miércoles, 9 de julio de 2014

CÉLEO MURILLO SOTO [12.231]


Céleo Murillo Soto

(Nació en Olanchito, HONDURAS  el 28 de septiembre de  1911 y murió en Nueva Orleáns, el 24 de febrero de 1966). Poeta, periodista y diplomático. Realizó estudios de Derecho, que culminó en 1940, en la Universidad Central de Honduras. En 1956 se desempeñó como Cónsul en Nueva Orleáns. Durante varios períodos fue presidente de la APH y en una de sus gestiones se construyó la Casa del Periodista. Colaboró con los periódicos “La Época”, “Prensa Libre”, “El Nacional”, “El Día”, y con los semanarios “La Nación”, “Nuestro Criterio” y “Avance”. La municipalidad de Tegucigalpa instituyó un premio anual de periodismo que lleva su nombre.

OBRA. Poesía: Afán (1939); Elegía de una canción (póstuma, 1966). Antología: Álbum Morazánico (en coautoría con Marcos Carías Reyes, 1942). Ensayo: Un hondureño y una actitud política (1948).




POEMAS DE CÉLEO MURILLO SOTO
(selección de Jorge Luis Oviedo)


AFÁN

Busco una palabra milagrosa y ligera
Honda, azul, sensitiva, clara y emocional…
Una loca palabra que siendo mensajera
Encierre de la fuente la intención musical.

Quiero una palabra matinal y hechicera,
Que armonice en su inquieta sensación orquestal
La cantiga soñada de la dulce  hilandera,
La caricia del viento y el rugido del mar.

Busco una voz profunda, luminosa y certera
Con ingenuas ternuras  y armonías de mal…
Una loca palabra con fe de pordiosera.

Y buscando la siempre he de estar en la espera,
Ahondando el silencio con mis manos de cera,
Aunque la vida dura no me la quiera dar.



CANCIÓN DE LA SOLEDAD

Me alejare del mar para gozarte
Con la dulce emoción del que adivina,
En cada forma la pasión del arte
Y en cada  soledad su sonatina.
Ya no podré  pensar en olvidarte
Porque estas como el mar en mi retina.

Siempre que estuve solo fui a buscarte.
Bosque sensual de frutos intocados;
Y en cada tronco imagine encontrarte
Y encada sombra contemple tus prados.
Nunca estuvimos juntos para poder desearte
Y ahora desde el día te busco en los collados.

¿Qué inmensa intensidad, qué sol refunde
En ti sus rayos  de lumíneo encanto?
¿Qué forma astral la que en tu ser confunde
El fuego y la frialdad del propio llanto?
¡Ah, de los migratorios volátiles del canto!
¡Ah, de la flor celeste que su perfume enfunde!

Quien pudiera olvidar, o recordar pudiera,
Tu río celestial, tú pezón aromado,
Tu bosque de amapolas donde la primavera
Puso el color a modo de que fuera deseado.
Hoy vives en la sombra como la enredadera
Y vas por los caminos soñando tu pasado…

Misteriosa figura, alba en la noche quieta,
Dulce con la dulzura de los higos maduros,
Temporal, escondida como está la violeta,
Luminosa de asombros y presagios futuros.
¡Ah, quien pudiera verte musical y discreta;
Fuera de los recintos que circundan tus muros!

Eras la luna llena, el rosal y los trigos;
La noche azul poblada de estrellas luminosas;
La muchacha en los lirios, mi pasión por las rosas,
El tranquilo instrumento que suena sin testigos.
Hoy pasas imperiosa con los bucles amigos
Y alejas la resaca del mar y de las cosas.

¿Que influjo tuvo en ti la celeste armonía,
La iracunda pasión y la invernal tristeza?
¿Qué dialogo inventabas con la noche y el día?
¿Qué voz pausada andaba en la oración que reza?
Hoy pasas sitibunda con la erguida cabeza
De quien nunca ha besado la boca que quería…

Yo tuve entre mis manos tu canción y tu acento,
Tu celeste ambición, tu musical poesía…
Y los dije en las noches en que soñaba el viento,
A veces iracundo o quieto en tu alegría.
Hoy te busco en las  horas, con la misma osadía
De quien sembraba en vano en la tierra del cuento.

