lunes, 4 de mayo de 2015

MARTÍN DÍAZ VALDÉS [15.847]


MARTÍN DÍAZ VALDÉS  

Guatemala, Quetzaltenango, 1985. Escritor, artista visual y titiritero. Ha publicado los libros de poesía Hiedra (Premio Víctor Villagrán Amaya de la Alianza Francesa de Quetzaltenango, 2009) y Este mal (Catafixia Editorial, 2010), así como el libro de cuentos Escolopendra (Editorial Cultura, 2014). Formó parte de los colectivos literarios Ritual y Metáfora, con los cuales colaboró para la organización del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango desde 2003 hasta 2009, y de Canícula Teatro y Títeres como libretista y titiritero de 2009 a 2012, año en que fue becado por la Fundación Muñecos por el Desarrollo como fabricante, manipulador y productor de programas infantiles de muñecos animados. En 2014 desarrolló el proyecto fotográfico en redes sociales Pienso en Árbenz.




0

Este era un poema de amor
pero lo han leído como a las tripas de un lagarto muerto
seco bajo el sol del desierto primigenio
lo nombraron
“Las columnas del mundo”
cuando bien pudo ser
“Los pilares del mar
ahora desierto donde la vida quiere volver a empezar
cual ciclo
alrededor
de
un
eje
o-
xi-
da
-do”





4

Abrí
Venus atrapamoscas
mis ojos
en el alto amanecer
separando casi con cariño
sus pestañas y les cayera la realidad
en un vuelo de mosca
Sólo que las depredadoras eran la presa
y vos dormías con esa ternura
que tanto odiás
Desenfocados en la memoria
desde tu sueño prehistórico
se catapultaron a mi mente las generaciones anteriores.
Todas nuestras madres:
La luna fue el error de la llana negrura
el rincón hasta donde se barrió el polvo
y todo lo que sería para olvidar
Se reveló en brillo el hueso celeste
declaró que hasta la muerte termina
Tu savia abrió una brecha
salí de la inexistencia
a esta tremenda fiesta donde urge bailar
construir
morirse
y zambullirse de regreso
ver nuestra ingenuidad con ojos fantasmas
Ya sé que las candelas indicarán el regreso
porque somos adictos a develar
lo que se esconde hasta que se acerca la llama
lo que no es hasta que se desprende del mar de sombra
Los durazneros florecen
y sus cálices rosados tienen sentido cuando ves todas las flores juntas
Hirviente el cuchillo que tomaste
para extraerme de la nada que también está en mí
Soy un ser hijo de tu ser
mi estar es un bastardo de tu estar
Nunca debemos bailar
para no romper la magia
o nos verás allí
cayendo como yemas a las piedras
de una calle que es más tumba que la tumba
La pirotecnia malvada
no se manifiesta en nuestros cuerpos
pero se agradece en los de los nuestros después del
parto
como renuncia final a la ausencia de hijos
y de bienes anatómicos de alta plusvalía
Las cosas son transitorias
porque el mundo mismo nos sopló las líneas
haciendo todo difuso
Nos escupirán los gusanos blancos
para fertilizar otra semilla
Nacerá un nuevo accidente hermoso
PUNTO Y SEGUIDO
Todos nuestros padres:
Yo trataba de leer mi poema entre el tartamudeo del llanto
vos ibas y venías
gritando y rompiéndolo todo
Tratabas de decirme que nada de lo poético servía
mostrándome cómo mi poema era inútil
para impedir que incendiaras la casa
Seguí leyendo con los ojos hinchados
la voz entrecortada
y las lágrimas matando las letras del poema
Seguiste siendo el tornado al que mi presencia desesperaba
Yo tenía cinco años
tres
dieciocho
veintinueve
ya estaba muerto
unos cuantos meses
veinte años
trece
cuarenta y cinco
ochenta y nueve años
ciento quince
y todo se repetía
Cuando ya éramos hombres
me dijiste con el mismo amor con que me herías
que siempre tuve razón
pero nada te detuvo
PUNTO Y APARTE
A través de los ojos de mi madre
siendo apenas un camarón
en el cámbrico de su barriga
vi la era dorada de los flecos
y las camisetas rosa donde unos lentes se yerguen
en una playa con nombres como el de mi patria
el cráter en que nacería
Muchos años después
vi su nombre dicho por tus labios
más allá del lugar que pueda violar sus letras
con su obscenidad cotidiana
y su conjunción melódica de sonido
que cayó entre tus palabras favoritas
El nombre de esta nación flotando en el aire
y su delimitación política entera
pudiendo desaparecer
bajo un meteorito como defecación de Dios
Las letras que forman el nombre de este país
(¿o de este huracán?)
y su insignificante bandera
atravesando un momento aleatorio
que se ata a una noche de hace poco
un cabo originalmente suelto como látigo
en una memoria que no debería ser sino un invento de mal gusto
una sed de morbo por lo que pasó entre mis padres
y su quebranto final
(ya sabes
una de esas rupturas que unen a las personas para siempre:
dos clavos en la pared unidos por una rajadura que pasa de ellos y se pierde en el [horizonte]
una memoria con ralladuras que
transita la adolescencia con dos líneas de rieles
parecidos a una cocaína adulterada
Seguro que desde tus hermosamente ausentes ojos
se lanzaron otros horizontes como hilos de pescar
volviéndose una ventana insalvable
desde donde me ves con pena
el yo
que apenas soy
yo
tan incapaz
por ejemplo
de meterme en los tacones de
la que asoma una lámpara
cuando mengua una horda de machos
en el laberinto de carrocerías
Dédalo sabía que la sangre conoce la fuga mejor que las hormigas
—Aquí un disparo es un vórtice a la hombría
 Aquí la espuma rabiosa es diaria
Aquí todo está ardiendo desde hace rato—
Hay mejores lugares para derramar la existencia joven
entre los paletones de la falda y las cervezas dispersas en un valle nocturno
abrazar profundamente el amasijo de exoesqueletos que enjoyan las telarañas
escapularios de la casa en el epicentro de la  familia
cristo de mosquitos y moscas
Escapas al perfil de una ciudad lenta
no haciendo un Orfeo
siquiera cuando el rugido estalló muy cerca del tobillo
caminando hacia el asesinato de las virginidades
con seguridad fingida
pero viendo directo a los ojos.




