jueves, 15 de septiembre de 2016

DIEGO AGÚNDEZ [19.146]



Diego Agúndez 

(Cáceres 1979) es licenciado en Periodismo, Teoría de la Literatura y Ciencias Políticas; una maestría en Relaciones Internacionales completa la titulitis. Tras ejercer durante varios años como reportero de la Agencia Efe en el sur de Asia, trabaja en la actualidad en las instituciones europeas. 

Aunque su labor poética comenzó hace décadas, la mayor parte de su producción permanece inédita, a excepción del poemario 'Acto de creación' -un poema extenso de unos 600 versos editado por la editorial 'Cuadernos del Laberinto' (España)- y unos pocos poemas publicados en las revistas 'La luna', 'Ars et sapientia, 'Alcántara', y recientemente, en 'La Nora' y 'En sentido figurado'.   

Fruto de su paso por Asia continúa añadiendo contenidos al poemario "En el rickshaw", donde imagina las conversaciones que mantienen los usuarios de un motocarro con su conductor por las calles de Nueva Delhi. Estos y otros tres centenares de poemas forman su antología en permanente construcción, que publica en su espacio virtual www.agundez.net".




01. Momento final

MANA en la jara su final aroma.
En la dehesa cae muerta la luz
y por el campo se agitan las cosas
palpando su horma.
De vuelta una perdiz busca su nido
Y los prados retoman su quietud
Se pone el sol y lo que siempre ha sido
Su dominio cae dormido.
Por un momento, la tarde se colma
Y viste al campo de su adiós azul.
Luego la flor se marcha de su forma.
Luego los lobos cabalgan las sombras



02. Niñas de Cáceres

SÉ que te impacienta llegar a tu destino
tú que te imaginas encumbrada a canción
convertidas tus lágrimas en soplos de luz
para las noches en vela y la bruma del campo.
Tú señalada por la retama y la jara
casi sabrás ya que el resplandor lejano
del que te hablo algunos días
alumbró a tu padre,  hoy ciudad entera de amor
que en su dominio te aguarda.
De camino a la tarde correrás a su encuentro
en tus pasos enjutos y en largos encinares
sin principio ni fin ni quien los narre
y a tu llegada abrirías los ojos
como si las cosas te esperasen, quietas
en la lucidez de la nueva medianoche.
Estos son los lugares que te están esperando:
los escudos y las torres, las cigüeñas y las piedras.
La huella roja de una mano ya sin nombre,
una punta de flecha, un arco egregio todavía
cuya herradura cruzarás ya bañada de sol.
Vamos. Esa es tu historia.
Está dispuesta a aceptarte y tomarte como suya:
te dará coordenadas desde su memoria más íntima
eterna y elegante como la estación del año
instante originario sobre el que gravitará tu libertad. 



03. Ciberespacio 

TE LLEVO a un gran viaje de un solo recorrido:
sugerencia de búsqueda, cinética abisal
repleta de encrucijadas.
La luz no tiene tiempo,
pero el tiempo sí podemos llenarlo de luz
arquitectura ósea que te conduce invisible
wandereando y vagabundeando.
Despídete ya a golpes de ratón de tus amigos
-el río se ha llenado de pequeñas linternas
Y un lento remo va meciendo la barca-,
Palabras vacuas o secretos mal guardados
hasta darte un paso fugaz como la pincelada.
Y mientras,
por pura probabilidad la noche va llenándose
de polvos con toda su imperfección hermosa;
un manchón de arena aquí
carne desnuda que desaparece furtiva
que te cierra los ojos, a siete bits por haiku.
Masa muy grande
quizá importante fuera –but now it’s gone.
Ahora te vas fijando en aquellos viejos
hombres históricos alineados en pijama
que antes de marcharse a dormir
desde la orilla escrutan tu deriva
con ojos de no entender las cosas…
Y por debajo, algoritmos igual que peces
van como heraldos anunciando tu marcha
para guiarte hacia tu nueva parada aluvial.
Tuya es la tierra al fin y cuanto está en ella
se vierte a tu nombre en copos de silicio
y luego forma códigos y más tarde oxígeno
y así puedes hincharte con calma esta noche
-susurran-
como si la foto que tienes ante ti,
esos árboles rojos del otoño de Marte
salta!
esos lentos camellos ante su gran pirámide
salta!
ese temible trueno nocturno que te estremece
pero del puro placer que te causa imaginarlo,
hubiera llenado tu tiempo de chispazos,
fotón a fotón, lámpara a lámpara,
y de navegar ya tu barca fuera nube
y el remo varita para cada nuevo deseo.
Vintages, pipas lácteas, viejos diwanes árabes;
Silba una ajorca de oro y un vikingo baila
-La bailaora baila, un bebé baila, un bebé nace
Una pareja se engancha, un virus merodea,
Sale el primer ministrclic y así temblando
Se resbalan las letras de tus manifiestos
como aguarrás sobre la colcha de tu cama.
Gatodentrogatofuera,
te vas elevando y ya sin contacto con el agua
porque todo es tan grande y tú eres de nube
y cada contorsión de tu cuerpo nace del aire,
barriga de millón de raíces, fotón a fotón,
cautivas de los besos de los hiperenlaces
volando tan alto y alto hasta alcanzar
hasta escampar -¿ya lo ves?- un campo sideral de luz azul
entre la niebla

Welcome, se escribe en tiempo real, haz luminoso.
Llegaste a mi mundo.
Mi mundo vertical, tan cierto como el vuestro.
Ciberespacio, mi territorio que conozco y amo.
Y esto es lo que yo llamo mi hogar.

