lunes, 6 de marzo de 2017

TANIA FAVELA BUSTILLO [19.985]


Tania Favela Bustillo

Tania Favela Bustillo, nacida en México D.F. el 28 de junio de 1970, es una poeta, ensayista y traductora. Desde 1994 es profesora en el Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana, donde también ha realizado estudios de postdoctorado.

En noviembre de 2012 obtuvo el grado de doctora en Letras por la UNAM. Ha estudiado a poetas latinoamericanos como Hugo Gola, José Watanabe, Juan L. Ortiz, entre otros.

A los 24 años empezó a escribir poesía. Fue hasta los 35 años que publicó su primer libro de poemas, titulado Materia del Camino, en la editorial Compañía. Su trabajo ha sido publicado en varios números de la revista El Poeta y su Trabajo.

Colaboró con Jaehl Leal en la traducción de En la tierra de Robert Creeley, publicada por la editorial Textofilia en 2008.

Obras

2006- Materia del camino
2008- "En la tierra" de Robert Creeley (Textofilia Ediciones, 2008).
2013- Pequeños resquicios (Textofilia Ediciones, 2013)
2013- El desierto nunca se acaba/antología poética de José Watanabe (Textofilia Ediciones, 2013)




Tania Favela Bustillo,
Pequeños resquicios,
Textofilia, 2013.



Para José Watanabe
(En recuerdo de Micaela)

como quien encuentra una piedra
como quien encuentra una moneda
el poeta encuentra un poema
            lo anota
            lo guarda en su bolsillo
como quien guarda una piedra
como quien guarda una moneda
                        de suerte
                        de talismán
lo lleva a casa
lo deja entre sus cosas
como la piedra la moneda  el poema recibe polvo
envejece un poco
olvidado
entre cajones
como una moneda reencontrada
como una piedra vuelta
el poeta vuelve al poema
reescribe versos
ajusta ciertas frases
lo guarda nuevamente en su bolsillo
lo palpa
como quien palpa una piedra
como quien lanza al aire una moneda
                                               lanza el poema
                        todo se juega ahí
                        se deja todo
                        en la apuesta



TANIA FAVELA BUSTILLO

Palabras que surgen e informan del silencio, o sobre Pequeños resquicios de Tania Favela Bustillo

En poesía hay que amar las palabras, las ideas, las imágenes
y los ritmos con toda la capacidad con que uno ama cualquier cosa.

W. Stevens


Debo comenzar este texto diciendo que me interesa observar siempre un poema o una serie de poemas dentro de una totalidad llamada libro o en una reunión de libros. Quiero decir con esto que un solo poema no me basta, o que exijo de un poeta más, siempre más. Leer un poema, un gran poema, es siempre una experiencia placentera, un regocijo para el corazón, la sensibilidad y el pensamiento. Cuando digo que un poema no me basta, trato de decir que un poema, un gran poema, siempre surge acompañado de otros poemas, quizá no tan grandes o logrados, o quizá sí. Al leer una cantidad considerable de poemas de un poeta, uno desea encontrar una monotonía, como quería Cesare Pavese y Hugo Gola, una reiteración continua de cosas (o una inmersión más profunda en las mismas), una manera de ver y de sentir, una reiteración de gestos que informen, que puntualicen que esa persona creadora, el poeta, es un individuo. Traigo a colación lo anterior, porque encuentro este elemento monótono, reiterativo, en el libro  Pequeños resquicios de Tania Favela Bustillo.

La poeta publicó en el 2006 el libro Materia del Camino: una reunión de 30 poemas cortos que escribió a lo largo de 12 años. Pasaron 7 años más para que publicara su segundo libro Pequeños resquicios. Favela Bustillo, a partir de lo anterior, parecería decirnos implícitamente que el ejercicio, el trabajo con la poesía requiere de tiempo, paciencia, silencio, intimidad, algo que, en la actualidad, es inusual o se trata de evitar: parece que al hombre actual no le interesa lo íntimo, sino que ha vuelto su mirada, se ha avocado, a lo público. No es necesario ahondar en lo anterior, es algo constatado diariamente.



