martes, 27 de septiembre de 2016

CARMEN PALOMO PINEL [19.167]


Carmen Palomo Pinel 

Nació en Madrid en octubre de 1980. Doctora en Derecho y profesora de la Universidad San Pablo CEU. Es autora de los poemarios Vigilias y La resistencia, así como del volumen de prosa poética Astrofagia, planteado como una interesante conversación con F. Nietzsche. 

Tiene publicado un libro conjunto (Poemas del tren, 2004) y ha obtenido varios reconocimientos, como el Premio de poesía “Miguel Hernández”, otorgado por el Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Madrid (1998), el Premio de poesía “Ángel Herrera”, (2001), el 1º Premio Concurso Internacional de sonetos “Memorial Bruno Alzola” (2006). 

‘Glosas al fuego’, obtuvo la primera edición del Premio Internacional ‘Francisco de Aldana’ de Poesía, 2016, que se otorga en Nápoles para poesía en castellano.


PORQUE ERES GIRASOL DE TURBACIONES

Porque eres girasol de turbaciones
que me cerca en su giro indescriptible.
Porque me sube al labio enardecido
un jubiloso pálpito de sangre.
Porque en río de luz te precipitas
por el cauce de mis desolaciones.
Porque te revestí de tinta y pluma
y apuntalé tus ojos con palabras.
Porque los poros de tu piel recuerdan
a ese muro argentino con que sueño.
Porque mi ser sin ti se desdibuja
transformándose en sordas escaleras.
Porque me salvas. Porque me destrozas.
Porque eres nido de interrogaciones.
Porque eres barco y mar de mis naufragios.
Porque sin ti se estrechan las colinas
y me asalta un terror de carretera
si no te tengo, amor, si no te tengo.
Porque me arrastras. Porque estás dormido
y en tu sueño levantas un imperio
de hojas de té y páginas de asombro.
Porque te he escudriñado hasta la rabia.
Porque la rabia no se estrella en ti.
Porque de madrugada eres venero
que brota de mi sueño en lo escondido,
voy a empapar en savia de tus ojos
el pájaro fugaz de mi existencia.




AMO A VECES LAS COSAS SIN PALABRAS

Amo a veces las cosas sin palabras,
la cristalización de la tormenta, Moisés temblando,
abscesos en las piedras, sangrantes cuarzos,
geodas de la ley incandescentes.

Aguardo ansiosa la leva de los ejércitos bárbaros.

Amo a veces en cambio las palabras sin cosas,
el soplo de la brisa que susurra tu nombre
al borde de mi nombre
y es casi nuestro nombre.
Las estructuras vacías de la luz y de la sombra,
los pozos a los que no nos asomamos
pues somos a la vez visión y pozo,
cosa y palabra,
el filo entre la culpa y la inocencia.

Espero que frunzas mi destino sin rozarlo siquiera.



AMAR EL GOLPE QUE NOS 
ENGENDRA AUSENCIA

Amar el golpe que nos engendra ausencia y agujero
que nos pare vacío, que nos nombra carencia
y nos crea llamada.

Amar sin ver
para que la visión
suceda.

Un susurro avanza al fin colándose entre las rendijas,
como trapecio del alba: alguien está trabajando
la madera.



LETANÍA IMPOSIBLE

Letanía imposible: quiero que un tiempo vuelva.
Me recompongo en vértigo para desaprenderme
me hundo en libros sin fondo para desaprenderme,
piscinas donde nadan fluorescentes sirenas.
Este, este es el tiempo de la desolación.
Y daría mi vida porque me desnortara
un despiste de golondrinas
o el furor de la guerra y de la caza
con su sangre olorosa
que me alivie esta necesidad de esferas.
Una doncella viene hacia mí con los brazos cortados,
su abrazo de carencia me acordona la vida.
El concepto es un sepulcro confortable para una tarde sin hojas
y amo a veces
sus dientes blancos que devoran sin daño
y otras veces los odio
y busco que inhibir mi sangre sea, en la tuya,
el rugido de una recreación.



