto llaggio chianto.
Se lo pigliaie la laua
A tiempo, che boleamo appapagnare
L'vuocchie à lo suonno; curzemo ala mpressa
Io, Souero, Cecella, Renza, e Rosa.
Credenno de le dare quarch'aiuto
Nò ntrouaimo isso, e da no conolelle
Dou'era dinto, creo se nò mme nganno,
Ca la conola ed isso poueriello
Se saranno affocate mmiezo all'acque.
Tit. Che chiune se pò dire? chi no haue
Piatate de te, no è ommo, ma anemale.
O notte de dolore, e de spauiento:
O sciagura de tuosseco è de fele?
Senza boscìa puoie dicere duie figlie
Gnenetast', vn all'acque, llautro a sirue.
Mon. Fuorze con chisto viuo Panno nuosto
Farrà che tu te scuorde de lo muorto.
Tit. Speranza, è sempre bona? Hora mo siente
Era iusto chell'ora,
Nfrà lumme, è lustro, quanno l'arba vene
E caccia de la notte lo scurore,
Tann'io co lo pensiero
Stea de sto matremmonio,
Ed era stato chiù de meza notte
Senza potè dormire
Tanto, che, pe straquezza
Venne nò pò de suonn'all'vuocchie mie,
E co lo suonno vesione vera
Che dicere potea, veglio è nò ndormo.
Sopra la rìpa de lo gran Sebeto.
Me pareua, ch'all'ombra
De no sambuco io stesse,
E co na canna lla pescasse pisce.
Eccote nchillo punto
Esce da miezo l'acqua no vecchiotto
Vestuto d'oro da la capo à pede,
E co le mmano suie
Piatosamente me deua no figliulo
Nnuao, nga nga, chiagneua,
E lo viecchio diceua,
Piglialo ca te è figlio,
Fa priesto veccotillo,
Guarda, che nno l'accide.
E ditto ch'eppe chesto, via sparette.
E ne lo stisso punto
Ch'isso sparette, no scorore ncielo
Se vedde, no tronare, no lampare,
Doue ch'io pe paura
Stregnise la creiatura
Chiagnenno hoime nne nora
Mme lo daie, è lo lieue.
Decenno chesto subbeto
Mme parze de vedere,
Lo sole a tuorno à tuorno assai sbrennente
E cadeno a lo shiummo
Tanta fierre arregute
D'arche saiette è canne d'Arcabusce.
Tremmaua lo sammuco,
Nascette na vocetta
Comme fosse no canto de soprano.
Dicenno eilà no dobetà Montano.
Ca hoie sarraie felice co porchiano.
E cossi mm'è rommaso
Dint'à lo core ed'à lo celleuriello
Stò suonno, che mè da nò gusto granne,
Sempre me stace all'vuocchie
La facce piatosella,
De chillo vecchiariello.
Mò me pare vederelo
E pè chesto venea ritto alo tempio
Quanno tu me scontraste
Pe fare sacrificio à la Dieie
Azzò sto suonno, me rescesse 'mparo
Tit. Li suonne songo suonne
Non se ce crede mai
E chi nce crede affe ca pecca assaie
Siente lo iuorno ciento cose storte
Pò le suonne la notte
Mon. Ll'arma co lo ceruiello,
Ne sempe addormentata
Anze sta chiù scetata,
Quanno nè trauagliata
Dale busciarde forme
De lo ngiegno, che dorme.
Tit. Nfine lo Cielo, chello, ch'à despuosto
De le figliule nuoste, isso lo sape.
Mà saccio io puro ca lo figlio tuio
Aut'ammore no à si non ij a caccia.
Mo parlo dela mia si dette fede
La fece dar pè fa lo matremmonio.
Se sente ammore, chesto non lo saccio
Ma lo face sentire
A quanta siò pasture pe ssi vuosche.
Me pare de vederla
No ntanta allegra è rossolella nfacce,
Quant'era prima.
Tutta vroccolosa.
E mò sempe sdegnosa,
Mà volè maretare na zetella,
Ad vno, che non pò sentì gonnelle
Frate aie na porfidia de Carella:
Commo rosa tommasca alo Ciardino
Che sta guardata da le spine, è frunne,
Attorniata d'vrme,
Che le fann'ombra, è nò le danno lustro,
Pare nò fosse schiusa,
Resta la pouerella senza gusto.
Ma pò quanno lo sole
Ch'esce dall'Ariente,
Se spampana, è se sente,
E dice, signò Sole ssò sbrannore
M'à fatto rosa, & dongo à tutti addore.
O veramente commo
L'ape che la matina
Va cercanno rosata, la meschina,
Se tanno no nse coglie,
E se aspiette, che coca pò lo Sole,
La cose de manera,
Che se lassa cadè tutta nfronnosa.
E conca passa dice, mai fu rosa.
Cosi è la figliolella
Mentre la mammarella
Le tene ll'vuocchie sopra,
La fa stà cò respetto,
E nò hà d'Ammare affetto:
Ma sepò quarcheduno
Va smoschianno attuorno,
Ed essa che lo vede
Subet'apre lo core,
E lesto trase ammore,
Pe bregogna nò parla,
O pe paura zoffre,
Se strude, e se consumma à poco à poco,
Manca bellezza se lo fuoco dura,
Passa lo tiempo, è perde la ventura.
Mon. Titero fa buon core
No t'annega dinto no gotto d'acqua,
Ca chi confida ncielo,
Lo Cielo le da gusto,
Nè maie saglie llà ncoppa
Preghera secca, e asciutta;
Cossi vno quanno pregha
Che nnaue assaìe besuogno,
Che spera da li Dieie;
Quanto chiù nuie deuimmo
Preghà, se li fegliule
Scenneno da li Dieie;
Li Dieie pariente nuostre
Ncè farranno chiù tuoste.
Iammo Titaro, iammo
A ngratià lo Tempio, è llà portammo
Tu lo piecoro à Panno
Io à Ercole l'Annecchio
Che fà ngrassà l'Armento
Farrà ngrassar ancora
Chillo che de buon core
Offeresce al'autaro
Tu và caro Dameta
Sciglie n'annecchiariello
Lo chiù manzo è chiu bello
De quanta songo nfra la mantra nostra.
E pè la via de la scioscella viene
Portamillo à lo tempio, e llà t'aspetto
Tit. E da la mia dameta tù me porta
No pecoriello ianco?
Dam. Mò ve seruo.

Tit. Chisto suonno Montàno
Faccia l'auta bontate de lo Cielo
Che teresca secunno spiere tune
Bbe sacc'io, bbe sacc'io
Quauto, che piace attene st'arrecuordo
Non che truuore figlieto perduto.


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