sábado, 28 de noviembre de 2015

MARTÍN BEZANILLA [17.631]


Martín Bezanilla Cobo

(Selaya, Cantabria, 1984). En 2007 obtuvo un accésit del Premio de poesía José Hierro con El desván de la almohada (Estado de Latencia). Ha publicado también Cine (Quálea Editorial, 2013, Premio José Luis Hidalgo). Síndrome de Down es su nuevo libro 


EXTERIOR TRANSPARENTE BALADA

Abierto el envoltorio
ya todo es exterior.
La realidad es, a tu paso,
restos de bollería industrial
que entre las grietas
picotean las palomas.
Y todo camina, forjando
el mundo en su girar.

Eres techo y fondo en el declive
de tu propia leyenda imaginada,
estrella del rock, transparente balada;
eres, sin temor a equivocarme,
la mancha en el disco desmaquillante
al final de tu cosmética existencia.
Truncado empeño en ser, eres.

Por eso vives así,
menospreciando las cunetas,
los escaparates y hasta el muñón
de los mendigos.
Pero pronto vendrán los días
con sus hueras cavidades
como blisters de pastillas
como moldes para el pan.
Días, donde el silencio es el lenguaje
de los hombres invisibles.
Lejanos y sentimentales llegarán
con dedicatorias en la radio,
con paquetes y postales.

Cómo decirte entonces, que todo eso será
lo que yo llame olvido porque refulge
como la noche de una ciudad
vista a las afueras, que brillar
es tan sólo acercarse un poco
y que la culpa, sólo es real en su reflejo.
Cómo explicarte que vivo
como quien contempla un adulterio
y que todo lo que ves transita
lejano y traslúcido en mi mirada.

Has abierto el envoltorio,
y es el interior lo denostado.

  Inédito


EL RECHAZADO NARCISO ATIENDE 
A LOS PRECEPTOS DEL AMOR CORTÉS

No os mate vuestra propia hermosura
GUTIERRE DE CETINA

Crees que duermo, y cada día al despertar
soy una esquela en el periódico de ayer.
Nunca me tienes piedad, altivo yo,
que vives fuera, repleto de gente.

Bello holograma o héroe de video-juego,
preso soy de tu nombre en el espejo
cuando transitas indiferente
por esta vida ruin y descuidada

como el baño de una discoteca.
Lo repudiado soy, ahora y luego tu alma.
Mi alma, la grasienta sombra de tu ser.

Somos, la arrojada piedra al aire
que no tuvo clemencia del cristal
y se hunde ya, en el reflejo del agua.

 Inédito 



CUERPOS EXTRAÑOS

Los cartuchos vacíos de tinta
guardan mensajes secretos,
historias de amor, ofertas de empleo.
Nos hablan de cosas que nuestros ojos
nunca han visto pero existen,
como las piezas extraviadas de los juguetes,
para robarnos esa porción de realidad
que creíamos certera.
Cuerpos extraños reclamando intimidad
como una catedral que rehabilitada
aún se oculta en su pasado
de andamios y canteros,
son los productos cosméticos de la cómoda
y el detergente que guardas en la encimera.
Algo que encierras con la esperanza del color.
Algo, que sobre vida, vierta vida inanimada.
Sentimientos escondidos tras los restos de tinta
que perfilan los objetos

 Inédito 



URGENCIAS

Seremos para siempre objetos,
símbolos de otra medida urgente.
No extintores, ni salidas de emergencia;
no mascarillas contra el polvo,
ni botiquines de primeros auxilios
o teléfonos, que grabados en la memoria,
existen bajo el deseo de no tener que usarlos.
Nunca un refugio nuclear, un búnker
o ciudad amurallada. Seremos,
como el interruptor de esa luz
que permanece encendida
en un local desalojado,
la leyenda de los mapas que nos guían
hacia un lugar seguro.
Emblemas de un deseo
que no precisa de urgencias.

 Inédito 



LA ESPERANZA HISTORIA DE LUDÓPATA

Qué importa si ayer
o la semana que viene
te enamoraste de la voz
de una tele-operadora.

Qué importa
si ahora sales a la calle
con esa confianza
con la que cierras
un libro de auto-ayuda;
radiante, frágil,
como si un funámbulo recorriera
el filamento de las bombillas.

No te importa caer,
ya has sido otras veces,
bajo la luz estridente,
la moneda en la ranura
de una máquina tragaperras

Inédito
  


POLÍTICA EXTERIOR. EL DISCURSO 
DE LA DERROTA

No se trataba de exportar, sino de conseguir
un acuerdo comercial con los espejos,
intentando obtener fuera algún reflejo de lo humano.
Sentimientos con letra pequeña en objetos necesarios
que silenciaran la voz de esta metrópoli
que por dentro se expandía.
Un imperialismo camuflado fue siempre el objetivo.

Tampoco era cuestión de importaciones,
sino de prolongar el tratado de paz interior
para esa guerra que no habíamos proyectado.
El conflicto de tu imagen en el mundo,
como una gota que en el agua continúa siendo gota.
Burocracia controlada, fue desde entonces existir.

Pero ahora, harto de que la vida sea una cuestión de ventanillas,
entregas esta carta de renuncia,
como quien regala un libro de poemas,
sólo para que el mundo entienda tu derrota
y continúe hablando al otro lado de los cristales.

Inédito




“Cine”, de Martín Bezanilla

por CARLOS JAVIER GONZÁLEZ SERRANO

Tengo por costumbre reseñar libros de poesía en la sección de Pensamiento. Siempre me ha dado la impresión, quizás por falta de madurez lectora, de que un verso posee una fuerza evocadora y literaria de la que -en muchas ocasiones- la prosa se halla exenta. Es por eso que la lectura de un libro de poesía no puede llevarse a cabo de la misma manera que una novela o un ensayo.

