miércoles, 8 de marzo de 2017

MAGGIE SMITH [20.014]


Maggie Smith 

Maggie Smith, poeta de EE.UU., es autora de tres libros de poesía:  Weep Up (Tupelo Press, September 2017); The Well Speaks of Its Own Poison (Tupelo Press, 2015); and Lamp of the Body (Red Hen Press, 2005). 

Smith es también autora de tres chapbooks premiados. Sus poemas aparecen en Best American Poetry, The Paris Review, Ploughshares, The Gettysburg Review, Guernica, Plume, Virginia Quarterly Review, and elsewhere.

En 2016 su poema "Good Bones" se volvió viral a nivel internacional y ha sido traducido a casi una docena de idiomas. PRI (Public Radio International) lo llamó "el poema oficial de 2016".

Smith ha recibido becas de la Fundación Nacional para las Artes, el Consejo de Artes de Ohio, y la Fundación de Arte Sostenible, entre otros. Vive en Bexley, Ohio, y es una escritora y redactora independiente.




El poema "Good Bones" de Maggie Smith, recién publicado en el volumen de verano de la revista Waxwing, se difundió de forma viral pocos días después de la matanza en Orlando del 12 de junio. Tras la derrota del partido Demócrata en las elecciones de noviembre, el poema ha dado una segunda vuelta por las redes sociales. No recuerdo exactamente por qué vía di con él, pero como había estado leyendo a Séneca y tenía a “La brevedad de la vida” en mente, el poema me llamó mucho la atención. Una vez traducido, contacté a Maggie, quien no solo me dio permiso de publicar esta versión sino también me concedió una breve entrevista. También traduje otro poema de Maggie titulado, en inglés, "At Your Age, I Wore a Darkness", que apareció en agosto de este año en Nashville Review.

Pedro Poitevin



Buen Esqueleto

La vida es breve, aunque no se lo diga a mis hijos.
La vida es breve, y he ido acortando la mía
de mil deliciosas e insensatas maneras,
mil deliciosamente insensatas maneras
que no le fiaré a mis hijos. El mundo es al menos
cincuenta por ciento terrible, y esa estimación
es conservadora, aunque no se la fíe a mis hijos.
Por cada pájaro que vuela, hay una piedra lanzada a un pájaro.
Por cada niño amado, un niño roto, ensacado,
hundido en un lago. La vida es breve y el mundo
es al menos mitad terrible, y por cada gentil
extraño, hay uno que te rompería,
aunque no se lo diga a mis hijos. Estoy tratando
de venderles el mundo. Cualquier buen agente de bienes raíces,
mientras camina a tu lado por una pocilga, pía 
sobre un buen esqueleto: Este lugar podría ser lindo,
¿no? Tú podrías hacer que este lugar sea lindo.

Versión al español de Pedro Poitevin
(Versión original en Waxwing).


Good Bones

Life is short, though I keep this from my children.
Life is short, and I've shortened mine
in a thousand delicious, ill-advised ways,
a thousand deliciously ill-advised ways
I'll keep from my children. The world is at least
fifty percent terrible, and that's a conservative
estimate, though I keep this from my children.
For every bird there is a stone thrown at a bird.
For every loved child, a child broken, bagged,
sunk in a lake. Life is short and the world
is at least half terrible, and for every kind
stranger, there is one who would break you,
though I keep this from my children. I am trying
to sell them the world. Any decent realtor,
walking you through a real shithole, chirps on
about good bones: This place could be beautiful,
right? You could make this place beautiful.



*



A Tu Edad Yo Vestía una Oscuridad
varias tallas muy grande. Me colgaba
como un vestido de mamá. Y ahora,

mientras hablamos, estoy cosiendo
una oscuridad que tú tendrás que desenredar,

y desenredando otra que tu tendrás
que coser de nuevo. ¿Qué puedo darte

que puedas quedarte? Una vez me preguntaste
¿Tiene fin el cielo? No, no tiene fin,

simplemente deja de ser una cosa
y comienza a ser otra.

