lunes, 16 de mayo de 2016

JUAN GARCÍA LÓPEZ [18.719]


Juan García López 

Nace en Cambil (Jaén) el dos de junio de 1979. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada y profesor de Geografía e Historia en educación secundaria.

A lo largo de su trayectoria poética ha recibido reconocimiento público a través de una serie de premios, además han visto la luz sus siguientes poemarios: Desde el recuerdo (II Proemio de Loja),  El mar inmerso (colección Señales de Poesía del ayuntamiento de Jaén) y Cartografía Humana (Editorial Alhulia).

También ha participado en diferentes ediciones de revistas de creación literaria como Saigón, Aldaba o La Bolsa de Pipas (editorial Sloper). Y ha recitado en los Encuentros Literarios organizados por Juan Peregrina y Fernando Soriano en Granada, así como en las Tertulias de poesía organizadas por el colectivo cultural Giner de los Ríos.




Confieso

El día menos pensado 
te digo la verdad:  
que en tus ojos crecen  los bosques de la esperanza,
 que mirarte cuando duermes es otra forma de tenerte,
y el deseo galopa en estampidas sobre tu piel.
Te diría,
cuando voy sin ti camino por un paisaje lunar,
tuve que esperarte 365 días para nacer;
y a veces la noche huye en desbandadas 
dejando  en tu cuerpo desnudo  la única verdad.
Quiero decir si alguna vez
me atrevo a confesarte:
que hay días que parece imposible 
entenderme sin ti,
y en cada habitación una ventana abierta 
acecha si decides no volver,
que aprender a olvidarte es
cruzar la frontera hacia un largo destierro.
            Y tantas cosas que me faltan por decir;
arañando las paredes del silencio, 
buscando otra forma de llegar a ti.


Formas de llamarte

Llamarte
para probar que tengo la palabra exacta,
hablar contigo o quedarme callado,
buscar un nombre encerrado en un tesoro,
marcas de luz sobre campos de ceniza,
inventar un idioma cada día,
lenguas diferentes para decir te quiero,
alumbrarte en mis labios, 
como el código genético 
de las luciérnagas en verano
o descifrar en tus ojos  la luna 
que moldea las mareas,
para salvarme del naufragio.
            Formas distintas de llamarte; palabras
que cierran un mundo a mi lado.


Deshaciendo maletas

Un fósil es la suma de todas las calles 
que me faltan por conocer,
cada fotografía sueña con parecerse a una ciudad,
y en los aeropuertos el futuro se escribe
sobre lagos de cristal.
Quien abre un mapa encuentra 
la ecografía de un recuerdo, 
llegar a cada estación es igual
que ir naciendo poco a poco, y en mis ojos
hay glaciares arrastrados
por cadenas de trenes en silencio.
Para después volver a casa, 
como un resucitado que recorre sus antiguos objetos; 
andar deshaciendo maletas y dejar sobre
el suelo las huellas desordenadas del camino.


Preludio de la ciudad que anochece

Cuando miré, 
nuestras sombras se mancharon de asfalto.
De repente, la ciudad que acecha se derrumba;
sobre las ascuas de las primeras luces
caen los escombros de la nostalgia. 
Era imposible volver. No hay retorno; 
para quien ha visto arder 
horizontes de distancia ante sus ojos,
no hay retorno. 
Entonces la soledad se descolgó por las calles
en lentas estructuras metálicas.
Pero la luna puso semillas de deseo en mis huellas
y entre mis manos creció la certeza de tu cuerpo.
Porque éramos los únicos habitantes de la ciudad
entre tanta gente.
Así fuimos trazando con nuestros dedos
las calles de una cartografía humana, 
y levanté sobre tu espalda nuevamente las ruinas
de una ciudad donde solo tú y yo éramos necesarios.



