lunes, 12 de septiembre de 2016

DIONISOS SOLOMÓS [19.133]


Dionisos Solomós

Dionisios Solomos (en griego: Διονύσιος Σολωμός) (1798-1857) fue un poeta griego de Zante. Él es mejor conocido por haber escrito el Imnos eis tin Eleftherían («Himno a la Libertad»), cuyas dos primeras estrofas se convirtieron en el himno nacional griego en 1823.

Nació el 8 de abril de 1798. Era de una familia poderosa de Zante y en 1808 fue a Italia a estudiar Derecho. Tras 10 años volvió a Zante con una sólida formación en literatura. Solomos llegó a ser famoso como poeta durante esta época, cuando aún era joven.

Al final de 1828 dejó Zante y se estableció en Kerkyra ("Corfú") para dedicarse a la poesía. Lo último que escribió fueron sonetos.

Murió el 9 de febrero de 1857 de apoplejía. Sus restos fueron trasladados a Zante en 1865.

Obras

1823: Imnos eis tin Eleftherían, poema en 158 cuartetos.
1826: La Mujer de Zante (prosa), Lambros (poema) y primera versión del poema Los libres asediados.
1832: Los libres asediados, segunda versión.
1844: Los libres asediados, versión definitiva.


BOCETO 2
                                        
1

Un inmenso silencio de tumba reina en el campo.
Canta el ave, coge un grano y su madre lo envidia.
El hambre ennegreció los ojos. La madre se desmaya de deseo.
El buen suliota se pone aparte y se echa a llorar:
"Solitario y oscuro fusil, ¿por qué te tengo en las manos?
Te me has vuelto pesado y el turco lo sabe".

                                           
2

Abril y el Amor danzan y sonríen
y tantas armas lloran por ti cuantas flores y frutos aparecen.

Una blanca colina de ovejas en movimiento está balando
y vuela de nuevo a la profundidad del mar
que, durante toda la noche, se mezcló con la belleza del cielo.
En las aguas del lago, a donde llegó con impaciencia,
juega con su sombra una mariposa azul
que perfumó su sueño dentro del lirio silvestre.
El gusanillo también se encuentra en un dulce momento.
La naturaleza es encanto, sueño y gracia en la belleza.
La piedra negra es toda dorada y la seca hierba.
En mil fontanas se vierte, en mil lenguas habla.
Quien muera hoy muere mil veces.
Tiembla el alma y se olvida dulcemente de sí misma.

                                           
3

"¡Trompeta, corta con violencia los sortilegios del canto,
para que no corten el valor de la mujer, del anciano y del niño!".
Perdida, ¡ay de mí!, e indolente se escucha la trompeta.
¡Cómo llega al enemigo y despierta toda clase de ecos!
Produce una risa violenta en el ejército disperso
y la burlona trompeta vuela hasta lo alto del cielo.
Y, golpeando por doquier, aquí y allá,
con un gracioso aliento, el pecho saciado,
irritado, poderoso, lleno enteramente de almas,
agitó el aire hermoso y sereno.
Al final, a lo lejos, se oye una voz, como un astro caído,
una clara voz, una voz del miedo, concisa, hasta la fortaleza.

Dionisos Solomós en Los hombres libres sitiados (1834-1844), incluido en Antología de la poesía griega. Desde el siglo XI hasta nuestros días (Ediciones Clásicas, Madrid, 1997, ed. de José Antonio Moreno Jurado).




DIONISIO SOLOMÓS

por Miguel Castillo Didier 

http://www.revistaderechopublico.uchile.cl/index.php/RBNH/article/viewFile/37973/39633


Himno a la Libertad
(Proemio)

Te conozco por el filo
terrible de esa tu espada;
por tu mirar te conozco:
con prisa mide la tierra.

Resurgida de los huesos
sagrados de los Helenos,
como siempre valerosa,
salve, salve oh Libertad.

Allí dentro te ocultabas
con vergüenza y amargura,
y esperabas que una voz
"Ven de nuevo" te dijera.

Pero tardaba aquel día;
todo seguía en silencio,
pues la amenaza espantaba,
la esclavitud oprimía.

Desdichada, por consuelo
sólo podías hablar
de las pasadas grandezas
y, narrándolas, llorar.

(Caída de Tripolis)

Ante ti se alzan los muros
de la desdichada Trípolis;
desearías arrojarle
hoy un rayo de terror.

