jueves, 12 de noviembre de 2015

MELEAGRO DE GÁDARA [17.475] Poeta de Siria


Meleagro de Gádara

Meleagro de Gádara (Μελέαγρος: Gádara, 140 ó 120 a. C. - Cos, ca. 60 a. C.) fue un poeta y filósofo sirio de expresión griega.

Floreció en la primera mitad del siglo I a. C. en Gadara, «la Atenas de Siria», patria del cínico Menipo. También Meleagro fue cínico e imitó a Menipo en obras como Simposio y Comparación entre las papillas de guisantes y las lentejas. Escribió muchos epigramas para celebrar a los efebos que amó y a las hetairas con que se relacionó en la ciudad de Tiro: Heliodora y Zenófila. Ya anciano, se retiró a Cos, donde amó a otras hetairas y a Fanio. Se dedicó a la filosofía y redactó la primera antología de epigramas griegos que se conoce: el Stéphanos (Στέφανος: Corona, Guirnalda de flores o Florilegio), dedicada al filósofo Diocles de Magnesia y de la que sólo se conserva el prólogo, un poema en que identifica a cada poeta seleccionado con una flor simbólica; esta antología, compuesta hacia el año 100 a. de C., contenía poemas suyos (unos 25) y de otros 40 autores escogidos de los siglos VII al II a. de C., y sirvió luego para nutrir otras antologías, como la fundamental Antología Griega o Antología Palatina. Algunos de los poemas de Meleagro son licenciosos, otros muy graciosos, pero siempre son elegantes e ingeniosos; por ello se le ha llamado «el Ovidio griego». Compuso su propio epitafio:


La isla de Tiro me crió, fue mi tierra materna
el Ática de Asiria, Gádara, y nací de Éucrates
yo, Meleagro, a quien dieron antaño las Musas
el poder cultivar las Gracias menipeas.
Sirio soy. ¿Qué te asombra, extranjero, si el mundo es la patria
en que todos vivimos, paridos por el Caos?

TRES POEMAS DE MELEAGRO


I

Estoy cautivo, yo que ante con gusto me reía
de los cantos del loco amor por los muchachos.
y ahora a tu puerta, Miísco, me ha colocado
el alado amor con un cartel: “Este ha perdido el juicio”



II

Si Zeus es aún el mismo que raptó a Ganímedes
en la flor de su edad, para que fuese su copero
tendré que ocultar en mi alma al hermoso Miísco
no sea que de pronto, con sus alas abrace al niño.



III

Cipris me lanza llamas de amor femenino
y Eros me inspira deseos masculinos.
¿A quién sigo? ¿Al chico o a su madre?
la propia Cipris dice. “Este muchachito siempre me gana”





















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