lunes, 23 de noviembre de 2015

FRAY MANUEL MARÍA CRESPO [17.586]


Fray Manuel María Crespo

(1839-1888)
Fray Manuel Crespo nació en Corella (Navarra) el 15 de septiembre de 1839; profesó en 12 de julio de 1856. Llegó a Filipinas el 27 de junio de 1857 y fue destinado a Camarines, nombrado ministro de Pilar, provincia de Albay, en 1862, de Buhi (Camarines Sur) en 1863, de Polangui (Albay) en 1867. Obtuvo licencia para viajar a Europa acompañando al señor obispo de Nueva Cáceres fray Francisco Gaínza, dominico, en 1870, en su visita Ad limina, volvió a las islas en 1872, fue nombrado ministro del Hospital de Palestina (Camarines Sur) en 1873, y continuaba en la administración de dicho pueblo en 1880 (Gómez Platero 736). En las tablas capitulares correspondientes a los años 1882 al 1888 se encuentra como presidente y párroco del convento de Ligao (Albay), excepto el 1883 en que aparece como conventual en el Colegio-Seminario de Pastrana (Guadalajara).

En Ligao, además de cuidar del bien espiritual de sus feligreses–unos 17.158–, tenía tiempo para desarrollar una intensa actividad literaria y desarrollo social de la comarca. Sin embargo, su salud debía de ir resintiéndose aceleradamente, hasta que por fin falleció en el mismo Ligao el 18 de septiembre de 1888. Tenía entonces tan sólo 49 años. Murió, por tanto, en la flor de la edad. Fue un religioso de gran personalidad, como lo atestigua, entre
otros, el siguiente testimonio anónimo publicado por un autor que se firma con las siglas S. M: Dice así:

De Naga a Magarao se emplea una hora a pie, doce minutos en coche. Os aconsejo este viaje delicioso para que vayáis a conversar en el convento con el P. Crespo. Yo sé que no os arrepentiréis, no sólo por el chocolate con torrijas de aceite frito, sino para conocer el buen corazón, el gran corazón de ese Padre. Joven, reflexivo y de alma delicada, comprendió los fuertes embates que iba a sufrir en el choque de las pasiones humanas, y optó por las pasiones divinas, por la vida de la continencia y de la oración. Robusto y fuerte de cuerpo, gasta esas dotes en la vida activa del curato, en dirigir y tomar parte en las obras de fábrica de su iglesia. Abunda en ideas católicas sumamente acaloradas por la fe, y las brota en composiciones poéticas. La Tierra Santa de Jerusalén le dio hospitalidad hace poco, acompañando al obispo de Nueva Cáceres; y, con la misma constancia, hubiera podido seguir de ayudante de campo, él, tan resistente, a las órdenes de un general, a haber optado por la abnegación de la carrera de las armas. Adornad su corpulencia navarra y dura y su hermosa cabeza con las guías de un gran bigote y una larga y abultada perilla y os resulta un militar; convertid el fuego de su fantasía en celo por la disciplina de las filas y el amor a la bandera, y tenéis al jefe ideal. ¿Por ventura deja de ser posible en la milicia la castidad? ¿No es siempre difícil y meritoria? ¿No hay abnegación, y mucha, en la subordinación ordenancista? (S. M., Revista de Filipinas 236-237) El conocido político y escritor Juan Álvarez Guerra, después de hacer elogios parecidos a los del autor precedente, añade refiriéndose a la faceta cultural del padre Crespo:

Lo mismo sabe dominar las fatigas de su cuerpo en las largas noches de insomnio en los hospitales de coléricos que vencer con entusiasmo sin límites y una tenacidad a toda prueba los múltiples obstáculos que por doquier se le presentaron para organizar y dar carácter permanente a veladas lírico-literarias, que periódicamente se celebran en aquella casa, en la que el libro, la revista y el periódico tienen un lugar preferente. (Álvarez Guerra 122)

Publicó, entre otras obras, una reedición del Arte de la lengua bícol del padre Andrés de San Agustín, ofm, Manila 1879, y una interesante Memoria sobre la reducción de monteses del Isarog, en Camarines Sur, Manila 1881. Tradujo además al bícol varios libritos de devoción.