Como ayer hoy me invades y te siento en las formas,
Toda sensual y prodiga, toda blanca y floreal;
Y me llenas la vida de incomparables normas
Y me das el acento que yo quise encontrar…
Así, desde la noche, a mi pasión retornas
Con la fuerza del viento y la canción del mar.



EXALTACIÓN DE HONDURAS.

Estoy aquí pensando bajo la luz del día
En la maravillosa sensación de la vida.
En la voz que se apaga bajo el claror nocturno,
En el llanto que nace de la entraña sublime,
En los ríos de angustia que surgen y estremecen
Hondas y milenarias raíces sumergidas.

Estoy aquí pensando, herido por las fuerzas
Angustiosas del mundo. Siento desde la sombra
Venir extrañas voces: las de los viejos bárbaros
Que sembraron la vida como se siembra el grano;
La de los que siguieron amaneciendo en ansias
Prodigiosas y altivas; la de los que amasaron
Con sangre y angustias hondas  idealidades;
Las de los niños locos que pusieron su mano
Temblando en cada herida, las de las fugitivas
Tocadas por la gracia maternal de las viñas
En cuyos brazos tristes, armoniosos y amados
Temblara como un rayo la sonrisa del niño.

Más de pensar en estas cosas que se han nutrido,
Que han nacido a la vida llenas de fuerzas vanas,
De ansiedades  y sueños, de voces ateridas,
De anhelos imposibles, de ambiciones insanas,
Hay que pensar en ti, ¡Oh, tierra providente!
¡Oh, fecunda! ¡Oh lírica y entrañable quimera
Que posees el don de transformar las savias,
De aniquilar el bruto, de fecundar el grano,
De modelar el busto con que se exalta un ídolo
De aprisionar las lumbres de la sacra belleza!

Así cuando nacimos a la luz de aquel día,
Cuando vimos las gracias de la loca alquería
Poblarse de nenúfares, cuando crecimos solos
Al viento de la pampa, al sol de la llanura
Y amasamos con ansias sueños entumecidos,
Sentimos que del fondo de tus viejos abismos,
De las raíces prodigas de encinas centenarias,
De tus frescas corrientes de susurrantes aguas,
Nacía el don preciso de iluminarlo todo,
De libertarlos todo, para con el aliento de los verdes
Follajes, tejer las sementeras, modelar el paisaje,
Hacer la luz que sale temblando del cocuyo.

Nutricia, providente, sensual y acariciante,
Eres ¡Oh, Tierra mía!, la ansiedad y la pena:
Mano que llena cantaros a la orilla del río,
Amor que estremecido une en fuego los seres,
Pasión que arrebata, inane e inhumana,
Corta con rabia el sexo, cercena las cabezas,
Y prendida al relámpago de las fuerzas eternas,
Embriagadas de noblezas las caricias primeras
Y se viste de armiños y borda encajes suaves
Para que duerman vagos de sonrisas los niños…

Por eso a la distancia, temblando de impaciencia
Miro que surges ávida a la luz de este día.
Que te llenas de gérmenes, que te nutres de anhelos,
Que tienes el futuro dormido entre las manos,
Que como en la leyenda eres reminiscente
Y al par  compendias todas las fuerzas del presente.