Sordo ruido de fusiles
y el entrechocar de espadas,
rayos y golpes escucho
y oigo rechinar de dientes.

Ah qué noche fuera aquella
que hasta el recuerdo la teme;
no hubo sueño diferente
a más de la amarga muerte.

De la escena el lugar y hora,
el estruendo y los lamentos,
la manera desalmada
del combate, más el humo,

y el tronar y las tinieblas
que sólo el fuego interrumpe,
representaban el Hades
que a los infieles espera.

Mirad cómo siegan vidas
las manos desesperadas;
cortados caen por tierra
brazos, cabezas y pies.

Brota sangre cual torrente
y hacia el valle va corriendo;
la bebe en vez de rocío
la inocente yerbecilla.

Fresca brisa de la aurora,
no corres ahora ya
hacia el astro del infiel,
¡corre, sopla hacia la Cruz!

Resurgida de los huesos
sagrados do los Helenos,
come siempre valerosa,
salve, salve oh Libertad.

(Triunfo de Corinto)

De Corinto he aquí los campos.
Solamente el sol no brilla
en los plátanos, no brilla
en los viñedos y arroyos.

Y en el aire quieto y calmo
ya no se oyen inocentes
los sones del caramillo,
el balar de los corderos.

Corren los carros por miles,
como olas a la ribera;
mas los bravos palikaris
del número no se cuidan.

Oh Trescientos, levantaos,
y venid hasta nosotros:
vuestros hijos han de ver
cuánto a vosotros seméjanse.

Todos aquellos los temen
y con paso enceguecido
dentro de Corinto enciérranse,
desaparecen de aquí.

Manda el Angel de la Ruina,
manda al Hambre y a la Peste:
bajo forma de esqueletos,
caminanjuntos las dos.

Y caídos en la yerba,
expiraban por doquier
los últimos tristes restos
de la fuga y perdición.

Y tú, inmortal y divina,
que lo que quieres lo puedes,
por el valle, Libertad,
paseas ensangrentada.

Y en la sombra, de la mano,
en la sombra veo yo
vírgenes dedos de lirio
que la danza están formando.

En la ronda dulces giran
bellos ojos amorosos
y bajo la brisa ondulan
negros y áureos cabellos.

Y nú alma regocíjase
pues el seno de cada una
hoy suave leche prepara
de valor y libertad.

Entre la yerba y las flores
el vaso yo no sostengo:
yo como Píndaro canto
canciones de libertad.

Resurgida de los huesos
sagrados de los Helenos,
como siempre valerosa,
¡salve, salve oh Libertad!




A la muerte de Lord Byron
(fragmento)

Cuando en las profundidades de la noche
todas las cosas enmudecen,
y en el hombre las pasiones
que están calmadas despiertan,

y recostados de lado los
combatientes de Cristo
por miles contemplan en su sueño
las muertes del enemigo,

el poeta en vigilia suspira,
y ante la lápida amarga
que a Vótsaris recubre
por largo rato se tarda.

Abajo, junto a sus pies,
tiene el lecho de la muerte
otro varón que fue temible.
Enfrente de ellos el templo.

Bellísima cual la esperanza
que siempre tiene el mortal,
desde el vitral destella suavemente
la luz del santo altar.

Desde dentro el aire tomaba,
con hálito refrescante,
el incienso de ese día
y lo traía hasta allí.

No escuchas en tomo pasos.
Sólo divisas la sombra,
que se extiende por las tumbas,
larga; inmóvil, desolada,

igual como ves negrear
la sombra de un ciprés joven
si no la roza a su espiga
aura de brisa ligera.

Dime, valiente, ¿qué meditan
tus valerosos pensamientos,
que largo rato se tardan
junto a la tumba de Vótsaris?

¿Temes acaso que se precipiten
de improviso los turcos al amanecer,
y que venzan al ejército
que tiene ímpetu invencible?

¿Temes que los soberanos
que tienen la Santa Alianza,
como agades se comporten,
de confianza del Sultán?

¿O te dice Natura en las entrañas
con una señal oculta:
"la Grecia vas a dejar
para marcharte a los cielos"?

(Estrofas 107-118)




Catástrofe de Psará

De Psará por la colina desolada
camina la Gloria solitaria,
recordando a los bravos combatientes.
Y en sus cabellos lleva una corona
entretejida con las pocas hierbas
que en la tierra desierta habían quedado.

La danza de Zalongo

(Fragmento del poema A la
muerte de Lord Byron)

En el último acantilado de Zalongo
de la libertad el amor las reunió
y les inspiró una danza.

