viernes, 2 de septiembre de 2016

YESENIA MONTILLA [19.103]


Yesenia Montilla 

Poeta de Nueva York Afro-Latina, traductora y profesora.
Yesenia Montilla es poeta, traductora y educadora; afrolatina con raíces caribeñas que vive en la Ciudad de Nueva York. Sus poemarios son Forthe Crowns of Your Head y Pink Box. Ha publicado en las revistas literarias 5AM, Adanna, The Wide Shore y Prairie Schooner entre otras. Tiene una maestría de Drew Universiy en Poesía y Traducción Literaria. Montilla es miembro de Canto Mundo. Su poemario Pink Box es parte de la lista larga del PEN Open Book Award de 2016. 

La voz lírica de los poemas es delicada, femenina y asertiva. Esta voz revisita las raíces negras latinas. Nos lleva a las islas del Caribe para buscar los orígenes disfrazados de abuelas que celosamente guardan los secretos de familia y dan pistas que permiten reencontrar la identidad, casi difusa, en ciudades tan grandes, y racialmente diversas, como Nueva York. Hay ciudades donde se pasa gran parte del día en ir y venir en el metro, en los autobuses u otro tipo de transporte, donde el encuentro con el otro es el pan nuestro de cada día, Montilla lo sabe y lo plantea en sus versos.

Esta misma voz lírica también nos transmite una nostalgia milenaria encapsulada en el suadade brasileño, originada, en este caso particular, por la pérdida del amor. Sin prejuicios habla del dolor que se padece, de los fantasmas que se crean, y de los sabores que permanecen en la boca.

Con delicadeza casi cristalina, los poemas cuestionan la maternidad, el proceso creativo y el papel de la mujer en la sociedad actual. Estos poemas nos invitan a reflexionar sobre las expectativas que la familia o los círculos sociales, tienen de las mujeres.

Inglés es el idioma principal en que la poeta se expresa. Matiza sus líneas con vocabulario seleccionado en español o portugués que tienen una connotación emocional. Yesenia vive en Harlem y suele escribir sus mejores poemas en el metro o cuando su jefe no se da cuenta.

Para esta ocasión he traducido, “Saudade”, “El santo patrón de las abuelas perdidas” y “A mis compañeros de trabajo quienes dicen que estoy incompleta sin un bebé”. 



Por Xánath Caraza
Copatrocinado por el Smithsonian Latino Virtual Museum


Saudade

Bailo con tu sombra
& el amor se forma
como agua que golpea 
suave piedra mientras
tropieza desde lo alto
& fuiste albatros
& fuiste fuego ardiente
mano con dedos 
extendidos como 
continente en mi
abdomen & fuiste
nave que zarpa desde 
una amplia orilla & el 
deseo es un monstruo
con dientes afilados &
tus pies templos de roca
devota fui allá & dije 
esto no es amar, no es un
poema de amor. 
Venero una silueta,
tu espíritu, tu espectro,
fantasma de hombre,
barbado & desgarbado. 
Deseé un día
poder decir aleluya
mas en su lugar susurro
saudade, saudade al leer
tus poemas & las palabras
ahora son lenguas. & déjame 
ser franca, he besado a otros
la semana pasada distintos
los labios con sabor a malta
y leche condensada, huracán
dulce & mi boca se aferraba
mietras su adoración me 
engordaba, cada golpe un 
borrador limpiando la pizarra
& estoy limpia una vez más,
renovada, brillante por ahora
ante tu rostro, luna tras 
las nubes de la medianoche
como una aparición. Estoy 
harta de extrañarte, de revivir
el fervor de hace un año.  
Pasión es agujero en
el espacio-tiempo &
el anhelo, un demonio 
despreciable que ensucia
la casa cuando duermes
& sin amor equivale a
tortura& estoy cansada
de hacerme promesas a 
mí misma, no puedo dormir
porque anoche después de 
pasar el día pensando 
terminé de alegar contigo.  
Me dormí y tu caricia era 
suave almohada en mi cara
Porque el futuro es nevera
Porque la locura es todo lo que queda
Porque este poema no será el último



El santo patrón de las abuelas perdidas

Rezo al santo
de las abuelitas perdidas.
Mas cómo puedo rezar
por algo que nunca
he perdido.  Veo tu rostro
al lado de los edificios
de interés social pero 
ni una vez he sentido 
que ha ocupado 
mi casa & mis huesos.

¿Cómo eres?

Veo la corva
los hombros de mi madre
su peso no deja
saber que te sientas
en la boca de la nuca.
Quiero frotar la pena.
Dejarla convertirse en luz
como jugo de lichi, o 
coco rallado, crezca,
vuele, se entierre en
sí misma& se esfume.

¿Cómo suenas?

Basalto es como visualizo
tu piel hoy, abuela.
Cada poro una consecuencia
de tanta añoranza —
un hueco en el cual
sueño que presiono mis
dedos delgados, coagulando
la desesperada necesidad 
que puedas tener de abrazar
a mi madre con tu cuerpo.

¿Me abrazarías también?

¿Cómo te encuentro, abuelita?
Debo clavarme desde la punta
de los cayos de la Florida, mi
vestido blanco un fantasma
flotando en furiosas aguas.



A mis compañeros de trabajo quienes 
dicen que estoy incompleta sin un bebé

                                                       Para Kojo & Mike

Quiero amar un adulto.
Deseo pensar en esa posibilidad.