Canción de los cinco días sin tí

Cinco puertas me conducen a casa;
la primera muerde un lunes herido
de escarcha;
el martes tira la segunda a un siglo
que pasa;
ausencia es miércoles con la tercera
amenaza;
pero el jueves intuye siluetas en
la cuarta; y
la quinta abre el viernes de tu mirada.



La nostalgia

La nostalgia son las ciudades en invierno 
de un solo habitante, un hombre de niebla que mira
el mundo tras el ángulo de un prisma invertido,
entonces;
hay dormitorios que sufren mientras tú duermes,
hay ventanas que miran 
desde el centro de la escarcha,
hay la noche lloviendo su silencio por los tejados,
y esta costumbre de echarte de menos 
que va ocupando los espacios, 
levantando horizontes que huyen tras de ti.
Hoy he visto tu nombre tendido por las calles,
y eras la ausencia dejando sus pisadas en la nieve,
la distancia extendiendo sus dominios sobre mi piel
como una suma de asfalto.
Sé que estás al otro lado del teléfono,
y existen códigos que descuelgan tu voz al marcar,
que vendrá mañana, 
vestida con tu risa de los viernes;
pero dónde poner la noche, dónde los labios,
y este tacto que me arde
sin la certeza de tu cuerpo.


Ciudad de regreso

Cuando volví, 
ya no era la ciudad del amor;
amontonados los besos por las calles
y abatida la luna en las almenas
de tanto adiós.
Entonces recorrí las aceras
de una calle vestida de gris, 
los ritos antiguos de nuestro amor,
paso a paso descubrí los escombros vacíos;
que era imposible esta ciudad sin ti.
Y por no perder el camino de regreso,
fui marcando la ruta del dolor,
los lugares prohibidos de mi memoria;
hasta borrar los mapas que llevan a ti.
Cerrada en sus fronteras, Granada vigila;
mientras yo camino sobre el cadáver
de mi propio corazón.


Ante la casa de Ana Frank

Cuando todos duermen, 
las calles de Ámsterdam bailan hasta el amanecer
sobre las escamas de un reptil acuático. 
Pero lloran si buscan hacia dentro
las paredes pintadas de 1942, 
la angustia arrojando extremidades
que escalan los peldaños hasta el final.
Detrás de una ventana, 
una niña mira en los canales 
el reflejo de los edificios 
y no sabe cuál de las dos ciudades es verdad. 
Para seguir en el mundo, imagina
el color de los tulipanes en el mercado de las flores, 
la vida cruzando a pedales los adoquines.
Ella se atrevió a escuchar la lluvia
a través de los relojes, vio a los leopardos del alba
golpear contra las ventanas cerradas,
y aprendió a caminar sobre el silencio, como 
el futuro camina sobre la línea 
de la palma de sus manos.
Hoy los turistas visitan su casa, 
leen su diario y compran postales,
fotografían las evidencias del odio, intuyen 
pero no comprenden 
hasta que un escalofrío les recorre las médulas: 
ella dejó para nosotros la caligrafía del miedo 
escrito sobre el vaho de los cristales.


Ciudad del asedio

Largo asedio hasta llegar a tu cuerpo; 
las cuerdas al viento, la luna y quién
por las torres, quién sobre el tapial del sueño.

Tras la ciudad en llamas, cifré el secreto
de tus labios, el código del que
siente la vida dentro de un deseo.

Y abatido el miedo, abracé tu cuerpo
sobre los mapas mudos, como quien 
dibuja estrellas en el firmamento



Canción del que desayuna contigo

Domingo en tus ojos. Sueñas.
Una serpiente coral 
repta por tu cuerpo. Muerdo 
tu cuello y huyo en la espiral
de mis deseos. Despiertas.
Porque un perfume café
te regresa del sueño. Abro
los códices de mi fe
y marco tu nombre. Esperas.
Rezo el milagro de estar 
cada día contigo. Llevo
el desayuno a tu altar
y me doy a tu labios. Besas.
Tú decides sabor miel.
Mientras yo me desayuno
otra mañana en tu piel.








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