sábado, 8 de octubre de 2016

PEDRO PÉREZ-CLOTET [19.234]


Pedro Pérez-Clotet

Pedro Pérez-Clotet (Villaluenga del Rosario, Cádiz, 1902 - Ronda, 1966) fue un escritor español perteneciente a la Generación del 27, aunque en ocasiones también aparece en la nómina de la Generación del 36.

Biografía

A los once años ingresó en el colegio jesuita de San Luis Gonzaga del Puerto de Santa María, donde también cursaron estudios Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, Fernando Villalón y Pedro Muñoz Seca. Empezó Derecho en la Universidad Hispalense. Fue alumno de Pedro Salinas en dicha Universidad y compañero de Luis Cernuda y Joaquín Romero Murube. En 1925 llega a Madrid para hacer el doctorado. Asiste a las tertulias literarias organizadas por Juan Ramón Jiménez, y al terminar su tesis sobre la Política de Dios, de Quevedo, decide consagrarse a la literatura. En la imprenta «Sur» de Málaga se imprime su primer libro, Signo del alba, en 1929. En ese mismo año fallece su madre y dos años más tarde su padre.

A través de su amistad con Cernuda, Pérez-Clotet participó en los proyectos de las misiones pedagógicas en la Sierra de Grazalema. En 1932 fundó la revista poética Isla, primera de las numerosas revistas poéticas gaditanas (nació en Cádiz el año 1932 y murió en Jerez en 1940). Entre sus colaboradores se contaron Vicente Aleixandre, Emilio Prados, Fernando Villalón, Miguel Hernández, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Vicente Carrasco, Dionisio Ridruejo, José María Pemán, Luis Rosales, José Antonio Muñoz Rojas, Carmen Conde, Adriano del Valle... En 1934 Pérez-Clotet contrae matrimonio con Áurea Moscoso, también natural de Villaluenga del Rosario.

Al inicio de la Guerra Civil y adherido al Movimiento como ganadero y terrateniente, se fuga del pueblo ante el temor de una detención inmediata y marcha a Jerez de la Frontera, donde permanece hasta el año 1940 dedicándose plenamente a su actividad como escritor afín al bando franquista. Esta filiación política le hará merecedor de su nombramiento como alcalde de su pueblo natal. Posteriormente se marcha a vivir a Ronda, en cuya casa reunió una importante biblioteca de poesía.

Obra

Se inicia como poeta con Signo del alba, al que seguirán Trasluzy A la sombra de mi vida (1935), ya más cercano al surrealismo y el intimismo simbólico. Posteriormente publica Invocaciones, A orillas del silencio, Presencia fiel, Soledades en vuelo, Noche del hombre, Mensajes y Como un sueño. En prosa, publicó La sierra de Cádiz en la literatura, Tiempo literario (I), Tiempo literario (II), Algunas notas sobre la Andalucía del Padre Coloma, Romances de la Sierra de Cádiz y Bajo la voz amiga. Pedro Pérez-Clotet murió en Ronda, en 1966. Póstumamente se editó Primer adiós (Cádiz, 1974). Quedaron ineditos dos títulos: Paisajes de ida y vuelta y Viento de montaña.

En 1948, junto a otros personajes de la cultura rondeña fundó la Hermandad de Nuestro Padre Jesús en la Columna y María Santísima de la Esperanza. Coincidiendo con la festividad de la Virgen de la Esperanza, dicha hermandad celebra cada año el "Certamen Cultural Pedro Pérez-Clotet" de poesía en la que participan escolares de primaria de los colegios de Ronda.

Sus estudios, los cursó primero en su propia casa particular para, con once años, ingresar en el Colegio jesuita de San Luis Gonzaga, de Ell Puerto de Santa María, el mismo colegio en el que también estudiaron Juan Ramón Jiménez, Eduardo Llosent, Fernando Villalón, Muñoz Seca o Rafael Alberti.

