jueves, 6 de junio de 2013

ROSAKEBIA ESTELA [10.050]



ROSAKEBIA ESTELA

(Chiclayo, PERÚ 1990)

Es una de las voces más promisorias de la poesía chiclayana última. Ha  obtenido el Primer puesto del “XI Concurso Regional de Poesía”,  Juegos Florales Municipales - Chiclayo , 2009; Primer puesto Concurso Poesía Taiwán, 2010; Primer puesto VII Concurso Internacional Literario Conglomerado Cultural “José Eufemio Lora y Lora & Juan Carlos Onetti 2010; Tercer puesto en el I Concurso Internacional de Nano Literatura, Venezuela, 2010; Primera Mención Honrosa, Premio Nacional de Poesía Ciudad de Huamachuco, 2010; y Ganadora del Concurso Internacional de Poesía Latin Heritage Foundation, 2011.
Ha publicado el poemario La reina en su castillo de naipes






Poema 0

Un ciego ronda por la calle blanca, por la noche sin espejo.
Espera toda la vida, ahora en la vida de otro,
su vida se le olvidó en la infancia.
Un espejo para esta noche en mi sangre.
O una sangre sin tanta noche.
Decir, la noche absurda, es restarle lo absurdo a la noche.
Unos tirantes amarillos en honor a los niños
que juegan a la ronda. Arrastran nubes hasta
el ojo del lenguaje materno.
Un ciego con su verbo Hombre,
camina con la camisa manchada
por su herida en el ser.
Tú, mi espejo. No sé a qué me escuchas.
No sé a quién escuchas en mí.
Qué sonidos y qué perfumes detrás del espejo.
Delante del espejo sólo hay moscas
y un pensionista que se resiste a matarlas,
aunque se muera de hambre.
Pero hay que morirse de hambre y no de hombre.
Sólo moscas que se convierten en plagas del ser.
¿Escuchas, mis desgarrados aleteos
entre mal paridas ansias?
Yo que me golpeo con todo el aire el corazón.
Y el alma, se queda allí, recibiendo limosnas del aire.
¡Suerte la de Cristo que resucita a los tres días, cada año!
Sin embargo, mis ojos dan la hora de esta ceguera
con suerte de pólvora mental.





POEMA 1

Convéncete este dolor es tuyo. Esta muñeca de papel humedecida, tu esperanza.




POEMA 3

Me estoy cayendo de sola. Te esfuerzas en vano, querida. La memoria siempre es la peor llaga, la quemadura repetida en tus ansias por vivir. Mi deber es hacer de mí algo que jamás te toque. Te estás cayendo de infiel, no crees en la resurrección de la carne. Me estoy cayendo porque tengo la labor más perra, mirarte como un tronco mutilado, mirarte y que no seas mi amor. ¿No crees en mis ausencias? No creo y me caigo de aire, de sola, de sola.




POEMA 4

Ella solita se pregunta y se responde. Que le enciendan todas las luces del castillo —dice. Que la salven del dominio de la locura. Sálvenme. El castillo de naipes cambia cuando lo llenan de llanto y miedo. Los silencios se apoderan de otras voces y yo repito sus frases. Que le enciendan las luces —dice. Pero ella nunca abrió los ojos. Murió sin ver cómo los atardeceres se apoderaban violentamente de ella y de su castillo de naipes. Sin comprender que la soledad y el tiempo son los niños que tocan las puertas del espíritu. Tocan las puertas y lloran, se alejan corriendo a esconderse.



POEMA 5

Quieres secuestrar a Segismunda para que te viva. Segismunda encerrada en un castillo de naipes, decide escribir un poema de 10 metros para intentar escapar del castillo o de la locura. Le importa nada el número de versos. Quiere escapar, se muere de sed y de poemas. Aunque en realidad sólo le gustaría escribir un poema en el que no se sabiese Seguismunda. En su poema se describe como la escurridiza mensajera de algo. Tiene un poema 10 metros: un puente, una soga. Ahora no sabe si atravesar el horizonte con las manos hinchadas de tanto escribir o pasarse las horas sentada sobre su castillo.




POEMA 12

Estoy aquí y allá, repitiéndome lo que tengo que hacer mientras lo hago. La memoria atrae un verso, lo inhalo, lo expiro, lo escribo. Me repito ser desdichada ajena, la mensajera de las flores del higo. Oh, tus malditas primaveras mal pintadas sobre mis ojos. Hoy por el descuido de la muerte, canto, hago la revolución, canto, ¿has visto a los caracoles? La vida es un cuchillo sin filo, no corta, quiebra. Quisiera atraparme en una palabra distinta a la palabra burbuja. La tierra tiembla, los hombres tiemblan, ¿has visto a los caracoles?





POEMA 18

Acude la noche al conjuro de la lluvia. Igual que la noche no tengo fronteras. Detrás mío las muñecas de porcelana que no jugaron a las muñecas, y detrás de esas muñecas ofendidas, el silencio como herida antigua. La vida, como señal de un acto reflejo, la injuria de la memoria. Estoy cansada de compartir el té con esas muñecas, que si me duele el brazo ellas se soban. Las manos de un frío crispado me sostienen el corazón. Ven pronto que yo viví conmigo, ven a sacarme una a una las palabras.



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