miércoles, 11 de noviembre de 2015

EDUARDO VILLALOBOS [17.448] Poeta de Guatemala


Eduardo Villalobos 

Guatemala, 1974. Ha publicado los libros de poemas El ojo en la vela (1998), Lunas sucias (2005) y Los demás (2013). Trabaja como editor, como tallerista y como catedrático universitario. Fue miembro fundador de la revista Tayer, jefe de redacción de La Ermita y director de El lector. Su trabajo ha sido recogido en diversas antologías, entre ellas:Tanta imagen tras la puerta. Los poetas guatemaltecos del siglo XXI (1999), Voces de posguerra (2000), Microfé (2012) y El futuro empezó ayer (2013). Ha colaborado en diversos periódicos, revistas y medios digitales. Actualmente es columnista de la sección cultural del diarioSiglo 21. 


[1]

1996

ajena desde entonces
embriagada de un tiempo en que casi las risas
marcaban sus abismos
la ciudad apenas invitaba al juego de la noche

muy oscura
me dijo Claudia
mientras bajaba del asombro de romper el aire

por las calles crepitaba un enjambre de mordiscos
perros famélicos y huesos
vagabundos
criminales
parecían escucharnos

solo lo supe entonces
ahora es tierno aquel afán del hambre

era una palabra a medias
perversa
como el verano de los viejos

sin embargo
dijo entonces lo que es ya silencio

ella se aferró a mi mano
y tuvo miedo de poblar el mundo
yo también caí sobre la trampa

alumbraban ya
los primeros faroles



[2]

De tal manera me atrae el desborde
que tiemblo de espasmo cuando no hay precipicios
equilibrista de lunas sucias
aprendo en silencio el modo de caerme
de todos los faros elijo el vacío
que tiende enramado sus ríos al peso
por eso he cambiado las alas por hambre
las huellas por signos
los pasos por asco
apenas descubro una grieta en la zarza
y pongo entre espinas
mis brotes aéreos
de allí mi costumbre de andar por el vértigo
de caer entre brazos que esconden abismos
soy el que salta
el que apura los tramos y delira
y sueña que cae
y luego entierra en la nada
sus pezuñas




[3]

Tengo peñascos de incendio entre las uñas
que arranqué con saña de cuerpos que se iban
pedazos de silencio que se hicieron puertos en silencio
y una canción de azogue para caer con calma
(alguna vez
frente al mar
descubrí que el agua es como el odio)

vengo de morir y nunca he muerto
este                 es mi primer fracaso




 [4]

Buscabas un trébol brillante
para ponértelo en los labios
te asombraban los charcos y las ramas
las tardes en que nada sucedía
el teléfono sonaba a veces a pesar
del miedo y en medio de tu pecho
miradas extrañas asomaban a la luz

abril era entonces una ciudad descalza
pero un día vino y se llevó a papá

entonces creíste en la luna
en la soledad de las presencias
te fugaste de los sueños a una tierra
de ardientes guijarros el polvo
se encargó de lo demás

mamá nunca entendió por qué hurgabas en el barro
vos tampoco

el hecho es que había piedrecitas que guardaban
una música apacible y generosa
el hecho es que nunca
se te ocurrió alzar los ojos y mirar



[5]

mesa y rocola sobre fondo rojo
las botellas se han ido acumulando entre las dos mujeres
como las marcas sobre un calendario
así también los pósters que anuncian aguardiente con culos imposibles
los equipos de futbol del año anterior o de la infancia
las manchas de humedad y de asfixia
la mugre   la indolencia
aquí la cumbia reina
aquí el silencio es algo que se va muriendo
ayayay chuchita flaca                 ay dolor ya me volviste a dar
desde el fondo           una voz gastada exige una ranchera
y arroja un papel al centro de los gritos
pero las mujeres están atrincheradas en el rincón propicio
y tiran putazos y mientan madres y escupen animales que brillan y se esfuman
una es casi vieja
la otra es más vieja todavía
una baila                                 la otra tiembla
¿qué río de abandonos les procuró esta furia?
¿qué océano de espinas?            ¿qué esperma acuchillado?
pero ellas gritan         felices                 sobre el humo y el cansancio
y cantan las historias más tristes que puedan bailarse
y se jalan los pelos y somatan la mesa
y piden otra mamaíta esta vez que sí esté fría
y hablan de los hijos de puta que las abandonaron
con cinco muchachitos y una panza que estallaba
y de cómo el camino las dejó dormidas
antes siquiera de pedir prestado un farol para abrigarse
pero ellas ríen
y azotan sus cabellos teñidos hacia el foco de la pieza
y se sienten hermosas                 plenas                 rubicundas
y cuando alguna quiere llorar la otra la sacude
esta noche no mamaíta              esta noche es fiesta
y en realidad es fiesta
porque lo que les espera afuera no tiene nombre
es algo atroz
y ellas lo saben