Dejó numerosas composiciones poéticas. Merecen especial mención, entre otras, la siguiente: “Primera flor de la religión cristiana: la caridad”, publicada por Francisco Gainza, obispo de Nueva Cáceres, Filipinas, en su Reseña sobre el Hospital Diocesano de Nueva Cáceres, Manila, Establecimiento Tipográfico de Santo Tomás, 1873. Junto con el padre Serafín Terrén publicó Himno y otras poesías dedicadas a la Purísima Concepción, Manila 1874, de la que forman parte las poesías del padre Crespo tituladas “El castillo de Miriam”, “Defensa y victoria” y un “Himno a la Purísima”. Conocemos otra más, publicada en la revista Altar y Trono 3 (5 de julio, 1871) 98-99, titulada “A Pío IX, en su vigésimo quinto aniversario”. Finalmente, en el Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Filipinas 5 (1881) 374-375 publicó una composición poética titulada “A María Inmaculada. Plegaria”.

En el AFIO 72/3-2 se conserva un volumen manuscrito de versos del padre Crespo titulado Confusión y laberinto. Poesías sin orden ni concierto para el uso simple de su autor. Fechado en 1865, consta de 238 pp. El franciscano Samuel Eiján, que lo examinó detenidamente, escribe sobre su contenido:

Las hay allí de todos los metros y de asuntos variadísimos ..., mas, en nuestro sentir, en donde parece haber recogido mejor las enseñanzas del maestro [padre Melendreras] e imitado su gusto poético es en las fábulas, muy numerosas por cierto y de felices aplicaciones prácticas.

Y reproduce “La niña y el jardinero”, “La rosa y el jardinero”, y “La aurora” (Eiján 490-492).

Otra de las actividades más interesantes del padre Crespo en relación con el mundo de la literatura fueron sus veladas literario-musicales organizadas en su parroquia de Ligao.
En un artículo que publicó en el periódico de Madrid La Fe, en diciembre de 1880, habla de la Velada literaria y musical en honor de la Purísima Concepción que había celebrado días antes. Entre otras cosas, dice: "Procuré imitar una de las muchas sesiones de la Juventud Católica que yo vi en Madrid, Pamplona y Zaragoza”. Uno de los asistentes, seglar, escribía a la Revista Franciscana de Barcelona sobre la celebrada en diciembre de 1881: "Con decir que algunas de las familias que han asistido han tenido que recorrer cinco leguas de camino, y algunos religiosos doce o catorce queda probado el interés que el P. Crespo ha sabido imprimir a estos actos”. El propio inspirador de las veladas pondera su importancia afirmando, entre otras cosas, que asistieron 180 personas a la celebrada en 1880.

Hasta el mismo Gobernador de la provincia don Juan Álvarez Guerra asistía a los actos. La correspondiente al 1880 se publicó bajo el título siguiente: Velada literaria y musical en honor de la Purísima Concepción celebrada en el convento de Ligao, provincia de Albay, en la noche del 8 de diciembre de 1880, Manila, Establecimiento Tipográfico de Ramírez y Giraudier, 1881.

Ejemplar en AFIO 108/13. Es un folleto de 88 páginas. En él se encuentran las siguientes composiciones poéticas del padre Crespo: “El castillo de Mariam: defensa y victoria”, (19-27); “Soneto a la Purísima Concepción” (54); “¡¡¡Madre mía de mi alma...!!! Plegaria española a María Inmaculada” (72-8); “La Purísima Concepción, Himno” (79-80); “A María, madre de la España” (80-3).
Conocemos también la existencia de un folleto del mismo Crespo y Serafín Terrén, franciscano como él, titulado Himno y otras poesías dedicadas a la Purísima Concepción por los padres …, regalo que estos RR. PP. hacen a los suscriptores de El Porvenir Filipino, Manila, Imprenta de El Porvenir, 1874 (Retana, Aparato bibliográfico: II, n. 1416). El propio padre Crespo nos ha dejado una descripción de las veladas que, aunque un poco larga, quizás merezca la pena reproducir en toda su extensión. La escribió en forma de carta, fechada en Ligao el 13 de diciembre de 1880, al director de La Fe, periódico de Madrid, que la publicó el martes, 22 de febrero de 1881. Dice así:

Sr. Director de La Fe:

