lunes, 17 de octubre de 2016

PEDRO ORTIZ [19.307]


Pedro Ortiz 

Nació el 28 de septiembre de 1988 en Santiago, Putumayo, Colombia.

Poeta de ascendencia Inga (pueblo originario de Colombia cuyo origen se remonta a los Incas) cursó estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Nariño. Es fundador del Festival de Literatura Valle de Sibundoy.

La poesía de Pedro Ortiz es un homenaje a la Pacha Mama – Madre Tierra-, por eso el agua, los bosques, las semillas, los animales y las piedras sagradas pueblan sus versos.

El autor de estos poemas nos acerca a la riqueza cultural de Colombia, comparte con nosotros el Samai –aliento– que nos permite conocer y aprender de las maravillosas personas que habitan en el sur de éste país, donde la “palabra” tiene gran importancia y se considera el hablar bonito (suma rimai), uno de los principios que rigen la cosmovisión del pueblo Inga.



Paisaje de septiembre

A Sandra y Jaime

Aquella ave, sus lágrimas, su historia de volcanes,
sus palabras, sus deseos de sanarse.

Lo noche de septiembre, el árbol que arde.
El poeta expectante y el músico errante.

Los cantos rituales, las hojas en el aire.
El remedio en los mates, el corazón que late.

Los buenos deseos, la limpieza de los sueños.
Un poco de mareo, el calor de los cuerpos.

La paz en el alma, la fuerza en las alas.
La mirada del que ama, el sonido de una flauta.

La alborada, los perros que ladran.
El desayuno en la montaña y la alegría en la cara.

El retorno al cielo, al verbo, al charango.
Y las gracias a la tierra: por salvarnos.



ATÚN PUNCHA

Sonaron los tambores,
bututos y cascabeles anuncian la llegada
de todos los exiliados de la nostalgia.
Ya es tiempo de las flores,
de abrir los corazones,
de reunir los pasos errantes,
los pasos perdidos en ciudades distantes,
y armonizarlos en un solo baile…
Calmaremos con chicha la sed del viaje,
comeremos en el mismo plato los frutos salvajes
y dejaremos en el equipaje —olvidadas—
nuestras hambres personales.
¡Que la alegría se extienda por el parque!
¡Que la alegría sea de niños y ancianos!
¡Que la alegría contagie por igual a propios y extraños!
Que tu espíritu esté dispuesto a perdonar y ser perdonado,
porque hemos llegado, danzando, al día esperado.
Será la música, serán los cantos milenarios,
será el grito de los antepasados,
serán tus manos lanzando las semillas,
nuestra forma de decir gracias a la tierra por la vida.
¡Que la alegría se extienda por el parque!
¡Que la alegría sea la constante
en todos los hombres y mujeres
que hunden sus pies en el Valle!
Porque hemos llegado, bailando, al Día Grande.




MEMORIA INGA Y CAMËNTSÁ

Es noche de luna en tus ojos;
atrás dejamos la casa,
y aún el calor de la hoguera
nos calienta los huesos.

Traes las manos repletas de semillas;
vengo con las mías, cubiertas de tierra
desde mi última caída.

Sobrevendrá la lluvia, no hay duda.
Todas las criaturas abandonan el camino
y se refugian en el misterio de su nido.

Mientras nosotros nos valemos del silencio cómplice,
para dirigir las manos al cielo,
para mirarnos a los ojos sin sentir miedo,
para esperar que caiga el agua, con sabor a beso,
y fecunde al fin nuestro amor secreto.

Seremos así, al salir el Sol,
el bosque en la mirada del abuelo;
seremos la vida
que llevan en la sonrisa
los niños de nuestra Amerindia;
dispondremos de la medicina natural
para sanar el espíritu guerrero de nuestro puebloancestral.

Y de esta forma
—ya unidos,
ya semillas, ya canción,
ya carnaval —
nuestro amor,
en el tiempo y en la memoria Inga y Camëntsá,
por muchas lunas
perdurará.




SAMAI

Sóplame, que te respiro;
sopla más, y haz que arda mi espíritu.
Crea la música, y llámame al oído.
Crea la música, y llámame al oído.

Sopla, y no te detengas.
Sopla tanto como puedas;
pero enseña a mis raíces,
a aferrarse fuerte de la tierra.

Si en un descuido me pierdo,
y se extingue en mí el fuego,
no dejes de golpear una contra otra las piedras,
inventa luces y luciérnagas
que me sirvan de señales en medio de las tinieblas.

Reanuda en mí la magia,
y háblame del relámpago,
del Hijo del Trueno,
del rayo que provocará el incendio.

En esta hora,
no apartes de mí tu boca;
y sopla,
y aviva mis llamas,
y sálvame con tus palabras;
tráeme alivio con tu waira,
y quédate conmigo,
y más nunca te vayas.




