lunes, 23 de mayo de 2016

JENNIFER CHANG [18.767]


Jennifer Chang

Jennifer Chang nació en Nueva Jersey, EE.UU. Poeta. 

Los poemas líricos de Chang suelen explorar los límites cambiantes entre el mundo exterior y el propio. El poemario debut de Chang, The History of Anonymity (2008), fue seleccionado para Virginia Quarterly Review 's y fue finalista para el Premio de Shenandoah / Glasgow por Emerging escritores. 

Sus honores incluyen becas de the MacDowell Colony, Yaddo, Djerassi Resident Artists Program, Barbara Deming Foundation, Asian American Writers' Workshop, Bread Loaf Writers' Conference, Sewanee Writers' Conference, and Virginia Commission for the Arts. She has also been awarded the Campbell Corner Poetry Prize. 

Su trabajo ha sido incluido en Poetry Society of America's New American Poetry Series and in The Helen Burns Poetry Anthology: New Voices (2008, edited by Mark Doty ), The Year's Best Fantasy and Horror (2006, edited by Ellen Datlow, Gavin J. Grant, and Kelly Link), Best New Poets (2005, edited by George Garrett and Jeb Livingood), and Asian American Poetry: The Next Generation (2004, edited by Victoria Chang and Marilyn Chin ). 



La traducción al español de cuatro poemas incluidos en History of Anonymity (University of Georgia Press, 2008) de la poeta norteamericana Jennifer Chang apareció, gracias al permiso de la autora, en La Tempestad, Enero 2016.

Jennifer Chang, The History of Anonymity  
Traducción de Cristina Rivera Garza
http://cristinariveragarza.blogspot.com.es/


PASTORAL

Algo en el campo no deja
de trabajar. El ruido de las raíces.
El ruido de las ramas más pequeñas. Planta
de débil clorofila: sin nombre
para ella. Algo
en el campo ha terminado por dominar
la distancia al vivir junto
a las cercas. La fruta amarilla, ¿tiene
hueso o semilla? Vara que se marchita. El ruido
del pasto contra el ruido de la hierba. La tierra
y el cántico. Algo en el
campo. Coreopsis. No quise decir
eso. El pétalo amarillo, ¿tiene el don
de languidecer? ¿Tiene un espléndido
sarpullido? La pérdida de las hojas y el brote
intranquilo: su arte de estallar. Algo
en. El campo baldío y
la cigarra. No quise decir
eso. ¿Tiene rugido y floración?
¿Tiene camino y lo sigue? El pinchar
de un cardo, la tensión de los erizos: qué
apego tan sencillo. ¿Puedo convertirme en flor
de lima? ¿Puedo manzanillarme?
Algo en el campo no puede.



EL BOSQUE PENSÁNDOLO BIEN 

Nunca un yo, nunca una pregunta
que contestamos sin pensar.

Sí, incluso ella, la niña
que bebe su reflejo en el arroyo.

Perdonamos al musgo sus tiernos rudimentos
y perdonamos a la corteza

por caer y fracasar. El invierno revela
su vasta reserva. La rama desnuda

no da la cara, el eco del viento
sin voz, hay un rastro

para cada llegada, y ella persigue
lo que cree.

Éramos una semilla
y el estallido nos volvió muchos.

Nos hizo altos. Desde arriba,
su cabeza sugiere mapache, venado,

un cuerpo hurga
su propia sombra, un animal,

de todas formas. Sí,
esta es la raíz de los hallazgos, aquí

están las extrañas huellas
del otro que guían hasta un claro del bosque,

hacia un rayo de luz y de reconocimiento.
Sabemos los que es deambular.

Sabemos seguir
y nos quedamos.



APOLOGIA PRO VITA SUA

Soñé el océano

desmantelaba nuestro techo y estos dos durmientes que somos se enfrentaban al frío apocalipsis como maderas a la deriva.

No fue un mal sueño,

aunque las olas me sustraían, y tú, solamente durmiendo
te elevabas: el océano

hace su casa de respiración. Las olas salan una mejilla

hasta convertirla en pergamino, tu otra mejilla arde con la luz. Te acurrucas
entre la marea, te vuelves tú mismo

navío, ¿pero dónde estoy?