A veces nos tomamos de las manos
y echamos la cabeza hacia atrás

para que el azul llene todo nuestro campo
de visión y así sentir

que formamos parte. No tenemos fin,
sólo dejamos de ser lo que somos

y comenzamos a ser ¿qué?
¿Dónde? ¿Qué puedo darte

para llevar ahí? ¿Estas sombras
de hojas, ese suelo del consuelo?

¿Esta suave oscuridad de segunda
mano? ¿Qué puedo darte

que te sea útil en tu segunda vida,
esa que tendrás que vivir sin mí?

Versión al español de Pedro Poitevin
(Versión original en Nashville Review).




Pedro Poitevin (PP): Cuando leí Buen Esqueleto por primera vez, Maggie, me dije: “Este es, en parte, un poema sobre el arte de la persuasión”. Yo también he oído a agentes de bienes raíces repetir frases hechas con el propósito de tranquilizar y persuadir a un comprador en potencia. Pero en este poema las repeticiones revelan una profunda ambivalencia, ¿no?

Maggie Smith (MS): Para mí, el uso de las repeticiones en un poema es una forma de sujetar una idea y darle vuelta en las manos para ver sus distintos aspectos. Cada repetición me revela una nueva faceta, una nueva superficie. En este poema, se podría decir que el principal asunto del personaje es justamente su ambivalencia frente al mundo. El mundo es, en muchos de sus aspectos, cruel, peligroso e injusto. Pero aquí estamos. Este es nuestro hogar. ¿Cómo podemos hacerlo un mundo más benigno, menos peligroso, más justo? ¿Debemos hacerlo? ¿Cuál es la alternativa?

PP:  Creo que una de las razones por las que el poema ha sido tan bien recibido es que uno se siente muy cómodo en su interior: es un hogar. ¿Hay algo que nos puedas decir acerca de la composición de este poema?

MS: Escribí el poema hace un año, y lo hice de una sentada, lo cual no pasa a menudo conmigo. Mis poemas atraviesan distintas fases de construcción, de construcción y reconstrucción que duran meses, e incluso años. Pero este poema, según constato al releer el original, ha sufrido dos mínimas alteraciones desde su primer borrador hasta la versión final. No recuerdo casi nada del proceso de escritura del poema, excepto que estaba sentada en Starbucks con un bloc de notas, y que comencé a escribir “La vida es breve, aunque no se lo diga a mis hijos.” Me sorprende cuán completo resultó el primer borrador.

PP: Cuando traduje Buen Esqueleto estaba leyendo “Sobre la brevedad de la vida”, de Séneca. No sé qué hubieran aconsejado los estoicos decirle o no a los niños, pero una de las razones por las que el poema me encantó es que me pareció una forma delicada y equilibrada de revelarle a tus hijos –quienes algún día crecerán y leerán el poema–  que la brevedad de la vida es importante, que pese a la ambivalencia moral del mundo en el que vivimos, es justamente la brevedad de la vida lo que nos empuja a tener fe en la frase final del poema. Por cierto, reconozco que esta lectura mía está influida por el otro poema tuyo que traduje: A Tu Edad Yo Vestía una Oscuridad.

MS: Te agradezco esa linda lectura. A Tu Edad Yo Vestía una Oscuridad es un poema que le escribí a mi hija –o al menos con mi hija en mente– pensando no en el efecto que el mundo va a tener en ella (como en el caso de Buen Esqueleto) sino el que voy a tener yo. Es algo sobre lo que pienso muy a menudo: ¿cómo y cuánto de nuestra química cerebral, personalidad, inhibiciones, traumas, etcétera, le heredamos –ya sea por vía natural o cultural– a nuestros hijos?

PP: Muchas gracias, Maggie. Para concluir, ¿puedes recomendar algunos poetas contemporáneos?

MS: Leo mucha poesía contemporánea, así que mi lista es muy larga, pero una lista breve iría más o menos así: Brenda Shaughnessy, Jorie Graham, Natalie Diaz, Tracy K. Smith, Charles Simic, Beckian Fritz Goldberg, Carrie Fountain, Ada Limon, Dean Young, Ross Gay, Natalie Shapero.





