lunes, 1 de agosto de 2016

PENELOPE SHUTTLE [19.020]


PENELOPE SHUTTLE

Nacida el 12 de mayo de 1947, es una poeta británica.

Nacida en Staines, Middlesex. Dejó la escuela a los 17 años y escribió su primera novela a la edad de 20.  Ha vivido en Falmouth, Cornwall desde 1970. Se casó con el poeta Peter Redgrove (1932 - 2003) y tienen una hija, Zoe. 

Shuttle es miembro fundador de la Poesía Grupo Falmouth, fundada en 1972. 

Premios 

1974 Eric Gregory Award
2007 Cholmondeley Award
Selected Poems (OUP, 1998) Poetry Book Society Recommendation.

Obras 

Colecciones de poesía 

Nostalgia Neurosis: & Other Poems . S. Albert's P. 1968.
The Songbook of the Snow, and Other Poems . Janus Press. 1974.
The Orchard Upstairs . Oxford: Oxford University Press. 1980. ISBN 978-0-19-211938-4 .
Child-Stealer . Oxford: Oxford University Press. 1983. ISBN 978-0-19-211956-8 .
The Lion from Rio . Oxford: Oxford University Press. 1986. ISBN 978-0-19-281974-1 .
Adventures with my Horse . Oxford: Oxford University Press. 1988. ISBN 978-0-19-282218-5 .
Taxing the Rain . Oxford: Oxford University Press. 1992. ISBN 978-0-19-282993-1 .
Building a City for Jamie . Oxford: Oxford University Press. 1996. ISBN 978-0-19-282517-9 .
Selected Poems . Oxford: Oxford University Press. 1998. ISBN 978-0-19-288076-5 .
A Leaf out of his Book . Manchester: Carcanet. 1999. ISBN 978-1-903039-00-7 .
Redgrove's Wife . Bloodaxe Books. 2006. ISBN 978-1-85224-734-8 .
Sandgrain and Hourglass . Bloodaxe Books. 2010.
Four portions of everything on the menu for M'sieur Monet! . Indigo Dreams Publishing. 2016. ISBN 978-1-910834-21-3 .

Ficción 

An Excusable Vengeance (novella in New Writers 6) . Calder & Boyars. 1967.
All the Usual Hours of Sleeping . Calder & Boyars. 1969.
Jesusa (novella) . Granite Press. 1971.
Wailing Monkey Embracing a Tree . Calder & Boyars. 1973. ISBN 0-7145-0939-6 .
Rainsplitter in the Zodiac Garden . Marion Boyars. 1977. ISBN 978-0-7145-2560-0 .
The Mirror of the Giant . Marion Boyars. 1980. ISBN 978-0-7145-2679-9 .
The Penelope Shuttle Omnibus . Verbivoracious Press. 2015. ISBN 9789810959821 .

Libros en prosa 

Peter Redgrove (1978). The Wise Wound . London: Gollancz. ISBN 978-0-399-90024-2 .
Penelope Shuttle, Peter Redgrove (1995). Alchemy for Women: Personal Transformation Through Dreams and the Female Cycle . Rider. ISBN 978-0-7126-9859-7 



VACAS JUNGUEANAS

En Suiza, la gente nombra a sus vacas
Venus, Eva, Salomé o Fraulein Alberta,
hermosos nombres
para cantar yodel a través de las pasturas de Bollingen.

Si una mujer está ocupada con niño o libro,
el granjero usa la pollera de su mujer
para ordeñar a las vacas más sensibles.

Cuando llega la máquina ordeñadora,
las vacas compartimentadas se rebelan y enfurruñan
queriendo los dedos impacientes y habilidosos de la mujer
en sus descuidadas toscas ubres rosadas,
o no darán su leche;

así que el hombre que trabaja la máquina
con su pollera de algodón, toda con flores delicadas
contoneándola para esconder su mameluco y sus grandes
                                       y viejas botas embarradas,
coloca los frescos blandos aspiradores cuidadosamente,
envuelve su cabeza en el mejor pañuelo con flecos de su novia,
y camina oliendo femenino y tímido entre las vacas,

hasta que la leche brota, resbalosa y espumueante
hacia las lecheras,
Venus, Salomé, Eva y Fraulein Alberta,
agachándose, medio dormidas,
aceptando al hombre disfrazado como un eco de la mujer,
su aliento oliendo a verde, al dulce clímax tradicional de la leche.

http://inutilesmisterios.blogspot.com.es/




tan temprano

Me levanto tan temprano
que parezco una especie de árbol
con hojas oscuras que no caen nunca,

o quizá, después de todo, trabajo por turnos
soldando las alas de las mariposas,
justo igual que tú… quienquiera que seas.

Hay personas tan altas y hermosas
–no sé qué edad tienen–
que me ayudan a entender la respiración
y su porqué. Quienquiera que seas, tú eres una de ellas.

Me comentas (esto es como una entrevista)
que la gente feliz te molesta.

Me comentas que has memorizado
las fuentes de todos los ríos del mundo. Sólo por si acaso.
No te creo, quienquiera que seas.

Un dolor pequeño y luminoso brilla en mi interior
igual que una lámpara cortante.
¿Me puedes decir, quienquiera que seas, de qué sirve este dolor?


Ya he hablado en otras ocasiones de Peter Redgrove (1932-2003), sobre quien escribí hace quince o dieciséis años mi tesina y de quien he traducido algunos poemas, menos de los que él se merece. Pero no he mencionado apenas a la también poeta Penelope Shuttle (1947), que fue su mujer y con la que escribió al menos dos libros de hermosa factura: The Hermaphrodite Album (El álbum hermafrodita, 1973), testimonio de los inicios de su relación, y The Wise Wound (La herida sabia), estudio pionero sobre la menstruación que combina enfoques de la antropología, la psicología, el estudio de los sueños y la crítica poética y que ha sido reeditado numerosas veces desde su primera y sorprendente aparición en 1978. Un libro que surgió de la propia experiencia personal de Shuttle, cuyos periodos comenzaron a hacerse cada vez más dolorosos hacia mediados de los años setenta, y de los remedios que ella y su marido pusieron en práctica tomando como arranque las enseñanzas del analista jungiano John Layard (el mismo Layard, por cierto, que había sido amigo de Auden en el Berlín de los años treinta). De La herida sabia hay una secuela o continuación, Alchemy for Women: Personal Transformation Through Dreams and the Female Cycle (1995), más dogmática y catequizadora y quizá por ello (sólo quizá) menos interesante.



Desde la muerte de Redgrove en 2003, Penelope Shuttle ha publicado dos libros de poemas que le recuerdan casi en cada página: Redgrove’s Wife (2006) y Sandgrain and Hourglass (Grano de arena y clepsidra, 2010), los dos en la legendaria editorial Bloodaxe. Son libros elegíacos, en parte, pero también celebratorios, empeñados en mirar atrás con voluntad y espíritu de agradecimiento por los buenos tiempos compartidos. Pero el poema que he traducido, «Tan temprano», pertenece a un libro muy anterior, de mediados de los años noventa (la época en que los conocí personalmente), Building a City for Jamie (Construyendo una ciudad para Jamie, Oxford University Press, 1996). Un poema típico del mejor tono de Shuttle: imaginativo y lúdico, turbado por cadencias surrealistas, en diálogo con un «tú» elusivo que sin embargo ayuda al hablante a conocerse y definirse.


Shuttle ha recordado a menudo el impacto que le produjo ver y escuchar a Neruda recitando su poesía en el Festival de Londres de 1970 (organizado entre otros por Ted Hughes). Uno de los poemas que leyó Neruda entonces, el inmenso «Vi desde la ventana los caballos», de Extravagario, se quedó grabado en su memoria y ha tenido una larga descendencia en su obra: esa capacidad excepcional para captar la belleza del mundo natural y transfigurarla con la imaginación. Pero en Shuttle palpita, además, una mirada ligeramente estrábica, humorística, con un toque naif y otra parte de sano escepticismo, de duda cordial. Así en este otro poema del mismo libro, «Cama rota», que me recuerda el tono algo gamberro de ciertos poemas de Redgrove, esa capacidad suya (tan poco británica) para mirar el sexo con humor, lejos del turbio feudo de la culpa.




cama rota

¿Quién destrozó la cama? ¿Algún monstruo de pesadilla?
¿Alguna gran langosta patizamba?

Ninguno lo sabía. Ninguno confesó.
Vivíamos felices en nuestra cama rota.
Cómo gemía cuando nos concentrábamos en nuestras devociones.

Reinaba un clima de mala suerte cuando llegó la nueva cama.
Un cielo gris, enfurruñado, y el resuello del trueno envolviendo las nubes.

Ahora me acuesto muy tarde, a solas,
incapaz de dormir bajo la marquesina roja de mi edredón,

deseando haber tenido cien hermanas, todas nosotras concebidas
en una sola noche, y un padre con sombrero
planeando de cama en cama rota, afrontando su gran tarea…

Pero así son las cosas.
Rompo un huevo tras otro con impaciencia, viendo
cómo las yemas caen a paso lento hacia el desagüe.

Pronto nos harán falta todas las vendas de Europa, ¿no crees?

Notas y traducción por Jordi Doce en 11:05 a. m.
http://jordidoce.blogspot.com.es/2011/03/penelope-shuttle-2-poemas.html



  
Penelope Shuttle has lived in Cornwall since 1970. She is the widow of the poet Peter Redgrove (1932-2003). Shuttle’s 2006 collection, Redgrove’s Wife (Bloodaxe Books), was short-listed for the Forward Prize for Best Single Collection, and for the T S Eliot Award.
  
“A wonderful book of poetry of love and loss by Penelope Shuttle about her late husband, poet Peter Redgrove. It spoke to me very strongly, having lost my own husband not so long ago”, said Maureen Lipman, in the Daily Express, and in The Times, Elaine Feinstein said, “Her poems of mourning … are among the best she has written”.
  
In the autumn of 2007 she was one of three poets on an Arts Council sponsored reading tour of Toronto and New York (Cornwall Poets in North America), and in the same year was awarded a Cholmondeley Award for Poetry.
  
Penelope Shuttle is a tutor for The Poetry School, The Arvon Foundation, and Second Light Network. She also runs residential courses at Almaserra Vella in Spain.
  
Her new collection, Sandgrain and Hourglass, appears from Bloodaxe Books in October 2010, and is a Recommendation of the Poetry Book Society for the Winter Quarter.
  
“A poem can remove the thorn from any lion’s paw – but by the same token a poet may have to ask the lion to tend her wound. Penelope Shuttle’s new collection, Sandgrain and Hourglass, charts a variety of transactions between poet-self and wound, between wound and beast. A major preoccupation is her continuing experience of loss, particularly the way time modulates and redefines grief.
  
Some aspects of human experience can be too painful or difficult to bear except through poetry. As Ted Hughes said, ‘poetry is a way of speaking to people we’ve lost when it is too late’. In these poems – as in her previous book Redgrove’s Wife – Shuttle continues such conversations with her husband Peter Redgrove, her father Jack Shuttle, and her close friend L.H.S., among others.
   
Her engagement with the world’s manifold possibilities is also strongly present in Sandgrain and Hourglass … A machine for grading kisses? Edward Thomas translated into Japanese? A stolen reindeer? Faust? Francis Bacon’s mirror? Bedtime? The possibilities are endless.”
  
