martes, 24 de mayo de 2016

KRYSTYNA DABROWSKA [18.769]


Krystyna Dąbrowska 

Nacida en Polonia en 1979. Estudió artes gráficas en la Academia de Bellas Artes de Varsovia.

Traduce poesía del Inglés (incluyendo trabajos de WC Williams, WB Yeats, Thomas Hardy y Thom Gunn) y escribe obras para la radio.

Ha escrito tres libros de poemas, Biuro podróży (“Travel Agency” 2006), Białe krzesła (“White Chairs”, 2012) and Czas i przesłona (“Time and Aperture”, 2014), para el segundo de los cuales ella y Łukasz Jarosz fueron galardonados conjuntamente con el Premio Wislawa Szymborska.

La misma colección también impulsó al jurado de la Fundación Koscielski adjudicar a Dąbrowska su premio anual para escritores emergentes en 2013. 




Agencia de viajes

Soy una agencia de viajes para los muertos,
les reservo vuelos hasta los sueños de los vivos.
Famosas celebridades me solicitan, como Heráclito,
para poder visitar a un escritor que está enamorado de él,
pero los muertos menos conocidos también me solicitan, como un granjero de la aldea Wasiły,
deseando aconsejar a su esposa en asuntos de cría de conejos.
A veces diversas generaciones de una familia alquilan un avión
y aterrizan sobre la ceja de su descendiente final.
Tengo también relaciones con los asesinados,
que en viajes habituales a los sueños de los sobrevivientes
acumulan millas en un programa de viajero frecuente.
Nunca le negué mis servicios a nadie.
Les encuentro las mejores conexiones que puedo
y me reprocho cuando un joven amante,
para meterse en el sueño de su novia,
tiene que hacer escala en el sueño de una arpía roncando.
O cuando las condiciones del clima fuerzan un aterrizaje de emergencia
y los muertos me reclaman: ¡haz algo,
estoy atrapado en el sueño de un niño aterrorizado!
Incidentes como estos significan estrés y un reto
para mí, un negocio menor con ambiciones mayores,
porque aunque tampoco tengo acceso al mundo de los muertos
o a los sueños de las otras personas,
gracias a mí ellos entran en contacto.



*



De niña permanecía junto a una puerta abierta, mientras uno de mis padres
ponía una regla en mi cabeza,
y marcaba una línea a lápiz sobre el marco de la puerta.

Después hubo otros umbrales, en los que la ambición me hizo permanecer.
Dibujando una delgada y sólida línea, ella probaba cuánto había crecido.

Ahora estás midiéndome, y yo a ti.
-Dos líneas horizontales temblorosas-
nuestros cuerpos

acurrucadas la una en la otra, penetran
y no hay más alto o más bajo, no hay medidas.



Hermanos

Una anciana baila flamenco.
En su esfuerzo arde una antigua liviandad.
Es alta y esbelta como una garza jorobada,
su falda de florituras y pliegues, sus mejillas hundidas.
La anciana baila como una joven,
una muchacha que murió en tiempos de la guerra.
Tras el espectáculo se limpia el maquillaje, se quita la peluca
y el vestido, entonces se pone pantalones y chaqueta
y se convierte en la persona que es fuera del escenario:
un hombre, el hermano de la muerta.
El anciano que vuelve a su hogar.
Que se tejió por sí mismo de retazos del pasado,
fotos, afiches y recortes de periódico.
Entre ellos cuelgan vestidos, que cose a mano:
pájaros multicolores del paraíso.
Y el retrato de su hermana junto a flores frescas.
Un tiempo recorrieron los países europeos,
Celebrada pareja de adolescentes bailarines.
Luego vino el gueto, la fuga, la separación.
Desde el comienzo se dijo a sí mismo que si sobrevivía 
Sería sólo para ser la encarnación de ella en la danza.
El anciano bailarín prepara una olla de té.
Silencio. Es hora de apagar las luces.
Muy pronto se irá a la cama, pero primero, tal como es,
sin disfraz o maquillaje, danza tap en el umbral de la cocina
al pulso del repiqueteo de hueso duro de las castañuelas.



*



No puedo decir nosotros, a menos que nosotros
sea un guión entre yo y tú,
que se carga a través de una chispa, aunque a veces
semeje un tire y afloje.
No puedo escribir nosotros, a menos que nosotros
sea un paréntesis para nosotros dos, la habitación donde dormimos
tratando de espantar una avispa.
A menos que nosotros signifique nuestros cuatro ojos:
que nos observan mientras la avispa rasguña la lámpara,
ella es café con rayas de oro, mírala – qué belleza.
No me puedo escribir en un nosotros más grande 
Que los círculos que zumban inscritos de alas
orbitándote a ti y a mí, entrecruzándonos
y creciendo, alejándose de nosotros cada vez más.



El rostro de mi vecino

1

El rostro de mi vecino, el profesor,
cuya esposa se había muerto,
se había descubierto de repente, desprovisto de refugio.
Cada que me lo encontraba en el solar
y él empezaba a hablar de forma sorpresivamente franca
de todas las cosas que le recordaban a ella,
yo sentía que veía su rostro por primera vez.

