jueves, 11 de febrero de 2016

LEWIS CARROLL [18.110]


Lewis Carroll

Charles Lutwidge Dodgson (Daresbury, Cheshire, Reino Unido, 27 de enero de 1832-Guildford, Surrey, Reino Unido, 14 de enero de 1898), más conocido por su seudónimo Lewis Carroll, fue un diácono anglicano, lógico, matemático, fotógrafo y escritor británico. Sus obras más conocidas son Alicia en el país de las maravillas y su continuación, Alicia a través del espejo.

Los antepasados de Dodgson procedían principalmente del norte de Inglaterra, con algunas conexiones irlandesas. Conservadores y miembros de la High Church anglicana, la mayoría de ellos se dedicaron a las dos profesiones características de la clase media-alta inglesa: el ejército y la Iglesia. Su bisabuelo, llamado también Charles Dodgson, su abuelo, otro Charles, fue capitán del ejército y murió en batalla en 1803, cuando sus dos hijos eran todavía muy pequeños.

El mayor de ellos —también llamado Charles— escogió la carrera eclesiástica. Estudió en Westminster School y más tarde en Christ Church, Oxford. Con grandes dotes para las matemáticas, obtuvo una doble titulación que prometía ser el comienzo de una brillante carrera académica. No obstante, el futuro padre de Lewis Carroll prefirió, tras casarse en 1827 con su prima, convertirse en párroco rural.

Su hijo Charles nació en la pequeña parroquia de Daresbury, en Cheshire. Fue el tercero de los hijos del matrimonio Dodgson, y el primer varón. Después seguirían ocho hijos más y, lo que resulta más insólito para la época, todos ellos —siete chicas y cuatro chicos— sobrevivirían hasta la edad adulta. Cuando Charles tenía once años, su padre fue nombrado párroco de la localidad de Croft-on-Tees, en North Yorkshire, y toda la familia se trasladó a la espaciosa rectoría que sería la morada familiar durante los siguientes 25 años.

Dodgson padre fue haciendo progresos en el escalafón eclesiástico: publicó varios sermones, tradujo a Tertuliano, se convirtió en archidiácono de la catedral de Ripon, y tomó parte activa en las apasionadas discusiones que por entonces dividían a la Iglesia de Inglaterra. Era partidario de la High Church y favorable al anglo-catolicismo; admiraba a John Henry Newman y al movimiento tractariano, e hizo lo que pudo para transmitir a sus hijos sus puntos de vista.

El joven Charles inició su educación en su propia casa. Las listas de sus lecturas conservadas por la familia, atestiguan su precocidad intelectual: a los siete años leyó The Pilgrim’s Progress de John Bunyan. Se ha dicho que sufrió un trauma infantil cuando se le obligó a contrarrestar su tendencia natural a ser zurdo; no hay, sin embargo, ninguna evidencia de que haya sido así. Sí sufrió de un tartamudeo que tendría efectos perjudiciales en sus relaciones sociales durante toda su vida. También padeció sordera en el oído derecho a consecuencia de una enfermedad. A los doce años fue enviado a una escuela privada en las afueras de Richmond, donde parece que se integró bien, y en 1845, fue trasladado a Rugby School, donde fue evidentemente un tanto infeliz, según él mismo escribió algunos años después de abandonar el lugar:

Creo ... que por nada en este mundo volvería de nuevo a vivir los tres años que pasé allí ... Puedo decir, honestamente, que si hubiese estado ... a salvo de la molestia nocturna, la dureza de la vida diurna se me hubiera hecho, en comparación, muchísimo más soportable.
La naturaleza de esta «molestia nocturna» nunca será, quizá, correctamente interpretada. Puede ser una forma delicada de hacer referencia a algún tipo de abuso sexual. Académicamente, sin embargo, Charles se las arregló bastante bien. Su profesor de matemáticas, R. B. Mayor, dijo de él: «No he conocido a un chico más prometedor desde que estoy en Rugby».1

Abandonó Rugby a finales de 1850 y en enero de 1851 se trasladó a la Universidad de Oxford, donde ingresó en el antiguo college de su padre, Christ Church. Llevaba sólo dos días en Oxford cuando tuvo que regresar a su casa porque su madre había muerto de «inflamación del cerebro» (posiblemente meningitis) a los cuarenta y siete años de edad.

Cualesquiera que hayan sido los sentimientos que la muerte de su madre le produjo a Dodgson, no permitió que le apartaran del objetivo que le había llevado a Oxford. Tal vez no siempre trabajó duro, pero estaba excepcionalmente dotado y obtuvo con facilidad unos resultados excelentes. Su temprana carrera académica osciló entre sus éxitos, que prometían una carrera explosiva, y su tendencia irresistible a la distracción. A causa de su pereza, perdió una importante beca, pero, aun así, su brillantez como matemático le hizo ganar, en 1857, un puesto de profesor de matemáticas en Christ Church, que desempeñaría durante los 26 años siguientes (aunque no parece haber disfrutado especialmente de su actividad). Cuatro años después fue ordenado diácono.

En Oxford se le diagnosticó epilepsia, lo cual por entonces constituía un estigma social considerable. Sin embargo, en fecha reciente John R. Hughes, director de la Universidad de Illinois (Chicago), ha sugerido que pudo haber habido un error de diagnóstico.

Carroll y la fotografía

En 1856, Dodgson descubrió una nueva forma de arte, la fotografía, primero por influencia de su tío Skeffington Lutwidge, y más tarde de su amigo de Oxford Reginald Southey y del pionero del arte fotográfico Oscar Gustav Rejlander.