LECCIONES EN MANOY

I

Ella dijo iaku, y yo me ahogué en sus aguas.
Ella dijo nina, y me devolvió la vida.


II

Ella dijo waira, y yo volé sin alas.
Ella dijo alpa, y yo desperté soñando que sembraba.

Entonces, ella me explicó:

Primero: “No importa lo que tengas que afrontar,
si miras hacia atrás, hacia tu pasado, tendrás un pueblo dándote fuerzas para luchar”.

Segundo: “No importa a dónde vayas, ni que tan alto llegues, tú eres hijo de esta tierra, y a ella te debes”.





GLOSARIO

Atún Puncha: Día Grande; es la fiesta más importante del pueblo Inga. Es costumbre que los indígenas que no están en el Valle de Sibundoy retornen para esta fecha.

Camëntsá (CamuentsaCabëngBiya): “Hombres de aquí con pensamiento y lengua propia”. Comunidad indígena de BëngbeUámanTabanóc (“Sagrado lugar de origen”), en el Valle de Sibundoy, departamento del Putumayo, Colombia.

Inga: Pueblo indígena cuyo origen se remonta a los Incas del Tawantinsuyo (Cultura de los cuatro lugares del sol), Perú. Con una población aproximada de diez mil indígenas en el departamento del Putumayo, esta comunidad ocupa el quinto lugar en cuanto al número de habitantes entre los grupos étnicos de Colombia.

Samai: Palabra designada para significar el aliento o la respiración, con un gran valor espiritual para las comunidades indígenas del Putumayo, pues se considera al samai la forma de transmitir poder y conocimiento. Esta forma de comunicación nos conecta con los espíritus de cada ser que habita la tierra, de esta forma se puede aprender de las personas, los animales y las plantas. Cuando logramos estar samai, quedamos con el energía de los demás en el corazón, lo que significa lograr la armonía espiritual con la Alpa Mama o Madre Tierra.

Manoy: “Lo más antiguo”. Nombre en lengua Inga para el municipio de Santiago, Putumayo.

Alpa: Tierra.

Iaku: Agua

Nina: Fuego

Waira: 1.Viento. 2. Waira sacha: Conjunto de hojas utilizado por el Sinchi o medico tradicional en los rituales de sanación.




Tiempos Modernos (Abya Yala 2013)

Para conquistar la montaña,
Habría que ser amigo del agua.
Para posar las manos sobre la hierba,
Antes hay que caminar sobre las primeras huellas.

Para escuchar la quena,
Se debe compartir el silencio de la floresta-
Para descubrir el amor,
Hacía falta respirar en Vichoy.
Húmeda la tierra, tiene olor a granadilla este poema.

Las manos de mi abuela aún me peinan,
Y las manos de mi bisabuela aun siembran.
Nuestras semillas son eternas, cada uno viaja con ellas.

Así lo enseñaron los ancestros,
Y aquí nunca la comida faltó.
Por eso a Monsanto dijimos No.

Nos enfrentamos a nosotros mismos con el remedio,
Lloramos  y reímos al perder el miedo.
Luego vino el arte y la paz,
El taita Domingo pinta la vida y alivia con su aliento
Al amanecer el inga le canta al universo.

No hay conflicto con la muerte,
Preparados estamos,
La chagra está sembrada,
Y la chicha fermentada.

Los sueños crecieron con el maíz,
Se aliaron con los animales
Y echaron raíces con los árboles,
Un ave gigante los arrastró hacia el centro del valle,
Fueron arco iris y serpiente,
Truenos en septiembre,
Lluvia y rio que crece,
Bosque que florece.
Beso que envuelve,
Magia y misterio,
Viento en el tiempo.

No hay conflicto con la muerte,
Preparados estamos,
La vida está sembrada
Y la chicha fermentada.

De  nuestro pecho, lo nuevo.
De nuestra sangre, la savia,
De nuestros huesos, las flautas.
De nuestras palabras el recuerdo,
Y de nuestra lucha el ejemplo.



LUCIÉRNAGAS

Hoy no sonaron las flautas.
Al tambor le creció una flor en la barriga.
El maíz se quedó en la ceniza.
¿Quién hará el mote?
¿Quién hará la chicha?
¿Quién le robó a la niña la sonrisa?

Dicen que el campo era una dicha;
hacer estallar las semillas,
ceder el paso a las hormigas,
compartir la comida, la lluvia, la minga.
¿En qué manos la tierra,
y en dónde están los que se enamoraron de ella?

¿Estarán, tal vez, meciendo a Dios en sus espaldas?,
¿o cambiado sus flechas por alas?,
¿o llenando sus pulmones del aliento universal
que sanará al pueblo de su mal?
¿Volverán envueltos en una tormenta?,
como en aquella vieja leyenda.
¿Vendrán pronto a iluminar lo que dejaron?
Como luciérnagas que se anuncian en la noche inmensa.
Llenos de fuerza y pureza,
como una luna nueva.
Como el nacimiento del río Putumayo.
Como un cielo claro
herido por el vuelo de un guacamayo.