Como la casa del frente –
hasta hace poco un gran castaño la protegía,
pero una tormenta lo destrozó y tuvo que ser talado.
Y antes que la brecha se tape con la costumbre,
puedo ver ventanas, vida sucediendo dentro de ellas.


2

Una camisa clara. La cabeza de un patricio romano.
Un espacio virgen de parqueo
junto a un murito, donde tras la lluvia
caracoles hacen también su parqueo. 
Pasé un largo tiempo pensando: el perfecto caballero
va a través de su vida ordenada 
de la misma forma que cruza el solar cada mañana.
Le había puesto setenta como máximo.
Tiene ochenta y dos, me dijo hace poco,
y que de niño estuvo en el gueto de Varsovia.
Su padre y su hermano perecieron. Su madre y él sobrevivieron.

Alina Szapocznikow escribió sobre el bautismo del desasosiego.
¿Cuánta gente guarda silencio sobre lo que ha vivido?



En los cruces

En los cruces de angostas calles ocupadas
–una de ellas empinada como una cascada,
abre su camino hacia la corriente de la otra–
cansados y hambrientos, nos detenemos.

En la ventana brillantemente iluminada de un bar, el mesero
sacude un salero como un incensario
sobre una bolsa de papel con rodajas de berenjena
y flores de zuquini en masa caliente.

¡El crocante cuerno de la plenitud! Sentados en el bar,
sobre butacos altos como zancos, entre la basura
observamos a la gente. Mujeres en moto,
entre una multitud de peatones, niños cuelgan como micos bebés,

una manada de adolescentes en cacería nocturna,
sus ombligos expuestos, sus miradas de soslayo.                                             
Inmigrantes: Africanos delgados como árboles
(junto a ellos los locales son pequeños arbustos fornidos)

y mujeres Pakistanís, la languidez en sus ojos,
soportando silencio en el tintineo. En los cruces
hay dicha mientras nuestras líneas de visión
se cruzan, se bifurcan y se unen, trenzadas y separadas.

Tú ves estratos, tribus y naciones,
yo pesco rostros individuales,
como si estuviéramos haciendo juntos una pintura.
Y tuviéramos un hogar común en estas pinturas.




Una iglesia en Georgia

Cinco cantantes que por azar encontramos en el camino
nos llevan a una iglesia medieval.
No hace mucho era una encantadora ruina,
pero vieron que debía restaurarse.
Conducimos directo hacia el rugido de los bulldozers.
Encima de ellos se elevan paredes de icopor
y una cúpula recién pintada,
como un gigante exprimidor de limones.
Echamos un vistazo adentro. Reparaciones allí también.
¿Qué nos queda? Darle la vuelta
a la construcción, triste como una anciana
tras una cirugía plástica, ya sin arrugas.
De repente uno de los cantantes, cuyo rostro semeja un halcón
y su cabello es como alas blancas, empieza a cantar.
Los otros pronto se le unen. Esta es su forma de oración.
Caminan alrededor de la iglesia, cesa el ruido de los motores,
cinco voces resonantes reconstruyen el silencio
y a todo lo que estuvo aquí antes de la restauración.
En la fachada lisa y sin rasgos, grietas de luz aparecen,  
Están en nosotros, mientras volvemos al polvo y al ruido.

Traducción de Nelson Ríos

Publicado el 18 de mayo de 2016
http://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/26/News/Dabrowska.html


SIBLINGS

An aged woman dances flamenco.
In her effort a former lightness smolders.
She is tall and slender like a humpbacked heron,
her skirt has frills and ruffles, her cheeks are sunken in.
The aged woman dances like a young one,
a girl who perished during wartime.
After the show she wipes off the make-up, takes off the wig
and dress, then puts on pants and a jacket
and becomes the person she is off stage:
a male one – the dead girl's brother.
The aged man goes back to his home.
He wove it himself from scraps of the past,
photographs, posters and newspaper cuttings.
In between hang the dresses, which he sews by hand:
multi-colored birds of paradise.
And his sister's portrait, fresh flowers beside it.
At one time they travelled the countries of Europe,
a celebrated teenage dancing couple.
Then came the ghetto, escaping, separation.
He told himself straight that if he had survived
it was only to be her embodiment in dance.
The aged dancer brews a pot of tea.
Silence.
It's time the lights went out.
Quite soon now he'll go to bed, but first, just as he is,
with no costume or powder, he dances tap in the kitchen doorway
to the beat of the bone-hard rattle of castanets.