Dodgson alcanzó pronto la excelencia en este arte, que convirtió en expresión de su personal filosofía interior: la creencia en la divinidad de lo que él llamaba belleza, que para él significaba un estado de perfección moral, estética o física. A través de la fotografía, Carroll trató de combinar los ideales de libertad y belleza con la inocencia edénica, donde el cuerpo humano y el contacto humano podían ser disfrutados sin sentimiento de culpa. En su mediana edad, esta visión se transformó en la persecución de la belleza como un estado de gracia, un medio para recuperar la inocencia perdida. Esto, junto con su pasión por el teatro, que le acompañó durante toda su vida, habría de traerle problemas con la moral victoriana, e incluso con los principios anglicanos de su propia familia. Como anota su principal biógrafo, Morton Cohen: «Rechazó rotundamente el principio calvinista del pecado original y lo sustituyó por la noción de divinidad innata».


La obra definitiva acerca de su actividad como fotógrafo (Lewis Carroll, Photographer, de Roger Taylor (2002)), documenta exhaustivamente cada una de las fotografías de Lewis Carroll que se han conservado. Taylor calcula que algo más de la mitad de su obra conservada está dedicada a retratar a niñas. Sin embargo, debe ser tenido en cuenta que menos de un tercio de la totalidad de su obra se ha conservado. La niña que más veces le sirvió de modelo fue Alexandra Kitchin («Xie»), hija del deán de la catedral de Winchester, a la que fotografió unas cincuenta veces desde que tenía 4 años hasta que cumplió 16. En 1880 intentó fotografiarla en traje de baño, pero no se le permitió. Se supone que Dodgson destruyó o devolvió las fotografías de desnudos a las familias de las niñas que fotografiaba. Se creía que se habían perdido, pero se han encontrado seis desnudos, de los cuales cuatro han sido publicados y dos se conocen apenas. Las fotografías y esbozos de desnudos que Dodgson realizaba alentaron la suposición de que tenía tendencias pedófilas, aunque dicha especulación ha sido desafiada por varios académicos que argumentan que Carroll debe ser comprendido en contexto y, entre otras cosas, que en el espacio y tiempo de la cultura victoriana, la aparición de niñas desnudas era visto como algo totalmente normal porque equivalía a un símbolo de inocencia, (apareciendo escenas similares incluso en postales de Navidad). También se ha argumentado que ha habido insconsistencias y manipulaciones posteriores en las biografías, lo cual contribuyó a la especulación de lo que se ha denominado "el mito de Carroll".

La fotografía le fue también útil como entrada en círculos sociales elevados. Cuando logró tener un estudio propio, hizo notables retratos de personajes relevantes, como John Everett Millais, Ellen Terry, Dante Gabriel Rossetti, Julia Margaret Cameron y Alfred Tennyson. Cultivó también el paisaje y el estudio anatómico.

Dodgson abandonó repentinamente la fotografía en 1880. Después de 24 años, dominaba completamente el medio, disponía de su propio estudio en el barrio de Tom Quad, y había creado unas 3.000 imágenes. Menos de 1.000 han sobrevivido al tiempo y a la destrucción intencionada. Dodgson registraba cuidadosamente las circunstancias que rodeaban la creación de cada una de sus fotografías, pero su registro fue destruido.

Su obra fue reconocida póstumamente, junto a la de Julia Margaret Cameron, gracias a su reivindicación por parte de los fotógrafos del pictorialismo, así como al apoyo del Círculo de Bloomsbury, en el que se hallaba Virginia Woolf. En la actualidad, es considerado uno de los fotógrafos victorianos más importantes, y, con seguridad, el más influyente en la fotografía artística contemporánea.

Carrera literaria

Dodgson escribió poesía y cuentos que envió a varias revistas y que le reportaron un éxito discreto. Entre 1854 y 1856 su obra apareció en las publicaciones de ámbito nacional The Comic Times y The Train, así como en revistas de menor difusión, como la Whitby Gazette y el Oxford Critic.

La mayor parte de estos escritos de Dodgson son humorísticos, y en ocasiones satíricos. Pero tenía un alto nivel de autoexigencia. En julio de 1855 escribió: «No creo haber escrito todavía nada digno de una verdadera publicación (en lo que no incluyó a la Whitby Gazette o al Oxonian Advertiser), pero no desespero de hacerlo algún día». Años antes de Alicia en el país de las maravillas, ya buscaba ideas de cuentos para niños que pudieran proporcionarle dinero: «Un libro de Navidad [que podría] venderse bien... Instrucciones prácticas para construir marionetas y un teatro».

En 1856 publicó su primera obra con el seudónimo que le haría famoso: un predecible poemilla romántico, «Solitude», que apareció en The Train firmado por Lewis Carroll. El sobrenombre lo creó a partir de la latinización de su nombre y el apellido de su madre, Charles Lutwidge. Lutwidge fue latinizado como Ludovicus, y Charles como Carolus. El resultante, Ludovicus Carolus, regresó otra vez al idioma inglés como Lewis Carroll.

También en 1856, un nuevo deán, Henry Liddell, llegó a Christ Church, trayendo con él a su joven esposa y a sus hijas, que tendrían un importante papel en la vida de Dodgson. Éste entabló una gran amistad con la madre y con los niños, especialmente con las tres hijas, Lorina, Alice y Edith. Parece ser que se convirtió en una especie de tradición para Dodgson llevar a la niñas de picnic al río, en Godstow o en Nuneham.

