jueves, 13 de junio de 2013

FRANCISCO CATALANO [10.070]


Francisco Catalano                
Caracas, Venezuela  1986. Licenciado en Comunicación Social y tesista de la licenciatura en Letras, donde investiga la Poesía Vertical de Roberto Juarroz; ambas en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas (UCAB). 

Ha publicado en Caracas de manera independiente el Libro 0 y Libro 1, la primera entrega de su obra poética que consta de un solo volumen de poesía, titulado: l (Caracas: 2010). Sus poemas se encuentran en las antologías: 4M3R1C4 2.0: Novísima Poesía Latinoamericana de Héctor Hernández Montesinos a ser publicada el presente año (Universidad de Nuevo León/ Bonobos, México, 2013); Voces Nuevas 2005-2006 (CELARG, 2007); y La Imagen, el Verbo (UCAB, 2006). Además ha sido reseñado y publicado en distintos periódicos y revistas, digitales e impresos, como Tal Cual, Las Malas Juntas y Círculo de Poesía. Ha participado y organizado distintos recitales en Caracas desde el año 2005 y fue parte de los talleres literarios del poeta Armando Rojas Guardia, el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) y la UCAB de Caracas. 





l

La poesía se juega en lo Innombrable

La mínima grafía posible era el mayor acto de Justicia para intentar nombrar la real naturaleza ilimitada de la poesía que, en el fondo, es la del hombre mismo. Por esto, el significante más exacto, más real, era el Silencio: desde su nombre hasta su materia,  pues el de la escucha lleva al otro: al de lo Todo.

Pero escribir el Silencio –o cualquier otra cosa– en estado puro, es un imposible y un contrasentido, pues ¿qué artificio nos brindará pureza? Es por esto que incluso este título es un fracaso o al menos un vulgar oxímoron, como lo son todas las palabras del idioma.

            “I” no es ni número ni letra, tampoco una imagen, mucho menos una palabra. Aunque significante, es apenas un atisbo, un balbuceo, un casi algo, si acaso. Es toda el habla volviendo al momento primigenio cuando el silencio original se inmoló en signos: es un grito vertical cercado de vacío, la primera figura, una paradoja, el prólogo inverso a lo innombrable: el límite mismo hacia lo ilimitado.

Un espacio vacío, un libro sin título, hubiese sido un error. Si el texto no tuviese título habría ausencia y no silencio, vacuidad y no vacío. Porque el silencio y el vacío dejan huellas; la ausencia y la vacuidad no dejan nada.

Lo más justo era un Libro Innombrable

[…]

Ser poeta es una religión; o al menos es la mía.

Y toda religión tiene un Dios.

Y todo Dios es Innombrable.

[Extracto del texto que cierra la primera entrega de  l (2010)]








[Del Libro 0, publicado en  l  (2010)]


2.

Como voces anónimas del mundo
         las luces de Caracas
forman un camino infronterado
        por el cuerpo de una noche
   que coquetea conmigo y con los otros


que en la estela de su vibrato
          me deja frente a frente
    con una secuencia de imágenes
             que alguien me dispara

                                      como flechas


¡La danza eterna de la urbe
                   
         dio a luz tres lenguas invisibles
     que estimulan las contracciones de la tierra
   a tres centímetros bajo mi dermis

bajo mi ingle                                      allí

      donde se acumula el sudor de las estrellas

            y nace un escalofrío                    palpitante

         que desvirga a las plazas allá afuera!


El día las noches y los días
   se yerguen frente a mi cuerpo
                                como un gigante prominente
                        generando un cataclismo
                 sobre la anchura insoslayable
           de esta ceremonia ardiente
     donde me abro plenamente
a la proclama que el mundo me realiza

                                               soy ahora la ofrenda

el cáliz donde caen las miradas de los dioses
   esa exclamación lumínica
      que alumbra el movimiento de las calles
           que abre de par en par una raja en el asfalto
               para finalmente ver
                   las formas primigenias
                        las siluetas dibujadas por el verbo
                             la curva subrayada de los actos
                                    y la blanca materia
                                           de una humanidad
                                                    abierta






[Del  Libro 1, publicado en  l  (2010)]









O LEER RECENTRADO


V

A la piel del día
del esquema de la luz
a la ardiente composición
la hace traslúcida
un mínimo roce del color
del supraespacio


ardor de mundo:


un olor a ceniza
de pelo chamuscado



Sobre mí emerge
una epidermis sin dermis







[Selección de aforismos Libro 1, publicado en  l  (2010)]



Entre lo contemplado y el contemplador existen leyes que equilibran sus tensas acrobacias

·          

Son tantos los finales de la vida. Un final, por ejemplo, es lo eterno

·          

El idioma por el idioma nunca brindará al lenguaje por el lenguaje

·          

La intermitencia del tiempo es el silencio

·          

En la armonía del silencio siempre están frescas las palabras

·          

¡Que se abran abismos de pronto y su brillo nos absorba!

·          

¡Sí! Hay brillo en el abismo

·          

Ninguna sentencia tiene puntos finales; pero ¿qué tiene puntos finales?

·          

Hay una brutal exactitud en el universo expandiendo el ala hueca con que asciende el palacio de mi carne

·          

Existe una lógica abstracta cuyo lenguaje deriva de otra lógica cuyo lenguaje somos nosotros mismos

·          

Hay vueltas en lo gris de la materia que margina la estructura de los cuerpos que son el vértigo del movimiento en los múltiples estados de la búsqueda

·          

¿Qué haré entonces cuando todo esto se derrumbe?






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