Regresando a Favela Bustillo, ¿qué ha sucedido en su quehacer poético del primero al segundo libro? Creo que en Materia del Camino, la poeta encontró su instrumento, lo afinó y lo tocó. Si uno lee los poemas de ese libro, diría que se encuentra con vislumbres de energía, chispazos, impresiones que, directamente, con gran economía de lenguaje, sin metáforas,  la poeta nos informa de las experiencias profundas que ha tenido.

Un ejemplo:

Un poema
se hace
de nada
un poema
se hace
de pequeñas cosas
nace solo
o no se hace
nace así
como si nada
así nace
se hace
poco
o nada
llega a la orilla
                         al fin

Al decir arriba que la poeta encontró, afinó y tocó su instrumento, quiero decir, como en el poema anterior, que encontró un tono y una musicalidad particulares. Obviamente el poema anterior gira en torno a la consonante S, a las sílabas que se forman por la reiteración de la S.

Como dije, en Materia del camino, la poeta encontró su instrumento y lo tocó de manera, diré, casi tímida, como si comenzará a aprender a hablar una lengua.

En Pequeños resquicios, la poeta ya aprendió a hablar y ahora amplía sus registros: los poemas ya no son vislumbres, percepciones fugaces, chispazos, puntualizaciones de momentos o sucesos importantes para ella: ahora nos encontramos que un mayor despliegue de energía, de temas diversos, de sonoridades más complejas, entretejen sus poemas: ya no uno, sino varios instrumentos toca, entran en juego.

Quisiera referirme a un elemento que Favela Bustillo incorpora en este libro, que en el anterior no estaba. El libro está dividido en cuatro partes. Las dos primeras, diremos, giran en torno a anécdotas o historias que la poeta leyó, vio o escuchó y que, fueron tan importantes que, generaron la necesidad y el deseo de escribir.

Por supuesto, no cualquier anécdota le sirve para comenzar a escribir: las anécdotas que le interesan, según constatamos en el libro, tratan de vidas particulares, de vidas de artistas, de sueños, de situaciones, de pensamientos. Estas anécdotas, diré, le enseñan maneras de vivir distintas con las cuales comulga, o admira o se embriaga. Estas anécdotas se vuelven la materia con la cual se va a construir el poema. Pero detengámonos un poco: la anécdota o la historia, lo extraordinario que la poeta encuentra en lo leído o escuchado, es el motor que moviliza su deseo de escribir, de ir dando cuenta, a partir de las palabras (de lo sonoro, lo conceptual y lo imaginario que en ellas se encuentran), esa emoción que le ha causado conocer o saber algo con lo cual se identifica o llega a amar. Entonces, diremos, de nuevo, que la anécdota es el pivote para comenzar a escribir, pero que, a continuación, comienza el trabajo real: la poeta construye con palabras, el estado anímico, perceptual y conceptual que la llevó a escribir, y nos informa “lo máximo’, la potencia, la condensación de la experiencia, de lo que la motivó a escribir. La poeta es poeta, entonces, no por los temas que aborda, sino por la manera en cómo los aborda: el orden minucioso de las palabras que quedan asentadas en la página; los silencios, la repetición de sonidos, el ritmo pausado construido.

Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en el poema A Bill Evans (pianista de jazz).

 abandonó
      su instrumento
por la muerte
      de Scott LaFaro
Bill Evans
abandonó su instrumento
15 años
guardó silencio
como Rublev
guardó silencio
decepcionado de los hombres
decepcionado de la vida
y la muerte
sus manos dejaron de hablar
su boca
detuvo la palabra
hasta que el golpe
                   de la campana
la resonancia
                   de la campana
inundó el corazón de Rublev
despertó
su corazón
la campana de Bill Evans
fue un hombre
Eddie Gómez
logró      resonar
más allá de la muerte
y avivar
la música callada


En este fragmento encontramos algunas cosas que hay que puntualizar ya que se encuentran a lo largo del libro. En los poemas de Tania encontramos un ritmo lento, sin apresuramientos, ni en lo que informa ni en el cómo lo informa. Si Rublev dejó 7 años de hablar y Bill Evans 15 años de tocar su instrumento, el poema debe informar, en su construcción, el paso lento del tiempo. El poeta es alguien que se detiene ante las cosas, las vive, las experimenta y quizá, como quería Rilke, algún día, el menos pensado, de todo lo vivido puede que surja el primer verso de un poema que dará cuenta, con sus silencios y sus palabras, de la condensación y la huella de una vida única vivida. En todo el libro Pequeños resquicios, encontramos esta visión y esta constatación: los poemas son la huella de la vida y de la visión de la poeta de la existencia. Por supuesta, quedarían muchas otras cosas que decir sobre el libro. Por lo ponto, para finalizar este texto, citaré de nuevo a W. Stevens  que escribió:

Cosechar poesía de la propia experiencia en el curso de la vida, es distinto de simplemente escribir poesía.

Esto mismo sucede con la poesía de Tania Favela Bustillo.

Luis Verdejo
Tania Favela,  Pequeños resquicios, Editorial Textofilia, 2013



en recuerdo de un recuerdo de Gola
de Saint Nazaire
recuerdo sólo
las salinas
largas
delgadas
blancas
y el mar
y el viento helado
recuerdo
el recuerdo del poeta
caminando por el muelle
buscando
el vuelo de las aves
para trazar
el movimiento
de sus alas
imagino el aliento retenido
la sorpresa ante el poema
escrito de golpe
una mañana
la alegría del encuentro
la palabra que llega
el ala detenida
la mano
que se tiende
agradecida



el barco de papel
se despliega
hasta ser hoja
lisa
el niño
se sorprende
de tal metamorfosis
la hoja cambia
de barco a rana
de rana a gorro
para después
volver
de nuevo
a ser hoja
blanca
y sin manchas…
pero llena de arrugas
¡algo
piénsalo
ha envejecido!





Tania Favela: el silencio (entre paréntesis) 


Clinamen: muestra dinámica de poesía contemporánea* 
Redacción cartóNPiedra 

En estos poemas hay una voz o dos que van más rápido, que se adelantan, como un pensamiento (o varios) en segundo plano, y que dan forma o completan o reinterpretan. Y es como si el silencio hablara entre paréntesis y aclarara los versos o los transformara. En términos musicales (una melodía distinta, menos monótona y menos sencilla) imagino dos o tres instrumentos (o voces) perfectamente afinados, que logran combinarse en una única melodía; pero uno de ellos avanza más rápido, mientras otro reproduce notas lentas, pausadas, y un tercero se mantiene definiendo la base del ritmo, como un bajo. Y a veces el último acelera y otro se detiene casi a un punto del silencio. Todos se acompañan y llegan finalmente al oído al mismo tiempo (gracias a un equilibrio con la textura del fondo). Este encuentro entre ritmos (y alturas), este fluir de unos más rápidos que otros (reitero) —que se complementan y unen—, es la esencia de estos poemas de Tania Favela Bustillo. Y pese a estas complejidades, es una poesía que busca captar lo esencial, que canta en voz baja: «Como si no pasara nada/ pero todo pasa/ un susurro al oído  —eso es todo—  el aliento cálido que entra/ —el caracol que se estremece—». Son cuadros o fotos de pensamientos o sueños, que presentan imágenes rápidas o maneras de ver y sentir, como  cuando dice, sobre la vida como una plegaria grácil: «Recuerda lo amargo lo duro lo quebradizo  ahí (adentro)/ rama suelta (piensa) sobre sí misma plegándose hasta el fondo/ ovillándose más  (¿para quién?)/  al fondo la plegaria sigue sonando esa palabra-bambú  (piensa)». Pienso en esa rama suelta, en lo delicado. Y me quedan también esas voces ligeras dando vueltas encima del poema. Entonces pienso en sonidos que se acompañan: los tacos de una mujer corriendo por una calle embaldosada y solitaria, mientras desde alguna ventana suena un piano o una radio con una canción triste y un ladrido lejano; o el ruido de la lluvia frente al mar donde la gente pasa hablando, con las olas estallando y modificando el sentido del agua; o imagino a un poeta leyendo y explicando al mismo tiempo su canto y corrigiendo al instante. Todo esto sucede en estos versos gracias a un delicado equilibrio (entre el fondo y esta forma distinta, múltiple) que finalmente genera armonía y belleza. 
Héctor Monsalve V. 




