jueves, 4 de agosto de 2016

ALFREDO GUISADO [19.030]


Alfredo Guisado 

(Lisboa, Portugal 1891-1975). Periodista, escritor y político republicano, hijo de padres gallegos, fue un puente para Galicia, con el amparo de Fernando Pessoa.

Alfredo Guisado era hijo de Antonio Venancio Guisado y Benedicta Abril González, emigrantes gallegos originarios de la comarca de O Condado (el padre era de Ponteareas y la madre de Mondariz), quienes regentaron el restaurante Irmãos Unidos, en el Rossio de la capital portuguesa. 

En este establecimiento se reunía y planificaba su estrategia el grupo promotor de Orpheu y del modernismo en Portugal. Entre sus integrantes se encontraba Fernando Pessoa, el escritor portugués del siglo XX más internacional y traducido, que ocupa posición de relevancia en el canon occidental. Promovieron con su trabajo «o movemento literario portugués máis marcante do século XX e un dos máis marcantes da Europa», en palabras de Elias Torres Feijó, profesor de la Universidade de Santiago de Compostela (USC).

Aunque residió habitualmente en Lisboa, Alfredo Guisado se relacionó de forma continuada con Galicia. Sobre todo con los galleguistas y agraristas. Tuvo intervenciones directas en este último ámbito, en la parroquia de Pías (Mondariz), según refiere el estudio de Carlos Pazos. 

Ejerció el periodismo en Lisboa: fue director adjunto del diario República; y también en Rebate. En Galicia difundió más de medio centenar de trabajos en El Tea, publicación de la comarca de O Condado, también recuperados por Carlos Pazos.

El escritor

La principal producción literaria de Guisado fue poesia. Publicó, em portugués, Rimas da noite e da tristeza (1913), Distância (1914), Elogio da Paisagem (1915), Treze badaladas das mãos frias (1916), Mais Alto (1917), Ânfora (1918) -estos cuatro reunidos, em 1969, en Tempo de Orpheu, editado en Portugal-; y en gallego Xente d?aldea, una colección de 14 poemas reunidos en un libro con portada original de Castelao. 

Elaboró además textos que, según Carlos Pazos, podrían incluirse «sob a etiqueta literatura infanto-juvenil», como A lenda do rei Boneco (1920) o A pastora e o lobo e outras histórias (1974), igualmente en português, pero no fue reconocido por esta faceta.

El mayor valor se le atribuye a los 13 poemas que publicó en el número 1 de Orpheu, después recogidos en Ânfora, y que se relacionan muy directamente con Fernando Pessoa. Se la asocia al paulismo, uno de los estilos literarios de vanguardia del primer Pessoa, denominado así por la palabra «Pauis» con que comienza el poema Impressões de Crespúsculo, texto programático de esa estética. Según escribió el propio Pessoa, esta poesía enfatiza la posibilidad de «encontrar em tudo um além». 

El impacto de Orpheu es ahora objeto de interés de la crítica internacional. El centenario comenzó a celebrarse con un gran encuentro en Lisboa, a finales de marzo; y esta semana se celebra otro en la Universidade de São Paulo. En este participa Carlos Quiroga, escritor y profesor también de la USC, quien resalta que la aventura de Orpheu relaciona Portugal y Brasil, pero también tiene una «costela galega» por la influencia de Guisado en el grupo.

La colaboración de Guisado con Pessoa fue intensa. Aparte del sustento gastronómico y de materiales en el restaurante familiar para editar Orpheu, está documentado que Guisado ofreció al grupo apoyo económico para sus proyectos. Colaboró estrechamente para difundir Alberto Caeiro, uno de los heterónimos (personajes cuya biografía, trayectoria y producción es fruto de la ficción de una o más personas, que se empeñan en hacer creer que existen de verdad. De Pessoa hay varios, entre los más conocidos Alberto Caeiro, Álvaro de Campos o Ricardo Reis; unas décadas antes, en Portugal emergió Fradique Mendes, heterónimo colectivo creado por Eça de Queirós y otros miembros de su grupo) más célebres de Pessoa.

El poemario gallego Xente d?aldea se asoció en Portugal a Rosalía de Castro; y en Galicia sobre todo a Castelao, a quien está dedicado.

Así, la figura de Guisado resultó en parte oscurecida al asociarse a estos tres productores de Portugal y Galicia, que ocupan lugares centrales en los respectivos cánones. Es por eso que en la historia literaria portuguesa se le puede considerar un «esquecido»; y en Galicia fue durante décadas un «descoñecido», afirma Ramón Villares, presidente del Consello da Cultura Galega, en el prólogo del libro de Carlos Pazos, y ratifica este en su estudio. 

«Coa publicación deste libro de Carlos Pazos Justo, considero que estas duas eivas están a ser superadas a ambas beiras do río Minho», señala Villares.

El político

Tras su implicación directa en la revista, Guisado se alejó después del grupo, en parte por su posición política, de lealtad al republicanismo portugués, diferente a la de otros de aquellos colegas, que defendieron posiciones distintas o incluso apoyaron al salazarismo. Por ese «republicanismo leal», en octubre de 1977 se le dedicó una calle en Lisboa; y en enero del 2000 se colocó una placa conmemorativa en la casa de esta ciudad donde nació. 

Alfredo Guisado volvió a reivindicar activamente su pertenencia a Orpheu en los años finales de su vida, cuando esta revista, y sobre todo Pessoa, estaban en avanzado proceso de canonicidad, y así se explica el libro de 1969 que recoge el título de la revista. Dejó obra inédita, publicada en Galicia, por Laiovento, en 1996, como Tempo de Orpheu II, una edición póstuma preparada por Fernandes Camelo, entonces profesor en la Universidade de Santiago.