MALOS ENCANTADORES: 
EL MAR QUE NIEGA EL MAR

Malos encantadores: el mar que niega el mar,
la mañana que oculta la mañana, tatuajes
de sombra en que sobre mi propia espalda estoy escrita
al borde del brocal en que velo mis armas
y tú velas –terciopelo- mi gigante sin noche,
sin aguijón, luciérnagas.
Nuestra cordura vale la moneda incendiada
de cuánta locura la limita,
pesa lo que dos tórtolas,
se adorna como altar del sacrificio.
Tu pluma es el amor de una génesis sin mitos:
el fuego es nuestro, memoria, molino,
Europa en la ceniza. El fuego es nuestro.
Candeal será el vientre, lomo de clavileño
la balsa que nos alcance el puerto.
Vetas y nudos el entramado de nuestra salvación.
Pero nuestro es el Dios de la triste figura,
y el alma nos la envuelve en Dulcinea
que bien merece un lance,
y el cuerpo lo enjaeza como corcel de agua y de berilos.
Miniatura del hombre, inmensidad.
Míranos, Dios, con ojos de Quijote,
cuando arañemos bárbaros los tornos de este mundo
y el último afán de la noche sea una muerte de encaje

sin honor, sin batalla.


Ciencia Exacta

Huérfana del recuerdo del poeta,
negador de la aurora que en ti anida,
que ignora que eres canto y fe de vida,
que eres del infinito la pirueta,

que eres reloj de sol y no veleta,
que eres estrella a la verdad prendida,
impulso vertical que nos convida
a medir el amor de alfa más beta.

Aunque el verso fugaz te desherede
la belleza en tu seno es un axioma,
una palpitación de lo enigmático

y el canto de un poeta nunca puede
descomponer la perfección que asoma
por tu limpio horizonte matemático.





Carmen Palomo 
GLOSAS AL FUEGO / GLOSSE AL FUOCO 
POESÍA HEBEL


Amigo, y en tus ojos
la parvedad de la semilla humana.
Aún no estamos volando y ya nos cerca
el miedo a no haber sido, el vértigo indecible de volar.
Enemigo, espero aún
que vengas y vivamos.
Vivir sobre la lengua del peligro
que lentamente va pronunciando el mundo.
Verás, hay enumeraciones
y hay manos amputadas que no saben contar,
pero ninguna triunfa del deseo inerte.



*


Apóstol de fragores, cortador de leña. 
Nunca calle la letanía del que se atreve a hombre. 
Hay un tiempo que tú no conociste. 
Hay un tiempo donde no había tiempo, y tu tiempo y el mío, 
y una ausencia tras todos los segundos. 
Diez segundos para que llegue el metro. Camino del trabajo, en el vagón 
todos los rostros son hermosos. Todos deslumbran. 
A todos me he rendido: los hombres, las mujeres, los viejos y los niños. 
Las ojeras florecen, las arrugas celebran, 
los tacones de aguja saltan como ciervos. 
¿Lo llamaremos vida?




*



Mira. El mundo inteligible
con su rostro de cera. El mundo inteligible
en el carmín de las muchachas nuevas,
en la lluvia que no fecundará
la calva de las gárgolas. Una espera de siglos
quebró al ajedrecista
sus lentes frente al tablero yermo.
El blanco frente al negro, y del blanco y del negro nos salvará la sangre.
Que es roja como el cajón que nunca se nos abre.
Como el tirador de la campana rota.
Como el campo de batalla que escondemos todos bajo las uñas.



*



Un sueño, las cadenas, las necesarias cadenas. 
Para sujetar los cerberos de todo. Para sujetar los dientes 
que ya abandonan sus encías, 
las cascadas que arrastran al mundo submarino 
donde jamás hubo ciudades 
por más que las buscáramos. 
Un hombre es, ante todo, sus preguntas. 
De dónde viene, adónde va la música. 
Tras ella sólo quedan el llanto y las cadenas. 
Un pájaro las hará saltar 
con su pico diminuto.