Ni boda ni festejo alguno
un paso tal conocieron,
pues danzan también en las entrañas
otras vidas inocentes.

Silbaban al viento los vestidos
y las cabelleras desatadas.

Y en cada vuelta, al girar,
una en lo alto faltaba,

sin otra voz ni otro ruido
que el de cráneos y pechos
en el fondo del abismo.


A los heptanesios

Infeliz pueblo mío,
bueno y amado,
siempre crédulo en exceso
y siempre traicionado.


Serenidad

Ola alguna no se oye
en la ribera desierta.
Diz que el mar está durmiendo
en los brazos de la tierra.


No me amas

A cuantas flores hay en Mayo
les pregunté deshojándolas,
y todas me respondieron
que tú a mí no me amas.


Día de Resurrección
(Fragmento del poema Lambros)

Un clarísimo sol anunciaba
la última estrella del alba
Ni nube ni bruma cruzaba
por parte alguna del cielo.
Y tan mansa soplaba
y tan suave la brisa en el rostro,
que diríase musita el corazón:
dulce es la vida, y la muerte, negra.


Pascua en la iglesia
(Fragmento del poema Lambros)

¡Cristo ha resucitado! Mozos, doncellas, ancianos,
todos, grandes y pequeños, preparaos.
Dentro de las iglesias ornadas de laurel
reuníos con la luz de la alegría.
Abrid vuestros brazos portadores de paz
delante de los santos y besaos.
Besaos dulcemente labios con labios,
amigos y enemigos, decid: "¡Cristo ha resucitado!"

Laureles lucen las tumbas en cada lápida,
y hermosos niños las madres en sus brazos.
Con voces suaves, mirando los íconos pintados,
cantan los himnos los cantores.
Brilla la plata y resplandece el oro
de la luz que vierten los candelabros.
Cada rostro fulgura con el cirio santo
que llevan los cristianos en la mano.


Al señor Jorge de Rosi, que se encontraba
en Inglaterra

De tu padre, cuando vengas,
no verás sino la tumba.
Ante ella estoy y te escribo,
día primero de mayo.

Esparciremos a mayo
sobre su pecho sin mancha,
pues se ha dormido esta noche
en el sueño del Señor.

Tranquilo estaba y sereno
hasta su hora postrera,
igual como se ve ahora,
que el alma lo ha abandonado.

Un instante, nada más,
antes de volar al cielo,
movió lentamente la mano
como para bendecirte.


La tentación
(Fragmento del poema
Las libres sitiados)

Una danza formó Amor con el trigueño Abril,
y halló Natura su tiempo más hermoso y dulce,
y en la sombra que crece y encierra frescor y fragancia,
se oye un trinar desmayado, nunca oído.

Aguas claras y suaves, aguas graciosas
se vierten por el barranco pleno de perfume
y cogen su fragancia y dejan su frescor,
y manifiestan al solla riqueza de sus fuentes,
corren por aquí y allá y cantan cual ruiseñores.

Afuera la vida bulle en el cielo, el mar, la tierra.
Pero en el agua del lago, que es blanca y quieta,
quieto hasta donde Jo veas y clarísimo hasta el fondo,
con una pequeña sombra desconocida jugó una mariposa
que perfumaba su sueño dentro de un nardo silvestre.

Oh visionario, ¿dinos qué has visto esta noche?
Tú que sombra ligera posees, di qué has visto esta noche.
Noche llena de milagros, noche sembrada de magia. 




Dionisios Solomós. El poeta nacional de Grecia


Dionisιos Solomós (1798-1857) nació en Zante y murió en Corfú. Su nacimiento coincide en el tiempo con la muerte de Rigas (1757-1798) a manos de los turcos en Belgrado. Rigas desarrolló una intensa actividad política e intelectual en favor de la libertad griega. Solomós cantó a la libertad, a la lucha y los sacrificios de los griegos durante la guerra de la independencia. La poesía de Solomós se centra en los grandes temas que preocupan a filósofos y poetas de todas las épocas: la libertad, la naturaleza, la religión, la muerte y el amor. En sus poemas, la libertad triunfa frente a la naturaleza y la religión frente a la muerte. Su poesía muestra la unión entre la muerte y el amor, sentimiento este último que se contempla siempre desde el prisma de la pureza. 

Solomós fue el primero en servirse de la lengua popular (δημοτική) para su creación poética.