Lamp of the Body

Button

It's the 50s. You wear your dark Levis 
cuffed up six inches. You have a cowlick.

There is a birthday party you won't attend 
after a bad haircut. Your mother says,

Button, it's not the end of the world. 
But the weathervane says, Button,

the end is near. It says the sky's gone 
yellow with twisters. Small white stars

are invisible all day, but you hear them 
chatter like teeth. Button, they say, why

not play with the others? Look at them, 
having a fine time. But you wish the devil

on the neighbors. You wish them nothing 
to pin the tail on. You wish the children

snatched up in the funnel, paper punch 
cups still in their hands. The devil won't

call you Button. He says if you must 
be haunted, at least be unashamed.

(“Button” originally appeared in The Iowa Review )





Trompe l'Oeil

Once, while a man sped me down 
a back road in a gray pickup, 
I memorized my younger face

in the passenger side mirror, 
burned the opal at my throat 
and the white secondhand blouse—

tiny lilacs, puckered sleeves— 
into the undersides of my eyelids. 
My hair streamed

the color of hay out the window. 
Lettering on the mirror told me 
that despite how close

I appeared, I may have been closer. 
Something lit the opal's pink fires 
nearer the surface than I knew.

Things were not what they seemed. 
There was nothing I could reach 
out and touch. We parked

in a cloud of gravel dust. I hurled rocks 
into the quarry's dark mouth, 
bible black, and lied

about hearing them hit bottom. 
Inside every stillness, I believed 
something moved.

(“Trompe l'Oeil” originally appeared in The Florida Review )





Doubting Thomas

I was tired of the smoke 
and mirrors. The loaves, the fish, 
but not nearly enough time.

What could I say to him, friend 
I buried, when he woke and called to me 
softly from the shadows?

Go now. The business of faith 
bores me. I could take it or leave it. 
Understand, I touched his wounds

because I wanted to feel 
his warmth on my own hands. 
If I doubted anything then,

it was humanity. Disillusionment 
is what happens when men 
dabble in magic. Celebrity is a tree

on fire and of the thousands 
standing near, none is near enough 
to lick the flames from your face.

Once the embers burning 
above us were enough. I believe 
he doubled back from death

to breathe home's balmy air, 
to stand in light among us 
one last time beneath the high

heavens. For this brotherhood 
I lose a brother; I spit upon the lot 
we've drawn. So much for twilight

spent floating on the river, talking 
of women we were not to love, 
and of their skin scrubbed sweet

as tangerines. So much for nights 
we passed in the desert, drunk 
under the young stars whose names

were new. Once my friend 
agreed: No one could recognize 
each luminous body across

this broadening, eternal cleft.

(“Doubting Thomas” originally appeared in Poetry Northwest )





THE MOTHER 

The mother is a weapon you load 
yourself into, little bullet.

The mother is glass through which 
you see, in excruciating detail, yourself.

The mother is landscape. 
See how she thinks of a tree 
and fills a forest with the repeated thought.

Before the invention of cursive 
the mother is manuscript.

The mother is sky. 
See how she wears a shawl of starlings, 
how she pulls the thrumming around her shoulders.

The mother is a prism. 
The mother is a gun.

See how light passes through her. 
See how she fires.




LA MADRE 

La madre è un'arma che metti 
in carica, proiettile minuto.

La madre è un vetro attraverso 
cui vedi te stessa, con straziante precisione.

La madre è paesaggio. 
Guarda come pensa a un albero 
e riempie la foresta con il pensiero replicativo.

La madre è manoscritto 
prima dell'invenzione del corsivo

La madre è cielo. 
Guarda come indossa uno scialle di storni, 
come si copre le spalle col canto monocorde.

La madre è un prisma. 
La madre è una pistola.

Guarda come la luce la attraversa. 
Guarda come fa fuoco.

“The Mother” di Maggie Smith tradotte da Alessandra Bava. 