El afán por versificar parece ser que lo tenía ya desde muy pequeño, desde los cinco años poco más o menos. A esta edad, parece ser que empezó a crear, jugando, sus primeras revistas, que cosía su madre, Rosario Clotet de Castro. Luego, componía versos que recitaba a la familia e incluso intentaba montar alguna pequeña función teatral.

Pedro Pérez Clotet cursa los estudios de Bachillerato en el Instituto General y Técnico de Jerez de la Frontera. Los inicia en octubre de 1914, finalizándolos en mayo de 1920, donde obtiene unas calificaciones excelentes.

Llega entonces el momento de que se traslade a Sevilla, lugar escogido para estudiar la carrera de Derecho. Iniciada en 1920, coincide también en su primer curso con Pedro Salinas, poeta y profesor de Lengua y Literatura Españolas, una de las asignaturas del preparatorio a los estudios de Derecho que entonces se cursaba.

Pedro Pérez Clotet estudiará en la capital hispalense hasta 1925, momento en que traslada su expediente a Madrid.

Antes hay que hacer constar que, por edad, queda alistado en el año 1923, pidiendo prórroga para poder continuar sus estudios, siendo revisada su situación en 1925 y 1926.

Se traslada, como decíamos, a Madrid en 1926 a continuar, o mejor dicho finalizar sus estudios de Derecho.

Estos estudios de Licenciatura tuvieron continuación con los de Doctorado, materializándose en la tesis La política de Dios de Quevedo. Su contenido ético-jurídico, publicado en 1928. Esta tesis mereció la atención del propio Américo Castro y los elogios de la prensa del momento como El Sol, ABC o La Gaceta Literaria.

En el Madrid de esos años (1926-1927), Pérez Clotet va a foguearse poéticamente hablando gracias a las tertulias literarias a las que acude, y entre las que destacan las organizadas alrededor de Juan Ramón Jiménez, junto con reuniones con otros poetas y amigos de la infancia, tales como Baltasar Peña Hinojosa o Juan Miguel Pomar.

Vuelve poco después a Sevilla, y empieza a tejer una fecunda red de amistades. Las primeras, estarán vinculadas a la revista Mediodía, entre cuyos colaboradores y posteriores amigos y objetos de la lógica correspondencia, encontramos a Rafael Laffón y a Rafael Porlán.

La correspondencia estará dirigida principalmente a buscar colaboración para la revista Isla y también para interesarse por Mediodía, aunque también cruzará parte de esa correspondencia con el cordobés Rafael Porlán, posiblemente interesado en publicar en la Colección Isla, y en una investigación sobre su obra poética.

Isla, será una de las publicaciones literarias nacidas en Cádiz con mayor alcance y proyección. Entre sus colaboradores, podremos encontrar a nombres tan destacados como: Aleixandre, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dionisio Ridruejo, Pemán, Luis Rosales, Muñoz Rojas, Carmen Conde y Miguel Hernández, entre otros.

Dos años después de iniciar esta aventura editorial, en 1934 contrae matrimonio con Áurea Moscoso, que también era vecina del mismo Villaluenga del Rosario.

Va a establecer correspondencia con Llosent, posterior director de Mediodía, con el objeto de publicar en la serie de sus Cuadernos y en el suplemento Arenal.

Quizá hemos adelantado algún acontecimiento, puesto que gran parte de esta correspondencia se remonta a la década de los años treinta.

En los albores de esta década, que se mostrará tan convulsa y tan importante en las vidas de todos los españoles, Pérez Clotet sufre primero la pérdida de su madre, que fallece el 19 de diciembre de 1929, y con posterioridad, el 21 de noviembre de 1931, su padre. Vuelve entonces desde Sevilla a su pueblo, del que va a resultar elegido alcalde, cargo desde el que va a colaborar de manera activa, tal y como confirma Juan Manuel Bonet, con las Misiones Pedagógicas.