A tu lado, lámpara a lámpara, han venido
otros viajeros del río y su sostén de peces vivos
sus barcas nubilosas y sus noches desveladas
a la caza de su oportunidad.
También ellos miran con pinta de estar aluzinados
Este mar de estrellas.



04. Recuerdo de infancia

MI CASA daba a la plaza y podías,
con solo asomarte, adelantar el flujo de las cosas:
las mujeronas sobrias arriba y abajo
los viejos abastonándose en las cuestas
los animales sueltos cerca de la fuente.
Mi padre de mañana se bajaba al campo
por los senderos más secretos
listo para encontrar el tomillo
interrogar a las parras, la higuera,
– Eh, niño, vente que me voy
Y yo parte ajena a todo,
como la planta, el manantial y la risa,
brotando a la calle como un pájaro,
apenas despierto y ya reventado de luz.
– Que no, que hoy me quedo…
…pero al final le seguía.
Ligados en el día los primeros brotes
ya habíais los muchachos ocupado los campos,
tú con tu padre,
en vuestras jornadas de sudor y empuje
pero con tiempo a veces de bajar al río,
tomarse unas moras en un pedrusco,
o venirse cantando a largos pasos.
Por toda la sierra, las huertas,
en qué orden hermoso fijaban la voluntad
de la flor, la tomatera, el olivo,
de qué modo la sencillez de ese trabajo
honraba su propio don luminoso
con lo mejor de esos frutos
-sabías bien que si fuera ya verano
los labradores os los traeríais de vuelta
a manos llenas,
la camiseta y la gorra viejas,
la cara algo manchada de barro
entrando en el pueblo a lomos de las resistentes mulas
como antiguos nobles.
Recuerdo vuestra justa inclinación,
la carga tenaz de los sacos de pienso
los delicados riegos, con precisión y tino,
Matemáticos, ingenieros, músicos;
me dejábais pasar junto a vosotros:
yo en mi propia ilusión de libertad
volando de emoción junto a las parras,
cálida la gloria del campo.



05. Montaña y flor

En la cima hay unas flores
-la montaña como la flor más hermosa-
estriadas como tallos
de inocencia y sangre
coronando el más nuevo amor
sobre tu frente.
Arriba como en la montaña quieta
querrías estar tú
en tus siluetas ocres del atardecer
con tu cadera ancha y árida,
caminando mientras prende en ti
el aroma de la flor más salvaje.
Sabes que camino abajo
es hora de encender esas luces
que te confundirán con el cielo estrellado.
Allí los hijos del sol y de la noche
se entregan a sus astros propios,
y ves por los vanos de la casa del carnicero,
los pastores guardando el almuerzo
otros ya escalando sueños.
Todos esos hombres y mujeres
hechos de cielo, de montaña y de tierra,
con sus flores nuevamente imaginadas:
y tú con el aire adicto en tu pelo
nueva flor del jazmín a la caída del sol,
sentada aquí, a mi lado,
cuando ya nos hemos ido.



06. El niño sirio

Tú no te has muerto, Aylan.
Puedo escucharte cantando como un pájaro pequeño
en mi conciencia.
Estás escondido y mirando
desde la rendija de la puerta del vestíbulo del alma,
haces pompas de jabón con tus pulmones encharcados
y levantas castillos con nuestras toneladas de carne conmovida.
Estás navegando por el mar,
en tu frágil barca de conchas y piratas
mientras tu padre y tu madre van contándote cuentos
y cada uno de nosotros te busca escondido por casa,
buscándote en el día anterior
al de alguien encontrándote en la orilla.
Ahora marchas a dormir, chiquillo,
en la paz de un gigantesco dormitorio
aquí en la playa.
Pero tú no te has muerto, tú mi pájaro pequeño,
porque incluso mientras duermes puedo escuchar que tu respiración revolotea
en mi conciencia.



