miércoles, 25 de septiembre de 2013

ENRIQUE VILORIA VERA [10.564]


ENRIQUE VILORIA VERA

Enrique Viloria Vera (Caracas, VENEZUELA   1950). Polígrafo, abogado por la Universidad Católica “Andrés Bello” (Caracas, 1970), posee una maestría del Instituto Internacional de Administración Pública (Paris, 1972) y un doctorado en Derecho de la Universidad de Paris (1979). Actualmente, es profesor titular de la Universidad Metropolitana e investigador permanente del Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca (CEIAS). Igualmente, fue profesor de la Universidad Simón Bolívar, del Instituto de Estudios Superiores de Administración, de la Universidad Nacional Abierta, de la Universidad Central de Venezuela, de la Escuela Nacional de Administración y Hacienda Pública, y de la Universidad Simón Rodríguez. En la Universidad Metropolitana desempeñó los cargos de Decano de Economía y Ciencias Sociales, y Decano de Estudios de Postgrado, así como el de Director fundador del Centro de Estudios Latinoamericanos “Arturo Uslar Pietri”. Ha sido profesor invitado por las Universidades de Oxford, St. Antony’s College, Cátedra Andrés Bello, (Inglaterra 1990-1991) y por la Universidad de Laval (Canadá 2002).
Es autor y coautor de más de cien libros sobre temas diversos: gerencia, administración pública, ciencias políticas, poesía, artes visuales y humorismo. Su obra escrita ha sido distinguida con el Premio de la Academia Venezolana de Ciencias Políticas y Sociales, y con Menciones de Honor en el Premio Municipal de Literatura (Mención Poesía) de Caracas y en la Bienal Augusto Padrón del Estado Aragua. Recibió la Orden Andrés Bello (Banda de Honor) y el Gran Cordón de la Ciudad de Caracas.






Maldición
           
Soñarás siempre
con campos devastados
el invierno
teñirá tus pupilas de tristeza
Pasarás efímero
confuso
por el mundo
como huella
que también
pertenece a otro
De la belleza
no tendrás noticia
anidarán en ti
las ruinas de un amor
destruido por el olvido
De tu infancia
conocerás sólo
una heráldica de ausencias
que te convertirá
en fugitivo y perseguidor
de un recuerdo inaccesible
que yace protegido
en la memoria de tus muertos

De: Mapas del camino (2002)






Desde adentro                            

                             (A Carmelo Niño)


Todo pasa desconocido
entre los bastidores de la vida
escenario de intimidades
proscriben la curiosidad ajena
la comidilla malediciente
el atrevimiento de la mirada
Maestros de cortes y palacios
apadrinan la adustez
el rigor
el anonimato
el desapego
esa ausencia tuya de gestos y emociones
Fantasmas reconocibles
trasgos de la imaginación
entre realidad y fantasía
en medio de ficciones y evidencias
confirman aromas halos auras
huellas dactilares
una existencia cierta
en medio de tanta incredulidad
Bombillos solidarios
despojos de una noche sin memoria
convierten enigmas de chimeneas
chisporroteos audaces
luminosidades prohibidas
en atisbos de anonimatos y preludios de presencias

Habita entre tus telas
en un simulacro de alegrías
en una parodia de seres vivos
la desesperanza
el desconsuelo
una muerte cierta
parecida al olvido y la tristeza

De: Mapas del camino (2002)





Redención
               
                             (para Felipe Herrera)

Salmos bizarros
carentes de letras y melodías
le son entonados a un Dios desconocido
que impuso su presencia
por los siglos de los siglos
Sangra su corazón
se vuelve ardiente
un cuchillo común y pendenciero
busca tomar venganza
de aquel mordisco femenino
que desterró por siempre al hombre del paraíso
Un cuerpo sin cara
un Cristo sin rostro
herido y lacerado por la mano del prójimo
restaura decidido
una paz que nace del amor
Tu altar de retablos infinitos
como inmensa paradoja
contiene el sacrificio de pan y vino
de ese que sigue siendo corazón benévolo
nueva y santa alianza encarnada
para redimir al hombre de los hombres

Como calvario del arte
una cruz de madera viva
austera desolada inclinada
libre de ladrones y sanedrines
contiene sólo pies y manos los extremos
de un Dios hecho hombre
de ese terco salvador
cuya identidad buscamos
en el más oscuro rincón
en ese recoveco íntimo y desolado
donde habita lo más genuino de lo humano

De: Mapas del camino (2002)






Fe
    
Dios existe
me lo dicen tus ojos
este amor que es eucaristía
espíritu encarnado
en tu cuerpo de diosa diminuta

Dios existe
lo saboreo en tus besos húmedos
cáliz de salivas
río desbordado de pasiones

Dios existe
lo encuentro entre tus labios
los otros
cuando me aprietas largo
intensamente
y esa muerte momentánea
deseada irresistible
funge de juicio final
de resurrección anticipada
de eternidad posible
localizada
en el mero centro
de tu cuerpo perecedero





Por fortuna
               
Si perdiera la vista
¿Qué haría?

¿Será posible verlo todo
a través del recuerdo?

Tus gestos
esos mohines
coquetos y amorosos
que todavía me cautivan
¿Podré reproducirlos
recrearme con ellos
aun sin mis ojos?

¿Qué pasará con tu risa?
esa que además de labios y dientes
canto y melodía
es comisura irrepetible
rictus seductor

Por fortuna
para el sabor de tu cuerpo
para el gusto de tus humores
no necesito de mis ojos







Silencios
    
                 para Julio Pacheco Rivas


¿Dónde están las voces?
¿Qué pasó con la mirada?
del amor
¿Qué noticias tenemos?
La ciudad vive para sí misma
Plazas edificios avenidas
objetos sin uso
y sin denominación
carentes de alguien que los nombre
ejercen un señorío
parecido a la muerte
cercano a la indiferencia y al olvido
Un silencio largo
de autopista deshabitada
se suma al coro de mudeces
que aturde restaurantes y mercados
La palabra no existe
se la comió el color
el espacio la luz
el peso de la ausencia
vuelve sobre sus pasos
el tiempo
va y viene transcurre solícito
marcando horas sin destinatario
en ciudades privadas de prisas y contemplaciones

Nadie respira ninguno jadea
se perdieron los latidos
el calor del cuerpo
las apetencias de la carne
el sabor del beso y la saliva
el orgasmo de humedades compartidas
sólo nos queda un recuerdo esta muerte
que también se va diluyendo

De: Mapas del camino (2002)






Cuerpos
         
Espero que aún te vistas de mí
que continuemos siendo
-después de años sábanas
besos y mordiscos-
una sola piel
un mismo cuerpo
que me lleves
más allá de lo inasible
de lo perecedero
de la memoria y el recuerdo:
ser
pliegue
estría
vello
perfume
rimel
bloomer
collar que te circunda y te define





Aquí
               
Porque me quema un grito
y un alarido convulsiona
un espacio de bullicios
Porque la ausencia es grande
y una caricia tuya
cobra dimensiones
de país en gesta
de ciudad disfrutando un centenario
Porque
-después de tantos años y lugares-
no sé
si libertad se escribe con mayúsculas
o es un atentado a la vida de las prisiones
porque
tampoco sé
si es vida
esta mentira larga
alimentada por las hilachas del tiempo:
me invento
un rostro 
un nombre
una imagen
una presencia
para recorrer
incesantemente
estas calles estas avenidas
llenas de interrogantes sin respuesta
de enigmas sin solución

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