jueves, 12 de mayo de 2016

GREG GLAZNER [18.694]


GREG GLAZNER

Greg Glazner (Nacido en Anson, Texas ) es un poeta americano.

Se graduó de la Universidad de Hardin-Simmons, y en la Universidad de Montana, con una maestría y un MFA. 

Su trabajo ha aparecido en Poetry, Ironwood, The Laurel Review, New England Journal, Pequod, Quarterly West, The Southern Poetry Review, and The Texas Review. Trabaja en proyectos de música / poesía con su banda, Zeno's Run. 

Premios 

1991 Walt Whitman Award chosen by Charles Wright
Bess Hokin Award from Poetry
Lannan Foundation residency in Marfa 
2005 NEA Fellowship

Obras 

"Zeno's Cure Chapter 1"
Singularity. W. W. Norton & Company, Incorporated. 1996. ISBN 978-0-393-03992-4.
From the Iron Chair. W.W. Norton. 1992. ISBN 978-0-393-03098-3.
Walking Two Landscapes. State Street Press. 1984. chapbook

Ploughshares 

"Orchard Bees". Ploughshares. Winter 1999–2000. Archived from the original on August 24, 2006.
"from Zeno's Cure". Ploughshares. Winter 2001–02. Archived from the original on November 4, 2007.



Spanish translation by Tania Márquez Aragón.



Sick to death of the hardpan shoulder

The froth of noise

the undersides of the cedars make,

the windblown dark that hints
and fails for hours at effacement—
maybe I could claim it isn’t

praying, but it’s asking,
at the least, begging
that these lungfuls of this blackness

eat whatever keeps on swelling
and collapsing in my chest, and be done
with it, no more noise

left hanging in the spaces
between brake lights than a smothered rush
that sounds like suffering

and is nothing. Instead a sobbing isn’t
so much easing from my throat
as shining like black light from my torso,

veining the leaves of weeds, stoning
the whole roadside in a halo—I can feel
the heat of truck lights on my back,

I’m inside that brilliant gravity,
I think of time, I’m in the driver’s
nightmare and it shudders by—



Enfermo de muerte llevado a cuestas

La espuma de ruidos
el revés que los cedros hacen ,

el soplido oscuro del viento que insinúa
y falla por horas en la borradura-
tal vez podría pedirlo no es
orar, pero esto es preguntar,
al menos, rogando
que estas bocanadas de negrura
coman lo que sea que sigue hinchándose
y colapsando en mi tórax, y se haga
con ello, no más ruidos.

Dejar colgando en los espacios
entre luces de frenos una prisa sofocante
que suena como sufrimiento

y no es nada. En su lugar, un sollozo
que no alivia mi garganta
y brilla como luz oscura desde mi torso,

veteadas las hojas de la maleza, apedrean
todo el borde del camino en un halo-Puedo sentir
el calor de las luces de los camiones en mi espalda

Estoy dentro de esa brillante gravedad
Pienso en el tiempo, estoy en la pesadilla
del conductor y su estremecimiento por-



You’re arrowing out toward what.

The sunlight almost unfaceable, and weightless,
and the gravities, wind-flickers, shadows, the ripped
black places crows make on the phone poles—

how to keep your own counsel,
even against the little stabs, the winds and chromes—

Various flashes, the office door, a supper glass, a last
smear of streetlight on the bedsheets.

Nothing. On into the soaring, black release.

The messages say syllabus and vetting that
and will be absent. Nothing.
On into the what? the air you’re gliding on
or falling from,
the wind of it making
ahs and salves in the hollow of jour chest.
Celina of a bodily sibilance like willows,
of the shimmering, midsummer glance.

You would allow yourself a message.
How to make it low-key. How to keep it to a few lines.

On into the wind of whatever is happening.
What leashes you seems to have come undone.

You lean down into the white heap of black words.
You pad out toward the water fountain
into someone’s eyeshadowed look, the lush backwash of her skirt.

You weigh maybe three or four
ounces, swirling down the stairwell

in whichever wind this is, your ribs
aching with what they
sing so shamelessly.




Le estás apuntando a qué

La luz del sol apenas encarable, y lo veleidoso,
y las gravedades, molinos eólicos, sombras,
los desgarrados negros lugares
donde los cuervos trepan los postes de teléfono-

cómo mantenerte aconsejado ,
incluso en contra de las puñaladas, los vientos y los cromos-

Muchos destellos, la puerta de la  oficina, un vaso de la cena,
una última mancha de luz sobre las sábanas.

Nada. En la elevación, negro alivio.


Dice el mensaje que programarlo y escrutarlo
lo hará ausente. Nada.
¿Dentro del qué? El aire en que te deslizas
o del que caes,
el viento de ello se hace
cenizas y mitiga el vacío de tu pecho,

Celina de una sibilancia corpórea de viuda.

Te permitirías un mensaje.
Cómo hacerlo de fácil acceso. Cómo dejarlo en unas cuantas líneas.


Dentro del viento de lo que sea que pasa.
Lo que te encadena parece desatarse.
Te apoyas en blancas pilas de oscuras palabras.
Te rellenas en la fuente de agua
dentro de la ensombrecida mirada de alguien, el exuberante oleaje de su falda.

Pesas entre tres o cuatro
onzas, caracoleas la escalera
en cualquier cosa que sea este viento, te duelen
las costillas con lo que cantan
tan impúdicamente.






.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada