lunes, 24 de marzo de 2014

ÁNGELA MAZZINI [11.346]




Ángela Mazzini

La obra de Mazzini protagoniza la transición entre el romanticismo y el realismo; de una parte, se desenvuelve en meditaciones y fantasías, de otra, en fábulas. Su ánimo parece complementarse con la libertad imaginativa del pensamiento que sueña y la voluntad didáctica, desde el asentamiento crítico ante lo que se sabe irrealizable.

La poeta, de ascendencia italiana, nació en Cádiz, en 1809. De su unión matrimonial con el comerciante francés Charles Honoré Bridoux y Lefévre, nació en Inglaterra, en 1835, Victorina, que habría de ser también poeta. Muerto el señor Bridoux en Valparaíso, a donde le habían llevado asuntos de negocios, viuda e hija regresaron a Cádiz. Doña Ángela se dedica a la enseñanza de los idiomas que conoce: inglés, francés e italiano. Y con este medio de subsistencia se traslada con su hija a Santa Cruz de Tenerife, hacia fines de 1852.  
Ángela Mazzini pertenece a la segunda promoción romántica de las Islas: María Victoria Ventoso y Cullen (1827-1910), Claudio F. Sarmiento (1831-1905), Encarnación Cubas y Báez (1832- 1915),  Rafael M. Martín Fernández Neda (1833-1908), Cristina Pestana Fierro (1834- 1860), Fernanda Siliuto (1834-1859), José B. Lentini (1835-1862), Dorotea Vizcaíno (1835-1899), Antonio Rodríguez López (1836-1901), (1835-1862), Isabel Poggi y Borsotto (1840-?), Heraclio Tabares Bartlett (1849-1865).

Aquella integración promocional fue precedida por la de quienes conformaron la primera y lenta oleada romántica: Ricardo Murphy y Meade (1814-1840), José Desiré Dugour 1813-1875), José Plácido Sansón Grande (1815-1875) y otros redactores de la revista La Aurora (1847-1848), que protagonizan el momento cultural que María Rosa Alonso ha llamado de «concienciación regional», fomentadora de la exhumación de obras históricas y literarias atinentes al pasado de Canarias.

La actividad de las Mazzini en la vida cultural tinerfeña queda registrada por su participación en las veladas literarias y artísticas que patrocinan las entidades sociales de la época, en sesiones movidas por intereses filantrópicos. Fines benéficos comprometieron a doña Ángela y a Victorina en el desempeño como actrices en la representación de distintas obras dramáticas; sus poemas pudieron ser escuchados en convocatorias celebradas en pro de los atacados por la viruela, a favor de las víctimas de un temporal, en homenaje a la ilustrada juventud canaria, etcétera.

Con el fallecimiento de su hija, a doña Ángela le estará reservada la vivencia de tres décadas de soledad, remediada por la distracción  de sus clases y el ver esporádicamente impresos sus poemas en la prensa periódica. Se puede interpretar aquella dramática soledad por la declaración de un contemporáneo de doña Ángela, al decir que se le solía avistar ensimismada en algún parque ciudadano. Como recuerda la semblanza que de ella traza Isaac Viera, la filosofía fue el estudio favorito de doña Ángela, y a él, durante aquella época, debió entregarse, sin que ―como afirma el mismo autor― los recuerdos del pasado le hicieran perder su reconocida pulcritud en el vestir, o desdeñar «los encantos del tocador, a pesar de tener blanco el cabello» (ibíd., (150). Doña Ángela muere en junio de 1894.


