miércoles, 21 de enero de 2015

KEITH EKISS [14.550] Poeta de Estados Unidos

KEITH EKISS

Poeta estadunidense, se dio a conocer con un memorable primer libro, Pima Road Notebook (Apuntes del camino del pima, Western Michigan University, 2010). Entre recuerdos familiares y zambullidas profundas en las praderas y el desierto, destila con sobriedad la esencia de ese camino a través de grandes extensiones en el sur de Estados Unidos. Históricamente los pima, hay que recordar, se aliaron con los conquistadores, en particular para combatir a sus vecinos apaches. (Traducción del inglés: HB).



Apuntes del camino del Pima


Mitos de origen

Habitualmente no es humano uno de los padres.
Los hijos aparecen sin que se hable de sexo.

Dios crea del lodo a la mujer y al hombre.
Un hombre da a luz por el pene
    lo que provoca un diluvio.

A otro le salen plumas pero no puede volar.
Hay estrellas porque alguien las escupió.

Las lágrimas de un niño forman un lago
donde el padre se ahoga.

El océano es una larga serpiente verde
enrollada en el mundo.

¿Cuáles fueron las primeras cosas en la Tierra?
La gobernadora, las hormigas negras.

El agua brotó de raíces y muñones de árbol.
La lluvia la trajo de vuelta. Luego fue blanca,
    luego sangre.

Dios salvó a las aves y los animales.
Trepen las ramas, vivan en el agua.

Coyote se escabulló dentro de una flauta.
Un pájaro colgó su pico en el cielo.






Casas pima (ca. 1850)

La casa queda concluida cuando soporta el peso
de un hombre bailando en el techo en tiempo de cosechas.
El marco es de la madera de un álamo, porque
las garzas canturreaban ahí. Los soportes curvos de sauce,
se cubren de granos y paja,
bejuco y varas de maíz, cáscaras y desechos.
Entonces la morada se cubre y entierra.
El montículo parece una tumba.
¿Por qué una casa habría de ser más alta que un hombre?
Vientre redondo. Una cortina bordada es la puerta.
La gente duerme con la cabeza hacia el este.
Por la mañana siempre hay faena con los conejos.
Si un niño muere, el pima quema la casa
y construye otra.






El bastón calendario

Oído de Búho clavaba su bastón en el suelo
para registrar los acontecimientos
—cometa, solsticio, la vía del tren, un nacimiento.
Los invasores nunca quemaron las casas.
Nada de sábanas para los contagiados,
ni ametralladoras, ni tratados.

Los soldados ociosos mataban el tiempo
haciendo torneos con los nativos,
los caporales ganaban el esprint, los pima
las distancias largas.
Por muy rápido que corrieran los niños
jamás alcanzaban al río.

Qué se perdió, pescar con las manos,
las trenzas de bejuco en el río.
Qué queda, refranes para lamentar la partida:
Nos sobrepasaron los cuervos.






Apuntes del camino del pima

Nadie me dijo que le pertenecía a la Tierra.

Cambié de tribu año tras año:
cheroki, cucapá, pueblo, mojave.

Que las nubes parezcan espíritus
no prueba ninguna religión.

El distante batir de tambores
era sólo truenos.

Las carretas formaron círculos
que se volvieron colonias.

Tostadas de canela, leche fría, blusas de domingo.

Un día empacamos nuestras pertenencias
y manejamos hasta que empezó a nevar






Pima Road Notebook (I)

My mother’s voice echoed me nearer toward home.
Sad quail in the brush, searching for her children. 
Her stain glass hobbies, her knotted macramé.
Bougainvillea papering the window, blood light.
Jackrabbit in summer, beating white heart.
A pheasant blown off-course into plate glass. 
The vulture hopped as it ate, puppet-like.
The temperature of silence was always rising.
I could hear the needle of the palo verde drop.
She talked on the phone and hung up the phone.
I was left to wandering the saltbrush.
In desert light, in thirsty light, out past the houses.
Out past the idea of roads toward the dry wash.
Her medicine cabinet a cave of tints and scents.
I twisted her lipstick, the spiral a tendril.
Smelled the sweet clay of Sunset Red emollient.
Who broke the necklace of the river?
I straightened my dive through the infertile water.
Blue relief, our chlorinated swimming pool.  







Pima Road Notebook (II)

Always the abandoned mattress springs in the arroyo.
And sunlight dusting tattered afternoon curtains.
Down street, the boy who stuttered but could sing.
No one she could talk to like she wanted to talk.
I should’ve been her lovely girl.
My father said he made something from nothing, like sons.
Brothers were other animals.
Javalina bristled for water outside my sleep.
Coyotes gathered and chattered in guttural moans.
All night she thought the howls were only dogs.
My body’s better use, casting a shadow for a quail.
I watched the tame hawk return to its hooded wrist.
She dropped me off for school at Cherokee Elementary.
Heat pulsing in my temple and sweat.
I found a nest of rabbits hidden in the cholla.
The young are born helpless, naked, and blind.






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