viernes, 9 de enero de 2015

MANUEL MURRIETA SALDÍVAR [14.442] Poeta de México



Manuel Murrieta Saldívar 

Nació en la Ciudad Obregón, México en 1959. Creció y se educó en Hermosillo, Sonora, México. Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Sonora en 1989. Tiene la Maestría (Master of Arts) en literatura hispana por Arizona State University desde 1993, y el Doctorado (Ph.D.) en Literatura Iberoamericana, subespecialidad en estudios latinoamericanos y medios de comunicación, Arizona State University desde1998. Ha obtenido los siguientes reconocimientos: ganador del Concurso de Libro Sonorense 1990, género ensayo con la obra Mi letra no es en inglés. Ganador del Concurso de Libro Sonorense 1991, género crónica, con el libro De viaje en Mexamérica. Primer lugar en “Crónica en prensa”, Tercer Premio Estatal de Periodismo en Sonora, 1992. Premio Literatura 2000 otorgado por la revista Panorama, Phoenix, Arizona. Hispano distinguido 2003 en Estados Unidos nombrado por el portal de noticias Qué pasa. Ganador del concurso de Libro Sonorense 2005 género crónica con la obra La grandeza del azar—Eurocrónicas desde París. Es Catedrático de literatura chicana, mexicana, latinoamericana y de español en California State University, campus Stanislaus, Turlock, California. Fundador de Editorial Orbis Press y Culturadoor.




LOS ASTROS EN EL CACTUS

Amplios, en las elevaciones,
los astros arrullan a las calles
desde los precipicios del cielo…

bajan escaleras de calor,
huelen la vida que emana de los techos
cometas, aerolitos,
planetas que suspiran a la sombra
de los atardeceres,

los astros del desierto,
collares únicos que portan abanicos
de apenas dos colores,
ilusos de frescura,

yo siento que te hablan sin importar
la hora
¿no miras que te sonríen enormes,
con esa frente negra, y colas y rayos
y estelas como leche?,

los astros del desierto son mi luna
no existe piedra que los imite
ni agua que los atrape,
arenas de la altura,
madrugada tras madrugada me rotan
en la mano
licuando el viento cuando caen hechos día,

los astros,
gases inundados de latidos, secos entre
el cactus y el monte,
los miro desde abajo, pobre de mí,
ahí están aparentemente estables
con un chorro de billones de tiempo
y de destiempo como cama,

apenas si me ven, soy insecto
sin lluvia,
siempre yo lejano, siempre yo abajo,
donde oscilan las pelotas de los niños
donde voy por frutas al supermercado
donde me carcome un retiro del banco
mientras las placas tectónicas
se expanden
sin saber de dioses ni de especies
ni de seres atacándose…

solitario de mí,
los astros, dunas de galaxias,
arriba como bólidos desconocen
la suerte,
parece que me aman y te aman
vigilando nuestra estancia
aunque no se den cuenta,
directa y sin reflejos son la vida,
ellos inventan otras vidas
y nosotros un vello de conciencia
para saber que existen,

esas luces, allá, en las excavaciones
verticales,
algas de la intemperie que esperan
la huida de algún sol,
me exigen asomarme y que los beba
como sueños,

si, ahí están gratuitos todavía,
sin muros
sin códigos de barra,
los astros ahí,
a la salida,
volando el desierto, volando
en despoblado
como si fueran la plata
de una mina sin cueva,

ahí, tranquilos, eternamente atentos
a cualquier inteligencia,
al más chiquito amor,
enamorando siempre
a la espera de tus ojos
como madres infinitas
alimentando a un hijo…

Del poemario “Alejados del instinto”.