Valor y significado de su obra

Los textos de Mazzini se hallan repartidos en un gran número de periódicos y revistas isleñas y extrainsulares de la segunda mitad de aquella centuria.
Por lo que concierne a la poesía, la inspiración de Mazzini no sólo se contuvo entre los límites de una escritura convencionalmente «seria», sino que se desbordó en la ingeniosa composición de logogrifos y charadas en verso, refinados entretenimientos de la época. Pero también satisfizo otros aspectos de la creación; algunas de sus prosas desbordan el interés literario para aproximarse a las corrientes científicas del momento, aspectos que, junto al de las traducciones de textos ajenos, indician unas necesidades económicas presumibles y, en suma, la difícil profesionalidad de la mujer escritora. No llegó a recoger su obra poética en un volumen. Lo conservado de ella permanece ―de momento― en la prensa periódica.

La obra de Mazzini protagoniza la transición entre el romanticismo y el realismo; de una parte, se desenvuelve en meditaciones y fantasías, de otra, en fábulas. Su ánimo parece complementarse con la libertad imaginativa del pensamiento que sueña y la voluntad didáctica, desde el asentamiento crítico ante lo que se sabe irrealizable. Hay, en distintos momentos de su obra, una «retractación» del pensamiento que le es más próximo, el romántico, en favor de los pronunciamientos que, al hilo de la Ilustración, han venido conduciendo la idea del Progreso, acaso porque así conviniera al tiempo y al lugar en que escribe Manzini, ya que, tratándose de Canarias, urgía aquella función educadora a la que asimismo con anterioridad habían atendido los empeños de José de Viera y Clavijo y Graciliano Afonso.

El siglo XIX ofrece un rico y variado muestrario de actitudes contradictorias; de esta aseveración no escapa, en efecto, la conducta intelectual de doña Ángela, en quien se concilian la ortodoxia religiosa y el pensamiento liberal y progresista. El momento expresivo de mayor tensión ideológica corresponde al del Sexenio Revolucionario, momento en que su escritura aglutina términos tales como «Cádiz», «Constitución», «República», «Monarquía»…; esta época tampoco podía desentenderse del alegato de los «Derechos de la mujer», en afinidad beligerante con los escritos pro-feministas de Gómez de Avellaneda, Concepción Arenal y Carolina Coronado, entre otras. De sumo interés es el «Prólogo» que Mazzini puso al frente de la edición de las Poesías de Manuel Marrero Torres (1823-1855), en el que, entre otras aseveraciones, se sostiene que el poeta se sabe un «errante peregrino» en el mundo y «se asemeja a aquellas aves de paso que van a suspender sus nidos en las cumbres que más las acercan a Dios».

El estilo rinde tributo, como antes quedó sugerido, a dos sistemas expresivos; de una parte, el del romanticismo, de otra, el del realismo y,  por ligero desequilibrio, se ve favorecido el segundo. No hay normas que transgredir, y las que hay que aceptar son de orden religioso y de imperativo social. El tema del Ubi sunt (y, consiguientemente, del destino), reactualizado por los románticos, está ciertamente presente en muchos poemas, pero no hay que olvidar que tuvo su origen en el mundo clásico. El simbolismo fónico a la manera de Espronceda es en esta poética una reminiscencia eventual: «¡El huracán de indómitas pasiones…»; ¡ «Brama la tempestad/ rugen los vientos…»). El asunto de lo «misterioso» es  tratado por Mazzini en forma de contienda entre la inspiración poética (bulliciosa algarabía del ser) y la realidad, o de discordancia entre el alma y los sentidos, según se lee en los poemas titulados «La Visión» y «Una voz secreta», y aunque en ambos son rastreables las huellas becquerianas, las suspicacias en torno a la Verdad o al origen de la Poesía surgen de una mentalidad ya ganada por el cientifismo.
Las estrofas de que se sirve Mazzini son de procedencia clásica: cuarteto isomético de endecasílabos (de rima cruzada y abrazada) y aun de tetradecasílabos); cuarteto-lira; quinteto; octavas reales; décima, etcétera; pero así como no practicó ―parece― la combinatoria del soneto, tampoco se sintió atraída por el uso de la polimetría. Entre sus prosas, algunas afrontan el misterio de la creación poética.

 Por Eugenio Padorno



Bibliografía

OBRAS DE ÁNGELA MAZZINI
Padorno, Eugenio, Ángela Mazzini (1809-1894). Poesía y otros textos, Las Palmas de Gran Canaria, Anroart Ediciones, 2010.
SOBRE ÁNGELA MAZZINI
Alonso, María Rosa, En Tenerife, una poetisa. Victorina Bridoux y Mazzini, 1835-1862, Santa Cruz de Tenerife, Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, 2001.
Padrón Acosta, Sebastián, «Las poetisas isleñas», en Poetas isleños, Santa Cruz de Tenerife, Libería Hespérides, s.a. [1940], pp. 37-56.
Poetas canarios de los siglos XIX y XX, edición, prólogo y notas por Sebastián de la Nuez, Aula de Cultura de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1966 
Viera y Viera, Isaac, «Ángela Mazzini», en Vidas ajenas, Santa Cruz de Tenerife, Imprenta Isleña e hijos de G. Francisco C. Hernández, 1888, pp. 149-150. 






UNA VOZ SECRETA

Oigo una voz, de célica armonía,
que surge a no dudar sólo del cielo;
dulce voz que escuché... no sé qué día,
voz soberana de sin par consuelo.

Su melódico acento escucho ansiosa,
y escucharlo de nuevo siempre aclamo,
pues viene de continuo misteriosa,
murmurando en mi oído: «¡Yo te amo!»

Miro en torno de mí: nada se agita;
el corazón palpita y se estremece,
mas siempre aquella voz bendita
«Te amo, te amo», y mi ilusión acrece.

Tanto placer la realidad no alcanza;
que si el alma esa voz ávida escucha,
verá desvanecida su esperanza
con los sentidos en perpetua lucha.

Yo quiero sin cesar, continuamente,
gozar de esa ilusión hasta el extremo;
¡qué importa si juzgándome demente
es esa dulce voz mi bien supremo!

¡Ven, de mi soledad bálsamo puro;
ven, lenitivo a mi dolor insano!
Más que la realidad goce seguro,
promesa fiel de Genio sobrehumano.

Tú eres mi único bien; en el tumulto,
donde la falsedad tiene su asiento,
en el bosque, en el templo, te consulto,
y... «te amo» responde el misterioso acento.

Yo hallé la realidad infiel, perjura:
el juramento de su amor mezquino;
por eso mi ilusión es mi ventura
y escuchar esa voz es mi destino.

¡Quién sabe! Si en continua discordancia
el alma y los sentidos se hacen guerra.
¡Cómo hallar en amor esa constancia
que el ser inmaterial busca en la tierra!

¡Apartad, fementidas! Los halagos
que vuestra lengua sin cesar ofrece,
sumergen al espíritu en estragos
que vuestra aleve fatuidad merece.

La gloria, la ambición y la riqueza
son para el vulgo noble distintivo;
de otras aspiraciones, con largueza
quiere verse saciar el pecho activo.

¡Atroz calumnia! Con diversa forma
el espontáneo afecto al fin falseas;
mi sentir a esa ley no se conforma.
¡Voz secreta de amor, bendita seas!







EL AVE DE PASO

Cruza el espacio con cansado vuelo;
pobre ser que no admiten en el cielo,
sus alas con dolor al suelo tienden.

En extranjero clima busca ansiosa
algo que aliente su dolor profundo...
Árida soledad su mente acosa,
ajena ya a los goces de este mundo.

¿Y por qué así? ¿Con provisora mano
no dotó providencia a su criatura?
¿No ha dicho: «En cada ser ves un hermano
que partirá contigo su ventura?»

Busca a tu semejante, ave viajera;
que si parte te dan dentro su nido,
de su hospitalidad sin larga espera
el bien encontrarán retribuido.

Y el ave, por su instinto arrebatada,
albergue busca en la canora gente;
mas la turba se oculta en la enramada
afectando mostrarse indiferente.