The New Regime Is Making Itself Right at Home

in the hand-me-down clothes of the old regime, 
which fit perfectly. It's commandeered the record 
collection, strewed them all across the bedroom floor. 
It refuses to slip them back into their paper jackets. 
It turns up the volume and won't answer the phone. 
You know what to do at the beep. The new regime's 
wearing its hair in the old regime's style. It's using 
shampoo and conditioner left in the shower. 
It's driving the car around the city, in dark glasses. 
It dabs the old regime's perfume on its pulse points. 
In bed, the old regime's boyfriend can't even tell 
the difference. The new regime pastes its face 
over the old's in the yearbook. It inherits all 
the same superlatives, laughs at the same jokes. 
The new regime's here to stay. It's eating off 
the family china, watching the TV. It's looking out 
the old regime's window, and the view is the same.






Orientation

Because you're new here, you need someone, 
but I'm too busy trying to keep you 
in the twentieth century a while longer, 
feeding logs into the woodstove's glowing mouth 
while, in a house just down the street, 
someone programs a thermostat. 
Twentieth century? Who am I kidding? 
It was never safe. In this young country, 
you can trace danger farther than you can 
follow it, back to fire licking the walls of caves, 
back to flint skinning the animal to its source. 
Nothing predates danger. A hundred years ago, 
Roosevelt Avenue was not this green 
tunnel of London planes, only rows of saplings 
planted by someone looking toward the future 
where we now live, always looking forward 
or back. The twentieth century didn't 
keep me, but not for lack of trying. 
I made it out alive. What can I say but stay 
alive? You're new, and there's too much to learn.






Future

What is the future?

Everything that hasn't happened yet, the future 
is tomorrow and next year and when you're old 
but also in a minute or two, when I'm through 
answering. The future is nothing I imagined 
as a child: no jet packs, no conveyor-belt sidewalks, 
no bell-jarred cities at the bottom of the sea . 
The trick of the future is that it's empty, 
a cup before you pour the water. The future 
is a waiting cup, and for all it knows, you'll fill it 
with milk instead. You're thirsty. Every minute 
carries you forward, conveys you into a space 
you fill. I mean the future will be full of you. 
It's one step beyond the step you're taking now. 
It's what you'll say next until you say it. 





Size Equals Distance 

I can't walk across the lawn to enlarge a starling 
like a photograph preview: 4x6, 5x7, 8x10. 
If I could, the bird would be the size of a man 
by the time I'm close enough to hold it, 
which makes it hard to explain to my children 
why airplanes look small in the air and big 
at the airport, how people fit inside that toy, 
how they don't shrink as they rise, then grow 
as they near the ground. How can I explain 
proximity sometimes but not always 
transforms? Size and distance can't be set 
on opposite sides of an equation, as if 
when you see something grow, it's growing 
because you're nearing it. Consider the man-bird. 
Consider the baby I can't hold any closer 
to make him grow. Consider all the things 
I couldn't miniaturize by running from them. 





Dear 

you, you two, you who have me 
in common—not-mother, mother 

you weren't to have: Don't you 
know each other, don't you live 

in the air around me, live 
being the perfectly wrong word? 

Dear you, you dears, aren't you 
together swimming the air, 

buoyed by my son's breath 
as he sleeps? You might slip 

his ringlets like rings onto 
your fingers if you'd had fingers. 

I don't think you did. If I'd seen 
inside myself, I'd have seen 

what I could nearly hear: 
a machine whirring, assembling 

eyes, ears, limbs, rung by rung 
of spine, then the grind 

of metal-on-metal. Forgive me 
whatever gear rusted and locked, 

whatever spring sprung too soon. 
It is always the same dream 

but not a dream. Don't I feel you 
treading the air around me 

or what I feel is air rippling 
in your wake, or is it wakes? 

Dear you, you two—not-dears, 
dears I was not to have ― 

if you swim, swim here. 





Clock 

What kind of clockmaker 
builds a clock inside a body. 

What kind of clockmaker 
builds a clock inside a body 
then refuses to wind it. 

What kind of clockmaker 
winds a clock inside a body 
then stops it. 

What kind of body 
holds a clock that refuses 
winding. 

What kind of body 
holds a clock that is wound 
but stops. 

What kind of body 
holds a clock that can't keep 
the time. 

What kind of clock 
can't keep the time. 

What kind of clock. 

What kind of time. 




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