Tu Sexo

Tu sexo es la distancia entre mí
y la primera estrella extinta

El agua que alucinado sueña
el caminante entre las dunas

Tu sexo es dar la vuelta al mundo
únicamente con mis piernas

La enredadera sin oxígeno que sube hasta Saturno
Es una nube sola que flota para todos

El último latido, o el primero,
de un corazón de infarto

Tu sexo es beso entre desconocidos
y a plena luz del día

Es una cáscara que atraviesa el océano
sin dirección ni guía
Tu sexo es una fuerza del mecanismo
de la supervivencia

No es, por supuesto, una bandera o
territorio despojado 
tampoco un pay de manzana
que muchos lo cocinan

No es tu sexo una mercancía
que compro cada día

Ni el intercambio de cosas que luego
se abandonan

Tu sexo no llega ni con bodas,
cortejos o conquistas

No es el agua que humedece
cada noche

Ni obsesión de poeta en busca
de una musa
Tampoco es un símbolo que exija
sus metáforas

Ni objeto al que admire
como un culto
No es, tu sexo, un edificio con puertas
bien abiertas

Ni, mucho menos, dos torres
tumbadas por la ira…

Tu sexo reposa en mi cabeza
y no en cualquier otro miembro
de mi cuerpo…





Cuando moja el vacío 

La alcoba entre los cielos
la luna un torbellino
la sonda del amor regresa…

Mi tacto titubea
los autos no comentan
tus manos espaciales abiertas al conjuro…

No hay luces
no hay soles secundarios
ni acuerdos materiales

Hay himnos invisibles
como premios…

Mi carne es una estela
un beso inagotable de planetas
tambor humanitario que
gime como pecho…

Las utopías piden
dejan dormir al sueño
mientras dos ángeles de tierra
calientan orificios…

Con mucho amanecer
la ropa cae al monte
y tus columnas sudan temblándole
a la atmósfera…

La voz… otro deleite
ningún lamento nada nada
y la ciudad sexual naciendo
como vidrio…

El corazón cosecha
aplaude emanaciones
la entrada cuneiforme al centro
de las vetas…

Unidas las miradas,
de dos bocas,
una

Entonces sólo un cuerpo
cuando el vacío moja:

¡Glorifiqué tus pasos y sacudí
mi llanto

…y desde las entrañas
murió
el dolor
del tiempo!

Del poemario Alejados del instinto






Alejados del instinto, poemario. Autor: Manuel Murrieta Saldívar. Editorial Atreyo, Nuevo Laredo,  Tamaulipas



Una pasión alejada del instinto

Alejados del instinto es también un poemario denso de música y concentrado de reflexión,  trabajado con la vocación minuciosa del alquimista, cincelado sobre la mesa del silencio.  Es, por tanto, un testimonio de obsesión y pasión…una pasión alejada del instinto y sin duda necesaria cuando se nos presenta aquello que se llama amor…

Por Mario Escobar

En el poemario Alejados del instinto, el poeta Manuel Murrieta Saldívar (*) hace del viaje poético una crónica. Su palabra es una nave que nos lleva desde el cosmos al microcosmos de los sentimientos. Cada poema es un universo de energía. En poemas como “Vaciándome en mis ojos” el yo poético hace de ese viaje un ejercicio de crónica minuciosa para decirnos:

Logro ver tundras de historia,
aguas domesticadas que no me favorecen
y el paisaje de horas sueltas que vuela 
entre la neblina y adobes sin edad… (p 9)

En ese viaje, ve un bioma acosado por el estrés de la ausencia.Sin embargo, para Murrieta esa ausencia es la que precisamente cultiva e instala el amor por las cosas.  La ausencia se llenade deseo para explorar los múltiples espacios del universo existencial. El poeta entonces es unaespecie decápsula que se desprende del resto de la humanidad para viajar como los cosmonautas hacia el espacio del universo existencial.  Es el aparato de observación y a la vez de transmisión dentro de un vértigo de infinitas posibilidades:

soy cápsula,
burbuja tan feliz 
protegido por átomos
que a besos me liberan… (p 10)


Se produce entonces una dialéctica entre el universo delser y la exterioridad del cosmos, entre el yo y el mundo que captura el ojo y el sentir. En esa relación, en ese anudamiento, no existe ni oposición ni preeminencia del uno sobre el otro, sino que lo interior y lo exterior conforman un continuo que se materializa en el acto poético. Así leemos en el poema “La señal”

Hurgando direcciones y escaleras,
impulsado por la herencia que me aguarda,
una señal me encuentra,
me catapulta
humedeciendo vértebras y células,
chispas de sueños, licuando el cuerpo y la imaginación. (p 19)


Para Murrieta la poesía es también el transitar de la palabra cargada de música hasta llegar al continente de la imaginación. Ahí, como un Joan Miro travieso, nos da lo que su vista captura. Bajo poemas como “Viajero” el ojo articula sobre el desengaño ajeno, circula los intersticios de la soledad para escapar:

Por entre las libélulas te veo
a carcajadas 
en un caer de tarde
en la punta celeste. (p 15)


Relacionado con lo anterior, el yo poético nos revela:

Por entre la muralla me escabullo
en deslices
junto a los horizontes y tristezas
ajenas.