Fue en una de estas excursiones, concretamente, según sus diarios, el 4 de julio de 1862, cuando Dodgson inventó el argumento de la historia que más tarde llegaría a ser su primer y más grande éxito comercial. Él y su amigo, el reverendo Robinson Duckworth, llevaron a las tres hermanas Liddell (Lorina, de trece años, Alice, de diez, y Edith, de ocho) a pasear en barca por el Támesis. Según los relatos del propio Dodgson, de Alice Liddell y de Duckworth, el autor improvisó la narración, que entusiasmó a las niñas, especialmente a Alice. Después de la excursión, Alice le pidió que escribiese la historia. Dodgson pasó una noche componiendo el manuscrito, y se lo regaló a Alice Liddell en las Navidades siguientes. El manuscrito se titulaba Las aventuras subterráneas de Alicia (Alice's Adventures Under Ground), y estaba ilustrado con dibujos del propio autor. Se especula que la heroína de la obra está basada en Alice Liddell, pero Dodgson negó que el personaje estuviera basado en persona real alguna.

Tres años más tarde, Dodgson, movido por el gran interés que el manuscrito había despertado entre todos sus lectores, llevó el libro, convenientemente revisado, al editor Macmillan, a quien le gustó de inmediato. Tras barajar los títulos de Alicia entre las hadas y La hora dorada de Alicia, la obra se publicó finalmente en 1865 como Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (Alice's Adventures in Wonderland), y firmada por Lewis Carroll. Las ilustraciones de esta primera edición fueron obra de sir John Tenniel.

El éxito del libro llevó a su autor a escribir y publicar una segunda parte, Alicia a través del espejo (Through the Looking-Glass and what Alice Found There).

Posteriormente, Carroll publicó su gran poema paródico La caza del Snark (The Hunting of the Snark), en 1876; y los dos volúmenes de su última obra, Silvia y Bruno, en 1889 y 1893, respectivamente.

También publicó con su verdadero nombre muchos artículos y libros de tema matemático. Destacan El juego de la lógica y Euclides y sus rivales modernos además de An Elementary Theory of Determinants escrito en 1867. En este último da las condiciones por las cuales un sistema de ecuaciones tiene soluciones no triviales.

Carroll y las matemáticas

Aunque la mayor parte de su atención la dedicó Carroll a la geometría, escribió también sobre numerosos otros temas matemáticos: de la cuadratura del círculo, del cifrado de mensajes (llegando a inventar algunos métodos), de álgebra, de aritmética electoral y votaciones, así como sobre lógica.

En los últimos años de su vida no solo prestó atención a las matemáticas recreativas (con juegos de cálculo como los diez nudos de su libro Un cuento enmarañado) o al estudio de las paradojas (analizó la paradoja de Aquiles y la tortuga y elaboró una propia, la de la barbería), sino que también se dedicó a la búsqueda de formas de exposición sistemática de, por ejemplo, la teoría del silogismo. Por lo demás, elaboró cuadros, fichas y diagramas del tipo de los de Venn e introdujo árboles lógicos.7

En cuanto a la geometría, publicó numerosos apuntes a modo de aclaraciones sobre la obra de referencia de su época, los Elementos de Euclides, y un libro en el que confrontaba a este con otros autores contemporáneos, Euclid and his Modern Rivals (1879).

Especulaciones e incógnitas

Consumo de estupefacientes
Ha habido multitud de especulaciones sobre la posibilidad de que Dodgson hiciera uso de drogas psicoactivas, aunque no existe prueba alguna que respalde esta teoría. No obstante, la mayoría de los historiadores consideran probable que el autor utilizase de vez en cuando láudano, un analgésico de consumo bastante común en la época que lo ayudaría con el dolor de su artritis. Hay que señalar que esta sustancia procede del opio, y puede producir efectos psicotrópicos si es utilizado en dosis lo suficientemente grandes. Pese a ello, no existe evidencia alguna que pueda llevar a pensar que Dodgson abusara de los narcóticos, ni de que estos tuvieran influencia alguna en su trabajo. Por otro lado, algunos han creído ver en las alucinaciones que sufre su personaje, Alicia, una referencia a las sustancias psicodélicas. Por ejemplo, en el caso de la Amanita Muscaria, que produce macropsia y micropsia, vemos una analogía en las variaciones de tamaño que sufre Alicia al ingerir trozos de seta.

Sacerdocio

Dodgson estaba destinado a terminar como sacerdote, dada su condición de residente en Christ Church. No obstante, empezaría a rechazar esta idea, retrasando el momento de convertirse en diácono hasta diciembre de 1861. Cuando un año después, le tocaba dar el siguiente paso para convertirse en sacerdote, apeló a Liddell para no continuar. Esa actitud no era compatible con las normas, y el propio Liddell le contó que probablemente tendría que dejar su trabajo si renunciaba al sacerdocio, aunque lo consultaría con el órgano de gobierno de la institución, algo que indudablemente, le hubiera acarreado una expulsión. Por razones desconocidas, Lidell cambió de opinión y permitió que Dodgson se quedase y no llegase jamás al sacerdocio.8

No existe pista concluyente alguna que permita averiguar por qué Dodgson evitó convertirse en sacerdote. Algunos han señalado que su tartamudez pudo influir en la decisión, de manera que hubiera tenido miedo de dar sermones. No obstante, Dodgson no evitaba hablar en público, ni tenía problema alguno con actuaciones tales como contar cuentos, u ofrecer espectáculos de magia. Además, en su última etapa, llegaría a predicar, pese a no ostentar la condición de sacerdote.

Sospechas de que Lewis Carroll fuese Jack el Destripador

Aunque siempre se le consideró un soñador inofensivo, en 1996 el autor Richard Wallace no vaciló en acusarlo de haber sido el hombre que estaba oculto bajo el alias de Jack el Destripador.9 10 Las pretendidas pruebas que supuestamente lo acusaban eran frases crípticas contenidas en sus libros diecinueve años antes de la matanza del otoño de 1888. Según esta interpretación, el ya desequilibrado escritor dejó allí pistas anticipando los crímenes que planeaba cometer.