Porque hay en ti la savia que fecunda los frutos,
El clamor de la tarde que incendia  de luceros
La amplitud de la pampa, la montaña futura,
El oro de los trigos maduros del verano,
La canción de las tórtolas, de la audaz oropéndola
El trino  que se cuelga vibrando del ramaje;
Y de la gracia alada con que vuelan las garzas
Mutiladas, el tinte fugitivo del ocaso,
La pregunta infinita que salmodia en llamas
La pradera, la voz que irradia, la emoción que espera
Y el vuelo de los pájaros nupciales…

No sé si la palabra tiene el don preciso
Para decir las gracias que escondes, tierra
De juventud y paraíso. No sé si la emoción
Pueda encerrarte y en voces matinales
Decir que estás de fiesta, que cantan tus raudales,
Que extrañas voces pueblan de alientos tus latidos,
Que de la amarga historia que te envolviera en llamas
Sólo quedan rescoldos, pasiones inhumanas
Que han de borrar  sus huellas del paisaje ambarino
Para que cuelgue en todas las casas paternales
El sabor de la gracia con que se enciende un trino.

Por que fuerzas triunfales se yerguen en la sombra:
No es Ezequiel, no Gaspar o la pálida grey
Los que han de abrir los surcos olvidados.
No los caínes locos del pasado
Que esconden la guadaña y pretenden  blandirla
Todavía. Son los muchachos locos los que ven tu futuro,
Los que encienden las lámparas del amor, del dolor,
Los que enrancian el fuego de la masa olvidada,
Los que ven su miseria explotada y negada,
Los que saben que el mundo ha de salir del caos
Para entrar en el surco de la idea fecunda.

Y así ,!Oh, tierra amada! Acariciante y trémula
Y violada, has de surgir curada de tus viejas heridas,
Férvida entre la aurora y el ocaso,
Mano que tiene bálsamos y los prodiga en vida,
Sabana para el pobre que tiembla de fatiga,
Lumbre para el que vive poblado de lo oscuro,
Pan para el que en la sombra, tiene hambre y no lo dice,
Leyes para los hombres que venden su fatiga
Y a la luz de las lámparas en la noche inhumana,
El dolor los regala con un mechón de canas.



CANCIÓN LEJANA

Oro estelar soñaba en mi poesía
Y oro lunar hoy tengo en mi canción.
No quiero más ni menos, la alegría
Ya no dice en mis versos su oración.
La vida es la eclosión de la ambrosía
En la hora solar de la ambición.

Hay quien soñó la vida cuando el día
Rosas de luz dejaba en el andén,
Y la encontró dispersa, luminosa y bravía
En la intensa fatiga y en el supremo bien.
Hoy pasa candorosa por su melancolía
La flor azul del sueño del encantado edén.

Otro la aprisionaba como quien en la mano
Acaricia la copa que lo hacía soñar;
Y viaja en los navíos celestes del arcano
Viendo estrellas dichosas y pomas del pomar.
Él se extasía ahora en un sueño lejano
Y piensa que es la vida una expresión del mar.

¿Quién que volcó en su pecho la pasión soberana
No sabe de la euritmia del seno inmaterial?
¿Quién no sabe el secreto de la verdad arcana
Cuando ha visto las hojas sutiles del pinar?
El mundo envejecía en la aldea lejana
Y el cántaro llevaba la moza al hontanar.

Risas que nunca oímos, labios que no besamos
Responden en las noches de iracunda pasión.
Senos maravillosos, formas que no gozamos,
Lloran su dulce noche en nuestro corazón.
¡Oh ,tú que pasas trémula, desnuda entre los ramos
Del bosque y acaricias mi perdida canción…!

¿Quién tuvo entre la mano aprisionado el sueño
Que en las noches serenas la aurora iba a esperar?
¿Quién deshojo el jacinto celeste del ensueño
Y descubrió rosales en la lumbre estelar?
Abril iba cantando en su muslo zahareño
Y el deseo truncaba su impasible esperar.

Canciones, novias idas, caballos doloridos
Pueblan la geografía del país vegetal.
Fantasmas, triunfos vanos, dolorosos latidos,
Llenan de sinsabores la emoción temporal.
Alguien que se entretenga descubriendo gemidos
Sabrá cuando la vida se trunca al empezar.

