miércoles, 23 de julio de 2014

LEONARDO VARELA [12.457]


Leonardo Benjamín Varela Cabral

Originario de La Paz, Baja California Sur, México recibió el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2003 con el libro Comala Blues convocado por el Coneculta Chiapas, en el 2010 fue galardonado con la distinción de poesía Gilberto Owen y con el libro "Karaoke" (Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen 2011) y Perihelio/Elefantia (Ayuntamiento de Tijuana México 2012).
Publicó la antología "Voz de la estirpe", "Poemas y poetas de Baja California en el siglo XX" y el volumen de cuentos "Desiertos". 
En 2012 recibió el Premio Estatal Ciudad de la Paz por la novela "El miedo a las imágenes". 
Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores del Arte.



Poemas para sobrevivir en el desierto


1. Paradiso

De todo esto quedará para ti la memoria de un árbol
Hoja que se desprende para dejar el tacto gastado de raíz
Ausencia que habitamos con los huesos ennegrecidos por el fuego
Agua del torso, desnuda flexión del brazo que sostiene a la estatua
En espera del reino por venir, fluye tu gracia confundida con el oro
Al margen de la niebla, mi olvido es un relámpago
—equivoca
el sitio donde cae
He aquí los nombres comunes al invierno:
He aquí la canción del gavilán extasiado en la belleza
del Diluvio 





2. Palma sola

En esta palma sola cabe toda la lluvia, oscilación del fuego heracliteano
Esta palma resuena en las capas más nítidas del aire
Engendra y destruye paisajes con la idea del mar
Enuncia, bajo signos vitales, la existencia de un mundo anterior al lenguaje
Solitaria raíz volcada al pensamiento
esta palma se mece entre dos aguas
La frialdad de la aurora la baña; luz pura sin vibración de calor
Su presencia en la tarde lluviosa es un enigma
La conciencia no llega a descifrarla
Solamente la vemos transcurrir, dócilmente
Sin esta palma sola
el universo entero sería inhabitable




3. Apocalipsis cum María Zambrano

De toda ruina emerge algo divino, de toda connotación del verbo 
asoma un Santo Grial
Cada tantos minutos un hombre muere por haber deseado
regiones del No-Ser, esencias dóciles al sol que los arraiga
Un dios indestructible se destruye a sí mismo y en ese abatimiento
encuentra / funda /expresa / incluye / pierde / acecha
acepta / contiende / proyecta / sostiene / cambia
resiste / circunda / muestra / persigue / olvida /añade
nombra / sucede / concreta / recoge
ignora / existe Aquello que hemos dado en llamar realidad
se vuelve una forma invisible
Extraños a la luz avanzan los palacios, piedras hendidas por la nieve 




Perihelio/Elefantia
Leonardo Varela
IMAC/ Ayuntamiento de Tijuana
México 2012


Por Rubén Sandoval

Arthur Rimbaud ha sido un modelo en la vida y el arte desde el siglo XIX, cuando se pusieron de boga los salones literarios de un París maltratado por el imperio napoleónico. En ese entonces, como siempre, los verdaderos genios poéticos podían contarse con los dedos de una mano. Surgió de aquella simiente la que será después llamada “poesía maldita”, “poesía simbolista” o “poesía descastada”. Estas tres etiquetas delimitarían escuelas en la historia de la literatura, pero lo más importante: gestos poéticos de los escritores que la practicaban. Pocos movimientos, escuelas o corrientes literarias han causado tal conmoción como la encabezada por Mallarmé, Rimbaud, Verlaine y Baudelaire; poetas todos ellos que cuestionaron el romanticismo de su época.

De todos ellos, Rimbaud es l´enfant terrible que sacudió las conciencias de una sociedad hipócritamente estructurada. La Francia de fines del siglo XIX vive el gran temor de ver cómo se resquebraja una estructura del pensamiento que dentro de la poesía encontró su máximo exponente en Víctor Hugo, heredero al mismo tiempo de las tradiciones italiana y española. Por otra parte, dentro de su vida y su obra, Arthur Rimbaud –en perfecta concordancia con Baudelaire– se convirtió en paradigma del resquebrajamiento y la búsqueda.

De las evocaciones que nos llegan de aquellos sueños rebeldes, Leonardo Varela articula una visión simultánea de revelación y resquebrajamiento. A su manera, representa para Baja California Sur l´enfant terrible; no por la forma de conducir su vida, sino por la manera como transforma este entorno poético.

Varela sigue la huella de Rimbaud, proponiendo una forma de acercamiento a la escritura que pretende ir más allá de sí misma:



Invocación

Beber, nacer.
Dominar el azul
y sus demonios. 

Repugnar el vacío
y saciarse.
Ser la joya adosada
en el pendiente.

Adherir la razón
a los musgos del coito.


Los símbolos y las imágenes de las cuales se sirve nos relacionan con un entorno mórbido. Es el lenguaje el que se abre, el que nos lleva de la mano hacia lo apenas dicho, a veces mediante frases perfectamente concebidas como un eco de los andares de Rimbaud.

Varela busca en esta ruta, por el lenguaje y sus expresiones, los nuevos desplazamientos de la poesía en el siglo XXI, cuando creíamos haber explorado todas las posibilidades de la creación. En este sentido, Perihelio/Elefantia nos conduce por su intrincado laberinto, con rumbo a la propuesta de encontrar entre sus líneas concéntricas la razón de ser del propio riesgoso juego/acto poético.




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