En las últimas décadas del siglo pasado, Guisado empezó a ser recuperado por la crítica literaria portuguesa, y también gallega. En Galicia lo reintrodujo de nuevo, en Grial, José Landeira Yrago. Isaac Alonso Estraviz fue quien más trabajó por difundirlo. Méndez Ferrín valoró Xente d?aldea como un libro «esteticamente digno, aínda que inferior á súa obra portuguesa principal». Fernández del Riego le dedicó un artículo en 1988 en La Voz de Galicia, y lo incluye en su Diccionario de escritores en lingua galega (1990), donde afirma que en este poemario «quixo refrexar nos versos os diversos temas da vida rural do noso país. Trátase de poesías sinxelas e delicadas; pero tamén sona nelas un berro de rebeldía e libertade». La crítica literaria portuguesa se ocupó del poemario gallego, y Óscar Lopes, uno de los historiadores de la literatura portuguesa de referencia, apuntó en sus composiciones tendencias del neorrealismo, señala Pazos Justo.

Estudio de trayectoria

El libro de Carlos Pazos Justo, basado en su tesis doctoral,  se centra en la trayectoria social y literaria de Alfredo Guisado entre 1910 y 1930. Dedica especial atención a los grupos e ideas a los que se asocia. Concluye que este estudio permite entender mejor las relaciones en el espacio ibérico, las gallego-portuguesas en particular, así como la situación del enclave de emigrantes gallegos en Lisboa y las imágenes existentes sobre este colectivo, y sobre Galicia, en Portugal. Imagen negativa para muchos, pero de afinidad para otros. 

Pazos Justo destaca la influencia de la personalidad de Alfredo Guisado para mejorar la imagen de la comunidad gallega en Lisboa, pues ocupó cargos en la Assembleia da República y en la Câmara Municipal de Lisboa.

Para Ramón Villares, «a emerxente renacenza galega dos anos dez, simbolizada nas Irmandades da Fala, no grupo Nós e no polo cultural en que se converteu o balneario de Mondariz, está na orixe desta atención que o lisboano Guisado lle presta á lingua e á política da terra onde naceran os seus devanceiros». Resalta su producción literaria dedicada a Galicia, y en gallego, y sobre su relación con el país destaca que «a súa amizade con líderes como Amado Garra, empresarios como Enrique Peinador, ?poetas da raza? como Ramón Cabanillas ou líderes políticos e intelectuais como Castelao son a mellor expresión dunhas relacións que van máis alá da curiosidade dun lisboano visitante ocasional das terras de Mondariz. O poeta e xornalista Guisado foi un activo promotor, coma tantos emigrantes retornados, do asociacionismo agrarista nas terras do río Tea, onde chegou a presidir a ?Sociedad de Agricultores? de Pías».

Sostiene asimismo este historiador que Alfredo Guisado «formou parte, nunha época da súa vida, do patrón cultural que cuñou o balneario de Mondariz, que, alén das súas virtudes curativas para as doenzas físicas, era un lugar de cultura até o punto de servir de centro de referencia para a Real Academia Galega, que celebrou alí memorábeis sesións literarias. Pero, por cima de todo, o mellor contributo de Guisado foi reforzar a difusión internacional da cultura galega, que, a través do ?torno? portugués, tentou chegar á Arca da Santa Alianza da cultura de entreguerras, que estaba en Francia».

JOEL GÓMEZ
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/fugas/2015/05/27/alfredo-guisado-puente-galicia-lisboa-pessoa/00031432752340076299557.htm



RECORDANDO

Sinto as cores, da noite, terem medo
e acolherem-se à sombra do teu luto.
Eu fui um rei dos godos, que em Toledo
o Tejo adormeceu e ainda escuto.

Cercam-se de oiro as salas que habitei,
oiro-cinza esquecido, oiro dormente.
E em minha Alma, na qual inda sou rei,
Cismo tronos caindo lentamente.

Buscam-me pajens tristes nos caminhos.
E a minha lenda em sonhos pergaminhos
vai escrevendo em silêncio o meu cismar.

São outros os domínios que vivi.
Todas as coisas que eu outrora vi
regressaram mistério ao meu olhar.




MÃOS DE CEGA

1

Sinto que as tuas mãos são teus olhos vencidos,
teus olhos que esquecendo as orações da luz
são claustros apagando os passados esquecidos
de Deus ao regressar de amortalhar Jesus,

Sinto-as tanger ainda os violinos velhos
onde os dedos saltando em cordas de oiro, à tarde,
te cegaram de som. E em candelabros arde
o teu antigo olhar emoldurando espelhos.

Teus dedos ao bater nas tuas mãos são remos,
inda vejo nas salas do palácio, arfando,
As tuas mãos de Dor entreabrindo as portas.

Buscamo-nos em cor e quando nos perdemos
passam as tuas mãos em meus dedos, cismando
estátuas de marfim sobre as arcadas, mortas...


2

Morreram os leões que guardavam perdidos
a branca escadaria. Velhos leões sombrios...
Deles apenas resta o eco dos rugidos
que os arcos dos salões tornaram mais esguios.

As rendas que fiaste adormeciam bocas
e as rugas no teu rosto iam caindo, fundas...
No fim do parque, à noite, as águias moribundas
guardavam em silêncio as destroçadas rocas.

Fiavas noutro tempo os teus olhos dormentes.
Deixaste de os fiar e os teus olhos arderam
na cor das tuas mãos, na cruz de outros poentes...

Cega de num, partiste. E quando regressaste
manchada de Distância, os meus sentidos eram
palmeiras ladeando a estrada onde passaste!








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