Quiero confiar en que él me ame
sin que piense que nada más estoy hecha

para ser madre & fornicar. Deseo creer
que la gente se puede amar

sin distracciones o deudas.
Quiero verlo a los ojos & decir sí.

A lo que me refiero es que él sea suficiente.
Cuando la gruesa sombra lunar

cubra mi espalda al anochecer
cuando los dedos del sol se extiendan

a través de mi ventana al amanecer, sí
el amor vive aquí, en la cara de

largas noches & de beber en soledad
& una quietud tan deseosa

de complacerme, que golpea 
las sienes como un suspiro

secreto de un gato en un callejón
o en aguas bajas de la promiscuidad

rosada del flamingo. Quiero paz en
esta única vida, no deseo preocuparme

por dinero o hambre.  Quiero ver
cada pulgada de esta Tierra

porque soy tan pequeña que pudiese
caber en el ojo de la aguja & esto

pudiese sonar demasiado te suplico
lee mis poemas, te mostrarán

algo de la creación & control.
Soy animal solitario

Me quebraré al suspiro de 
la tradición. Amo más el mundo

en el abrazo dulce del silencio, para hacer
de mi preciado útero una caja decorada—




Yesenia Montilla is a New York City poet with Afro-Caribbean roots. Her poetry has appeared in the chapbook For The Crowns Of Your Head, as well as the literary journals: 5 AM, OVS and Adanna. Her Manuscript “The Pink Box” was a first book award semifinalist with Crab Orchard Press, Trio House Press and most recently Alice James Books. In 2012 Notorious was nominated for a Pushcart prize.


Ode To A Dominican Breakfast

Keep your pancakes, french toast, eggs
benedict, your muffins and scones

Keep your waffles and four types of syrup
the way your eggs scramble but never sizzle

Nothing more scrumptious than mangu con queso frito

The other day I wore a white dress
with a wide skirt and a red sash

I danced merengue barefoot on my stoop. I kissed the
Dominican flag, once for each time I remembered a taino word

yuca, batata, tanama, ocama, yautia, cacique, juracan,
every bite on the plate, every morsel like a bachata tune

This can all be yours, get off the long lines at the brunch spot
Forget the grits and cheesy okra. Ring my doorbell

Five ingredients: Olive oil, onions, plantain, white cheese and flour



The Day I Realized We Were Black

my brother Hector was four hours late coming home from work
when he entered the house   He was angry I was holding his pet
rabbit in my arms watching The Godfather — which part I can’t remember
did I mention he was angry     sixteen and angry

and he said his legs ached like what the wind must feel against a tumbleweed
and he said he was tired like death seemed easy like rice and beans
and whatever meat we had that night was too hard to swallow
and he said he wished we were white
and I stood up startled my much lighter skin than his
could not wrap my coarse hair around the idea that we were not that

because my mother is Cuban with grey eyes
because my father had an afro once but I had not noticed then
because my grandfather once said “I wish I were King Kong so I could destroy Harlem and those
fucking black cockroaches”
because my godparents were Irish-American
because I had suppressed my blackness
because my brother shook me when I told him he was stupid   we were Latino
because he had missed his Jersey to Port Authority bus
because he was walking to the nearest train station and lost his way
because he was stopped by the police
because he was hit with a stick
because he was never given the right directions even though he begged
because trash was thrown at him from the police cruiser’s window as he walked
because he was never the same
because we’re black
because we’re black and I never knew       I was twenty-two



A Perfect Game

To this day I still remember sitting
on my abuelo’s lap watching                 the Yankees hit,
                 then run, a soft wind rounding the bases
every foot tap to the white pad gentle as a       kiss.

How I loved those afternoons languidly
                 eating jamón sandwiches & drinking root beer.

Later, when I knew something about                 the blue collar
man—my father who worked with his hands & tumbled
                 into the house exhausted like heat in a rainstorm—
                                    I became a Mets fan.

Something about                 their unclean                 faces
                                       their mustaches               seemed rough
to the touch. They had names like       Wally & Dyskstra.
I was certain I would                 marry a man just like them

                 that is until                      Sammy Sosa came along

with his smile a reptile that only knew about lying in the sun.
His arms were cannons and his skin burnt cinnamon
                 that glistened in my dreams.

Everyone said he was not       beautiful.

Out on the streets where the men set up shop playing dominoes
I’d hear them say between the yelling of       capicu
                                   “como juega, pero feo como el diablo.”

I knew nothing of my history
                 of the infighting on an island on which one side swore
it was only one thing: pallid, pristine.                        & I didn’t know
                 that Sammy carried this history like a                    tattoo.

That he wished everyday to be                 white.

It is a perfect game this race war, it is everywhere,       living
                                  in the American bayou as much as
                 the Dominican dirt roads.
It makes a man do something to his skin that seems unholy.
It makes that same man change               eye color like a soft
                 summer dress slipped on slowly.
It makes a grandmother ask her granddaughter

                                  if she’s suffering
                 from something feverish
because that could be the only excuse why
                                  her hair has not been straightened
like a ballerina’s back                 dyed the color of wild
                 daffodils growing in an outfield.

Sammy hit 66 home runs one year
                                  & that was still            not                  enough
                 to make him feel handsome

or worthy of that blackness that I believe a gift
even today while black churches burn & black bodies
disappear from one day to the next the same as old
pennies.

I think of him often       barely remember what he looked like

                 but I can recall his       hunched shoulders in the
dugout                 his perfect swing
                 & how maybe he spit out       something black
from his mouth                 after
every                 single                                  strike—







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