lunes, 22 de febrero de 2016

DAVID PUJANTE [18.148]


David Pujante

David Pujante (Cartagena, 13 de febrero de 1953) es Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Valladolid. Poeta cuya obra aparece en el panorama español "a caballo entre la última tensión de la Generación del 70 y las primeras apariciones de la Generación del 80".

Realizó sus estudios en las universidades de Murcia y Barcelona. Se doctoró por la Universidad Autónoma de Madrid con una tesis sobre Juan Ramón Jiménez. Tras una primeriza y breve incursión en la narrativa, su interés creativo se centra en la poesía, tanto en traducción como en producción propia.

Profesor de Lengua y Literatura Española, como agregado y después como catedrático, en institutos de Murcia, Madrid, Cocentaina (Alicante), La Unión (Murcia) y Cartagena. Durante estos años, su interés se centra en la poesía, tanto en traducción como en creación. La lectura de los clásicos griegos y latinos junto con un emocionado interés por la cultura germana (que le despertaron sus repetidas estancias juveniles en Suiza y Alemania) son clave culturalista del mundo que aparece en el primer libro de poemas que publicó, La propia vida (1986). Su contribución al conocimiento en España de la poesía de Pessoa en los años 80 fue su traducción del largo poema inglés Antinoo.

Consigue una plaza de Profesor Titular para la Universidad de La Coruña (1991), tras haber publicado el segundo libro de poesía, Con el cuerpo del deseo (1990), que representó un importante cambio de registro. Según Pedro J. de la Peña: "En la sobriedad y en la depuración del texto se encuentran los requisitos más auténticos". Fue un libro de desamor, franco y descarnado. Estación marítima (1996) es su tercer libro, producto de los años en Galicia, según palabras de Díez de Revenga "ofrece una estación del exilio en la que confluyen sentimientos de distancia, soledad y desarraigo." También de esos años gallegos es la publicación de Sonetos venecianos y otros poemas de August von Platen: "Muy cuidada versión, es digna de una atención muy especial, por ser la primera traducción que se hace en España de este gran romántico alemán". La dedicación profesional de David Pujante a la retórica se fragua en el libro El hijo de la persuasión. Quintiliano y el estatuto retórico (1996 y 1999). En el año 1997 publica una amplia reflexión sobre el pensamiento estético del primer Nietzsche, Un vino generoso. (Sobre el nacimiento de la estética nietzscheana: 1871-1873). Gana una nueva oposición de titular para la Universidad de Valladolid y luego otra de catedrático. En esta nueva tierra de residencia, forja el cuarto de sus libros poéticos, La isla (2002), del que el poeta y crítico Soren Peñalver dijo que era "uno de los más bellos libros de poesía aparecidos este año". Con el título de Itinerario salió publicada al año siguiente (2003) una amplia antología de toda su poesía. También a esta nueva etapa pertenecen su Manual de retórica para la Editorial Castalia (2003) y una amplia monografía sobre la obra poética de Francisco Brines, poeta de la Generación del 50 y académico de la RAE, Belleza mojada. La escritura poética de Francisco Brines (2004). En 2013 aparece su último libro de poemas publicado, Animales despiertos, que es considerado de inmediato por Luis Antonio de Villena como “su cenit hasta el momento”.

Obra creativa

Narrativa

Evelinda es un nombre inocente (Editora Regional de Murcia, 1981).

Poesía

La propia vida (Editora Regional de Murcia, 1986).
Con el cuerpo del deseo (Universidad de Murcia, 1990).
Estación marítima (Huerga y Fierro, 1996).
La Isla (Pre-Textos, 2002).
Itinerario (Editora Regional de Murcia, 2003).
Animal despierto (Renacimiento, 2013).
La piedra de hoy (inédito).

Antologías españolas y extranjeras en las que aparece su poesía

"Cinque poeti spagnoli", junto a Antonio Colinas, Francisco Chica, Pedro Gimferrer y Àlex Susana —, Arsenale, Roma, nº 9-10, año 3, enero-julio 1987, páginas 89-106.
Nuevo cancionero: una generación apócrifa, antología de Clemente Casín, Anthropos, suplemento nº 10, diciembre, 1988.
Murcia. Antología general poética, realizada por Santiago Delgado, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia (Murcia), 1993.
Tras la espesa corteza de los días, antología de David López García y David López Sandoval, Universidad de Murcia (Murcia), 2002.
Poesie autografe di autori spagnoli contemporanei, edición de Miguel Salas, Rímini (Italia), Raffaelli Editore, 2006.
Antología de la poesía española contemporánea (1966-2000). 50 poetas hacia el nuevo siglo. Metalingüísticos y sentimentales, Madrid, Biblioteca Nueva, 2007.
Tre poeti murciani, traductor y antólogo Francesco Dalessandro, Roma, Poesia 2.0, 2013.