Obras

Algunas obras de Lewis Carroll[editar]
Alicia en el país de las maravillas (Alice's Adventures in Wonderland) (1865), publicado en español por Ed. Siruela, ISBN 84-7844-760-1.
Alicia a través del espejo (Through the Looking-Glass, and what Alice found there) (1872) Publicado en español por Ed. Gaviota, ISBN 84-392-1611-4.
La caza del Snark (The Hunting of the Snark) (1875), publicado en español por Editorial Mascaró, Barcelona, 1981, ISBN 84-264-2837-1.
El juego de la lógica (The Game of Logic) (1876), publicado en español por Alianza Editorial, ISBN 84-206-7757-4.
Un cuento enmarañado (A Tangled Tale) (1885), publicado en español por Nivola libros y ediciones, ISBN 84-95599-33-3.
Silvia y Bruno (Sylvie and Bruno) (1889), publicado en español por Edhasa, ISBN 978-84-350-4010-5.
Diario de un viaje a Rusia (The Russian Journal), publicado en español por Nocturna Ediciones, ISBN 978-84-937396-0-7.
Matemática demente, selección a cargo de Leopoldo María Panero de historias escritas por Carroll relacionadas con problemas matemáticos. Publicado por Ediciones Tusquet, ISBN 978-84-8310-641-9.
Correspondencia[editar]
Niñas. Lumen, 1998, ISBN 978-84-264-2314-6.
Cartas inéditas a Mabel Amy Burton, Nocturna Ediciones, 2010, ISBN 978-84-937396-4-5.


Cómo el pequeño cocodrilo

¡Cómo el pequeño cocodrilo
cuida su cola brillante,
y vierte las aguas del Nilo
en cada escama dorada!

¡Qué alegre parece sonreír,
qué bien despliega sus garras
y acoge a los pececillos,
con sonrientes mandíbulas!



Cuando la desolación arrebató a su llorosa presa

"Cuando la desolación arrebató a su llorosa presa
del desolado imperio del día sin esperanza;
cuando toda la luz, arrojada por ilusión sin brillo,
sólo sirvió para dar vida a la pútrida piedra;
cuando los monarcas, menguando a la confusa vista,
desmoronados se desvanecieron en la negra noche;
cuando el crimen acechaba fuera con sedientos pasos,
y destellaba en rojo la espada jamás saciada:
en hora tal tu grandeza habría de verse -
es decir si esa hora hubiese existido -
En esa hora cantarán tus alabanzas,
si no mi gente, muchos de lengua más valiosa;
y te mirarán los hombres admirados
¡cuando llegue esa hora, pero no hasta entonces!"

Lewis Carroll (Daresbury, Inglaterra, 1832-Guildford, Inglaterra, 1898), Poemas, traducción de Raquel Lanseros, Valparaíso Ediciones, Granada, 2015



How doth the little crocodile

How doth the little crocodile
Improve his shining tail,
And pour the water of the Nile
On every golden scale!

How cheerfully he seems to grin,
How neatly spread his claws,
And welcomes little fishes in,
With gently smiling jaws!



When Desolation snatched her tearful prey

"When Desolation snatched her tearful prey
From the lorn empire of despairing day;
When all the light, by gemless fancy thrown,
Served but to animate the putrid stone;
When monarchs, lessening on the wildered sight,
Crumblingly vanished into utter night;
When murder stalked with thirstier strides abroad,
And redly flashed the never-sated sword;
In such and hour thy greatness had been seen -
That is, if such abd hour had ever been -
In such and hour thy praises shall be sung,
If not by nime, by many a worthier tongue;
And thou be gazed upon by wondering men,
When such and hour arrives, but not till then!"



Jabberwocky

Jabberwocky es un poema sin sentido escrito por el británico Lewis Carroll, quien lo incluyó en su obra Alicia a través del espejo (1871). Jabberwocky es generalmente considerado como uno de los mejores poemas sin sentido escritos en idioma inglés.

Muchas de las palabras usadas en el poema fueron inventadas por el propio Carroll o son fusiones de palabras. En el libro, el personaje Humpty Dumpty da varias de las definiciones de algunas de las palabras de la primera estrofa. Carroll explicó el significado de algunas otras en obras posteriores, así como su pronunciación.1 Algunas de las palabras inventadas en este poema (como chortled, galumphing y frabjous) se incorporaron al idioma inglés. La misma palabra Jabberwocky es utilizada en inglés para referirse al lenguaje sin sentido.


Texto de Jabberwocky

'Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
'Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!'
He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought--
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.
And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!
One, two! One, two! And through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.
'And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!'
He chortled in his joy.
'Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.



Fablistanón
En la traducción de Jorge A. Sánchez de 1996 se lo llama Fablistanón.

Asurraba. los viscovivos toves
tadralando en las vaparas ruetaban;
misébiles estaban los borgoves,
mientras los verdos momios bratchilbaban.
Cuidado hijo con el Fablistanón!
con sus dientes y garras muerde, apresa!
Cuidado con el pájaro Sonsón,
y rehúye al frumioso Magnapresa!

Blandiendo su montante vorpalino
al monstruo largo tiempo persiguió...
Bajo el árbol Tumtum luego se vino
y un rato cavilando se quedó.
Y estando en su aviesal cavilación,
llegó el Fablistanón, ojo flagrante,
tufando por el bosque fosfuscón
y se acercó veloz y burbujante.

Un, dos! De parte a parte le atraviesa
varias veces el vorpalino acero;
y muerto el monstruo izando la cabeza
regresó galofando muy ligero.
¿De verdad al Fablistanon has muerto?
¡Ven que te abrace, niño radioroso!
¡Hurra, hurra! ¡Qué día ristolerto, risoto, carcajante y jubiloso!

Asurraba. Los viscovivos toves
tadralando en las vaparas, ruetaban;
misébiles estaban los borgoves,
mientras los verdos momios bratchilbaban.