Porque sé que agradará, voy a dar a usted noticia de un suceso que es un acontecimiento en estas provincias de Filipinas. Franciscano y español, la devoción a la Purísima es natural en mí y por eso en todas las parroquias que he administrado he trabajado por extender la devoción a la Purísima; en la que hoy administro hay la coincidencia de que hace cerca de trescientos años fue votada patrona del pueblo por el municipio entonces existente. Así es que todos los años invento alguna cosa para hacer ostentosa la novena y fiesta de la Purísima; este año me inspiró la Virgen celebrar una Velada literaria y musical en honor de la Purísima Concepción; el pensamiento en estas provincias era un atrevimiento inaudito; pero me sentía inspirado, trabajé y lo conseguí; gracias a otros religiosos, inteligentes en música y poesía, organicé la Velada según el programa adjunto y se celebró como yo no podía prometerme.

Como usted verá, escogí uno de los cantos orientales, del Sr. D. León Carbonero
y Sol, y ¿quién cree usted que lo interpretó? Pues el mismo Sr. Álvarez Guerra, gobernador juez de esta provincia, antiguo redactor de Gil Blas, y lo hizo tan admirablemente, con tan propia expresión, que dudo lo pudiera usted hacer mejor; aquellos ¡Madre mía de mi alma!, dichos por el Sr. Fernández (sic) Guerra  tan gráficamente, arrancaron lágrimas a muchos de los oyentes y una explosión de aplausos resonó en el salón al terminar, pues durante la lectura no se oía ni aun la respiración de más de 180 oyentes que había.

El salón de este convento, que es muy espacioso, estaba decorado convenientemente, presentando un aspecto no visto por estas tierras; procuré imitar una de las muchas sesiones de la Juventud Católica que yo vi en Madrid, Pamplona y Zaragoza. En fin, la Velada de la Purísima en Ligao ha sido un verdadero acontecimiento en esta provincia; a ella acudieron casi todos los españoles de estos pueblos, familias españolas filipinas y lo más escogido de la población.

No puede usted formarse idea de lo que significa esta Velada, por más que, comparada con las de España, sea insignificante; figúrese usted que ha sido organizada en un retirado pueblecito de la montaña, y aun así, la comparación no es exacta; en fin, la Virgen me inspiró el pensamiento…

Menciona a continuación los nombres de algunos de los que participaron activamente en la velada y describe detalladamente la decoración del salón, hecha, principalmente, con pinturas llevadas a cabo por el también franciscano Santos Herrejón, párroco del vecino pueblo de Oás. Tenemos noticias sobre la celebración de varias veladas a partir de 1881, tres de las cuales fueron publicadas. En verso, publicó en Madrid la Historia de la Virgen
del Villar Patrona de la ciudad de Corella, sacada de la tradición: Sus prodigios y milagros, Madrid, 1877. Un folleto de 95 páginas, que contiene 10 poesías, más una introducción dedicatoria en los preliminares. Apolinar Pastrana publicó un elenco completo de las publicaciones del padre Crespo, seguido de algunos comentarios interesantes (Pastrana Riol, “Bibliografía franciscano-filipina...” n. 131).

Aunque las composiciones poéticas de Crespo no son desdeñables, carecen de la inspiración de otros poetas compañeros suyos y parece haberse prodigado en exceso en composiciones de circunstancias “algún tanto descuidadas en la forma, pero de fondo inmejorable y de dulzura y sencillez popular en los conceptos” (Eiján 490).

He aquí dos ejemplos de la vena poética del padre Crespo.


1. A la memoria de mi amigo fray Bernardino Melendreras, que falleció en Manila el 7 de octubre de 1867
(Confusión y laberinto, págs. 97-101)

Las sombras de la muerte ya han cubierto
el alma de mi amigo con su manto;
ya no más sentiré el dulce concierto
que produjera su armonioso canto;
ya no caminaré con paso cierto
por las sendas del Pindo sacrosanto,
y huérfana mi musa, vacilante
quedará en este mundo, y fluctuante.

Las flores han perdido al que cantaba
en verso cadencioso su hermosura,
ni oirán más la lira que las daba
con sus sones más brillo y galanura,
Perdieron al cantor que consolaba
sus cuitas dolorosas, y natura.
Perdió su admirador, que, entusiasmado,
cantaba sus prodigios arrobado.

