jueves, 12 de noviembre de 2015

TIRTEO DE ESPARTA [17.476] Poeta de Grecia


Tirteo

Tirteo (Τυρταίος) de Esparta, (siglo VII a. C.) poeta griego que escribió en dialecto jónico.

Floreció en la segunda mitad del siglo VII antes de Cristo. Se duda de si era espartano de origen o de adopción, ya que se cree que nació en el Asia Menor, en Mileto, se le tuvo por el poeta nacional de Esparta. Combatió durante la segunda Guerra Mesenia (c. 650 a. C.). Compuso en dialecto jónico-homérico rico en dorismos cinco libros de elegías que, como las de Calino, presentan contenido y forma muy determinados por la épica. Según los alejandrinos, comprendían Eunomia ("Buen gobierno"), una larga elegía que exalta la constitución espartana y exhorta a los ciudadanos a la concordia y a mantenerla íntegra para el bien común: Embatèria, cantos marciales en anapestos; Hypotekai, exhortaciones a la lucha y al valor según la virtud dórica; Politeia (Constitución), un elogio de los valores civiles y religiosos de la constitución de Licurgo. De todas estas obras quedan sólo fragmentos bastante amplios, un total de 230 versos en los cuales podemos leer el elogio de la muerte en batalla por la patria, la descripción del combatiente valeroso y la exaltación de la constitución espartana.

Las elegías de Tirteo, de gran elevación y tono firme y severo, caracterizaban el elogio del valor guerrero y la vigorosa afirmación del ideal moral de la patria espartana y de las celebraciones de la muerte por ella. A diferencia de Homero, que exalta el valor individual, Tirteo habla del valor colectivo; la ciudad impone a sus ciudadanos obediencia y sacrificio civil por bien de la patria. El heroísmo que propone no se funda en gestas personales, sino en acciones disciplinadas de las tropas, acciones requeridas por la nueva táctica hoplítica. Por estos motivos sus cantos de guerra o peanes tuvieron gran fortuna en toda la Grecia y fueron cantados en las escuelas y en los campamentos. No hay, en verdad, grandes dones poéticos, pero sus versos elementales suscitan sentimientos de virtud, se usaron también para alimentar el patriotismo en la batalla y el sacrificio por la patria. "Para un valiente es hermoso caer muerto en la primera línea de la lucha"

Los espartanos acatando el oráculo, acudieron a los atenienses para que les proveyeran un general que les dirigiera en batalla contra los mesenios, quienes en burla les enviaron a Tirteo, maestro de escuela, nacido en Aphidne, Ática, cojo y tuerto, recibido entonces con desprecio. Pronto Tirteo se ganó el favor de los espartanos con sus buenos consejos, que a la postre gracias a sus elegías y arengas guerreras lo convirtieron en un héroe, luego de promover el vigor y la firmeza, virtudes Espartanas, hablándoles de la deshonra de la huida y el deshonor de la herida por la espalda, complementos de los honores de la muerte y los lauros del triunfo.




Dulce et decorum pro patria morii - TIRTEO de Esparta, Elegía - Poesia Heroica

Porque es hermoso que un valiente muera,
caído en las primeras filas, luchando por su Patria.
Es, en cambio, la cosa más dolorosa de todas
vivir como un mendigo, abandonando la Patria y sus fértiles campos,
errante con la madre querida y el padre anciano
y los hijos aún niños y la esposa legítima.

Éste será objeto de odio para aquéllos a cuyo país llegue
cediendo a la necesidad y a la horrible pobreza;
deshonra su linaje, desmiente su noble rostro
y toda infamia y toda vileza va con él.

Por lo tanto, si no hay para un vagabundo ninguna ayuda
ni tampoco respeto, consideración ni compasión,
luchemos valientemente por nuestra tierra
y muramos por nuestros hijos sin ahorrar nuestras vidas.

Así pues, oh jóvenes, luchad unidos
y no déis la señal de la huida vergonzosa ni del miedo;
haced grande y fuerte en el pecho vuestro corazón
y no tengáis amor por vuestras vidas cuando lucháis con el enemigo;
ni huyáis abandonando caídos a los de más edad,
cuyas rodillas ya no son ágiles, a los viejos;
pues es vergonzoso que, caído en las primeras filas,
yazca en el suelo delante de los jóvenes un hombre de más edad,
de cabeza ya blanca y barba cana, exhalando en el polvo su alma valerosa,
con las ensangrentadas vergüenzas cogidas en las manos
-visión abominable, cosa impía de ver- y desnudo;
en un joven, en cambio, todo es decoroso
mientras posee la brillante flor de la amable juventud:
su vista produce admiración a los hombres y amor a las mujeres;
caído en las primeras filas, es un héroe.

Ea pues, que cada uno de vosotros permanezca en su puesto
con las piernas bien abiertas, firmemente apoyado en el suelo con los dos pies,
mordiendo el labio con los dientes. 

TIRTEO de Esparta, Elegía (siglo VII a.C.)