© translated by Antonia Lloyd-Jones


RODZEŃSTWO

Stara kobieta tańczy flamenco.
Wjej wysiłku tli się dawna lekkość.
Jest wysoka, chuda jak zgarbiona czapla,
ma falbaniastą spódnicę, zapadnięte policzki.
Stara kobieta tańczy młodą,
która zginęła w czasie wojny.
Po występie zmywa makijaż, zdejmuje perukę
i suknię, wkłada spodnie, marynarkę
i staje się tym, kim jest poza sceną:
mężczyzną, bratem zabitej.
Stary mężczyzna wraca do domu.
Uwił go sobie ze strzępów przeszłości,
fotografii, afiszów i wycinków z gazet.
Wśród nich wszędzie suknie, które sam haftuje:
wielobarwne egzotyczne ptaki.
I portret siostry – stawia przy nim kwiaty.
Przed wojną jeździli po całej Europie,
słynny duet nastoletnich tancerzy.
Później getto, ucieczka, rozdzielenie.
Wytłumaczył sobie, że jeżeli przeżył,
to jedynie żeby wcielać się w nią w tańcu.
Stary tancerz zaparza herbatę.
Cisza.
Pora wygaszonych świateł.
Za chwilę pójdzie spać, lecz przedtem, tak jak stał,
bez kostiumu i pudru, stepuje w progu kuchni
w rytm kościanego stukotu kastanietów.

© Krystyna Dąbrowska, Czas i przesłona (Znak, 2014)



THE FACE OF MY NEIGHBOR

1

The face of my neighbor, the professor,
whose wife had died,
had suddenly become naked, deprived of a cover.
Whenever I ran into him in the yard
and he started to talk unexpectedly frankly
of all the things that reminded him of her,
I felt as if I were seeing his face for the very first time.
Like the house across the way –
till recently a large chestnut shielded it,
but a storm damaged the tree and it had to be cut down.
And before the gap is grown over by habituation,
I can see the windows, life happening within them.


2

A shirt light in color.
The head of a Roman patrician.
An inviolate parking space
by a low wall, where after the rain
snails do their parking too.
I spent a long time thinking: the perfect gentleman,
he goes through his well-ordered life
just as he goes through the yard each morning.
I'd have given him seventy at most.
He's eighty-two years old, he told me recently,
as a boy he was in the Warsaw ghetto.
His father and brother perished.
His mother and he survived.
Alina Szapocznikow wrote about the baptism of despair.
How many people are silent about what they have been through.

© translated by Antonia Lloyd-Jones




TWARZ MOJEGO SĄSIADA

1.

Twarz mojego sąsiada, profesora,
któremu umarła żona,
stała się nagle naga, pozbawiona osłon.
Kiedy spotkałam go na podwórzu
i zaczął mówić niespodziewanie otwarcie,
ile rzeczy mu ją przypomina,
miałam wrażenie, że zobaczyłam jego twarz po raz pierwszy.
Jak ten dom naprzeciwko –
do niedawna osłaniał go wielki kasztanowiec,
ale burza złamała drzewo i trzeba było je ściąć.
I zanim brak zarośnie przyzwyczajeniem,
widzę okna domu, dziejące się w nich życie.


2.

Jasna koszula.
Głowa rzymskiego patrycjusza.
Nienaruszalne miejsce parkingowe
pod murkiem, na którym po deszczu
parkują też ślimaki.
Długo myślałam: nienaganny pan,
idzie przez swoje poukładane życie
tak jak co rano przez podwórze.
Dałabym mu góra siedemdziesiąt lat.
Ma osiemdziesiąt dwa, powiedział mi ostatnio,
i jako chłopiec był w warszawskim getcie.
Ojciec i brat zginęli.
Ocalał on z matką.
Alina Szapocznikow pisała o chrzcie rozpaczy.
Ilu milczy o tym, że go przeszli.

© Krystyna Dąbrowska, Czas i przesłona (Znak, 2014)



OCEANARIUM

Fish glide past behind the glass like bags on a carousel.
Barracuda and stingray alongside peaceful gobies
like the shepherds of the flock.
It's hard to believe it:
there's no one scaring others, no chasing, no consuming.
The secret of this concord is hidden isolation.
The massive tank is split by see-through separators.
The languorous predators cruise around different sectors
from their sisters fragile as tea-trays made of china.
In us too sparks of light live side by side with menace.
Brazenly happiness flashes past gaping shark jaws,
yet they do not devour it – just as if it's dreaming.
But without being noticed, from the dark-green depths
an elongated shadow rises up and grows,
a solitary sawfish cuts through the thickest glazing.

© translated by Antonia Lloyd-Jones



OCEANARIUM

Za szybą ryby suną jak bagaże na taśmie.
Barakuda i żarłacz obok spokojnych ławic
niby pasterze stada.
Aż trudno uwierzyć:
nikt nikogo nie płoszy, nie goni, nie zjada.
Warunek tej harmonii to skryta izolacja.
Ogromny akwen dzielą przezroczyste ściany.
Leniwe drapieżniki krążą po innych trakcjach
niż ich siostry kruche jak tacki z porcelany.
W nas też iskierki światła sąsiadują z grozą,
radość bezczelnie błyska przed paszczą rekina,
która jej nie połyka – jakby się przyśniła.
Ale niepostrzeżenie od zielonej głębi
odrywa się i rośnie wydłużony cień,
i tnie najgrubsze szyby samotna ryba piła.

© Krystyna Dąbrowska, Białe krzesła (Wojewódzka Biblioteka Publiczna i Centrum Animacji Kultury w Poznaniu, 2012)





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