Galimatazo
Versión de Jaime de Ojeda, incluida en A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado, Alianza Editorial, Madrid, 1973.

Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.
¡Cuidate del Galimatazo, hijo mío!
¡Guárdate de los dientes que trituran
Y de las zarpas que desgarran!
¡Cuidate del pájaro Jubo-Jubo y
que no te agarre el frumioso Magnapresa!

Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste manzona acometió sin descanso;
luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando...
Y así, mientras cavilaba firsuto.
¡¡Hete al Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!!
¡Zis, zas y zas! Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal!
Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa
¡volvióse triunfante galompando!
¡¿Y hazlo muerto?! ¡¿Al Galimatazo?!
¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
¡Qué fragarante día! ¡Jujurujúu! ¡Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegría.
Pero brumeaba ya negro el sol
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas,
mimosos se fruncian los borogobios
mientras el momio rantas necrofaba...
Guirigayero[editar]
Era la asadura y los flexicosos telatirzones
girosquijaban y agujemechitaban en el praban;
Muy endeblerables estaban los zarrapastrojones
y los perdirrutados chanvertes bufisilbondaban.
-¡Ten mucho cuidado con el cruel Guirigay, hijo mío!
¡Las mandíbulas que muerden y las garras que aprisionan!
-¡Ten cuidado con el pájaro Yuyú, que de él no fío;
huye del rifuegraznizante Protestinfernómal!
Tomó su espada flumirante en la mano,
Por mucho tiempo al enemigo buscó...
Y descansó junto al árbol Tumtumgano
y pensando y pensando permaneció.
Mientras pensaba fulente,
aquel Guirigay llameante
vino por el bosque enverte,
¡rugitando hacia adelante!
¡Uno, dos! ¡Uno, dos! ¡De plano, de revesa
la flumirante hoja golpeó y cortó!
Dejando al cuerpo muerto, asió la cabeza
y con tal botín guerrero regresó.
-Y, pues, ¿es verdad que has terminado con el Guirigay?
¡Ven a mis brazos entonces, mi bendito hijo de día!
Oh, promifortunoso día, sí... ¡Aleluya! ¡Alelay!
Armonivibró en medio de su trompetizul alegría.
Era la asadura y los flexicosos telatirzones
girosquijaban y agujemechitaban en el praban;
Muy endeblerables estaban los zarrapastrojones
y los perdirrutados chanvertes bufisilbondaban.



Jabberwocky
Versión de Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich. Publicada en Diario de Poesía № 43, Buenos Aires, Argentina, septiembre de 1997.

Asardecía y las pegájiles tovas
giraban y scopaban en las humeturas;
misébiles estaban las lorogolobas,
superrugían las memes cerduras.
¡Con el Jabberwock, hijo mío, ten cuidado!
¡Sus fauces que destrozan, sus garras que apresan!
¡Cuidado con el ave Jubjub, hazte a un lado
si vienen las frumiantes Roburlezas!
Empuñó decidido su espada vorpal,
buscó largo tiempo al monxio enemigo -
Bajo el árbol Tamtam paró a descansar
y allí permanecía pensativo
Y estaba hundido en sus ufosos pensamientos
cuando el Jabberwock con los ojos en llamas
resofló a través del bosque tulguiento:
¡burbrujereando mientras se acercaba!
¡Uno, dos! ¡Uno, dos! ¡A diestra y siniestra
la hoja vorpalina silbicortipartió!
Al monxio dejó muerto y con su cabeza en ristre
el joven galofante regresó.
"¡Muchacho bradiante, mataste al Jabberwock!
¡Ven que te abrace! ¡Que día más fragoso
me regalas, hijo! ¡Kalay, kalay, kaló!"
reiqueaba el viejo en su alborozo.
Asardecía y las pegájiles tovas
giraban y scopaban en las humeturas;
misébiles estaban las lorogolobas,
superrugían las memes cerduras.



Jerigóndor
Versión de Francisco Torres Oliver, incluida en Alicia anotada, edición de Martin Gardner. Akal Editor, Madrid, 1984.

Cocillaba el día y las tovas agilimosas
giroscopaban y barrenaban en el larde.
Todos debirables estaban los burgovos,
y silbramaban las alecas rastas.
"¡Cuídate, hijo mío, del Jerigóndor,
que sus dientes muerden y sus garras agarran!
¡Cuídate del pájaro Jubjub, y huye
del frumioso zumbabadanas!"
Echó mano a su espada vorpal;
buscó largo tiempo al manxomo enemigo,
descansó junto al árbol Tumtum,
y permaneció tiempo y tiempo meditando.
Y, estando sumido en irribumdos pensamientos,
surgió, con ojos de fuego,
bafeando, el Jerigóndor del túlgido bosque,
y burbulló al llegar.
¡Zis, zas! ¡Zis, zas! ¡Una y otra vez
tajó y hendió la hoja vorpal!
Cayó sin vida, y con su cabeza,
emprendió galofante su regreso.
"¿Has matado al Jerigóndor?
Ven a mis brazos, sonrillante chiquillo,
¡Ah, frazoso día! ¡Calós! ¡Calay!"
mientras él resorreía de gozo.
Cocillaba el día y las tovas agilimosas
giroscopaban y barrenaban en el larde.
Todos debirables estaban los burgovos,
y silbramaban las alecas rastas.


PHANTASMAGORIA

CANTO I.

The Trystyng.

One wintry night, at half-past nine,
Cold, tired, and cross, and muddy,
I had come home, too late to dine,
And supper, with cigars and wine,
Was waiting in the study.

There was a strangeness in the room,
And something thin and wavy
Was standing near me in the gloom—
I took it for the carpet-broom
Left by that careless slavey.

But presently the thing began
To shudder and to sneeze:
On which I said "Come, come, my man,
That's a most inconsiderate plan—
Less noise there, if you please!"

"I've caught a cold," the thing replies,
"Out there upon the landing—"
I turned to look in some surprise,
And there, before my very eyes,
A little ghost was standing!

He trembled when he caught my eye,
And got behind a chair:
"How came you here," I said, "and why?
I never saw a thing so shy.
Come out! Don't shiver there!"

He said "I'd gladly tell you how,
And also tell you why,
But" (here he gave a little bow)
"You're in so bad a temper now,
You'd think it all a lie.

"And as to being in a fright,
Allow me to remark
That ghosts have just as good a right,
In every way, to fear the light,
As men to fear the dark."

"No plea," said I, "can well excuse
Such cowardice in you:
For ghosts can visit when they choose,
Whereas we humans can't refuse
To grant the interview."

He said "A flutter of alarm
Is not unnatural, is it?
I really feared you meant some harm,
But now I see that you are calm,
Let me explain my visit.

"The last ghost left you on the third—
Since then you've not been haunted:
But, as he never sent us word,
'Twas quite by accident we heard
That any one was wanted.

"A Spectre has first choice, by right,
In filling up a vacancy;
Then Phantom, Goblin, Elf, and Sprite—
If all these fail them, they invite
The nicest Ghoul that they can see.

"The Spectres said the place was low,
And that you kept bad wine:
So, as a Phantom had to go,
And I was first, of course, you know,
I couldn't well decline."

"No doubt," said I, "they settled who
Was fittest to be sent:
Yet still to choose a brat like you
To haunt a man of forty-two,
Was no great compliment."

"I'm not so young, Sir," he replied,
"As you might think—the fact is,
In caverns by the water side,
And other places that I've tried,
I've had a lot of practice.

"But I have never taken yet
A strict domestic part,
And in my flurry I forget
The Five Good Rules of Etiquette
We have to know by heart."

My sympathies were warming fast
Towards the little fellow;
He was so very much aghast
At having found a man at last,
And looked so scared and yellow.

"At least," I said, "I'm glad to find
A ghost is not a dumb thing—
But pray sit down—you'll feel inclined
(If, like myself, you have not dined)
To take a snack of something:

"(Though, certainly, you don't appear
A thing to offer food to);
And then I shall be glad to hear
(If you will say them loud and clear)
The rules that you allude to."

"Thanks! You shall hear them by and by—
This is a piece of luck!"
"What may I offer you?" said I.
"Well, since you are so kind, I'll try
A little bit of duck.

"One slice! And may I ask you for
A little drop more gravy?"
I sat and looked at him in awe,
For certainly I never saw
A thing so white and wavy.

And still he seemed to grow more white,
More vapoury, and wavier—
Seen in the dim and flickering light,
As he proceeded to recite
His 'Maxims of Behaviour.'





CANTO II.

Hys Fyve Rules.

"My First—but don't suppose," he said,
"I'm setting you a riddle—
Is—if your Victim be in bed,
Don't touch the curtain at his head,
But take it in the middle,

"And wave it slowly to and fro,
As if the wind was at it;
And in a minute's time or so
He'll be awake—and this you'll know
By hearing him say 'Drat it!'

"(And here you must on no pretence
Make the first observation:
Wait for the Victim to commence—
No ghost of any common sense
Begins a conversation.)

"If he should say 'How came you here?'
(The way that you began, Sir),
In such a case your course is clear—
'Just as you please, my little dear!'
Or any other answer.

"But if the wretch says nothing more,
You'd best perhaps curtail your
Exertions—go and shake the door,
And then, if he begins to snore,
You'll know the thing's a failure.

"By day, if he should be alone—
At home or on a walk—
You merely give a hollow groan,
To indicate the kind of tone
In which you mean to talk.

"But if you find him with his friends,
The thing is rather harder:
In such a case success depends
On picking up some candle-ends,
Or butter, in the larder.

"With this you make a kind of slide
(It answers best with suet),
On which you must contrive to glide,
And swing yourself from side to side—
One soon learns how to do it.

"The Second tells us what is right
In ceremonious calls:
First burn a blue or crimson light,
(A thing I quite forgot to-night,)
Then scratch the door or walls!"

I said " You'll visit here no more,
If you attempt the Guy:
I'll have no bonfires on my floor—
And, as for scratching at the door,
I'd like to see you try!"

"The Third was written to protect
The interests of the Victim,
And tells us, as I recollect,
To treat him with a grave respect,
And not to contradict him!"

"That's plain," said I, "as Tare and Tret,
To any comprehension:
I only wish some ghosts I've met
Would not so constantly forget
The maxim that you mention."

"Perhaps," he said, "you first transgressed
The laws of hospitality:
You'll mostly come off second-best
When you omit to treat your guest
With proper cordiality.

"If you address a ghost as 'thing,'
Or strike him with a hatchet,
He is permitted by the king
To drop all formal parleying—
And then you're sure to catch it!

"The Fourth prohibits trespassing
Where other ghosts are quartered:
And those convicted of the thing
(Unless when pardoned by the king)
Must instantly be slaughtered."

I said "That rule appears to me
Wanting in common sense—"
"'To slaughter' does not mean," said he,
"'To kill' with us, and that, you see,
Makes a great difference.

"In fact we're simply cut up small,
(Ghosts soon unite anew;)
The process scarcely hurts at all,
Not more than when you're what you call
'Cut up' by a Review.

"The Fifth is one you may prefer
That I should quote entire—
The king must be addressed as 'Sir':
This, from a simple courtier,
Is all the laws require:

"But should you wish to do the thing
With out-and-out politeness,
Accost him as 'My Goblin-King,'
And always use, in answering,
The phrase 'Your Royal Whiteness!'

"I'm getting rather hoarse, I fear,
After so much reciting;
So, if you don't object, my dear,
We'll try a glass of bitter beer—
I think it looks inviting."




CANTO III.

Scarmoges.

"And did you really walk," said I,
"On such a wretched night?
I always fancied ghosts could fly—
If not exactly in the sky,
Yet at a fairish height."

"It's very well," he said, "for kings
To fly above the earth:
But Phantoms often find that wings,
Like many other pleasant things,
Cost more than they are worth.

"Spectres of course are rich, and so
Can buy them from the Elves:
But we prefer to keep below—
They're stupid company, you know,
For any but themselves.

"For, though they claim to be exempt
From pride, they treat a Phantom
As something quite beneath contempt,
(Just as no turkey ever dreamt
Of noticing a bantam)."

"They seem too proud," said I, "to go
To houses such as mine—
Pray how did they contrive to know
So quickly that 'the place was low'
And that I 'kept bad wine'?"

"Inspector Kobold called on you—"
The little ghost began:
Here I broke in; "Inspector who?
Inspecting ghosts is something new:
Explain yourself, my man!"

"His name is Kobold," said my guest,
"One of the Spectre order :
You'll very often see him dressed
In a yellow gown, a crimson vest,
And a night-cap with a border.

"He tried the Brocken business first,
But caught a sort of chill;
So came to England to be nursed,
And here it took the form of thirst,
Which he complains of still.

"The remedy, he says, is port,
(Which he compares to nectar,)
And, as the inns where it is bought
Have always been his chief resort,
We call him the 'Inn-Spectre.'"

I bear as well as any man
The washiest of witticisms;
And nothing could be sweeter than
My temper, till the ghost began
Some most provoking criticisms.

"Cooks need not be indulged in waste,
Yet still you'd better teach them
Dishes should have some sort of taste—
Pray, why are all the cruets placed
Where nobody can reach them?

"That man of yours will never earn
His living as a waiter—
Is that queer thing supposed to burn?
(It's far too dismal a concern
To call a Moderator.)

"The duck was tender, but the peas
Were very much too old:
And just remember, if you please,
The next time you have toasted cheese,
Don't let them send it cold.

"You'd find the bread improved, I think,
By getting better flour:
And have you anything to drink
That looks a little less like ink,
And isn't quite so sour?"

Then, peering round with curious eyes,
He muttered "Goodness gracious!"
And so went on to criticise—
"Your room's an inconvenient size;
It's neither snug nor spacious.

"That narrow window, I expect,
Serves but to let the dusk in—"
I cried "But please to recollect
'Twas fashioned by an architect
Who pinned his faith on Ruskin!"

"I don't care who he was, Sir, or
On whom he pinned his faith!
Constructed by whatever law,
So poor a job I never saw,
As I'm a living Wraith!

"What a re-markable cigar!
How much are they a dozen?"
I growled "No matter what they are!
You're getting as familiar
As if you were my cousin!

"Now that's a thing I will not stand,
And so I tell you flat—"
"Aha! " said he. "We're getting grand!"
(Taking a bottle in his hand,)
"I'll soon arrange for that!"

And here he took a careful aim,
And gaily cried "Here goes!"
I tried to dodge it as it came,
But somehow caught it, all the same,
Exactly on my nose.

And I remember nothing more
That I can clearly fix,
Till I was sitting on the floor,
Repeating "Two and three are four,
But three and two are six."

What really passed I never learned,
Nor guessed: I only know
That, when at last my sense returned,
The lamp, neglected, dimly burned—
The fire was getting low—

Through driving mists I seemed to see
A form of sheet and bone—
And found that he was telling me
The whole of his biography
In a familiar tone.




CANTO IV.
Hys Nouryture.
"Oh, when I was a little ghost,
A merry time had we!
Each seated on his favourite post,
We chumped and chawed the buttered toast
They gave us for our tea."

"That story is in print!" I cried.
"Don't say it's not, because
It's known as well as Bradshaw's Guide!"
(The ghost uneasily replied
He hardly thought it was.)

"It's not in Nursery Rhymes? And yet
I almost think it is—
'Three little ghostesses' were set
'On postesses,' you know, and ate
Their 'buttered toastesses'

"I have the book, so if you doubt it—"
I turned to search the shelf—
"Don't stir!" he cried. "We'll do without it:
I now remember all about it;
I wrote the thing myself.

"It came out in a 'Monthly' or
At least my agent said it did:
Some literary swell, who saw
It, thought it seemed adapted for
The magazine he edited.

"My father was a Brownie, Sir;
My mother was a Fairy.
The notion had occurred to her,
The children would be happier,
If they were taught to vary.

"The notion soon became a craze;
And when it once began, she
Brought us all out in different ways—
One was a Pixy, two were Fays,
Another was a Banshee;

"The Fetch and Kelpie went to school,
And gave a lot of trouble;
Next came a Poltergeist and Ghoul,
And then two Trolls (which broke the rule),
A Goblin, and a Double—

"(If that's a snuff-box on the shelf,"
He added with a yawn,
"I'll take a pinch)—next came an Elf,
And then a Phantom (that's myself),
And last, a Leprechaun.

"One day, some Spectres chanced to call,
Dressed in the usual white:
I stood and watched them in the hall,
And couldn't make them out at all,
They seemed so strange a sight:

"I wondered what on earth they were,
That looked all head and sack;
But mother told me not to stare,
And then she twitched me by the hair,
And punched me in the back.

"Since then I've often wished that I
Had been a Spectre born:
But what's the use?" (He heaved a sigh.)
"They are the ghost-nobility,
And look on us with scorn.

"My phantom-life was soon begun:
When I was barely six,
I went out with an older one—
And just at first I thought it fun,
And went at it like bricks.