Textos:

2.2.2.1. A la batalla..

                             Ea pues, avancemos cubriéndonos con los cóncavos escudos, marchando separados los pánfilos, hileos y (dimanes y blandiendo) en las manos las lanzas de fresno, matadoras de hombres. De esta manera, confiándolos a los dioses inmortales,
obedeceremos a nuestros jefes no con vacilación, sino que
todos al punto vayamos a la dura refriega                (alzándonos) firmes frente a los lanceros enemigos.
Terrible será el estrépito en ambos ejércitos al golpear entre sí los redondos escudos;             . (Se oirá el ruido producido al caer) unos sobre otros         el pecho de los hombres alrededor de            retrocederán heridos             (los cascos)                golpeados por las grandes piedras, producirán un ruido  




2.2.2.2. Eunomía.

Porque el mismo Zeus Crónida, esposo de Hera la de la bella corona, ha entregado esta ciudad a los Heráclidas, en cuya compañía abandonamos el ventoso Erineo y llegamos a la extensa isla de Pélope. 
Oyeron a Febo y desde Delfos trajeron un oráculo del dios, de seguro cumplimiento.
Así en efecto habló desde su rico santuario el del arco de plata, el flechero, el Rey Apolo de rubia cabellera:
“Que gobiernen con su consejo los reyes honrados por los dioses, bajo cuyo mandato está la hermosa ciudad de Esparta, así como los ancianos, de antiguo nacimiento, y, después, los hombres del pueblo, respondiéndoles con decretos justos; y, que no sólo pronuncian palabras honorables, sino que también obren siempre la justicia; y no deciden ninguna cosa torcida con daño a la ciudad; pero que la victoria y la decisión final sea del pueblo”.
Así respondió Febo a la ciudad acerca de esto. [3 D]


2.2.2.3. Dulce et decorum pro patria morii.

Porque es hermoso que un valiente muera, caído en las primeras filas, luchando por su patria. Es en cambio la cosa más dolorosa de todas vivir como un mendigo, abandonando la patria y sus fértiles campos, errante con la madre querida y el padre anciano y los hijos aún niños y la esposa legítima. Este será objeto de odio para aquéllos a cuyo país llegue cediendo a la necesidad y a la horrible pobreza; deshonra su linaje, desmiente su noble rostro y toda infamia y toda vileza va con él. Por lo tanto, si no hay para un vagabundo ninguna ayuda ni tampoco respeto, consideración ni compasión, luchemos valientemente por nuestra tierra y muramos por nuestros hijos sin ahorrar nuestras vidas.
Así pues, oh jóvenes, luchad unidos y no déis la señal de la huida vergonzosa ni del miedo; haced grande y fuerte en el pecho vuestro corazón y no tengáis amor por vuestras vidas cuando lucháis con el enemigo; ni huyáis abandonando caídos a los de más edad, cuyas rodillas ya no son ágiles, a los viejos; pues es vergonzoso que, caído en las primeras filas, yazca en el suelo delante de los jóvenes un hombre de más edad, de cabeza ya blanca y barba cana, exhalando en el polvo su alma valerosa, con las ensangrentadas verguenzas cogidas en las manos -visión abominable, cosa impía de ver- y desnudo; en un joven, en cambio, todo es decoroso mientras posee la brillante flor de la amable juventud: vio, su vista produce admiración a los hombres y amor a las mujeres; caído en las primeras filas, es un héroe.
Ea pues, que cada uno de vosotros permanezca en su puesto con las piernas bien abiertas, firmemente apoyado en el suelo con los dos pies, mordiendo el
labio con los dientes. 



2.2.2.4. Lo excelente es tener valor.

No sabría acordarme ni mencionar a un hombre por su excelencia en la carrera o en la lucha, aunque tuviera la estatura y la fuerza de los cíclopes o venciera en la carrera al tracio Boreas o fuera más agraciado de cuerpo que Titono y más rico que Midas y Ciniras, ni tampoco aunque fuera un rey más poderoso que Pélope, el hijo de Tántalo, y tuviera la lengua de miel de Adrasto, ni aunque tuviera la gloria salvo el valor guerrero; pues no es un valiente en la guerra el que no ose contemplar la matanza sangrienta y ataque al enemigo acercándosele. Esta es la verdadera cualidad excelente, éste es, entre los hombres, el gremio agonal mejor y más hermoso de lograr para un joven.
Es un bien común para la ciudad y el pueblo todo el que un guerrero, con las piernas bien abiertas, se mantenga firme en la vanguardia sin cansancio, se olvide enteramente de la huida vergonzosa, exponiendo su vida y su corazón sufridor, y enardezca con sus palabras, acercándosele, al soldado cercano: éste es el hombre bueno en la guerra.
Rápidamente pone en fuga a las furiosas falanges enemigas y con su ardor contiene la ola del combate. Mas si cayendo en la vanguardia pierde su vida, dando gloria a su ciudad, a su pueblo y a su padre herido por delante en muchos sitios a través del pecho, del abombado escudo y de la coraza, le lloran tanto los jóvenes como los viejos y toda la ciudad queda enlutada, llena de penoso dolor; su tumba, sus hijos, los hijos de sus hijos y su descendencia remota, obtienen honor entre los hombres: jamás su gloria ni su nombre perecen, sino que aún estando bajo tierra alcanza la inmortalidad aquél a quien mata el violento
Ares cuando despliega su heroísmo, aguanta a pie firme y por su patria y por sus hijos. Y si escapa a la Ker de la muerte que abate por tierra y, triunfador, alcanza la gloria esplendorosa de la lanza, todos le honran, tanto los jóvenes como los viejos, y llega a la morada de Hades después de lograr mucha felicidad. De viejo, es distinguido entre los ciudadanos y nadie osa tratarle sin respeto o sin justicia; todos, tanto los jóvenes como los de su edad y los más ancianos, le ceden el asiento. Que todos intenten llegar con su valor al más alto grado de esta suprema excelencia, no huyendo de la guerra. 




























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