sábado, 7 de mayo de 2016

NICASIO URBINA [18.640]


Nicasio Urbina 

Escritor, catedrático y crítico nicaragüense. Nació en Buenos Aires, Argentina en 1958. Su primer libro fue una colección de cuentos titulada El libro de las palabras enajenadas (1991), seguido de un libro de crítica literaria La significación del género: estudio semiótico de las novelas y ensayos de Ernesto Sábato (1992). Ganó el Premio Nacional Rubén Darío 1995 con un libro titulado La estructura de la novela nicaragüense: análisis narratológico  (1996).  Como poeta se dio a conocer con  Sintaxis de un signo (1995, segunda edición 2000). Su segundo libro de cuentos se titula  El ojo del cielo perdido (1999). Como editor en el 2000 publicó una edición crítica de la novela de Hernán Robleto, Sangre en el trópico,  en el 2005 Miradas críticas sobre Rubén Darío, y en el 2007 La voz sostenida. Antología del pensamiento nicaragüense. Su segundo libro de poesía Viajemas (2009). En el 2011 publicó el libro de cuentos Caminar es malo para la salud, y en 2012 la antología de cuentos nicaragüenses Narradores: Siglo XX (Guatemala: Letra Negra). Ha publicado más de 80 artículos críticos en revistas especializadas, ha dictado más de 100 conferencias, y constantemente publica columnas en diarios y periódicos. Fue catedrático de la Universidad de Tulane, Nueva Orleáns, desde 1990 hasta 2004, donde fue Director del Departamento de Español y Portugués. Actualmente es catedrático de literatura latinoamericana de la Universidad de Cincinnati y Director de Departamento de Lenguas y Literaturas Románicas. Pablo Antonio Cuadra  dijo de su poesía, “Desde hace varios poetas y desde hace varios libros venía pensando que las huellas de ciertos grandes poetas que hicieron el siglo XX parecían perdidas en los nuevos caminos de la últimas generaciones, caminos como aéreos salvo algunas excepciones, una de esas excepciones  es Nicasio Urbina”.


PREGUNTAS

No esperes que nadie responda tus preguntas:
solo tú podrás hacerlo.
Cuando la noche en tus hombros caiga
y te sientas perseguido por el gusto y el deseo,
no interrogues el rostro de una amiga dadivosa,
interroga la magnitud de tus espejos.
Cuando por la calle te salude Carlos Martínez Rivas
y te invite al poema inmerecido,
agradécele sinceramente el gesto,
pero busca en tus entrañas el silencio.
Todo pasará: ese dolor terrible que te azota,
el cáncer que carcome tus entrañas,
la gloria de sentirse amado y el placer,
el placer de haber llegado hasta el final.
Todo pasará. No te preocupes.
Ese silencio que hoy te mortifica
será igual a la voz impoluta de un soprano.
Recuerda a Pablo Antonio en su profundo meditar:
La poesía es el palacio de la humanidad.
Vuelve a tu casa,
tira a la basura tus pistolas,
abre el libro y lee en silencio algunos versos,
cierra los ojos:
las respuestas vendrán sin que las llames.

(2004)



METÁFORA DE UN SIGNO

Nacido verbo bautizado nombre,
adjetivo por educación, moderado adverbio,
preposición y artículo desde chiquitito
y a fuerza de crecer, interjección.

Admirado signo y exclamativo,
ícono indéxico,
semiolograma,
parodia y huérfana y dedicativa,
--realidad engaño--
y por la fuerza madre, copulativo.

De escuela niño y parvulario,
pandillero santo,
erudito mudo ante la ignorancia,
amador profundo,
musical soltero,
paternal,
simpático,
escritor de cosas, filibustero.

Puntuación de días, horas, milenios,
concierto ortográfico de sudores y espermas,
morfemas y arcos, metafórica suerte,
--bajo libertad palabras--.
Poesía de un hombre,
metáfora de un signo.




(Del libro de poesía, “Viajemas”, Ediciones Pavsa, Managua, 2009)

UN PAÍS DE CARNE

Es inevitable:
cada noche te recuerdo.
Vuelves a mí en un ciclo de estrellas,
en una rotación insospechada
de historias y suspiros;
tus ojos cargados de silencios
y la maravillosa mano que te sueña
en casta pobreza de dolores.

Al cerrar los ojos veo tu rostro de princesa
esparcida por la tierra de tus llanos,
los volcanes de tus pechos
respirando el volumen de tu historia,
los lagos que se extienden por tu cuerpo
y los ríos que te inundan,
como en un momento te inundaron mis besos.

Por las tardes, ocupado en mis labores
me pregunto por tu sino.
¿Qué será de ti,
cuando sopla el viento norte
y se carga de luz la geografía?

Viví en ti muy poco tiempo,
ya lo sé.
Quizás nunca vuelva a tus senderos,
los caminos vertiginosos de tus piernas,
las suaves colinas,
las ciudades que te habitan hambrientas,
las guerras fratricidas que te rompen.
Pero añoro tu voz que me conoce,
el tibio viento de tu cuello,
el sabor de tus fogatas y tus cuentos.

¿Hasta cuándo soñar?
Romper con todo y con la vida
en una mano
volver a ti, desnudo,
sin más tesoro que mis versos
y mis huellas de paseante,
y vivir en ti
por el resto de mis días.

Augusta, Georgia, febrero 1990.




PRECIPITACIONES

Agitados con loca ansiedad y pasión
en el interior oscuro de un cubilete,
presa del miedo feroz y la esperanza,
desafían a la geometría y a la suerte.

No saben de amores, y los pavorosos
momentos que preceden a la muerte
les son desconocidos. Sin embargo
sus números frívolos y sus simétricos lados,
deciden la suerte del hombre
que en una apuesta se juega la vida.

Obedeciendo el impulso de una mano
fortuita, ruedan presurosos en el verde
paño. Nadie los controla o al menos eso
se cree; no obstante, una siniestra mano
ignota, parece mover desde algún lado
las piezas. No hay rotación exacta, cálculo
algebraico o truco. Los dados que se desbocan
en la mesa no conocen concierto, y las
cifras agoreras desconocen la suma.
Nada determina el resultado. Sólo el
arbitrario azar, la inexplicable suerte
de la mano trémula que agita los mármoles.

Los números y la mesa, los cubos fríos
y el movimiento raudo son indiferentes
a mi suerte, a la fiebre incomparable
del acierto o al sudor detestable del suicidio.

Nueva Orleans, marzo 1999.



ÍNFIMA DULZURA

Sé feliz. No te opongas.
Ahora que la vida te sonríe
y el sereno azul cobija claro,
permite la entrada de la aurora
y deja que los astros te entretengan.

No te opongas a la ínfima dulzura,
la música del árbol te protege,
los pájaros, la noche, el silencio:
todos te han hablado de esta entrega.

No repares en los ojos penitentes,
olvida las hormigas que te pican:
ninguna de sus muertes te conviene.
Ni el dios de Nietzsche, ni el de
Abraham te abandonan;
sólo tú puedes dejarlos.

Sé feliz. No te opongas.
Tendrás toda la muerte
para pensarlo.

Miami, Diciembre 2005








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