jueves, 6 de junio de 2013

CARLOS MARÍA GUTIÉRREZ [10.052]


Carlos María Gutiérrez 
Poeta y periodista uruguayo. En 1970 recibió el premio Casa de las Américas por su libro de poemas Diario del cuartel. En 1958 había entrevistado, en medio de la sierra, a Fidel, al Che y al resto de los barbudos.
Dicen que la poesía y las prescripciones no son amigas. Pero puede afirmarse sin miedo que todo poeta debería leer obligatoriamente este libro. Como, también, todo periodista debería leer Los que luchan y los que lloran de Jorge Ricardo Masetti. (No sólo los periodistas o los poetas: no se trata de lectura para iniciados, necesariamente. Pero los que creen haberse iniciado, necesariamente deberían dar cuenta de ellos). Gutiérrez también estuvo allí, en la Sierra Maestra, para entrevistar a los revolucionarios; pisando barro, esquivando plomo, eludiendo soldados. Sí; y de todo eso, todo periodista debería conocer –al menos y alguna vez- el barro en sus suelas para hablar de los que se embarran.
Al igual que Masetti, Gutiérrez participó en los inicios de Prensa Latina; de la misma manera, no mantuvo las ideas y sentimientos lejos de la máquina de escribir, y los dejó que se mezclen, felizmente. Militó en su país por una revolución como la que pensó el Che; conoció la cárcel y el exilio. En ambos, por fortuna, escribió.
De su pluma es la letra inmortal, popular hasta confundirse con el anonimato, de la "Milonga del fusilado". Pese a esto, su trabajo rara vez es citado o publicado, aunque posea una admirable singularidad tanto en el plano periodístico como en el estético.

(Los poetas, en general, no gustan del modo imperativo. Pues bien; ante el aislamiento al que lo confina el mercado editorial, visítenlo. Abreviando: lean a Gutiérrez.)

Carlos María Gutiérrez visitó Sierra Maestra (Cuba) en calidad de reportero y contribuyó notablemente a la difusión de la lucha del pueblo cubano. Fue deportado en 1969 por su ideario político, residiendo en Madrid, entre otras ciudades.
De su obra autoral poética destacamos “Milonga para un fusilado”. 

Carlos María Gutiérrez falleció el 21 de Octubre del 2001







visita


Esta mujer de cierta edad me mira
elige las palabras me alcanza un chocolate
el sargento ha traído las sillas de la guardia
y ella se sienta al sol
habla cinco minutos
calcetines de lana las naranjas son dulces Coca te hizo un pastel
pero queda una hora todavía

el fusil M2 la pone triste
no sabe que esa caja verde sobre la mesa
se llama walkie-takie y nos escucha
es gente de otra época de familia sin presos
me susurra furtiva pese a todo
y el soldado se acerca a espiar su mensaje
por qué está mal planchada la camisa

esta mujer se calla
hay tan poco a decirse entre dos viejos
siempre hablaba con niños había pizarrones
cada mañana alguno le llevaba una rosa
en su escuela rural el sol no tenía horario
no había centinelas de M2 rastrillando
si el llanto la tentaba
siempre le era posible explicar los diptongos de espaldas a la pena
y la tiza suplía las respuestas inútiles las pausas

esta mujer se esconde tras sus lentes oscuros
piensa algo remordida en el rato que falta
para el último ómnibus hacia Montevideo
no han puesto pizarrones
y hasta el sol es un préstamo de las Fuerzas Armadas

esta mujer me mira buscando un niño antiguo
y sólo encuentra un hombre sucio y un poco enfermo
que se escapó del tiempo y que también se calla

esta mujer ojea su reloj pasó el plazo
han retirado el sol y se llevan la silla
¿quién era ese extranjero con la barba crecida
que se aleja renqueando entre dos centinelas?

esta mujer mi madre de pie lentes oscuros
con su niño cadáver podrido entre los brazos

En Diario del cuartel, 1967






Carlos María Gutiérrez, falleció en Montevideo tras haber tenido una crisis su precario estado de salud. Gutiérrez fue un destacado representante de una generación de periodistas. latinoamericanos que sufrieron cárcel y exilio, y en algunos casos la muerte, a causa de sus posiciones en contra de las dictaduras militares que asolaron el continente en los anos setenta y ochenta. Comenzó sus actividades en los años cincuenta, en el semanario Marcha, y trabajó en varios diarios y revistas de Uruguay. Recorrió Latinoamérica y países de casi todos los continentes, y reunió en brillantes artículos sus experiencias. Colaboró también en publicaciones de América Latina y Europa, EL PAÍS entre ellas.Cuando sobrevino el golpe militar en Uruguay, Gutiérrez estuvo preso y posteriormente exiliado en diversos países de Europa, Suecia entre ellos, donde trabajó como corresponsal de Prensa Latina y colaboró con EL PAÍS. Al término de la dictadura militar volvió a Uruguay, donde siguió trabajando en el semanario Brecha, denunciando los crímenes sin castigo de los militares y la sombra tutelar de éstos sobre la frágil democracia del país. Pese a tener una salud muy quebrantada, siguió trabajando hasta el día de su muerte. Había publicado recientemente una novela; antes, un libro de poemas sobre sus tiempos de preso político, e innumerables artículos periodísticos de reconocida calidad.






MILONGA DEL FUSILADO

No me pregunten quién soy,
ni si me habían conocido,
los sueños que había tenido,
crecerán aunque no estoy.

Ya no vivo, pero voy
en lo que andaba buscando,
y otros que siguen peleando,
verán nacer otras rosas,
que en el nombre de esas cosas,
todos me estarán nombrando.

No me recuerden la cara,
que fue mi cara de guerra,
mientras hubiera en mi tierra,
necesidad de que odiara.

En el cielo que ya aclara,
verán cómo era mi frente.
Me oyó reir poca gente,
y aunque mi risa ignorada
la hallarán en la alborada,
del día que se presiente.

No me pregunten la edad,
tengo los años de todos,
yo elegí entre muchos modos,
ser más viejo que mi edad.

Y los años de verdad,
son los tiros que he tirado,
nazco en cada fusilado,
y aunque el cuerpo se me muera,
tendré la edad verdadera,
del niño que he liberado.

Mi tumba no anden buscando,
porque no la encontrarán,
mis manos son las que van
en otras manos tirando.

Mi voz la que va gritando,
mi sueño el que sigue entero,
y sepan que solo muero,
si ustedes van aflojando.
Porque el que murió peleando,
vive en cada compañero.







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