Traducciones

Fernando Pessoa, Antinoo (1985, reed. en Salto de Página, Madrid, 2014).
August von Platen, Sonetos venecianos y otros poemas (1999).
Luis Antonio de Villena (compilador), Amores iguales (en este libro David Pujante traduce a los poetas August von Platen, Fernando Pessoa, Rainer W. Fassbinder, Gino Hahnemann, Detlev Meyer) (2002).

Obra académica

David Pujante en la Universidad de Göteborg, Suecia
De lo literario a lo poético en Juan Ramón Jiménez (1988).
Mímesis y siglo XX (1992).
El hijo de la persuasión. Quintiliano y el estatuto retórico (1996 y 1999).
Un vino generoso (Sobre el nacimiento de la estética nietzscheana: 1871-1873) (1997).
Manual de retórica (2003)
Belleza mojada. La escritura poética de Francisco Brines (2004).






Me gustaría tanto tener claro
que ya no te amo, que ha pasado el tiempo
y ha arrastrado consigo
aquella sensación de estar soñando
cada vez que miraba hasta tus ojos.

Y el caso es que en presencia, cuerpo a cuerpo,
una furiosa desazón me obliga
a creer que ya nada permanece.
Deseo que te vayas, estar solo,
salir a pasear con mis amigos
y serte infiel con ellos al contarles
los íntimos secretos
que celamos con gusto, en connivencia,
cuando todo era un mundo entre nosotros,
antes de estarse el mundo deshaciendo.

Creo tenerlo claro cuando marchas
y quedo solo, en el primer instante,
porque salto de gozo, y la alegría
de esa primera libertad me vuelve
más vivo, con más ganas...
Me preparo
un traje, y la corbata y los pañuelos
me son una elección regocijada;
quieren decir que libre, que animoso,
saldré a la conquista de las calles;
a perderme entre sombras, entre brazos
furtivos, en portales
donde se pide fuego con los ojos.

Pero qué extraña sensación la angustia
de que todas las ansias de locura,
de libertad, de serte infiel, se agoten
tan pronto, y un vacío, una inquietud
de soledad me inunde y me convierta en
desamparado huésped de mí mismo.

¡Cómo entonces te busco en la difusa, oscura lejanía;
cómo sospecho las claves de todo
lo que nos pasa; cómo justifico
tus injustas celadas!
Sólo ansío
que de nuevo te lances a mis brazos;
pero dejo el teléfono en silencio,
porque es volver a comenzar lo mismo,
porque en llamarte cifro mi fracaso.

del libro Animales despiertos 



                                                      
LEVE DON
              

¡Un extraño misterio son los dioses!
Conocemos sus hechos: sus dones y también cuanto nos niegan.
No entendemos ni lo uno ni lo otro.

Te han dado la hermosura:
una piel tersa y blanca como la alta lujuria de los sueños.

Te han concedido hablar en varias lenguas
casi perfectamente.

Y te niegan lo más habitual
entre las concesiones de los cielos.
Te niegan el lenguaje sencillo de las pieles.
Te envaran el espíritu en la noche del cuerpo.

             
II

Cuando la suave mano que pide la caricia
pasa del justo punto del pudor (invento ajeno
a la verdad del cuerpo),
una oscura serpiente en tu interior
se retuerce y se anuda
y te cierras sobre tu oscuridad.

¿Por qué (pero los dioses no contestan)
no puedo acariciar tu joven cuerpo,
hablar con él la lengua del afecto?

            
III

Lentamente, en silencio, se conocen los hombres;
avanzando con paso, si cauto, decidido.
No me niegues la dicha de este nuevo diálogo:
Transitar por tu alma, por tu cuerpo y mi ensueño.

           
IV

En la profundidad de tu mirada
(dos negras insolencias),
las edades se agolpan.

¿Qué hiciste en otras vidas para sufrir ahora este castigo?
¿Qué no hice yo contigo, cuando nos conocimos, para este desamparo?

Llegaste un día a mi casa y te colaste
en mi coto cerrado, en mi amable reducto.
Nos miramos, nos dimos las manos y quedaron
un tiempo entrelazadas,
como cediendo al tacto ese decir
que aún no era de la boca.

¿Qué me engañó de ti, qué gesto,
qué intención aparente
que luego me negaste?

             
V

Como ocurre a menudo en el amor (palabra grande,
difícil de sostener, casi siempre más allá de lo oportuno),
los afectos encuentran a sus dueños
cuando no esperan nada,
cuando van descreyendo de que un regalo nuevo les aguarde.
Gran parte de la fuerza del amor suele ser la sorpresa.

            
VI

Nada tiene futuro en esta vida, y menos esto nuestro.
Así que no pregunto, me entretengo
en mirarte a los ojos, en pasar
la mano con la mente por tus sienes,
en todo lo que sé que he de perder un día,
sin pensar nada.
Como en la vida. Sin planes.
¡Qué digo como en la vida! ¡Estúpido lenguaje!
Nada de como, es la vida
que de nuevo me sorprende
inoculándome su fuerza
tras años de espectador ansioso por tocarla.