Es desde 1932 a 1940 cuando nos encontremos al Pérez Clotet más familiar para todos, ya que va a ostentar la dirección de la ya citada y prestigiosa revista literaria Isla. Estas fechas, comprenden la primera etapa (números 1 a 9, correspondientes a los años 1932 a 1936, en Cádiz) y la segunda fase (números 10 a 20, correspondientes a los años 1937 a 1940).

Esta revista será considerada complementaria de muchas otras que siguieron una estética parecida, tales como Gaceta de Arte, Noreste, Hoja Literaria, y tantas otras.

Llega entonces el estallido de la guerra civil, y decide permanecer en Jerez de la Frontera, al que escapa por temor a ser detenido, y donde ejerce labores de propaganda a favor del bando nacional.

Ingresa en noviembre de 1937 en la Academia Hispano-Americana de Letras y Ciencias de Cádiz con el discurso "La Sierra de Cádiz en la literatura". En este discurso unió naturaleza y cultura, creando un texto poético y antropológico a la vez en el que, por un lado, recogió las repercusiones de la Sierra de Cádiz en figuras de la literatura como Azorín, Baroja o Blasco Ibáñez, y por otro recogió información sobre folclore, fiestas, historia e incluso bandidos famosos.

Finalizada ya la guerra civil, vuelve a ser elegido alcalde de su pueblo, mandato que ostenta entre los años 1940 y 1943 y que recuerda Gerardo Diego cuando se dirigía a Cádiz a participar en sus Jornadas Literarias.

En 1943 se traslada a la abrupta Ronda, antaño tierra de bandoleros como los que él detalló en su discurso de ingreso en la Academia. Aquí le sorprenderá la muerte el 12 de mayo de 1966.

Pérez Clotet fue también durante esos años de estancia en Ronda, sobre todo en los primeros, un viajero empedernido que recorrió España, Francia, Italia y Portugal, prefiriendo después vivir tranquilo y sereno, encaramado a su atalaya rondeña.

La obra de Pérez Clotet de antes de la guerra, se incluyó en Antología parcial de poetas andaluces (1925 - 1935), con prólogo y selección de Álvaro Arauz. En la posguerra, su obra se recoge en las antologías de González Ruano (1946), que lo muestra como el "Azorín andaluz" y con un gran amor por los clásicos españoles, y también en la de Federico Carlos Sainz de Robles (1947), que habla de él diciendo que fue un poeta "independiente, austero y meditabundo". A ellos se unen Guillermo Díaz-Plaja, que afirma en su obra La poesía lírica española (1948) que es "radicalmente andaluz, aunque sensible a los ritmos gráciles del decir popular" y su compañero, Valbuena Prat, para quien Pérez Clotet "es un auténtico poeta, fluctuante entre la devoción a Góngora y Guillén".

También desde el exilio Enrique Azcoaga se va a preocupar de él en su antología (1953), mientras que otra vez en España, el crítico y poeta José Luis Cano incluiría algunos de sus poemas en su conocida obra, la Antología de poetas andaluces contemporáneos (1952).

A día de hoy, y cuando se espera ya la publicación de sus obras completas, todavía es mucho más y muy bueno lo encontrado sobre Pérez Clotet si seguimos con esa búsqueda retrospectiva, que llega ya incluso a incluirle en los manuales de literatura al uso.

En cuanto al análisis "puro y duro" de su obra, habría que decir que los primeros estudios tan sólo se centraron en el equilibrio estético que muestra el autor, teniendo que esperar a la década de los ochenta para que de la mano de Leopoldo de Luis, que le hermana con Rafael Porlán dentro del grupo del 27, la crítica se detuviese en dos aspectos más de su poética, como son las recreaciones paisajísticas y la "pureza" de sus poemas, despojados de fechas o nombres.

Hablemos ahora con más detenimiento de su producción literaria.