5

Nací con la calle en las venas
A mí
que el tiempo me dio con aliento a polvo ésta máscara de tantos muertos
me queda la entrega como pendiente
Hecha una estampa de mi carne espera “la piedad” en un bloque de futuro
El adueñamiento se queda en un capítulo penoso
y sus variantes catastróficas en el álbum de los sueños.
A mí
que nunca fui gran cosa
me queda señorear entre los papeles amarillentos
dejar caer la espada de Damocles sobre cuellos de polillas
ser reclamado por las formas que hace la mugre en el muro
Alguna vez alguien me oyó cantar en la calle
con la rosa en los ojos
abiertos los brazos
como un profeta antiguo
encarando el azul del Sahara con los labios partidos
una canción al azar bajo el cielo desierto
Pedí entonces que me llevaras contigo
limusina de luz inalcanzable y tan presente
que reflejaras en tu pared las lunas de neón
esas recreaciones malignas que compramos a cambio de la verdadera
la que iluminó la granja televisada donde viví la niñez
Llévame
vuelto lo que queda de un hombre después del golpe
a descansar
para volver a mis pies que piden piedad a la arena
Take me home como demanda la canción que sale de mis ojos de cachorro
a ese hogar dorado y blanco que no conozco
donde despertaré con una honda huella sobre la tierra
Seca con sábanas limpias la herida por donde bebe el sol
Desnúdame luego de la gloria en los teatros
remueve este esmoquin
virgen cósmica
madre que dejó mi madre en mí para cuidarme
Besa mi cuello con ternura a pesar de la madurez de mi sexo
desvísteme para el baño habiéndome consumido en el coliseo
besa mis ojos de noche cuando me desnudes desde mi propio adentro
déjame ver el cuerpo que es la calle donde me recogieron cantando
para que de mi voz me hiciera la masa que consume el gentío
Hazme un Cristo a la medida
para que lo violente en mi cuarto de bañeras blancas
así veré tu velo
sombra de una falda piadosa que da abrigo
redondez de los planetas de carne chocando más allá de lo oscuro
alrededor de esas tangas que persigo desde infante
eran elixir para mi alma por encima del amor
—Estamos por encima del amor
más allá del amor está nuestra perpetuidad parcial en las criaturas venideras—
Que corra por mí el agua de la calle
esta calle de la que no hay salida por los escenarios
ni por las casas del centro que crujen cual hojas secas
ni por los departamentos de pisos lustrosos llenos de rectángulos
ni por los teatros cuyo submundo abriga tesoros y ratas
esta calle que es mi espalda doblándose bajo es peso de su abrumadora nada
se tiende como una mandíbula abierta 180 grados
esta calle es en mí
se vuelve infinita cuando miro mis ojos en el espejo en mis ojos en el espejo en mis ojos en el espejo en mis ojos en el espejo en  mis ojos en el espejo en mis ojos en el espejo en mis ojos en el espejo en mis ojos en el espejo en mis ojos en el espejo





13

Has salido arrastrándote a la tierra
eres la huella de reptil que las aguas clementes se tragan
hay aplausos apagándose a lo lejos
en salones cúbicos mal pintados
pintados sin ganas
tuviste mala suerte
te pegó el aire
y las escamas se secaron por fuera
creaste conmigo nuestra nación y sus perras nupcias
de su proyecto fracasado
y su gente
marcados por un himno de ceniza
—la celebración del incesto—
Esta delimitación de tierra como una cárcel
a la que baja un águila todos los días para comernos el hígado
Lenta se abre la mancha
lámela
es también tu herida
Aquí está tu bastión y tu bandera
aquí la violencia del silencio incendiando los salones

***Textos tomados de Los que corrimos a ver el huracán desde adentro (inédito)


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