Veo pero no siento. El sepia nunca te conocerá—qué tinta
qué nadador tan demente

el fondo del mar nunca te conocerá, Señor a la Deriva

Durmiente de las Mareas, podría soñarme como el agua que te retiene
la pequeña ola que te despierta


La oscuridad requiere de cuidados
tengo un jardín de pesares
flores que crecen a lo loco
cada noche


Así empieza la carta que escribo                             y nunca mandaré.

No le daré voz ni le prestaré oídos a mis palabras.
No tengo derecho. Las ciruelas negras

en un cuenco de madera, la fruta de la última estación. Agosto nos ofrece
su triste calor. Yo investigo el viento para encontrar
su vestigio otoñal. Saboreo las ciruelas lentamente.


No entendí entonces
tu última carta           soy tonta
aburrida          creo que moriré de esta         
pena                            o peor viviré


Cuando era niña, no me comía la cáscara,
pero ahora quiero esa primera mordida agria, la que corta
la dulzura de la carne. Formo una línea con los huesos

en el alfeizar de la ventana. Tres autos amarillos, unos chochines invisibles
hacen ruidos muy claros a lo lejos, un poema

que no puedo terminar. Creo que moriré de esta pena.

Un recuerdo:

Manejaba tus manos, les quité a tus palmas
el peso del arte en bruto. Tu piel de arenisca, mi amor, alguna vez mío.

¿Por qué me detuve? ¿Por qué

me reduje?
En el océano

me quedo sin cuerpo, una respiración y un pensamiento

sueltos entre las olas. Veo cormoranes tan húmedos
que no vuelan. Se detienen

sobre las rocas, aprenden las orillas. Soy el corazón frío del agua,

el ojo helado. No soy nada
se me olvidó contarte

de la pobreza de la hierba, del terco florecer.

O que no hay señales en el camino a esta playa

hay muchas rocas y, si me tiendo sobre la arena tibia,
me tiendo sobre ti.

No perdí mi cuerpo en el océano.
Lo perdí en ti.


Querido           vivimos
la luz de la tarde                     Querido
compartimos una
                        sábana blanca

Querido           amabas mejor
que yo             tus palabras
su lenta irrupción dentro de mí
amarán mejor                        Querido

que yo             la fruta de
                        la errancia sabe amarga
Querido hace frío                    por favor abre
la ventana       mi querido                  escribe




POSTSCRIPT

Perdí la manija azul
de las cosas, un pincel, nuestros
talones de recibo.

Junté las vendas,
la nube de ti, las cortinas
tan ordinarias como la niebla.

Los libros que robé para ti,
los perdí. La línea sinuosa
de estas montañas

como la curva de la duda
que crece. Pensé
equivocada—

el corazón es
pequeño y soso.
Escuché los árboles,

sus vistas sin pájaros.
Perdí por accidente:
el silencio del mediodía, el asombro

que forma el olvido.
Te habías ido
hacia mis ojos, mi origen. 



A Horse Named Never 

At the stables, each stall was labeled with a name. 

Biscuit stood aloof — I faced, always, invariably, his clockwork tail. 

Crab knew the salt lick too well. 

Trapezoid mastered stillness: a midnight mare, she was sternest and tallest, her chest stretched against the edges of her stall. 

I was not afraid of Never, the chestnut gelding, so rode his iron haunches as far as Panther Gap. 

Never and I lived in Virginia then. 

We could neither flee nor be kept. 

Seldom did I reach the little mountain without him, the easy crests making valleys of indifferent grasses. 

What was that low sound I heard, alone with Never? 

A lone horse, a lodestar, a habit of fear. 

We think of a horse less as the history of one man and his sorrows than as the history of a whole evil time. 

Why I chose Never I'll never know. 

I fed him odd lettuce, abundant bitterness. 

Who wore the bit and harness, who was the ready steed. 

Never took the carrot, words by my own reckoning, an account of creeks and oystercatchers. 

Our hoof-house rested at the foot of the mountain, on which rested another house more brazen than statuary. 

Let it be known: I first mistook gelding for gilding. 

I am the fool that has faith in Never. 

Somewhere, a gold door burdened with apology refuses all mint from the yard. 