Pedro Pérez Clotet coquetearía con las vanguardias en sus tres primeros poemarios. El primero, es el titulado Signo del Alba, aparecido en 1929 en Málaga. En él, utiliza las décimas, que recuerdan a Góngora, mostrándose alerta ante el pasado y haciendo un uso simbólico del paisaje. Además, podemos encontrar alguna composición dedicada a amigos como Emilio Prados. Este libro, despertaría abundantes críticas, la mayoría positivas, como las de Ernesto Giménez Caballero, que le ve "dentro de la escuela de Jorge Guillén", o la revista Atlántico, que comparaba sus poemas con "un teorema matemático".

A Signo del Alba, le seguirá en 1933 Trasluz, que aparece publicado ya en la Colección Isla. En este libro se desarrolla el paisaje a modo de imágenes, encontrándonos con los detalles neopopularistas propios del surrealismo y sumado a una innovación temática página a página, siendo su lenguaje poético más expresivo que en su anterior libro.

La tercera obra surrealista de Pérez Clotet es A la sombra de mi vida, publicada en Madrid en 1935. En ella, se va dando entrada al simbolismo. El poeta se acoge al título para iniciar una reflexión sobre el amor, con ciertas notas de erotismo y trasladado todo al paisaje.

En 1941 aparece su siguiente libro, Invocaciones, publicado otra vez en la Colección Isla. El libro resulta innovador ya que, a pesar de las tendencias imperantes, se decanta por las elegías y la poesía religiosa. La Eucaristía, San Juan de la Cruz y otros personajes religiosos tienen un hueco aquí, donde la naturaleza se describe de manera mística.

Dos años después, nos llegan casi seguidos A orillas del silencio (1943) y Presencia fiel (1944), que aún recoge poemas de los años 1934 a 1938 y que suponen una continuación de su cosmovisión amorosa y paisajista.

Un año después aparece en la prestigiosa Colección Adonaïs Soledades en vuelo, obra conocida por amalgamar la tristeza y la voz evocadora de amigos como González Ruano, Adriano del Valle, etc., con lo elegíaco.

Habrá que esperar hasta 1950 para encontrar publicada su siguiente obra, Noche del hombre, en la que aparece reflejada la caducidad de todo lo que nos rodea.

Este ciclo poético, que tiene como motivo central de preocupación lo existencial, finaliza con dos obras, muy espaciadas temporalmente: Como un sueño, publicado en la Colección Ínsula en Madrid, en 1951, y Ruedo Soñado, que se publica en 1961, cinco años antes del fallecimiento del poeta.

De manera póstuma, José Manuel García-Gómez prepararía la edición del volumen Primer adiós en 1974, obra que contó con el prólogo de José María Pemán, quedando por desgracia inéditos dos títulos: Paisajes de ida y vuelta y Viento de montaña, dos ejemplos más de esa asociación entre su poesía y la luz y lo paisajístico.

Pero la obra de Pedro Pérez Clotet no fue sólo poética, como se puede deducir de lo enunciado líneas atrás, cuando desarrollábamos su peripecia vital. Pérez Clotet publicó también varios volúmenes de ensayo e investigación histórica. El primero sería el ya mencionado La sierra de Cádiz en la literatura (1937), al que siguen Tiempo Literario I, publicado en la Colección Isla en 1939, Algunas notas sobre la Andalucía del Padre Coloma (1940), Romances de la Sierra de Cádiz (1940), Tiempo Literario II, también publicado en la Colección Isla en 1945, y, finalmente, y también aparecido en la Colección Isla en 1949, la obra Bajo la voz amiga, un volumen en prosa de evocación que se ha visto como ejemplo de toda una obra y del que Muñoz Rojas elogiosamente escribe: "Si tuviera que escoger un modelo de buena prosa poética andaluza, me serviría cualquiera de los poemas de este libro exquisito".



“Todo el paisaje aquí,
en este ardiente acento
de árida plenitud
que palpan los sentidos.”