Y todo está cantando en primavera
La vida floreciendo renacida y sensual,
El ideal infinito, la sensación primera,
La sangre en mis arterias, como en la mocedad.
El tiempo va borrando imperiosas quimeras,
Y estamos en la vida frente al violento mar.




ELEGÍA DE UNA CANCIÓN

Vino de la atmósfera azul del mediodía
Y otoño puso en ella su voz y su emoción;
De innúmeras distancias y de la lejanía
La música traía dentro del corazón.

Voz de oración y de ángel, rara visión del día.
Hubo en las auroras celeste resplandor;
Una magnificente intención de armonía
Y una vaga nostalgia por un vago rumor.

Ya de las inmortales estrofas emergía,
Ya del suave preludio y de la inmensa flor;
De las colinas púberes y de la sinfonía
Sus nectarios traía, su voz y su candor.

De espacios infinitos  y de estrellas distantes
Tenía la indecible música celestial,
Y sus ritmos vibraban notas alucinantes
Y su emoción pasaba como el viento otoñal…

Tierras que la cantaron y árboles que la oyeron
La extrañan en las noches de disperso fulgor,
Pájaros imposibles que su canción dijeron
La sueñan porque  en ella florecía el amor.

De olas embravecidas y brumas insinuantes
Tuvo la breve espuma y el inmenso furor;
Suaves soles la vieron con ojos de diamante,
Dulces albas la amaron como se ama una flor.
¡Que intensa flor de angustia puso la primavera
En la insondable angustia de su música astral!
¡Que extraño fue el milagro que en ella floreciera!
¡Que vago son llevaba de infinita piedad!

Llego triunfal y prodiga como las primaveras
Y floreció en los carmines remotos del jardín;
Sombras de plenilunios y romanzas viajeras
Pusieron en sus alas perfumes de jazmín.

Vino de la distancia, de vientos y horizontes
Trajo sensual la música, la voz y la emoción.
Se fue como pájaros por nieblas y por montes
Y a veces en las noches canta en mi corazón.




VISIÓN SOLAR

Imagen de mujer de negro y sol vestida,
Tirada sobre el mundo en actitud solar.
Te pareces a un sueño que yo tuve en la vida:
Formas para los ritmos rubia estatua de sal.

No sé si el sol te envuelve o te posee el mar.
Tienes los muslos firmes y la piel encendida.
Senos donde el deseo parece que va a andar.
Imagen de mujer por el sol poseída.

Acaso en otro sueño, o junto al mar dormida,
El negro sol te quites y el blanco sol te pida
Que tu caricia sea así como en el mar…

Pero yo solo pienso que para el bien nacida,
Eres la sola imagen  perfecta de la vida;
Contraste entre el deseo, la dicha y el pesar.




LAUREL MAESTRO

Si de los lauros llevas la osadía
Y de la soledad tienes la flama
Y a cada flor que se abre en tu alegría
Admiras el color que la proclama.

Si puedes descubrir la lejanía
Y el oro de la luz en la retama,
Y a cada voz que llama te confías
Y en la sabiduría te engalanas.

Ya podrás inquirir de prado a monte,
De ciudad a ciudad, de ser a río,
De pájaro que canta a horizonte.

Y ahondaras el mundo sobrehumano
Ya en la perla que fulge en el rocío,
O en la insondable sombra del arcano.




HOMENAJE

Yo te he visto crecer pequeño arbusto
Desde la silla donde sufro y sueño;
Así mi corazón se ha dado el gusto
De sentirte ascender en lo pequeño.

Esa intención de azul que en ti es empeño
En mi se hizo ansiedad cuando era niño;
Y ascendí por la escala del ensueño
Y cultive las rosas del cariño

Verte lustroso y verde, siempre erguido,
Por unos cuantos años es mi anhelo,
Y tengo la ilusión de que hagan nido

Alguna vez los pájaros del cielo
En tus débiles ramas que han nacido
Para acendrar la música del vuelo.