Los demás. Eduardo Villalobos
Por Marilinda Guerrero



Digamos que hay un poco de ocre
en esta tristeza que gira hasta no ser
sino el cansancio
en estos rostros que hablan desde una lejana arboleda
erigida en el concreto
- autobús con grupo y ocaso


Muchos me habían recomendado su narrativa, pero lo que hice fue llevarme su poesía en: Los demás. 

Cuando ví el libro, me atrajo su portada. Me pareció interesante la disociación de líneas en el rostro que almacena la entrada a sus letras, parecía decir sí, adelante, puedes entrar.

Tímida, revisé el índice y me encontré con 32 titulos y cada uno parecía contar una historia: Ángel viendo caer la lluvia (pág. 9), niño imaginando el mar (pág. 50), mujer frente a los restos de un incendio (pág. 59)…

Sólo con leerlos, dentro de mi corteza cerebral se unieron y multiplicaron gran cantidad de fotografías, instantes, movimientos y recuerdos. Pensé: ok, ahora hay que averiguar si mis historias coinciden con las suyas. Entonces, como un experimento, fué así como me llevé a Villalobos en forma de poesía a casa. 

Y bueno, les he de decir que desde el inicio hasta el final, me adentré a un estallido de imágenes que bombardearon cada esquina/ espacio/ rincón en mi cabeza. Me dí cuenta que sus versos son en realidad historias que existen, que están presentes, parecía poder tocarlas. Me sorprendí cómo sus palabras poseían movimientos ondulantes y otras eran rígidas, tan duras que atravesaron mi pecho y descubrieron su lado más obscuro.

algo sucede en el aire pero ella ve incendios que gravitan
Un amplio sol que gira entre las grietas
promesas que caen como espaldas
algo se escucha en el aire pero ella canta
mientras la embisten                   ella canta
y descubre en el espacio algo que vuela
un meteorito de sombras
un satélite de esquinas
una estela en los recodos
y es como si todos los astros
desde lejos
acudieran a escucharla

- Prostituta mirando a un asteroide

Les he de confesar que me ví cara a cara con la soledad. Sentí como cuando vas al teatro y estás sola (o), en una butaca de primera fila, sin que nadie te moleste. Observé cómo cada escena era muy bien interpretada en  actos cotidianos, tan normales como días teñidos de verde, azul, rojo, tristeza, llanto, furia, caricias, errores y tinieblas. Pude apreciar desde allí, cómo en 62 páginas me enfrenté al mundo y sus cicatrices de óxido,  ignorancia, hipocresía, llanto, gritos, olvido. El libro me succionó sin poder hacer nada al respecto, y su poesía me escupió de vuelta, quedando algo de mí allí dentro.

Y les confieso que las historias que había  imaginado al leer el índice de Los demás, ninguna coincidió con las de Villalobos. Sus historias fueron excepcionalmente mejores. 

Perdió la fe mientras recordaba un salmo en un burdel
Y atravesaba el silencio con un grito en el odio
Cambió el amor por noches interminables de cocaína y gin tonics
Y un gesto en la mandíbula que le afeaba el rostro
Se perdió un día en su sombra y ya no quiso encontrarse
A veces sueña con corvetes que corren a quinientos kilómetros por
                                                                                                                             /hora
     
                                                                                                      
- banca con pareja en un shopping mall
                                                                              


si algo sabe es que el dolor no sana con la costumbre
que todo le ha costado
                que es mentira eso de los encuentros luminosos
en una voz paciente a la que solo el importaran su mirada y sus
                                                                                                                  /manos 

                                                                                                    
- mujer viendo su perfil en facebook










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