martes, 17 de mayo de 2016

JAN RICHMAN [18.722]


Jan Richman

EE.UU: Poeta graduada del NYU Graduate Creative Writing Program. En 2001 coeditó el periódico literario 6,500. En 1994 fue distinguida con el premio Walt Whitman por su libro Because the Brain Can Be Talked Into Anything. Jan Richman tiene una licenciatura de la Universidad Estatal de San Francisco y una maestría en escritura creativa en la Universidad de Nueva York y ha enseñado escritura en el Brooklyn College, la Academy of Art University y San Francisco City College. Richman vive en Oakland, California.

La traducción al español es de Adalberto García López
 http://circulodepoesia.com/2016/05/american-poetry-jan-richman/

 


No te muevas. No te muevas en absoluto. Déjame hacer esto.
Mañana puedes girar tus huesos a lo largo del borde
de las curvas ilusorias del tiempo. La semana próxima puedes realizar
tus entregas, estropear tus ofertas, llevar a cabo
tus actuaciones de remordimiento. Moldea tu navío. Arroja
tus pasos como luciérnagas en el vacío.

Pero ahora, percátate de tu torso en llamas.
La luz del sol de este se posa en tus muslos y corta
los ojos de tu rostro. Tus piernas descansan como sombras
en el fondo de un bosque, conservando su colección
de secretos, enterrando sus henchidos nombres. Tocaré
tus piernas. No te muevas. Me deslizaré por tu piel
como un lento bote lucha contra una corriente de hierro.
Navegaré hacia la luz, la yema de mis dedos arde
en el nuevo mundo, y se lanzan
en la parte más caliente de ti.

¿Puedes mantener el tesoro hundido –guirnaldas de rubíes-
estrangulando tus pensamientos en voz alta? ¿Puedes aguantar?
¿Puedes luchar? ¿Puedes luchar contra el impulso de correr?
 

 

Don’t move. Don’t move at all. Let me do this.
Tomorrow you can wheel your bones along the edge
of time’s illustrious curves. Next week you can make
your deliveries, manhandle your offerings, perform
your acts of contrition. Mold your vessel. Drop
your footsteps like fireflies into the void.

But now, notice your torso in flames.
The sunlight from the east rises at your thighs and cuts
the eyes from your face. Your legs lie like shadows
on the bottom of a forest, keeping their collected
secrets, burying their swollen names. I’ll touch
your legs. Don’t move. I’ll slide up your skin
like a slow boat fights an iron current.
I’ll navigate toward light, my fingertips burning
in the new world, and capsize
in the hottest part of you.

Can you hold the sunken treasure – garlands of rubies
choking your worded thoughts? Can you hold up?
Can you fight? Can you fight the urge to run?

 

 

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