  
  
A Bonfire for the Moon

Neither afternoon, nor evening –
bright sky and primrose path
coming to the brink of shadow-time

High-stepping waves
back the beach into a dusk corner

A yard of wet sand
loses the light as we make for the rocks

Breakers shove their stern grey shoulders at us,
stand bolt upright, smashing fists of spray
in the world’s face –

Grey drumming ocean,
and on its wild wave, far out,
a white bird riding, as halcyon as you please –

Far above, a net of cloud reveals
the moon rising inch by inch,
small and sure and full to the perfect –

grey-pink at first,
then, as an artist might dreamily try out her palette,
she gains cherry-blossom’s lustre,
as you’ve seen it in those old orchards around Kyoto,

till, at first soberly, then wildly,
she’s a shade of orange more kumquat than orange,
more orange than peach, more tulip than wild rose –

every shade showing clearly
the delicate continental smudges of moonscape –

Now the cliff bats are shaken into the air
like motes falling from god’s eye –

and the moon-watchers
still crouch silently on the rocks –

yes, the sea does all the talking, bragging
and wise-cracking –
but is the moon listening?

Then one of us sets the kindling,
lights a bonfire for the moon



Autumn Evening at Home

The road hushes
into another road
with its own moon, its own rain

From our bedroom window
I see the fig tree that isn’t there,
the gate that never shuts,

the road outside our house
repairing itself with rain,
a blurt of moon,

you vanishing again
from my quiet regard



Hang-glider

The pilot falls
from the sky,

lands in front of me,
without warning,
like a legend

‘I should be at work right now’,
he says
scooping up his ready-made wings

‘Some people
hate us hang-gliders,
others love us, there’s
no in-between…’

We’re birds of a feather then,
I think,
poets and hang-gliders…

watching him run
along the shore,
nudge up
into the air again,
without fuss or fanfare,

guessing his way
through the thermals,
at ease above the cliff,

in a prospect of sky,
pilgrim of shadow,
pilgrim of sun



Memory is a Sort of Folklore

Memory is a sort of folklore
about love’s flying carpet

on which we took our domestic flights,
stayed airborne for years

Memory also gives our time together
the reality of a Dutch painting,

entire years the shade of gold
in Maerten van Honhorst’s Magdalen,
when she’s dressed up for a night on the town

Memory is like the earth,
always in two minds at once, light and dark,

or like very distant stars,
or an entire town taking a vow of silence,

or a country
whose sole wealth is its forests

Memory is where Love and Death meet in secret,
Death always rhyming with breath,

Love, with her birds white as winter,
always rhyming with dove –

I’ve seen memory words like this
written in the primer of light and dark



Spare Self

I’m making a new version of me,
identical in every way,
same age, same memories,
same hopes, same fears.

She’ll work hard for me.
Why not, I am her Creatrix.

All those e-mails
and phonecalls,
rail and flight bookings,
getting tax stuff
ready for the accountant,
housework and shopping,
that’s her department now.

I’ll be free,
it’ll be me-time all the time,
writing, reading,
holidays, days out,
long lunches with friends.

I’m constructing my own Cinderella,
and as for a prince –

no chance, Cinders.


TAXING THE RAIN

When I wake the rains falling
and I think, as always, its for the best.

I remember how much I love rain,
the weakest and strongest of us all;

as I listen to its yeses and nos,
I think how many men and women

would, if they could,
against all sense and nature,

tax the rain for its privileges;

make it pay for soaking our earth
and splashing all over our leaves;
pay for muddying our grass
and amusing itself with our roots.

Let rain be taxed, they say
for riding on our rivers
and drenching our sleeves;

for loitering in our lakes
and reservoirs. Make rain pay its way.

make it pay for lying full length
in the long straight sedate green waters

of our city canals
and for working its way through processes

of dreamy complexity
until this too- long untaxed rain comes indoors,

and touches our lips,
bringing assuagement- for rain comes

to slake all our thirsts, spurting
brusque and thrilling in hot needles,

showering on to anyone naked;
or blaming our skins in the shape of scented baths.

Yes, they are many whod like to tax the rain;
even now, they whisper, it can be done, it must be done.






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