miércoles, 19 de junio de 2013

TERESA CABRERA ESPINOZA [10.119]


Teresa Cabrera Espinoza
Con estudios de sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, es miembro del Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo- DESCO. Sus investigaciones abordan la relación entre la participación política y la producción del espacio urbano. Ha publicado los libros Presentes pero invisibles, espacio público y ciudad popular en el sur de Lima (2007) y Trabajadoras por la Ciudad (2012) en los que se problematiza los sistemas urbanos llamados informales. Desde 2008 edita el blog limamalalima, dedicado al registro de la cultura limeña y a la vivencia citadina. Ha publicado los poemarios Sueño de Pez o Neblina, en 2010 y en noviembre de 2012, El Nudo, ambos bajo el sello peruano Álbum del Universo Bakterial.









como cualquier peruanito
amor o madre aguardo
como cualquier peruanito
su forma de pan en el desayuno
u otra presencia
aún más olorosa y divina






era neblina
Miras al frente y hablas
sin notar cómo la pista
es un rastro de carbón que se resiste a la superficie
como pez herido por anzuelo

o que en grueso cerco de arena se torna el médano,
y muda su humor de bestia que silba
y cría vapores y cascajos
bajo su pelambre sembrado de palos, prójimos y perros
- que ahora no vemos

no es largo el camino de regreso
mas holgado nido para el pensamiento,
que pronto es veloz hilo de bayeta que se enreda
y se hace nudos

era neblina -me dices
pero yo no me conformo

prefiero escribirla, hacer trampa:
con algo más de seso
no sería difícil torcer una inocente neblina de marzo
para que se avenga a mi sospecha
hasta hacerla metáfora

o pendiente que describa mi rezago







amanecer

la loma se dibuja lentamente en línea de horizonte
hasta ser un animal-pez crispado que se acerca
y se retuerce falto de aire
desplazando los azules del albor
haciéndome pariente y carne con la arena
denso instante en que es el moscardón
ave perfecta en las orejas
y el limpio rastro en que amor se troca
es comprarte el pan en la mañana
sin aroma de pradera ninguno
o azahares en medio de jardín en san isidro
sino el sol como un planeta que viniera
que se expande y ondula
sobre los tajos en la arena
de los que nace la ciudad
aquí en lomo de corvina.






en qué extremo de la hilera

a Ernesto

la mota de polvo sobre los muebles
y tableros
ha aguardado todo el día para iniciar su maligna procesión
y ahora, mientras duermes
baja hasta el parqué a revolcarse en silencio

una vez convertida en húmeda pelusa, se desliza
hasta devenir en contubernio
y rodar hacia la cama
para encaramarse entre tu bofe de durmiente
de donde yo escucho su hilillo rastrero silbar

las agujas fosforescentes del reloj
son guadañas
así iluminadas para que quien abra los ojos en la oscuridad
sepa en qué extremo de la hilera
discurre su engañada vigilia y espere con paciencia

pero yo no estoy entrenada en la paciencia
este es el momento en que me siento pobre
apenas capaz de aguardar con terror
el retorcimiento malévolo de los ácaros
que celebran tu siguiente acceso de tos
y la impotencia de mi amor
que se me acaba en tocar tu pijama de franela
queriendo ser menta
o hervor de eucalipto

un entrevero de hierbas que te limpie el pecho
y haga benéfico tu sueño,
luminoso tu alvéolo.

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