domingo, 23 de agosto de 2015

ROBERT RINCÓN [16.863] Poeta de Venezuela


ROBERT RINCÓN

(Valencia, Venezuela  1985). Poeta, músico y licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Cursa una maestría en Literatura Latinoamericana (Upel, Maracay). Colabora en el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC y en la revista Poesía del mismo departamento. Ha publicado el poemario Mercaderes (2010). Ganador del V Premio Nacional Universitario de Literatura “Alfredo Armas Alfonzo” (Universidad Simón Bolívar, Caracas, 2014), con su poemario Emaús y el vientre de arena. Sus poemas han sido publicados en revistas, periódicos y otros medios culturales del país.



Libro: Mercaderes
Editor: Departamento de Literatura, Dirección de Cultura, Universidad de Carabobo. 


ESTÁS GUARDADO EN MI HISTORIA
mi cabeza se equivoca en aplazar los sonidos
de tu boca amplia que no tengo
ni en el sueño que he bajado para escucharte
me dispongo como hombre en recibirte

el aliento y la llama sacuden la sal
donde el sol rompe y a ti te sigo
vacilando en la arena y preguntando en qué estoy

te vienes conmigo pero en mí
te alejas

estás escrito en la batallas
en el corazón de la selva
y en la imponencia cuando asomo mi cuerpo
en el brillo de la costa

  

HERMANO RESCATA LA CENIZA 
QUE HA QUEDADO DEL BAILE
echa a andar de nuevo la barca por el río
de salobre y la luz del Santo Caribe que surca las olas
me he quedado desnudo en la isla donde sobra el miedo
es la muerte la compañera que reanuda el viaje

es la madera de nuevo tallada para surcar el mar
naciente y espuma que sale de la oración
que canta el hombre en medio de la isla

aves rapaces se inclinan a observar la presa
es el hombre en medio de la nada
esperando puerto y a su vez consigue golpes
pero la barca no se mueve por mi voluntad
no me enseñaron eso hermano

no tengo mapas ni guías sensuales en este mar
sólo la luz que me ofrece muerte o puerto
pero te tengo a ti hermano
si consigues anclar en medio de la marea
y mirar al cielo
yo esperaré sentado
a que se cumpla tú voluntad




SEÑOR DAME SANO CAUDAL PARA AMANSAR
las aguas donde el demonio viene en su barca
a atracar puertos dorados
quiero hincarme ante el sol
pero me fallan las piernas

la presencia de luz se va en la cresta de la ola
que rompen en el arrecife de mis huesos
dame humildad para calmar el sonido de los pies
que desfilan de mantra
de las costas hasta la cordillera
del monte a la calle
donde la resonancia devuelve el salobre
en el lomo madera del Nazareno Caribe

el sol se apaga dentro de la tienda
donde la estatua tallada no endereza el milagro
no piso fuerte señor

no piso fuerte señor
en las aguas frente al muelle
deja que el zumbido dentro mi boca
cante





TE PERSIGNAS TEMPRANO CON LA ESPERANZA
de que un pedazo de tierra
se vayan en las frutas
la costumbre en el mercado
la historia por vender

se te seca el animal que cuelgas
en la espalda
los años de levantarse temprano
y el sol te ilumina el destino a la muerte

la tierra se me agota en la venta
pequeño es el ídolo que guardo
en mi pecho cuando miro al cielo

la muerte se hace descomunal dentro
de tu historia y de la mía
se va guindada de hombre en hombre
cuando doy la vuelta al negocio


“Mercaderes”, el primer libro del poeta Robert Rincón, nos ofrece la lectura de un trabajo honesto, un llamado hacia la voz del origen, donde el autor se sumerge en la búsqueda de lo primario, de lo verdaderamente esencial,  reflejándolo a través de una escritura sencilla, no desprovista de cuidado y labor. La necesidad de un espíritu depurado, un estado conciente perenne, encuentran su vehículo en la imagen del “hermano”, donde autor y lector se recrean en una comunión estética. La significación de esas imágenes familiares, como la ambigüedad en la invocación del “padre” que encontramos en “Mercaderes”, construye analogías donde lo sagrado se erige en paralelo al imaginario cotidiano, esbozando de una forma más profunda, no perceptible en una simple lectura, el campo de trabajo del poeta. El trabajo de Robert Rincón, dibuja un terreno expresivo donde lo emotivo desciende hasta perder su carácter mecánico y se hace evocación, transformándose en un dialogo reflexivo que trasciende lo superficial y que encuentra acomodo en el poema. Con “Mercaderes” asistimos a un trabajo responsable que se mueve dentro un sincretismo singular; es una poesía impregnada de esfuerzo, paciencia y búsqueda sincera.





De Emaús y el Vientre de Arena (2014)

Que larga es la distancia
de la frente al ombligo
cuando el latir
debe ser
la mitad de un campo de ofrendas

y debajo del cielo
el cuerpo y yo
centinelas para algo grande

me detengo en la hierba
con el engaño de medir palmos
al silencio

piso con las botas del tiempo
el trabajo de un corazón desleal
pero labro

algún retoño como criatura esperaré
con la cabeza colgada
y sonriente



*




Un hombre y una mujer que se aman
es el ayuno que se acerca al mediodía
es la espera de una garganta que se abre al sol
es la plegaria honda satisfecha
es la sonrisa de agradecimiento en soledad
es la melodía de dos manos en diferentes tonos
es el cuerpo que se hace y sirve
es el decreto cumplido ante Dios
es la esperanza por encima de la muerte
es el aliento que vence el egoísmo
es el Nombre que a todos nos sostiene
Un hombre y una mujer que se aman
es la luz encima de la mesa cuando se come



*




Soplo
para empuñar estos trastes
mover los dedos al pecho
y conseguir un acorde
que me detenga y vea el cuerpo
melodioso

pero duermo en un pergamino
que se escribe
con las dudas de un hombre
que la vida le pasa a un lado
cerrando el pacto que el Nombre
obliga

quizá irresponsable
como hermano

cuando despierte
una balada me lleve
al latido que armonice
todo



*




Saberme sincero es hurgar
el silencio que me obliga
a aferrarme al borde de la cama
y adentrarme en el pantano
que guarda mi estómago

mis ojos se nublan
el premio es lo ligero
que baja también conmigo
a saborear lo que propone el Señor

y dejar el barro en los pies
ver su flor
como la primera vez
antes de salir del cuarto



*



Me enseñaron a pedir
con las manos juntas
y a recibir con ellas abiertas
cada día y cada noche

el puño que se forma en espiga
arrebata lo que en gracia se forja

¿detenerme en llevar las manos
al suelo en alabanza?

engañarme es una escuela
donde sobresalgo en calificaciones
y mis manos se cansan de desgranar el trigo

con unos deseos como maestros
y un alma que no se atreve a gatear
por todo el cuerpo 

podría llevar el pan
como camino
y  un dar
como oración







No hay comentarios:

Publicar un comentario