¡Desgraciado del triste peregrino
que en la desierta senda se extravía!
¿Cómo hallará de nuevo su camino
si le niegan consuelo y simpatía?

Tiende tu vuelo a nuevos horizontes,
pobre extranjera en su extensión perdida;
el sol se pone allá, tras de los montes...
Busca en otra región tu paz querida.

¡En vano! Tu plumaje delicado
ha perdido su nítida blancura...
Sus trinos, que el dolor ha saturado,
no dejan comprender tu desventura.

Los ecos del dolor, si es incesante,
suelen ser, ¡infeliz!, incomprensibles;
no busques en la tierra semejante
porque produce escasos imposibles.

Vuelve a arrancar tu vuelo, ave de paso;
flor que cierra en su cáliz su perfume
sin que volubles auras hagan caso
de la esencia de amor que te consume.

Rozando vas con tu volar ligero
las cumbres, los collados, las praderas;
en atalaya un pájaro agorero
te anuncia cual prófuga extranjera.

Las aves abandonan el ramaje
para observarte en el brillante espacio;
envidian el matiz de tu plumaje,
tu esbeltez y tus ojos de topacio...

―«¿Qué buscas?», te preguntan― «Un hermano,
un ser amigo, que el vivir sostiene.»
―«¿Y hemos de dividir contigo el grano
que a solas disfrutamos? No conviene».

¡Sigue, sigue! Volando desparece,
y volver, si es posible, cauta excusa;
al peregrino albergue se le ofrece
si cantando por nuestro suelo cruza.

Mísero ser a quien tenaz persigue
en soledad su amargo desconsuelo;
aunque cansada estés, no importa, sigue.
Tu patria no has de hallar sino en el Cielo.






FANTASÍA

¿Qué es el poeta? ¿Es un hombre? ¿Es un ser igual a sus semejantes? Su figura lo acredita, mas ¡ay! en él no está como en los demás hombres, en constante lucha, el espíritu y la materia. ¡Sus aspiraciones no son de la esfera en que vive!  En vano su naturaleza lo sujeta a los accidentes materiales; su imaginación lo aparta de las exigencias de la vida mortal y apenas su mirada se detiene en sus miserias.
Soñador constante, forja en su hirviente pensamiento su perfecto ideal, y cree a veces tocarlo, ¡pobre iluso! Las decepciones lo afligen mas no lo arredran... Camina sin tregua por el erial de la vida y, semejante al Judío Errante, anda, anda; y mira alguna vez con desaliento la distancia que ha salvado, preguntándose asombrado si no alcanzó ya el Edén que tan cercano contempló.
¡Pobre ser, te juzgan loco! Sin duda has traído a esta esfera de cieno y metal las fugitivas reminiscencias de tu pasado, que absorben tu pobre mente, y unas veces gimien­do, otras cantando, comparas tu perdido paraíso a la terrestre esfera donde yaces aislado peregrino.
El alquimista descompone el mineral y los metales; tú descompones las ideas preconcebidas por el hombre vulgar y buscas la esencia de los pensamientos, el fluido en la materia. ¡Desgraciado! ¿No comprendes que un desterrado ha de conformarse a la manera de ser del mundo donde habita? ¿Buscas la verdad? ¿Aquí? ¡Imposible! ¿El amor? Sí, aquí hay algo que así se llama, pero acaso no lo conocerás; aquí también gasta venda, pero es para ocultar su bochorno, porque también especula. ¿Buscas quizás la amistad? ¿Pero de dónde vienes, mísero visionario? ¿No sabes que aquí se progresa, y que la amistad se ha disfrazado y hoy se llama adulación, viviendo sólo en círculos aristocráticos?
Vuelve en ti, soñador eterno; contempla dónde te hallas... Aquí las flores han perdido su primitivo aroma porque los hombres, para hacerlas más bellas en apariencia, han trastornado su olor y su origen. Los suaves colores del Cielo y de la esperanza no valen por sí solos: es preciso abrigarlos con tintes sombríos, para que sean de moda.
¿La belleza pides? ¡Ay! Ésta es multiforme; ya no tiene carácter fijo; los modelos de la escuela griega y romana han degenerado hasta la imbecilidad; ya no hay belleza clásica... La escultura y la pintura han caducado; las artes han necesitado otro renacimiento y ya no figuran cual antes: ahora desfiguran.
¿Te admiras, Poeta? Lo que tu Genio te pinta como bello y grande no es ya de la época... Por eso te hallas solo y aislado. Los vientos arrebatan las secas hojas de los prados: todo cambia y se regenera. Tú, cual la inerme roca, quieres resistir el empuje del huracán de las pasiones, del interés, del orgullo, del fanatismo... de la moderna barbarie. ¡Bien, pobre poeta, vive con tus ilusiones! Templa tu Laúd y en el desierto de tu nómada vida, cual el bardo profeta, canta tus purísimos amores. Tus elevadas aspiraciones acaso levanten algún eco, como los acordes de Ossian, y el tributo de unos pocos escogidos sostendrá tu entusiasmo, y no te apenará oírme decir: ¡pobre poeta!