          Pedro Pérez-Clotet.


Noche inmóvil

Sola la noche. El aire profundiza 
la placidez errante de las nieblas. 
Los firmes pinos ciñen –verde sombra- 
la soledad sin fin de las estrellas. 

Vuela un rumor lejano por el aire, 
que se cuajan en su voz; y ese latido 
de las aguas que, en rocas despeñadas, 
mojan de heridas hondas los caminos. 

Bosques de exactas cimas, horizontes 
de encina y jara ardiente, prolongan 
en su incierto temblor de tronco y piedra, 
la solidez vibrante de las sombras. 

Ni luna en su cristal de alada nieve, 
ni viva estrella ya de arduos temblores. 
La gravidez oscura del silencio 
talla en granito el vuelo de la noche.



Porque sí

Porque sí, porque cada mirlo
lleva su azul y tierna
primavera en el pico.

Porque sí, porque cada viento
levanta olas de humo
en la lluvia de enero.

Porque sí, porque cada estrella
trae su noche prendida
en su temblor de seda.
Porque sí,
la razón mas cierta.



NOCHE TOTAL de su libro TRASLUZ (1933)

Negro silencio. No temas
que esta noche se te escape
de las manos, alma, esta
eterna noche del mundo…

Como un ave se ha posado
en el pretil de tus ojos.

Como una fugaz violeta
de negrura se ha enredado
a tus manos, palpitante.

No se siente ni el halago
de la nieve en el sendero.

Ni se adivina la espada
desvelada de la estrella.

Ni se vislumbra el brillante
girón del cielo en el río.

Ni siquiera sueña el agua
sus altos sueños de espuma.

El duro cielo no tiene
esos vivos horizontes
verdes, amarillos, granas,
de las noches del estío,
carruseles de los ojos.

El cielo está quieto y mudo.
Perdido en la munda tierra…

Abraza bien, alma mía,
la hogaza de esta gran noche,
eterna noche del mundo.

Esta noche fugitiva,
que se ha posado en tus ojos.


Más allá del amor

Si en el amor la noche nos abrasa,
no es del amor el límite tan sólo
la profunda tiniebla. Dulce pluma
también le brinda el pálpito inefable
del misterio remoto, en voz, caricia.
Pluma o trémula llama que nos funde
con la pasión ardiente -¡oh puro fuego!-
de tantas altas noches inmoladas
noches del alma claras, trascendidas.
Nunca el amor, hoguera de la noche,
que en las divinas luces se contempla,
mas soledad nocturna de los hombres.
Nunca el amor, si el hombre sabe amarlo,
luz de nieves más tristes y fugaces.
Cuando en las noches negras desvalidas.



Soneto III de En el oscuro amor

Quiero saberte aquí, siempre escondida,
tras la desnuda fronda del camino,
para sentir más puro tú destino
de pulso audaz, al borde de la vida.

Presa difícil. ¡ay!, pasión rendida,
entre avispada luz y ufano trino,
como florecerá tú repentino
candor en el abril de cada herida.

Te quiero siempre aquí, disimulada,
como nube que ensancha el turbio rio,
sin relevar su beso en la corriente;

te quiero siempre así, vuelo y morada;
quiero en las vanas aguas de mi brío
la oculta nieve henchida de tu frente.




LA HISTORIA (ALEGORÍA)

La Historia va, sumisa, llorando de desdenes.
Revive aquel amor, aquel bello silencio...
Un oscuro fantasma se acerca vacilante
por las grises esquinas del tiempo sepultado.

La Historia va cayendo como una densa arena,
como un reloj perdido que pulsa sus recuerdos.
La Historia es una sombra que quiere despertar
a los mismos que siguen recorriendo sus caminos...




Soledades en vuelo. Madrid; Ed. hispánica, 1945.


