jueves, 2 de marzo de 2017

VICTORIA RAMÍREZ [19.975]


VICTORIA RAMÍREZ  

Victoria Ramírez (Santiago, 1991). Periodista de la Universidad de Chile. Ha participado en diversos talleres literarios. Incursionó en el documental con el cortometraje “Todos los ríos dan a la mar”, sobre la poeta chilena Cecilia Vicuña. El 2016 obtuvo el Premio Roberto Bolaño en poesía. Victoria Ramírez se llevó el primer lugar en este premio literario entregado por el Consejo de la Cultura y las Artes en su versión 2016. Su serie de tres poemas se titula "Ritos" y trata de representar, en sus palabras, "cómo los espacios físicos influyen en la manera de percibir la realidad, cómo el entorno moldea personajes".



Mudanza

El primer día de mudanza
las cenizas se refregaban
en las casitas de la villa
la gente de La Viluma
tenía la ropa ahumada
pero no había leña ardiendo
ni la huella negra de los techos
amortiguaba el silencio
de los cerros

el jarrón de bronce de mi madre
los cucharones de cobre
combinaban con la tierra
que se desprendía allá arriba
-una verdadera tormenta-
las cajas de mudanza
el vidrio molido
y los brazos polvorientos
que hacían humo

no teníamos nada fuera de esos sobres
las copas tintineaban en sus cubículos
madre reparaba una trizadura
las casas más bellas son las
rotas, nos dijo
las mejores ventanas son las que
dan a la humareda

de qué huimos, madre
a dónde van las cenizas que flotan
cuando el aire espeso las atraviesa
y se juntan para llenar los resquicios
de las familias



Magnolios

La mitad de los quemados de la Posta Central
se han quemado a sí mismos
con bencina o con alcohol
se han fosforeado
desde la ventana que da hacia Portugal
se pueden ver los magnolios
allá adentro las vendas respladecen
como lámparas de sal

me pregunto quiénes son esa mitad
de los quemados
si acaso comentan el origen del fuego
o esas mujeres que fueron bellas
se tocan la cara y piensan en sus maridos
y si se sientan en torno a una hoguera
se abrazan como una tribu volcánica
les sienta bien el alivio
de la sobrevivencia

para ellas las llamas han suturado las costuras
y caminan como santas averiadas
con la dignidad rota para que las reciban en el cielo
y si todos pudiéramos revertirnos
volver visibles nuestras grietas
correría el agua a través de nosotros
¿nos traspasaríamos, nos arruinaríamos?
nuestras hendiduras nos impedirían mentir

entonces si me afirman
que la mitad de los quemados de la Posta Central
son un porcentaje a lo bonzo
puedo mirar sus magulladuras
desear sentirlas como se supone que se sienten
sulfurarme como se supone que debo sulfurarme
y sentir los magnolios y fumarme las colillas
juntar los encendedores que dejan en mi casa como trofeos
o medallas o estatuas milenarias
rendir en cada chispazo homenajes modestos
tener altares como ofrendas colgando de las paredes
oír con tristeza los anuncios de la radio
los pequeños incendios
propagándose

besarme con chicos que echan de menos a otros chicos
todo eso un alivio tierno, porque así son todos los alivios
mirar por la ventana y ver a los magnolios
pensar que ya es época de magnolios,
que es hermoso que una flor salga de un árbol
que los árboles den flores y frutas al mismo tiempo
todo eso pensando en la sala de los quemados
de la Posta Central
en esa blancura triste como astillas de cuarzo
estalactitas en mi espina dorsal
y la mitad de los quemados por voluntad propia



Cambio de estación

Todos los años
un árbol nuevo en el mismo agujero
un limón de pica que no sirve
y los ciruelos, nísperos
las hojas naranjas del liquidámbar
mis tréboles favoritos
las mariposas negras
insecticidas
la inestabilidad de los maceteros
que habitaban la casa
y el romero que me llevé
a mi primer departamento

Una vez una llamada
la puerta cerrada por dentro
jugué con un alambre
mientras esperaba
recordé las flores artificiales
y ese polen que se les cae
sin nada de gracia




Un domingo

En una cancha oval
un niño rebota la pelota en la pared
mugre
a esa hora la siesta de domingo
desolando los patios
los dibujos de la ropa arrugada
colgada en el barandal
es un cliché que nos resbala
como los murales de San Miguel
no es que siempre tenga sed
pero ahora me parece espantoso
desear agua
no es que siempre me interese
pero ahora me parece aterrador
ver el movimiento de regreso
la cancha oval marcada con tiza
el niño bordeando los cuatro años
-la edad del discernimiento-
la violencia del balón que se devuelve
más rápido y más pesado
el dolor de la presión
ojitos chinos que se comprimen
una aureola roja sobre la piel
un silencio que cruje
antes de empezar
otra semana







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