A UN PÁJARO DEL MORNINGSIDE

Tienes la maravilla en la garganta
Pájaro de cristal o de elemento,
Y en cada ritmo musical se encanta
Tu pequeña silueta entre los vientos.

Vives en tus perpetuos movimientos
Y si sollozas tu trinar levantas
El alma hecha de azul, lloraba en cuentos,
Desecha en la emoción de tu garganta.

¡Oh, pájaro invernal de gris plumaje!
¡Oh, melodiosa voz de suave acento!
¡Oh, maravilla que encontré en el viaje!

En tu cielo y tu mar, en tu bahía
Vine a soñar en lo que no presiento,
Y me invade tu voz, tu inefable armonía.




INTERROGACIÓN Y MELANCOLÍA

Peregrino que cruza los caminos
De tu remoto divagar:
Aquí la luz la hacen los trinos
Y el alba duerme en el palmar.

Nadie sabe el por qué del destino
Ni adonde habrá de terminar.
La vida es un sueño divino,
Pero es duro y cansado bregar.

¿Quién responde al por qué de la mañana,
Si a oscuras vamos sin para
Y la noche de luz se oriflama?

¿Quién podrá descubrir el momento
Que conjuga el amor y el pesar
En las alas azules del viento?

Solo es móvil y azul la alegría
¡Oh, viajero ilusorio del cuento!,
Cuando Dios se derrama en el día.




ELLA ERA ASÍ

A Chusita de Murillo Soto

No sé si era de rosa o si de clavellina
Aquel vestido tuyo con que ibas a rezar.
Solo sé que era terso como la golondrina
Que ha volado en las nubes y en las brumas del mar.

Eras en aquel tiempo como el oro en las minas,
Como la luz que brilla de pronto en el trigal.
Parecías la rosa de un rosal sin espinas
Y eras como el impulso que echa a  andar.

Recuerdo que eras rauda hasta en el caminar
Y que eras toda música como era mi canción.
Dulce como en el cuento, dúctil en el cantar.

Después llego la vida y te enseño a soñar,
Y tu voz fue en los lirios y en la suave oración.
Hoy te siento la misma conmigo en el pesar.




A UNOS LIRIOS DE AGUA

Enhiesta  flor de nácares vestida,
Suspendida en la honda, sosegada en el viento;
Habitante del agua, dulce flor detenida,
Casi como un arrullo, casi como un lamento.

Soy la flor que decoras la soledad que siento,
Soberana en la paz de tu quieta dulzura.
Tú la inefable de nazarena vestidura,
Sola en la luz  y sola en el acento.

Tu la de nácar y alba la figura
Eres la flor del sosegado viento.
Tu la de nazarena vestidura,
Grácil, serena flor del pensamiento.

Lirio del agua en el azul suspenso
Y en la inefable luz de la tarde dormido…
Lirio en la soledad de lo que pienso
Imágenes del sueño que he vivido.





DÁDIVA PASCUAL

La pascua en tus cabellos
Se hizo luz y aroma.
Amaneció peinado de neblinas
Tu cabellera alegre y matinal,
Como el sol que se duerme en tu ventana.
Amaneció como una anciana buena
Que tendiera sus manos llenas de pan,
Florecidas de abrigo,
Musicales de oro, tintineantes de plata
Para los niños pobres
Que esconden su tristeza
En la inutilidad de sus harapos.