*


En el comienzo estaba el sacrificio 
y en la prosecución, pellejos de la aurora. 
Dice el hombre de mundo 
calla, calla, por Dios, 
que en el silencio estamos a resguardo, 
que el alfiler de corbata será nuestra arma blanca 
y el impecable corte la defensa. 
Pero tú viste y no lo negaré. 
El gorrión y la hormiga 
y el hongo y la violeta 
son soldados. 
Vivir es devorar. La vida, 
un traficar de dientes. 
Creían que era música de astros 
pero es sólo, el espacio, 
sonar de un deglutir.




*



Vientos, vientos, barred las hojas muertas 
sobre el patio de armas. Barred 
la piel lunar de las cariátides. 
No consintáis al olmo primavera ninguna. 
Hurtad su epílogo. Un brote quiere resumir la vida. 
¡No se lo permitáis! Sed crueles 
en vuestra ausencia de ira, 
en vuestra venerable sinrazón. 
Sólo en vosotros se abrirán mis ojos.




*



Lo contemplaste, cierto. Vivir es devorar 
y el hambre es ciega. 
Por qué no darse 
y hacer del expirar bello banquete. 
Aspiro madrugadas y lo llamo deseo. 
¿Dónde reposaré, lecho de ausencias? 
Tengo el alma al borde de los labios 
dispuesta a dar su salto más vehemente y mortal: 
morirse hacia la tuya.




*


Quieres huir del puro de canela, 
de un tierno calor de axila femenina, 
del mármol sobre el que los zapatos marcan 
el compás binario de la pulcritud. 
Mas ¿dónde ir a buscar rosas de sangre coagulada? 
¿Qué siglo, qué puerto las comercia? 
Somos reyes de un mundo conquistado 
pero al final, 
amamos y morimos siempre en Roma.




*



La tarde no es más que un aleteo pardo 
que se lleva los fósiles de pan. 
Todo está consumado.



*



Tedio, rosario de anillos de oruga. 
Reza el polvo que flota en las horas idénticas. 
Soslayo, luz del día, dormirás hasta el fin 
sobre la carne abierta de los vetustos muebles. 
La tragedia es que no suceda nada. 
La tragedia es siempre que no suceda nada. 
Nada en la singladura de los barcos fantasma. 
Nada en el crepitar del sol en el oriente. 
Porque el arco no fue disparado todavía. 
Belleza, columna de los párpados 
que viven y se asombran. 
¡Benditas las heridas que sangran y no cierran! 
La vida las abrió por cuenta de la vida.




*



Los dos habitamos en la guerra porque la somos
la escondemos
en esta maraña pájaro
que lleva nuestro nombre.
Rugimos
nos despeñamos
sin que nadie lo sepa
porque los cataclismos suenan a seda y nieve.
Después resoplando nos miramos tú y yo
dos animales tiernos de piel hemoflorida,
y nos compadecemos
porque el lugar de la compasión somos nosotros
es la guerra.




*



En el beso que te doy toda una infancia se venga 
con la carga de dolor que sólo se puede soportar de niño. 
Sólo los puros pueden mirar el abismo cara a cara 
y no morir de abismo, 
y regresar con sus ojos, sus mismos ojos 
y no con dos cuencas vacías y abismadas 
a esa infancia doliente que se elonga 
en esto que hemos dado en llamar vida 
y no es más que un recuerdo de la vida. 
Y vivirla de veras.




*




Qué estragos causa la luz en las almas oscuras 
cuando se empeña en aparecer 
y toma forma de mujer, de hijo, 
de pájaro de ala rota que amanece de pronto en el jardín, 
y se empeña en nacernos, 
en volvernos al útero de las miradas simples 
y nos abre el cajón que nunca se nos abre 
y en el cajón abierto un corazón 
nos vive en lo secreto.







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