            
VII

No estás entre mis brazos
y me parece, en cambio, que quieras formar parte de mí mismo.
Pero lo que te asombra y lo que te divierte,
lo que te gusta y te hace sonreír ¡me es tan ajeno!
Vive tu vida en gozo
y yo estaré en mi sitio.
Los días que la vida nos une
son un portento inexplicable.

          
VIII

No puedo cometer el error de cerrarte el círculo
sobre mí mismo y asfixiar tus años.
La inteligencia también vale en el amor
y debe ser una especia que bien sazone
los ingredientes de la locura.

                                           (De Animales despiertos)




CENDAL DE BRUMA

     A Alfonso Martínez Rebollo

I

Si el mundo se alejara un día lentamente
y me dejara verlo tras un cendal de bruma,
suavemente apartándose: soles que se deslizan
hacia la incandescencia,
apagándose tanto, y tanto, y tanto
que todos mis recuerdos, como estrellas, cobraran aún más vida
que la verdad, ya última, ese momento opaco
que es la extinción,
que es el desasimiento,
la vertical caída
por la negra pendiente que no vemos el fondo.

Y todo sin congoja.


II

¿No sería magnífico,
en el límite mismo de la muerte,
que surgiera de pronto, como revelación,
el sentido de todo lo vivido?
Como unas alas nuevas, venidas desde un cielo que ignoramos,
para darle razón a todo lo pasado,
para llevarme en vuelo
alto a una nueva esfera,
un mundo aún por soñar.
Una roca segura, que irrumpiera
de entre la negra niebla que parece esperarme.


III

¡Y todos los anhelos
de pronto pierden cuerpo,
y todos los fantasmas temidos se disuelven
en un contra-aquelarre,
mientras los vientos rudos, contrarios de la vida
unen sus latitudes en un único polo,
se encalman en un único paisaje,
suave, de mar y cielo!
¿No sería magnífico?


IV

Y alejándose el mundo lentamente,
apagándose todos sus murmullos,
pábilos parpadeando
hasta extinguir sus luces, sus latidos,
mientras que el corazón va acompasándose
con esa dormición sin dolor, ese gozo
de música callada que acompaña
lo natural del mundo en su ir y venir,
en su nacer y en su extinguirse.


V

¿No sería una forma
perfecta de morir?
¿Por qué entonces, el dios supuesto que ha creado
la vida, no lo ha impreso
como un modo rotundo de acabar las criaturas?
¡Acaso no ha podido?
¿Acaso no ha querido?
¿Acaso no pensó nunca en la muerte,
que un día se coló en su creación, sin saber cómo?
¿Acaso deseaba, con sadismo divino,
maltratar sus criaturas,
haciéndolas confiarse en el vivir,
para darles, después y de improviso,
el zarpazo cruel del sufrimiento?


VI

¿O no hay dios ni hay verdad
ni explicación alguna a este estar en el mundo;
y todos nos metemos en la cruel pesadilla
creyéndola un ensueño delicioso
(que lo es por momentos);
creyendo en el derecho a la felicidad,
a toda plenitud, por un tiempo inconcreto —
que obnubilamos el cerebro para
pensarlo sin contornos, como un tiempo infinito,
y aplazar y aplazar así la herida
que nos ha de partir el corazón?


VII

Sería tan hermoso
que se diera ese día sencillo, en el que el mundo
—despeñándose el sueño,
descerrajado el duelo innecesario—
de pronto se alejara suavemente,
tras un cendal de brumas,
y todo se apagara con dulzura,
en paz el gozo incólume de haber vivido el don de la existencia.




HIC ABUNDANT LEONES (2002)

I

Los antiguos cartógrafos,
cuando confeccionaban los mapas de la tierra,
en las altas regiones,
sobre las inexploradas y desconocidas planicies,
ponían una frase:
Hic abundant leones.


II

Al pasar de los años,
y cuando el trazo firme de la vida nos tacha
los tiempos que teníamos en reserva;
cuando la madurez nos sitúa decantados
hacia un final de irrecuperables añoranzas
y contra una agonía de balances improductivos;
para los oscuros callejones por los que se nos condujo,
para la frontera impalpable de este lado de sombras,
tan sólo nos quedan frases como aquella
de los cartógrafos medievales:
Hic abundant leones.


III

De fórmulas como esa
nutrimos la poesía los humanos;
la poesía, que no es algo distinto
que ofrecerle al lenguaje
la frágil ocasión
de decir sobre aquello que ignoramos.

Hic abundant leones
podría ser también
un conjuro de tantos que construyen la vida.

Porque ¿qué es la poesía y qué es la vida?:
Decir lo que ignoramos,
sentir lo inexplicable
y poblar de leones el misterio.

(De La Isla, Valencia, Pre-Textos, 2002, pp. 63-64).






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