A CÁDIZ

               A mi ilustrado amigo, el Sr. Manuel Suárez 

¡Cádiz, mi amada patria sin ventura,
ínclita, invicta cuna de leales!
Cuando el tiempo registre tus anales,
justicia te ha de hacer la edad futura.

Blanca como del cisne nívea pluma,
ninfa gentil,  en tu anchurosa falda
salpica el mar sus gotas de esmeralda
mientras baña tus pies con blanca espuma.

¡Non plus ultra de antiguas tradiciones;
centro donde el amor guarda su nido,
espejo entre columnas suspendido,
emporio de los libres corazones!

Salud a ti, donde mecida un día
de tus sonoras olas al arrullo,
cantando de tus auras el murmullo,
pasé mi infancia en calma y alegría.

Ora, llorando al pie de monte altivo,
el alma en tus recuerdos se complace
do la mitad de mi existencia yace,
sus quejas dando a mi destino esquivo.

Y cuando el alma en dolorosa lucha,
en su congoja a veces desfallece,
aún a tu voz, ¡oh Cádiz!, se estremece
cuando el gemido de su patria escucha.

¿Será verdad que su furor agota
y en verdugo el orgullo se convierte?
El que tu sangre generosa vierte,
¡tendrá que redimirla gota a gota!

Heroica, tus laureles sin mancilla
aparta de tus sienes con tus manos;
que si son los vencidos tus hermanos,
la victoria también su frente humilla.

Tu noble sangre sin temor vertida,
tu valor, tu derecho justo y santo,
que arrostraba la muerte sin espanto,
protestan contra el arma fratricida.

Baldón al que fomenta con la fuerza
sangrienta lucha en tierra de cristianos,
espurios deben ser, si son hermanos,
y no es extraño que el poder se tuerza.

¡Oh, si el valor de tus valientes hijos
a mi doliente ser dado le fuera,
de patria y libertad la fiel bandera
alzar sin temer duelos prolijos!

Mas ya que sólo el varonil aliento
consigue refrenar a los tiranos,
honra y prez a los nobles gaditanos
que oponen a la fuerza suardimiento.
                       [...]      
             
Suspende tu genio, mi triste lira,
dando treguas al duelo que te aqueja,
y en tus cuerdas lucir el eco deja
que la amistad al corazón inspira.

Feliz si por tu acento, consignado
dejar mi afecto sincero consigo,
al que es modelo de patricio honrado,
padre y esposo fiel, perfecto amigo.







SOBRE LA TUMBA DE MI HIJA VICTORINA.
EN EL ANIVERSARIO DE SU NATALICIO.