Ya los vergeles de Ibalón perdieron
al vate que cantara su frescura,
y las baladas que otro día oyeron
en trenos de dolor y desventura
cambiáronse de pronto, y los que fueron
oasis de placer, con la amargura,
en áridos desiertos convertidos
los miro y por la pena consumidos.

Ya del Bícol las vegas y los prados
llorarán con dolor la suerte insana
de su ilustre cantor, y los collados
de verdor continuado, que engalana
con sus rayos la aurora, ya apenas
los veo por la muerte tan temprana
del vate que les diera con su canto
embeleso mayor y más encanto.

Y las aves canoras, que algún día
de su lira los sones imitando
exhalaban raudales de armonía,
hoy gimen angustiadas suspirando:
ya callaron sus trinos de alegría
y sólo muestran su dolor infando;
y sus cantos, producto de amargura,
infunden el pavor y la tristura.

Y tú, bella Tacai, gime llorosa.
Tu cantor y tu amante ha sucumbido
al golpe de la parca horrorosa
que en acerbos dolores te ha sumido.
No oirás ya la voz que asaz melosa
arrobaba tu ser con su sonido;
cubre, pues, tu hermosura con un velo
que exprese tu dolor y desconsuelo.

El Mayón rugirá con más potencia
privado del cantor que sostenía
con su lira el fragor y candescencia
con que a los valles inundar quería:
[h]ora que, libre ya de la voz que contenía
sus furias, lanzará dura metralla
de pedrizas, arenas y rocalla.

Mas, ¡oh dolor!, que habiendo procurado
palacios construir para los muertos,
en ajeno país has mendigado
un pequeño rincón, donde tus yertos
huesos descansan, ¡ah!, fatal hado
Cuánto causan dolor tus desaciertos.
Mas no temas, oh vate, vigilante
un Ángel en tu tumba habrá constante.

Descansa en paz, descansa, Melendrino.
No turben tu reposo los rumores
de este mundo infeliz; otro más digno
oirá de tu lira los primores,
que en el cielo, do mora el Ser Divino,
existen a millares los cantores
que contestarán a tu dulce canto
con su armonioso: Santo, Santo, Santo.

Y vos, Eterno Ser, tened clemencia
del que un día cantó tus perfecciones.
Si alguna vez pecó por la violencia
de fuertes y engañosas sugestiones,
suplícoos le tratéis con indulgencia
y sus pasadas faltas le perdonéis:
y en virtud de la ofrenda expiatoria10,
recibidle benigno en vuestra gloria.
Así sea.

18 de octubre, 67



2. Inspiración en el viaje de Libon a Bato, dedicada al Excmo. e Iltmo. Sr. Obispo de esta Diócesis, a quien acompañaba en el viaje
(Confusión y laberinto, págs. 167-70)

Esta soledad, ¿qué inspira
a mi lira?
¿Qué ha de inspirar? … que los goces
del mundo corren veloces,
mas la vida
del campo a admirar convida.
El poder
benéfico de aquel Ser,
que con mano bondadosa
supo hacer un oasis o placer
donde el alma se extasía
contemplando la armonía
y el verdor
Dde este bosque encantador.

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¿Quién, al ver este portento,
monumento
que natura ha fabricado
sin dechado
ni arquitecto
tan perfecto
que el más rico mausoleo
es humilde, pobre y feo
a su vista,
que la admiración conquista?
¿quién al ver tal maravilla
Ante su Dios no se humilla?
Aquí natura, guiada
y enseñada
por su Autor,
de un acerbo de verdor,
quiso hacer
copiando del paraíso
la frescura
y la hermosura,
pirámides naturales
que no tienen (sic) el arte iguales,
enlazando
y hermanando,
en la hermandad más sincera,
fresca y verde enredadera
a árbol tosco:
y formando ora un kiosco,
ora un bello cenador
ora, espresioro (sic) de dolor,
forma caprichosa y variada,
una tumba funeraria.

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Si no dieran tierra y cielo
con desvelo
testimonio de que existes,
al ver, mi Dios, que así vistes
a natura
de inimitable hermosura,
confesara tu existencia
a presencia
de este jardín sobrehumano
que aquí colocó tu mano.

Escrito en Bato, 9 de junio, 69




Siete poetas franciscanos hispano-filipinos
Autor:


Sánchez Fuertes, O.F.M., Cayetano




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