Después de la muerte de su padre, Solomós se traslada a Italia, donde primeramente asiste al Liceo de Cremona y con posterioridad cursará estudios de derecho en la Universidad de Pavía. Volverá a Zante en 1818 y, a partir de 1828, se establecerá de forma definitiva en Corfú. La creación poética de Solomós se divide en dos períodos: el de Zante, que va desde su regreso a la isla hasta 1828 y el período de Corfú, que comprende su obra de madurez y concluye con la muerte del poeta en la capital de las islas Jónicas.

En Italia Solomós se inició en el Romanticismo, conoció a importantes representantes de las letras italianas y se vio influido por la obra de éstos. Es en esta época precisamente cuando compone una gran cantidad de poemas en italiano. A su regreso a Zante, el poeta, maduro desde el punto de vista vital y artístico, tomará contacto con su lengua materna. A esto contribuirá su relación y amistad con algunos famosos intelectuales que trabajaban en torno a los círculos filológicos del momento (G. Tersetis, A. Matesis) y que le ayudarán en esta primera incursión en la lengua helena. Enteramente ajeno a la tradición culta, Solomós asimiló la herencia griega – en Italia ya había leído a Homero a partir de la excelente traducción de Monti -, las obras de la literatura cretense, la canción popular y las obras de los poetas locales.

Se dice que nuestro autor comenzó a escribir en su lengua materna después del encuentro que sostuvo con Spyridón Trikoupis. En una visita de éste a Zante en 1822, y mientras esperaba a Lord Byron, Trikoupis se preocupó por ver a Solomós. Tras escucharle recitar una oda, permaneció pensativo y le dijo que lo que ahora esperaba la patria era una poesía griega (“Grecia espera a su Dante”). En pocos días Solomós leyó a Trikoupis su poema en griego Xanzoula (Η Ξανθούλα).

Durante ese mismo periodo el poeta, que deja ya atrás sus viejos sonetos en italiano y los versos improvisados para dedicarse a obras de una extensión mayor centradas principalmente en el tema de la Independencia, escribe el Himno a la Libertad (Ύμνος εις την Ελευθερίαν, 1828). Esta composición, publicada en 1825, comprende 158 estrofas, las dos primeras de las cuales se escogeran posteriormento como letra del Himno Nacional de Grecia. Este himno, con melodía del compositor Nicolás Mantzaros, amigo de Solomós, tuvo una gran repercusión, fue traducido a numerosas lenguas extranjeras y fomentó el movimiento filohelenista por toda Europa.



De esa misma época data su oda A la muerte de Lord Byron (Εις τον θάνατο του Λορδ Μπάιρον, 1824), personaje al que Solomós admiraba especialmente por alzarse contra la tiranía y llegar a morir junto a los griegos en su lucha por la libertad. Es por estas fechas cuando comienza a componer Lambros (Ο Λάμπρος), una poema lírico inspirado en el estilo de Lord Byron pero que no concluirá jamás.

Escribió también entonces la primera de sus dos únicas obras en prosa, Diálogo (Διάλογος, 1824), texto en donde defenderá el uso de la lengua popular, la dimotikí. Su segunda composición prosística, La mujer de Zante (Η γυναίκα της Ζάκυνθος), obra donde combina el verso y la prosa, fue escrita poco tiempo después (1826).

En 1825 compone el epigrama La catástrofe de Psará (Η καταστροφή των Ψαρών), ejemplo excelente de estilo denso y sentencioso (Véase más abajo).


Medalla de bronce con la inscripción "ΕΛΕΥΘΕΡΙΑ Η' ΘΑΝΑΤΟΣ","ΟΛΟΚΑΥΤΩΜΑ ΨΑΡΡΩΝ - 24 ΙΟΥΝΙΟΥ 1824" ("Libertad o Muerte", "Holocuasto de Psará - 24 de junio de 1824"). La medalla fue acuñada en 1924.


Un nuevo período en la labor literaria de Solomós es el que se abre cuando se instala en Corfú. En el año 1833 escribe El cretense (Ο Κρητικός), poema narrativo que constituye un himno a la patria y al amor.

[El Cretense: Un joven, que se salva de los turcos tras la represión del levantamiento independentista en Creta, lucha ahora con las olas, como náufrago, llevando agarrada de la mano a su prometida. Allí, en medio del mar y a la luz de la luna distingue la figura femenina de una deidad, la Libertad, la cual le fascina hasta tal punto que él no se da cuenta de que su amada es ya un cadáver].