A ORILLAS DEL SILENCIO

1

PUEBLO

Sumiso pueblo esquivo -cal y nube-,
hoy como ayer alta estación del tiempo,
humillado en el cielo de tu olvido,
mas tan firme en tu pie breve y lunado
para poder sentir tus soledades.
Renaces como un alba sostenida
por esas puras alas de tu espíritu,
caricia y voz de tantas arduas noches
de baja tierra y dura geografía.
Allá la torre -tantas blancas torres,
cerco sin fin de lúcida agonía-
vuela sobre los yelos gemidores
como una queja cándida de niño.
Al sol difícil, mayo prolongado,
abrillantas tu lánguida blancura,
verdecida de valles, verdecida
de una doliente flora de granito.
Tu vertical presencia se levanta
a colinas remotas, tierna espiga
de una estival cosecha de luceros.
Embebido en erráticos rabeles
-¿dónde el lejano gozo que los tañe?-,
danzas al sol, y de la fosca nieve
sabes hacer bordones de nostalgia.
Esa belleza inmóvil que te ronda,
vuelo de eternidad, cumbre de hastío,
donde convergen tiempos y distancias,
se vuelca en ti, movilidad rendida,
te viste la emoción de su trasmundo.
De papel -o de piedra- risa alada,
como una flor tronchada de hondos huertos
entrañables, qué leve arquitectura
tu sonrisa, tu luz, tu voz, tu sueño.
Sumiso pueblo esquivo -cal y nube-,
hoy como ayer un agua fugitiva
tras cada posesión; tras cada goce
un aguijón de cálidos beleños.
Hoy como ayer, mañana como siempre,
tan cierto amor que crece en el olvido.


2

MONTAÑA

A solas con el dulce amanecer,
tanta mojada piedra por jardines
difíciles, y frondas milagrosas
de cielo y tierra, en lívidos cristales,
con nieve rosa y árbol conmovido.
Con árboles que ascienden de su tronco
como lentos mensajes de las sombras,
en el vivo relámpago de abril.
Qué celeste pincel muda el desmayo
de tanta espesa noche acumulada,
de tanto duro sueño torvo y frío.
Amanecer de vida fugitiva,
llena los ojos, riega los desvelos,
los abre a su escultórica armonía.
Ya la sorpresa cede al calendario
-que pinta allá en la tierra exactitudes-,
y la impaciente luz alza sus alas
en una curva unánime de trinos.
Mas nuevas soledades más altivas
ciñen la clara voz de cada aurora;
soledades labradas en los brazos
de la mañana vertical, madura,
vigilantes, en cerco de fulgores,
con espadas de espinas y de nieves.
Los árboles, suspensos en el oro
de su propio temblor, vuelan, deliran,
y a su sombra se ordena, vacilante,
toda la piedra azul de la mañana.
Mañana rumorosa de colmenas
doradas, de anchos mares esculpidos,
que te enciende, montaña, que te afirma,
que te envuelve, y aquí en tu alada cumbre
-redondo sol sobre tu helado olvido-,
te fija unos momento, para luego
pulir tu flor, tus árboles henchidos
-alborada segunda de tu día-,
con manos de suavísimos cendales.



DE LA VOZ CONFIDENTE

6

A LUIS FELIPE VIVANCO

Por su ‘Tiempo de dolor’.

¿Ha brotado una nueva tierra más bella y pura,
de más hondos paisajes, de una luz más serena?
Todo nace adiestrado por la voz que enajena,
pule, acaricia y sume lo rebelde en clausura

de soñados espejos, que, al morir, se depura,
para ser en su puesto de diamante o de arena
-nuevo don del confín, de la lumbre que estrena-
chopo fiel, gentil flor, imposible ternura.

Todo brota, o desciende por la escala del trino,
desbordada presencia, voladora armonía,
ya la sangre cristal y el dolor primavera.

Todo  pulsa, en remota soledad, su destino,
para alzar en la frágil transparencia del día,
su humano ardor, en celo de mítica frontera.






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