Un buen poema empuja al lector a hacerse cargo, implícita o explícitamente, concienzuda o instintivamente, de numerosos factores, inherentes a la naturaleza misma de la poesía. En ésta, a diferencia de otro tipo de textos, estructura y sentido cobran un valor conjunto que no puede sino  sorprender. En la poesía no se espera que el desarrollo de los versos nos conduzcan a una conclusión irrefutable o a un final conclusivo y definitivo (que ponga en paz, de una vez por todas, el ánimo del lector). El atractivo de los versos reside en transportar al propio lenguaje a cotas insospechadas de elocuencia: tratar de decir lo indecible a través de la musicalidad poética, tal es su propósito.

Tengo el gusto de recomendaros el nuevo título de la colección de poesía de la editorial cántabra Quálea (dirigida por Carlos Alcorta y Rafael Fombellida), galardonado con el Premio de Poesía José Luis Hidalgo en su edición de 2012, concedido por el Ayuntamiento de Torrelavega: Cine, de Martín Bezanilla, joven autor nacido en 1984 (Selaya, Cantabria), al que se nos presenta casi de modo kafkiano en una de las solapas del volumen: “estudió Filología Hispánica y trabaja en una fábrica”.

En el texto de contraportada, en el que se nos informa sobre la intención del autor, leemos:

Hay un lugar donde realidad y ficción se desconocen. Es el lugar que habitamos cuando escogemos el reflejo de la vida antes que la propia existencia. Es ahí, en ese extraño paraje, donde surgen y se proyectan los poemas de este cine transitado por la inacción de unos héroes condenados a realizar hazañas insustanciales, a no hacer nada o a dejarse hacer. Ese lugar es un espejo para el lector. Un espacio para analizar lo real, lo deseado, la intemperie, el devenir, el amor, aquello que imaginamos y demás universales poéticos que constituyen la vida y su reflejo.

Martín Bezanilla transita e investiga, a través de los poemas que componen Cine, este extraño lugar, a mitad de camino entre la carnalidad insultante del mundo tangible y lo vaporoso de la ensoñación, en el que el ser humano espera encontrar una certidumbre muy particular: aquella que le habla de sí mismo. Aunque, como explica Bezanilla en “Thriller“, “Nadie/ me salvará del misterio/ del mañana”, nadie podrá irrumpir definitivamente en el seno de la existencia sin que la nostalgia de lo invisible (en expresión de Novalis) se le imponga, irreverente, como anhelo eternamente vedado.

Cine se compone de dos partes bien diferenciadas. La primera, casi a modo de diccionario poético, en la que el autor propone sugerentes definiciones -repletas de una fresca ironía- de distintos géneros cinematográficos: “Comedia romántica”, el “Documental”, el ya mencionado “Thriller” o la “Ciencia ficción”. La segunda, más extensa y abierta, se hace cargo de diversos temas en los que el cine -y la metáfora del reflejo, como escenario paralelo en el que poeta y lector se encuentran– ejerce como una suerte de mecanismo diferenciador entre la ficción y la realidad.

Y es que, como escribe Martín Bezanilla en el poema “El sueño de Clark Kent”, “Si pones un espejo frente a otro,/ en medio se proyecta el infinito”, es decir, entre ellos media a la vez todo y nada. Acaso sea ésta la característica que mejor describa eso a lo que llamamos “realidad”: que es tanto y tan de veras, que también es cierto que no es. En un magnífico juego que tiene como protagonistas al fallecido actor Christopher Reeve, Superman y Clark Kent, Bezanilla confunde al lector -y parece que quisiera también confundirse a sí mismo- cuando escribe:


No te extrañe
que mis sueños
tengan las vértebras
quebradas,
si, en realidad,
Superman murió
en una silla de ruedas.


En Cine, ficción y realidad se dan la mano hasta desdibujar fatalmente sus fronteras. “¿Qué hay -se pregunta el autor en “Construcción”, quizás uno de los poemas más evocadores del volumen-, excepto vida/ que no me deja respirar,/ en los castillos que construyes/ en el aire? ¿Dónde esta asfixia/ que nos cobija del derrumbe?”. Y responde…: “No hay lugar./ La realidad es un peaje/ donde rasgamos las retinas”. Y podemos añadir: a fuerza de creer en la realidad. Una realidad constituida por el tiempo, que como fina arena se cuela entre los dedos:

Porque nos gusta ver
que el tiempo
se ha centrado más en otros.


Aunque, sentencia brillantemente Martín Bezanilla en este poema titulado “Superman ante el espejo”: “Qué más da,/ si todo suena igual/ cuando te derrumbas”. El sonido del golpe producido por la aparatosa entrada de lo real en el territorio de lo onírico no es más que una de las posibles traducciones de ese llevar a la conciencia, de manera clara y distinta (se puede decir, con el filósofo), la fusión de ambas instancias: sueño (como speculum, como reflejo de lo que creemos real, inamovible) y realidad -tan divergentes pero tan coimplicadas en la vida misma-. “El teatro dentro del teatro”, apuntaba Calderón.

Quizás, como nos recuerda Bezanilla en el poema “Ulises” (que, a mi juicio, sintetiza eficazmente todo el libro), sea mejor “atarse al mástil” y no sucumbir a la misteriosa llamada de las sirenas. Podremos no oírlas. Pero están. Al igual que la realidad… que desaparece cuando es invocada, y aparece cuando es ignorada. Y de nuevo escuchamos la voz del poeta, lejana pero firme: “Nadie/ me salvará del misterio/ del mañana”…






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