Otro poema de la misma época es Pórfyras (Ο Πόρφυρας, 1849). El tema de esta obra es la muerte trágica de un soldado inglés al que despedaza un tiburón (πόρφυρας). Cuando algunos amigos del poeta observaron que debería decantarse por tratar un tema nacional, Solomós respondió afirmando que “la nación tenía que aprender a considerar nacional aquello que era verdad” (Το έθνος πρέπει να μάθει να θεωρεί εθνικό ό τι είναι αληθινό).

Con todo, el trabajo de su vida fue el poema Los sitiados libres (Οι Ελεύθεροι πολιορκημένοι), texto lírico-narrativo para cuya realización siguió tres diferentes esquemas.

Solomós se inspira aquí en el segundo sitio levantado por turcos contra a la ciudad de Mesolongui. Desde el punto de vista cronológico, los versos cubren los últimos quince días del cerco, concretamente los que van desde la batalla de Clisova hasta el momento de la heroica salida de la ciudad, cuando los defensores de ésta, superando todas las debilidades humanas y despreciando su propia vida, decidieron salir la noche del 10 de abril de 1826.


Delacroix, Grecia expirando sobre las ruinas de Mesolongui, 1827.

Solomós no quiso nunca viajar a la Grecia liberada. Los griegos que despidieron al poeta del Himno a la Libertad no conocían la poesía de su época de madurez. Dos años después de su muerte, su discípulo Yákovos Polylás reunió la obra de Solomós en un tomo titulado Los encontrados (Τα Ευρισκόμενα). Con posterioridad, Línos Polítis reunió sus manuscritos añadiendo La mujer de Zante así como la correspondencia del poeta.

En 1994 Stylianós Alexíou acometió la tarea de publicar la obra completa de Solomós bajo el título de Dionisios Solomós, Poesía y prosa (Διονυσίου Σολωμού, Ποιήματα και πεζά).

En la obra de Solomós admiramos el lirismo, la precisión de las imágenes poéticas, el enaltecimiento de la lengua dimotikí y, en especial, de la expresión del sentimiento popular.

Fue firme propósito del autor que su poesía tuviera sus raíces en la sociedad y en la lengua que aquélla forjó.



Estatua de Dionisios Solomós en Zante
(Plaza de Dionisios Solomós)
Άγαλμα του Δ. Σολωμού στην πόλη της Ζακύνθου


ΥΜΝΟΣ ΕΙΣ ΤΗΝ ΕΛΕΥΘΕΡΙΑΝ

Σε γνωρίζω από την κόψη
του σπαθιού την τρομερή,
σε γνωρίζω από την όψη
που με βία μετράει τη γη.

Απ' τα κόκαλα βγαλμένη
των Ελλήνων τα ιερά,
και σαν πρώτα ανδρειωμένη,
χαίρε, ω χαίρε, Ελευθεριά!

Εκεί μέσα εκατοικούσες
πικραμένη, εντροπαλή,
κι ένα στόμα ακαρτερούσες,
“έλα πάλι”, να σου πεί.

'Αργεί να 'λθει εκείνη η μέρα,
κι ήταν όλα σιωπηλά,
γιατί τά 'σκιαζε η φοβέρα
και τα πλάκωνε η σκλαβιά.

Δυστυχής! Παρηγορία
μόνη σού έμενε να λες
περασμένα μεγαλεία
και διηγώντας τα να κλαις.

Και ακαρτέρει και ακαρτέρει
Φιλελεύθερη λαλιά,
ένα εκτύπαε τ' άλλο χέρι
από την απελπισιά.



HIMNO A LA LIBERTAD

Te conozco por el filo
de la terrible espada,
te conozco por la mirada
que con vigor escudriña la tierra.

Surgida de los huesos
sagrados de los helenos,
y valerosa como antaño,
¡Salve! ¡Oh salve Libertad!

Allí dentro viviste,
dolida, acobardada,
y una boca aguardaste
que “Ven de nuevo” te dijera.

Tarda en llegar aquel día
y todo se hallaba en silencio,
porque (todo) lo ensombrecía la amenaza
y (todo) lo oprimía la esclavitud.

¡Desdichada! Como consuelo
solo te quedaba el contar
glorias pasadas
y, al narrarlas, el llorarlas.

Y de espera en espera
de una voz amante de libertad,
una mano golpeó a la otra
por la desesperación.

Traducción: Juan Manuel Díaz





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