07. Día de otoño

HE VENIDO a coger esparraguitos
junto a la charca de los Barruecos.
Hoy hace frío y supongo que otros
piensan en encender el primer brasero.
Enfrente está el lavadero de lanas.
Cuando caiga la tarde, su muro
se volverá rosado
antes de darse a la oscuridad.
A lo lejos pasean unas pocas familias.
Un niño se asoma a la charca.
Toma una gran piedra
y la arroja –describe un trazo limpio,
luego cae como el plomo-.
El sendero mío es de arenilla,
se abre entre la hierba húmeda
–aquí debo desviarme y serpentear.
Siempre es la misma ruta, pero nunca igual.
Algunas plantas, a la vista de todos,
yacen aplastadas por el trasiego demasiado.
Su tallo seco se ahoga contra el suelo,
y apenas guardan nada que ofrecer.
En cambio, las esparragueras buenas están a salvo
en huecos de rocas, en lugares ocultos.
Esas me gusta explorarlas lentamente,
robarles todo cuanto esconden.
Basta un tajo a serrucho, delicado,
para quitarles el alma.
Algunos días, de vuelta enciendo un fuego.
Sentado mirando el lavadero, junto a la charca
con el agua quieta cada vez más gris.
La tarde cae como la piedra del niño.
Luego ato el manojo y vuelvo a casa,
feliz de sentir algo parecido al deseo.



08. Fragmentaria 

I

Voy de los ojos a los labios
y a los labios
de viaje en tránsito perpetuo
rujo en tu cuerpo y rojo el amor
como epidemia deseada
como en carne el rayo abre
sin fondo el hondo túnel
hasta por dentro acariciar la permanencia.
Así mi corazón vuela hacia el tuyo,
necesario y mortal como el latido.
Queriendo, ungido en ti, agarrar la vida
sólo unas aguas, solo el cuerpo doble
entre el aire acelerado
la inocencia envejecida
entre las sábanas
ajada en la erosión de esos arroyos.
El gran conocimiento cómo cansa
envuelto en el viaje
en esta velocidad de nuestra música
girando alrededor todo y
al precio del cansancio
inventándose el sonido
total,
la respiración primera
el nacimiento de las cosas.
Para las hebras de mi cosmología
sin fondo abierto el hondo túnel
puedo ensimismarme y naufragar,
hecho a la vez canción y espada
y hundirme poco a poco en este océano
de sangre nueva y nuestra
más allá de donde alcanza nuestra voz y nuestro lecho


II

En la creación del mundo estoy,
en pleno abrazo árbol y tierra,
agua y semilla voraz
que da puro vivir a cuanto mira
y lo que cree, lo crea


III

Pero se une y se parte
y de nuevo he de viajar.
Ahora que todo cogió nombre
puedo admirarlo: no eres sólo tú
pero estás en cada alta vibración
y en cada callejón oscuro
allí también tú estabas.
Aún tanto por andar en el amor
para luego dormir siempre
Voy de los ojos a los labios
y a los labios
y que en todo lo que nazca
haya otra luz, otros destellos
otras cosas futuras en su nuevo desarrollo
todo hecho amor, también los túneles
para luego siempre dormir,
siempre.



09. De camino al cole

EH, que estoy aquí, ¡aquí Gaurang!
Hoy vengo con un raspón en la rodilla
Y me cuesta subirme al rickshaw.
Me caí mientras jugaba con mi hermano
Y luego me curó mi abuela.
Todavía me duele un poco,
Así que cuando pases por las demás casas
Y vayas recogiendo al resto
Diles que no me toquen la rodilla.
Primero subirá Oorja con su mochila rosa,
Luego Divya y Arjun, los dos hermanos.
Después vas a pasar el mercado
Y contaremos las vacas y los perros
Y le gritaremos al gordo de la tienda
Que tiene la cabeza como una pelota.
Y en la calle de las flores lilas
Se subirá la simpática Medhavi
Que siempre se ríe menos cuando quiere dormir.
Justo después, vendrá corriendo Krishnav,
Que cojea un poquito y tiene un flequillo
Que casi no ve. Y después
Todavía la grandota Pooja. A Pooja tendrás
Que decirle que no me roce la rodilla.
Pooja siempre me pone encima la mochila
Y me rasca con sus coletas largas.
Seguro que se quiere sacar el bocadillo
Y se pone a comérselo. Si es que ni siquiera
Se sienta, me va a dar en la rodilla.
Aunque ahora que es verano tenemos más sitio
Porque vamos en calzonas; en invierno
Nos tenemos que abrigar y nos reímos
De que tú eres un fantasma,
Porque con la bufanda ni se te ve la cara.
Cuando nos llevas siempre jugamos
A que estamos volando como príncipes.
Y cuando se para nuestro avión
Ahí donde te espera el extranjero,
Y se abren las puertas de la escuela,
Salimos de él unos tras otros,
Salimos corriendo como siete hermanitos.



10. Acto de creación (inicio)

La mayor parte del espacio es espacio.
Yo, ahora mismo, sentado en mi terraza,
estoy a unos 150 millones de kilómetros del sol,
la estrella más cercana. Quiero repetirlo:
150 millones de kilómetros del sol.
Su luz tarda ocho minutos en tocarme,
en hacerme agradable este domingo.
Necesitaría siete vidas para llegar a Júpiter
conduciendo mi coche por una carretera imaginaria.
Necesitaría billones de vidas para alcanzar
el confín del universo observable,
a 46 mil millones de años luz de Cáceres,
donde ni siquiera tenemos aeropuerto (…)




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