Los instrumentos siguen donde quedaron,
pero la ausencia no ha sido en vano:
las hormigas y los pueblos se han organizado.
Y el sabio camëntsá ha enseñado:
que seguir las estrellas, es nunca olvidarlos




Fluyendo

No había mejor manera de estar juntos que fluyendo.
Me aferraba a tu espalda para volar, para nadar, para estar.
Una noche dormimos en la Tierra,
y al amanecer nos habían florecido las manos.
Tuvimos la oportunidad de quedarnos en el Valle de la Música, para siempre.
Pero lo nuestro era el camino, y al final de una canción partimos.
Seguimos con el viento, fluyendo; con el río, creciendo;
con las personas, aprendiendo.
Un día descubrimos las palabras adecuadas
para tocar lo que llaman el alma,
 un caminante nos dijo que eso era la poesía.
Y nos explicó que esas palabras eran como semillas de un bosque generoso,
capaces de llevar la magia o la vida a quienes las sepan escuchar.
 Muy agradecidos, y conjurando con un verso el tiempo, desaparecimos...




Oración al río en tiempos de lluvia

Señor río, dios río, guíanos,
enséñanos el camino;
calma tus aguas turbias,
no permitas que nos arrastre el remolino.
Cura con tu espuma nuestras heridas,
haz que la claridad retorne a nuestra vista
y purifica nuestro espíritu con la brisa,
para que logremos alcanzar el mensaje,
que en tu lecho guardan las piedras antiguas.

Señor río, dios río, al final te pido,
que cuando estemos listos,
nos conduzcan tus manos hasta la orilla,
para que al arrullo de tus infinitos cantos
logremos soñar en paz, mecidos por tus aguas
que siempre nos han de amar.
Gracias, señor río, dios río.
Amén.




El guerrero y el viento

Que tu camino está trazado por el Sol,
es lo que al viento le escuché decir hoy.
Que en donde cayeron tus lágrimas,
han crecido hierbas mágicas.

Que tejes en las noches, casi siempre,
los signos de tu pueblo.
Que ya no juegas con fuego,
y que llevas una luciérnaga encendida en el cabello.

Que es fácil advertir tu presencia,
porque caminas llenando de música la tierra.
Que te gustan los poemas,
y que te olvidaste del poeta.

Que todo el bosque te cuida,
que todo el bosque te sueña.
Que tu sonrisa se ha iluminado
que la armonía natural has encontrado.

Por aquí corren los días fríos de mayo.
Leímos El Libro Rojo del Putumayo,
todavía no nos hemos recuperado.
Sin embargo, he disfrutado el viento lejano.

Alguien me dijo, a propósito del tiempo,
que una mañana de neblina y trueno
nació un gran guerrero.
Me he tendido a pensar en ese momento,
y en el viento, y en el viento…

Del libro Samai 


Pensar bonito

 Compartir las frutas de diciembre,
 hallarles contigo un sabor diferente.
Caminar hasta perderse, a propósito, en el verde.
Tenderse en la hierba, sin dejarle lugar a la tristeza.
Escuchar el río, que pasa por la vereda,
 y sentir que nos lleva, a donde canta la tierra.
 Contemplar la luna, confiar mis semillas a tus sueños;
 y pensar bonito, como enseñaron los antiguos,
para ver al amanecer, cómo la vida
entre tus dedos, tiende a florecer.




Laguna del Colibrí

No traje el canto de estas aves.
No surqué tu cielo en raudo vuelo.
Únicamente soy quien te contempla:
el aspirante a lo eterno, a bosque, a fuego.
A verde complemento.

Sobre las huellas del jaguar
anduvo mi infancia.
Arroyos cristalinos besaron mi alma.
Y así descubrí el amor,
mientras jugaba a ser mejor.

Pudo más tu canción que mi silencio,
y desde entonces voy con mi estrépito de sueños
contagiando cada universo.
Tu cuerpo que es remedio,
es también alimento.

Agradezco la fuerza de tu ternura,
el primer instante en tu llanura.
Tus mañanas de sol y de tormenta.
El arcoíris en la puerta,
la sonrisa de mi abuela.

Es en mí tu armonía natural,
salir por tus senderos,
es dirigirme a mis adentros.
Y aunque me aleje,
de ti no me desprendo.

A tu vientre acuden mis versos,
por mí pasa cuanto eres,
tierra húmeda, tierra fértil,
laguna del colibrí,
viento sin fin.

No te sorprendas si me quedo quieto,
si me convierto en bosque,
si soy de fuego.
Es que solo quiero,
ser tu complemento.





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