"I've haunted dungeons, castles, towers—
Wherever I was sent:
I've often sat and howled for hours,
Drenched to the skin with driving showers,
Upon a battlement.

"It's quite old-fashioned now to groan
When you begin to speak:
This is the newest thing in tone—"
And here, (it chilled me to the bone,)
He gave an awful squeak.

"Perhaps," he added, "to your ear
That sounds an easy thing?
Try it yourself, my little dear!
It took me something like a year,
With constant practising.

"And when you've learned to squeak, my man,
And caught the double sob,
You're pretty much where you began—
Just try and gibber if you can!
That's something like a job!

"I've tried it, and can only say
I'm sure you couldn't do it, e-
ven if you practised night and day,
Unless you have a turn that way,
And natural ingenuity.

"Shakspeare I think it is who treats
Of ghosts, in days of old,
Who 'gibbered in the Roman streets,'
Dressed, if you recollect, in sheets—
They must have found it cold.

"I've often spent ten pounds on stuff,
In dressing as a Double,
But, though it answers as a puff,
It never has effect enough
To make it worth the trouble.

"Long bills soon quenched the little thirst
I had for being funny—
The setting-up is always worst:
Such heaps of things you want at first,
One must be made of money!

"For instance, take a haunted tower,
With skull, cross-bones, and sheet;
Blue lights to burn (say) two an hour,
Condensing lens of extra power,
And set of chains, complete:

"What with the things you have to hire—
The fitting on the robe—
And testing all the coloured fire—
The outfit of itself would tire
The patience of a Job!

"And then they're so fastidious,
The Haunted-House Committee:
I've often known them make a fuss
Because a ghost was French, or Russ,
Or even from the City!

"Some dialects are objected to—
For one, the Irish brogue is:
And then, for all you have to do,
One pound a week they offer you,
And find yourself in Bogies!"





CANTO V.
Byckerment.
"Don't they consult the 'Victims,' though?"
I said. "They should, by rights,
Give them a chance—because, you know,
The tastes of people differ so,
Especially in Sprites."

The Phantom shook his head and smiled:
"Consult them? Not a bit!
'Twould be a job to drive one wild,
To satisfy one single child—
There'd be no end to it!"

"Of course you can't leave children free,"
Said I, "to pick and choose:
But, in the case of men like me,
I think 'Mine Host' might fairly be
Allowed to state his views."

He said "It really wouldn't pay—
Folk are so full of fancies.
We visit for a single day,
And whether then we go, or stay,
Depends on circumstances.

"And, though we don't consult 'Mine Host'
Before the thing's arranged,
Still, if the tenant quits his post,
Or is not a well-mannered ghost,
Then you can have him changed.

"But if the host's a man like you—
I mean a man of sense;
And if the house is not too new—"
"Why, what has that" said I, "to do
With ghosts' convenience?"

"A new house does not suit, you know—
It's such a job to trim it:
But, after twenty years or so,
The wainscotings begin to go,
So twenty is the limit"

'To trim' was not a phrase I could
Remember having heard:
"Perhaps," I said, "you'll be so good
As tell me what is understood
Exactly by that word?"

"It means the loosening all the doors,"
The ghost replied, and laughed:
"It means the drilling holes by scores
In all the skirting-boards and floors,
To make a thorough draught.

"You'll sometimes find that one or two
Are all you really need
To let the wind come whistling through—
But here there'll be a lot to do!"
I faintly gasped "Indeed!

"If I'd been rather later, I'll
Be bound," I added, trying
(Most unsuccessfully) to smile,
"You'd have been busy all this while,
Trimming and beautifying?"

"Why, no," said he;" perhaps I should
Have stayed another minute—
But still no ghost, that's any good,
Without an introduction would
Have ventured to begin it.

"The proper thing, as you were late,
Was certainly to go:
But, with the roads in such a state,
I got the Knight-Mayor's leave to wait
For half an hour or so."

"Who's the Knight-Mayor?" I cried. Instead
Of answering my question,
"Well! If you don't know that," he said,
"Either you never go to bed,
Or you've a grand digestion!

"He goes about and sits on folk
That eat too much at night:
His duties are 'to pinch, and poke,
And squeeze them till they nearly choke.'"
(I said "It serves them right!")

"And folk that stuff on things like these—"
He muttered, "eggs and bacon—
Lobster—and duck—and toasted cheese—
If they don't get an awful squeeze,
I'm very much mistaken!

"He is immensely fat, and so
Well suits the occupation:
In point of fact, if you must know,
We used to call him, years ago,
'The Mayor and Corporation'!

"The day he was elected Mayor
I know that every Sprite meant
To vote for me, but did not dare—
He was so frantic with despair
And furious with excitement.

"When it was over, for a whim,
He ran to tell the king;
And, being the reverse of slim,
A two-mile trot was not for him
A very easy thing.

"So, to reward him for his run,
(As it was baking hot,
And he was over twenty stone,)
The king proceeded, half in fun,
To knight him on the spot."

"'Twas a great liberty to take!"
(I fired up like a rocket.)
"He did it just for punning's sake—
'The man,' says Johnson, 'that would make
A pun, would pick a pocket!"'

"A man," said he, "is not a king."
I argued for a while,
And did my best to prove the thing—
The Phantom merely listening
With a contemptuous smile.

At last, when, breath and patience spent,
I had recourse to smoking—
"Your aim," he said, "is excellent:
But—when you call it argument—
Of course you're only joking?"

Stung by his cold and snaky eye,
I roused myself at length
To say "At least I do defy
The veriest sceptic to deny
That union is strength!"

"That's true enough," said he, "yet stay—"
I listened in all meekness—
"Union is strength, I'm bound to say;
In fact, the thing's as clear as day;
But onions—are a weakness."



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