Otra vez, dulce sombra, te busco en tu morada,
evocando un recuerdo que por siempre pasó;
mi voz, aunque doliente, aún canta tu alborada,
bosquejando una gloria que en la nada se hundió.

Auras que perfumásteis su blonda cabellera;
blancos lirios que ornásteis su frente virginal;
pintada mariposa de su amor mensajera;
aguas que retratásteis su belleza ideal,

venid, que yo os imploro, seréis mis confidentes,
vosotras su memoria soléis embellecer;
los hombres a mis penas serán indiferentes,
vosotras mis quebrantos sabéis compadecer.

Las musas la llamaron La hija de las flores,
porque eran sus hermanas en pura complexión,
mas yo que te adoraba, hija de mis amores,
llevo tu nombre escrito dentro del corazón.

No lo pronuncia el labio, que al quererlo expresar
sublévanse confusas las memorias de ayer;
oigo tu voz, te busco, te siento suspirar...
y abominar la causa de mi hondo padecer.

Repasa, dulce sombra, en tu morada fría,
que el alma en Dios espera remedio a tanto afán.
Los ayes de los tristes alcanzan, hija mía,
a merecer el premio de Aquel a donde van.

Los ecos de mi lira en tétricos sonidos
proclaman tus virtudes al par que mi dolor.
¡Ay de los rencorosos que no tienen oídos
para escuchar las preces que suben al Señor!

Al saludar ansiosa de tu natal la hora,
siento atroces tormentos mi pecho desgarrar.
Solitario en la tierra vive el triste que llora,
pues nadie le perdona a un imposible amar.

No importa, siemprevivas adornarán tu fosa,
emblema que tú amabas, blanca sombra sutil
y al extender tus alas por mansión deliciosa,
dirás: «Mi madre amante llora el 9 de abril.»







¡LOOR A LOS VOLUNTARIOS DE LA LIBERTAD!

Honra y prez a los cívicos varones
que abnegación mostrando e hidalguía
han grabado en sus nobles corazones
este lema leal en sus blasones...
¡Tuyo mi corazón, oh Patria mía!

No escuchéis insidiosas acechanzas:
mostrad sólo en la lid el ardimiento,
que a pesar de traidores esperanzas
aún podéis realizarlas bienandanzas
que os dicta la lealtad del sentimiento.

Allá desde las playas españolas,
«Fraternidad y Unión» los buenos claman,
y esas voces confusas no son solas
las que llegan mecidas por las olas
y al patrio amor de sus hermanos llaman.

¡Nivaria escucha y su pendón levanta
y el entusiasmo entre sus hijos brilla!
¡Voluntarios, salud! Moved la planta
y admire vuestra unión fraterna y santa
la patria de Lanuza y de Padilla.






FANTASÍA (Verso)

Un soberbio Coloso
surgió sobre la espuma;
con su poder abruma
la tierra en que posó:
su férreo poderío
por que temor infunda
en un trono se funda
que el terror inspiró.

Derrúmbase la mole
que en arena se eleva;
el huracán la lleva
con tétrico fragor,
y do el poder dictaba
sus arbitrarias leyes
el Rey juez de los reyes
acusara el rigor.

De míseras cabañas
van humildes pastores
al par de los Señores
sus preces a ofrecer
al que igualdad proclama
y la soberbia doma
cuando el solio desploma
de un tirano el poder.

Titán envanecido
que amenazaba al Cielo
fijando en pobre suelo
tu estéril dignidad;
si tus preciados timbres
cimentas sobre arcilla,
¿por qué te maravilla
perder tu potestad?

Por la ambición cobarde
que el déspota acaricia
el trono se desquicia
y el polvo hunde su pie.

Guay del orgullo insano
si en él posa tu planta
y un pueblo se levanta
gritándole: ¡Aquí fue!

Octubre, 5. 1868




No hay comentarios:

Publicar un comentario