Por entre sonrisas veo gente
en estampida que no sabe de mí.


Por entre cada instante penetro 
la mirada, 
sacio la sed de una vez por todas 
y ya no me desnuco 
ni caigo en precipicios… (p 15)


Esa conciencia volcada hacia la exterioridad, esa identidad atravesada por el Otro y por el desorden de la realidad, se podría considerar como una nadaactiva, como un espacio vacío que será ocupado por el universo externo que el yo poético, como chaman de la palabra, evoca. Así, el amor inmediatoqueda cancelado o, dicho de otro modo, se convierte en laberinto cósmico  donde el poeta se pierde. Justamente vemos en el poema “Los astros en el cactus” cómo la voz poética conforma diversos escenarios que se solapan entre sí, como las ondas concéntricas que se generan en la superficie del desierto:

Los astros del desierto son mi luna,
no existe piedra que los imite
ni agua que los atrape  […]


solitario de mí,
los astros, dunas de galaxias, 
arriba como bólidos desconocen 
la suerte,
parece que me aman y te aman
vigilando nuestra estancia […] (p 34)


Para Murrieta, los astros precisamente reflejan y rompen los límites, desierto es universo que constituye el revés de la representación y a la que no puede escapar la voz deéste en su empeño de dar nombre a las cosas ante la ausencia.La voz poética deja intuir una profunda decepción que se establece como una simple claveque teje el mensaje. Escapa a los recovecos de su propio universo y tematiza el viaje como un ultimátum:

Mejor me acuesto ahora,
tenue,
sobre el vapor sin aire 
de aquella nube negra 
que a lo lejos me llama…(p 16)


Pero además, en cada detalle metafórico, este poeta enciende la nitroglicerina paraprovocar la reflexión, para invitar a la introspección en el espejo.  Por ello, se observa cómo  cada poema revela asombro ante una imagen que a su vez es devuelta a un Otro. Hecho que a su vez manifiesta la necesidad de viajar para alejarse de los humanos. Sin embargo, esa distancia entre seres no es egoísta, sino que es un transitar explosivo que da paso a la nostalgia y nos deja retazos del Otro como estrellas que iluminan el camino porque:

sóloasíhabré de poseerte
callar y descolgar tus cuadros,
tus recuerdos 
reir por fin
reir sin culpa 
en el desmoronar de mi calendario… (p 49)

El poeta entra al olvido, para desear con fuerza;impone el olvido para que la palabra desgrane una historia sumergida en la oscura geología  interna del ser. El yo poético de Murrieta vela y transmite esos hechos, los presencia y, en cierto modo, constituye un índice para su propio descubrimiento como lo indica en este breve pero intenso poema titulado, precisamente, “Universo”:

Y entonces
el silencio recobra su conducto,
atraviesa
los huecos de la noche,
hileras siderales, 
para gemir de nuevo
aquí
y allá 
en un
gota
de
amor…(p 33)


El yo lírico de Murrieta es, pues, un magma de voces, un multi-perspectivismo que hace que los versos se ajusten a la expresión de cada eco.  Podríamos añadir incluso que sus poemas son una especie de cuadro pictórico que concede un valor muy significativo a cada pincelada, a cada trasgresión de la linealidad que constituye en sí misma un espacio expandido. Un espacio necesario para conocer la frontera de los cosmos.

Sin duda, Alejados del instinto es un poemario denso de música y concentrado de reflexión,  trabajado con la vocación minuciosa del alquimista, cincelado sobre la mesa del silencio.  Es, por tanto, un testimonio de obsesión y pasión…una pasión alejada del instinto y sin duda necesaria cuando se nos presenta aquello que se llama amor…






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