La pascua en tus cabellos fue dadiva de sol
Y Así como la luz dora en un camino oscuro;
Así como el presente llena de bosques sabias
Borra un pasado miserable…
Así tu voz;
Así tu carne blanca
--milagro donde un sol canta a las rosas –
Fue la ofrenda gloriosa de la mañana púdica,
La sonrisa del agua floreal y cristalina,
El salmo bienhechor de la montaña,
Hecho para decir voces antiguas
y azules profecías del futuro…

Oh , tu con quien comulga la frescura del río;
Con quien se identifica el alma del paisaje;
Con quien habla la fuente su secreto imposible
Con quien las cosas tristes dialogan y dicen
Su palabra milagrosa…

Tú que tienes la gracia de la estelar sonrisa
Y el zumo de la vid y la fuerza del limo;
Tú que das el milagro que se esconde en  el grano
Y la voz que en campo se madura de frutos,
Me has dado la lección más humana y más honda…
…en la noche de pascua, en tu casa lejana,
Donde se posa el sol todos los días
Y canta la muchacha su canción del trabajo,
Escondiste la angustia de los pobres de espíritu;
Abrigaste el milagro de los niños
Que ocultan su tristeza en los harapos
Y tienen para el mundo una amarga sonrisa,
Con tu bondad sencilla,
Con tu mano que esconde monedas familiares,
Y con tu seno tibio y perfumado
Donde acaso mañana
Lacte la vida de un niño hambriento.




MADRE INDÍGENA

Desde más allá de la miseria,
cercada por los muros del llanto,
serena ante la vida y los propios dolores,
reposas tu mirada, tu triste fiebre,
y tu congoja luminosa.. .

Entre tus tibios brazos,
por los ríos del llanto y de la sangre,
sin pañales ni alburas,
entre abismos de indecible miseria,
cerrado por tus brazos
que le sirven de cuna,
tu pobre niño, tu niño triste,
llora, transido de dolor y espanto.

Este mundo es injusto,
madre desamparada.
Este mundo es amargo y cruel y fatigante
y rezuma dureza y pavor y amargura.
Porque a veces los hombres no saben los secretos
y cierran sin saberlo cauces a la alegría,
a la suave bondad, a la humana ternura.

Junto a tu pecho… Madre, un niño mira
triste las cosas que no tiene,
las vitrinas con ropa y con zapatos,
la blanca porcelana y los cristales,
la pelota con números que cantan,
los suaves trenes y los curvos rieles,
los últimos modelos en pequeños vehículos,
muñequitas de nácar, góndolas de bruma,
trajes para los sueños
---el mundo de los juguetes---,
y un Santa Claus sonriente que promete regalos,
pero que para ti no trajo nada,
porque tu niño nació en tu pobre carne,
para vestir harapos y sufrir injusticias,
mientras el mundo ríe y hay gentes opulentas
a quienes sobra todo, mientras a ti te falta.

Desde más allá de la ternura
y los dolores de la vida:
Madre indígena, canta tu dulzura,
y sabe a nardo tu mirar sereno
y tu pobre sonrisa se agiganta,
más suave y comprensiva que la tierra,
más desolado y frio que los páramos,
más resignado y puro que los sueños,
más sereno que el tiempo que pasa y permanece,
porque has visto crecer sobre su carne,
como amapolas de iracunda fiebre,
en jirones sus pobres vestiduras,
que trasuntan harapos.

Bajo el cielo de añil y el aire lácteo,
mientras crece en tu carne fecunda la dulzura
y te cubren harapos las carnes milagrosas,
te crece un hombre entre los brazos trémulos
y un alba por venir te dice, espera,
porque el hambre no ha sido para el hombre
cárcel de permanentes sacrificios,
ni siembra insuperable de amarguras.





AMOR DE LOS CRISTALES.

Viejas cristalerías que guardáis el secreto
De los rostros perdidos. Cristales cenicientos
Que en la entraña callada de vuestros pensamientos
Aviváis la ternura de dos ojos queridos.

En vosotros la noche se hace esencia sagrada
Y a descifrar misterios de la vida os enseña…
Los fantasmas se posan con la cara embrujada
Dialogando en la ojiva de la noche que sueña.

Viejos cristales fríos: en vuestro amor se anida
El dolor de las madres y la gracia perdida
De las mujeres ávidas, solas y abandonadas.

Por vuestras desnudeces impasibles y puras,
Pasan las leves sombras de mendigas obscuras
Y de los caminantes de las glorias calladas.


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