Conversation with Slugs and Sarah

1:40

Up late watching slug porn, you confess 
you had a boyfriend who could spin you 

like that, slug grace and slug ballet—we don't 
touch the topic of slime—and those eyes 

dangling from tentacle tips must be a 
kind of love or lust, sighting farther and 

nearer all at once. (But are those eyes?) 
Slug sublimity suggests love's a drag, 

touch that lingers and leaves a wet trail of 
memory and... What did we do before 

YouTube? Boob tube. Boobs we have none; slugs, 
of course, don't care, can't tell girl from boy, 

(being, you know, hermaphrodites), and only 
want flesh to fly. Forget their infamous 

languor—here's litheness in loving, buoyant 
miracles of want, one slug spiraling 

on the axis of another like a globe 
slapped by an insolent hand. Neither old 

nor young, we're familiar with sluggishness, 
too tired to explain why nothing makes us 

spin like that: a-swirl, a pirouette, a gyre! 
It's either fucking or marriage, I say, 

saying more than I mean. Why can't lust be 
love and love be lust? you're always asking, 

even now as the slugs begin their sluggish 
withdrawal—each complete in love and lust; 

each mother and father to what they've made 
together; each alone, content, and free. 



Genealogy 

This stream took a shorter course— 
a thread of water that makes oasis 

out of mud, in pooling, 
does not aspire to lake. To river, leave 

the forest, the clamorous wild. 
I cannot. Wherever I am, 

I am here, nonsensical, rhapsodic, 
stock-still as the trees. Trickling 

never floods, furrows its meager path 
through the forest floor. 

There will always be a root 
too thirsty, moss that only swallows 

and spreads. Primordial home, I am dying 
from love of you. Were I tuber or quillwort, 

the last layer of leaves that starts the dirt 
or the meekest pond, 

I would absorb everything. 
I would drown. Water makes song 

of erratic forms, and I hear the living 
push back branches, wander off trail. 



Obedience, or the Lying Tale

I will do everything you tell me, Mother.
I will charm three gold hairs
from the demon's head.
I will choke the mouse that gnaws
an apple tree's roots and keep its skin
for a glove. To the wolf, I will be
pretty and kind and curtsy
his crossing of my path.
The forest, vocal
even in its somber tread, rages.
A slope ends in a pit of foxes
drunk on rotten brambles of berries
and the raccoons ransack
a rabbit's unmasked hole.
What do they find but a winter's heap
of droppings? A stolen nest, the cracked shell
of another creature's child.
I imagine this is the rabbit way
and I will not stray, Mother,
into the forest's thick,
where the trees meet the dark,
though I have known misgivings
of light as a hot hand that flickers
against my neck. The path ends
at a river I must cross. I will wait
for the ferryman
to motion me through. Into the waves
he etches with his oar
a new story: a silent girl runs away,
a silent girl is never safe.
I will take his oar in my hand. I will learn
the boat's rocking and bring myself back
and forth. To be good
is the hurricane of caution.
I will know indecision's rowing,
the water I lap into my lap
as he shakes his withered head.
Behind me is the forest. Before me
the field, a loose run of grass. I stay
in the river, Mother, I study escape.





Pastoral

Something in the field is 
working away. Root-noise. 
Twig-noise. Plant 
of weak chlorophyll, no 
name for it. Something 
in the field has mastered 
distance by living too close 
to fences. Yellow fruit, has it 
pit or seeds? Stalk of wither. Grass- 
noise fighting weed-noise. Dirt 
and chant. Something in the 
field. Coreopsis. I did not mean 
to say that. Yellow petal, has it 
wither-gift? Has it gorgeous 
rash? Leaf-loss and worried 
sprout, its bursting art. Some- 
thing in the. Field fallowed and 
cicada. I did not mean to 
say. Has it roar and bloom? 
Has it road and follow? A thistle 
prick, fraught burrs, such 
easy attachment. Stem- 
and stamen-noise. Can I lime- 
flower? Can I chamomile? 
Something in the field cannot. 



This Corner of the Western World 

Dark thing, 
make a myth of yourself: 

all women turn into lilacs, 

all men grow sick of their errant scent. 
You could learn 

to build a window, to change flesh 
into isinglass, nothing 

but a brittle river, a love of bone. 

You could snap like a branch— No, 

this way , he says, and the fence 
releases the forest, 

and every blue insect finds an inch of skin. 
He loves low voices, diffidence 

on the invented trail, 

the stones you fuck him on. Yes 
to sweat's souvenir, yes to his fist 

in your hair, you bite 

because you can. Silence 
rides the back of your throat, 

his tongue, your name. 





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