Sóplame al oído  (dijo)  que no vaya a decir ninguna estupidez 
al oído y luego a la boca  (sóplame)  (dime ahí)  en lo cóncavo 
ahí  (desde ahí)  que resuene tu voz en silencio    adentro  
tu voz con todos sus sonidos en silencio  (en lo cóncavo) 
—pensó— y pensó en ese caracol que es el oído             
ese caracol que escucha    la espiral —pensó también— 
la voz entrando  (o saliendo)  por la espiral             
(ahí sóplame) —dijo— al fondo de esa espiral     arriba 
la escalera de caracol?             
—pensó— el vértigo de la caída             
como si no pasara nada/ pero todo pasa 
un susurro al oído —eso es todo— el aliento cálido que entra                                                            
—el caracol que se estremece—  eso es todo              
la vida —pensó— es un susurro 





Se quiebra lo duro     lo blando se pliega sobre sí mismo 
plegaria   (piensa sin saber por qué)     la palabra es blanda 
(piensas)     resiste el duro viento           palabra-bambú  
—así de flexible— (piensa o recuerda)   (no sabe bien) 
bambúes  desplegándose   replegándose al viento 
—gráciles— (alguien dice)   la plegaria grácil                                  
de ahí su fuerza de ave (dice)  sin amargura                  
sin amargura alguna (piensa)  se quiebra sobre sí misma                  
recuerda lo amargo   lo duro   lo quebradizo  ahí ( adentro) 
rama suelta   (piensa)  sobre sí misma    plegándose hasta el fondo 
ovillándose más  (¿para quién?)           
al fondo la plegaria sigue sonando     esa palabra-bambú  (piensa)             
ese campo todo bambú  —grácil— moviéndose al decir del viento 







Se lanzan imperturbables al vacío      los pájaros      se lanzan 
imperturbables         (siente el pulso del tiempo)    es octubre 
y no hay ninguna red            sólo el instinto que sigue el curso 
del día        del día a la noche      ahí       así     (desata el nudo) 
como lo hicieron los hombres de antaño   que se lanzaban    así 
adentro       afuera         imperturbables          (desata el nudo) 
es más que tres palabras       es más que un juego de lenguaje 
tres pájaros        uno detrás del otro        siguiendo  el impulso 
el pulso del tiempo         es octubre     la mañana fría                  
sin redes                 se abre 






mírate con la rosa en tu edad (dice el sueño que sueñas) 
se detiene el lenguaje   ahí adentro la rosa abre sus pétalos 
adentro cada pétalo es espejo   ojo que se abre hacia afuera         
¿la rosa sueña?  ¿o sueña el sueño que dice? 
la rosa es un azor y vuela alto    adentro   cada pétalo es un ojo 
un espejo que se abre hacia el mar   ¿reflejo de qué?        
se detiene el lenguaje y entra el azar     el gesto dice 
la rosa sueña el sueño que sueñas       se abren sus párpados 
mírate con la rosa      (en el fondo nada el tiempo)                     
adán abre los ojos                                 
la rosa se abre (dice el sueño que sueña)   

* Curaduría por Víctor Vimos y Manuel Ramos Van Dick






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