viernes, 8 de enero de 2016

ÁNGEL PÉREZ ESCORZA [17.866]


Ángel Pérez Escorza 

(Mineral del Monte, Hidalgo, México  1990). Poeta, actor, escritor y músico. Es licenciado en Arte Dramático por el Instituto de Artes (IDA) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). Segundo lugar en el décimo certamen municipal de cuento corto en Mineral del Monte, Hidalgo, 2009. Promotor de lectura e inaugurador de la biblioteca escolar del jardín de niños “El Bosque” en Mineral del Monte, Hidalgo, 2010.  

Ganador en el certamen a mejor coreografía con la obra teatral “Alphonse” del autor libanés Wajdi Mouawad, dirigida por Jesús Islas Ambriz. Colaboró en la antología poética “Nunca bailamos solos” bajo el sello editorial Pulkata Press dirigido por el Pacmyc. Además de colaborar como percusionista en el grupo de música “Indomitus” en Mineral del Monte. Como actor a participado en diversas puestas en escena. Actualmente se dedica a escribir teatro y a montar sus propios textos y está por publicar su primer poemario “Motivos para desmenuzar el insomnio”


Reencarnación

Y aun así
¡Te moriste!
valiéndote madre.

Cuántas veces dije
hasta el cansancio:
¡No te mueras Amor,
no te mueras!

Tomaste ventaja
y sabías que iría
tras de ti,
que tarde o temprano
habría de sentir
el peso de tu muerte
montándose
en mis huesos.

Tanto pinche recuerdo
que todavía
escucho plegarias
a disposición de tu nombre.

Alaridos
de aquellos
que en vida
sólo te hicieron llover.

Puedo oler
las ollas de café
hirviendo en la estufa
y a tus tías con jarras
llenando de luto los vasos
que velaron tu ausencia.

Ya no seré
el mismo.

Apagaste el incendio
en mis ojos
a fuerza de llanto.

Hiciste falta
demasiado pronto.

Quizá porque
cuando se ama
se muere uno
más rápido
y no da tiempo
de dar explicaciones

Vivo el duelo
de tu recuerdo
y escribo poemas
por si aún…
te gustaría volver.



Estos ve(r)sos que no ves

Estos ve(r)sos
que hacen evidente
el arrullo de los grillos.

Estos ve(r)sos
que destiñen labios
perecederos al amor
no extinto del poeta.

Estos ve(r)sos
cuajados en nostalgia,
en silencio
y en expectativa de ser leídos
en tanto la musa
se le de la gana
hacerlo.

Estos ve(r)sos
carne de cañón,
pulpa de alma,
hostia de todo lo visible
y lo invisible.

Estos ve(r)sos
destinados al exilio
en tu vida;
donde indistintamente
encanece
la esperanza.

Esos,
aquellos que no ves
y rara vez
hicieron veredas
por sobre tu boscosa
indiferencia.

Estos ve(r)sos
agua de lluvia,
polen de poema
caja de Pandora.

Esos,
que fueron labrados
para amarte
y al fin
entre líneas
volverte inmortal.



Amor humedecido

Porque sé que mañana
dirás adiós
y no habrá
oscuros remordimientos.

Leíste en los labios
del poeta
lo que debías
leer.

Los girasoles
seguirán su curso
con nostalgia
y tu lento paso
hacía la puesta
de sol
se perderá
en la bravura
del recuerdo.

Ungiste
con dulzura,
santificando
mis labios
a merced de las flores
que fueron
victimas
de tu lengua.
Fuiste perpetua
para no generar
ninguna adicción
con las caricias
sembradas
en mi cuerpo.

Así,
sin más,
mostraste
la expectativa
de tu amor
humedecido
y yo
continúe
el camino
en busca
de mis propios
pasos.




Arcoíris

Tiene tiempo
que las sombras
otoñales
de tus ojos
no me hablan.

Busco entre silencios
la ocasión
de erosionar
mis cuencas,
para así
de una u otra forma
descubrir
en el arco blando
de tus parpados
el                “iris”
que da forma
al cielo
que abre
el horizonte
en tu mirada.




Caricias

Un día de estos
te voy a tocar.
Seré tan de ti
que sabrás
cómo es el amor
desde la mismísima
voz del poema que besará todo rincón en tu alma.




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