viernes, 6 de noviembre de 2015

JOSÉ GABRIEL QUINTANILLA [17.393] Poeta de El Salvador


José Gabriel Quintanilla

San Gerardo, San Miguel, El Salvador 1977. Poeta, Abogado y Notario. Licenciado en Ciencias Jurídicas por la Universidad Tecnológica de El Salvador (UTEC) en 2005.

Parte de su trabajo se puede apreciar en Arte Poética, también ha publicado en Suplemento Cultural Tres Mil de Diario Colatino, entre otros.

Ha publicado los libros: Retazos de ausencia (poesía, 2000), Callada como la oscuridad (poesía 2007), A la espera del tiempo (poesía, 2007), Con la tarde bajo el brazo (poesía 2009) y Letargo de caricias, Editorial EquiZZero, 2015.


A LA ESPERA DEL TIEMPO (poesía, 2007)


El niño

I

Un niño cruza la calle,
una duda crece
en su bolsillo,
ya es tarde en sus
manos
él lo sabe
y acaricia su triste cabellera
que se abre paso
entre la bruma de la noche.

II

La llovizna cae en las manos de niño
y se vuelve polvo
y ceniza
y tiempo,
él se aleja
va tras su sombra
que se pierde entre la gente.

III

Las gotas caen en los techos taciturnos
abajo la gente camina arrastrando siglos
en sus manos
el niño observa sus movimientos
y se guarda la lluvia
en su bolsillo. 



La madre

I

Ella recoge sus pasos,
él la observa
y no dice nada
porque sus pasos están en todas partes
en la gotas de la lluvia,
en las manos de los abuelos,
en el cansancio de los años,
en el silencio de los libros.

III

El tiempo observa desde la ventana
nosotros seguimos como si nada
el niño siempre inventando su pasado
la abuela esperando
que esos días agonizantes
terminen de entrar
a esta casa.
La madre sonríe,
el tiempo corre
y se detiene frente al espejo
y se descubre más viejo de lo normal
como en un ritual
el tiempo, la ceniza, la lluvia...
 y la muerte. 



CALLADA COMO LA OSCURIDAD (poesía 2007)

II

El tiempo golpea en esta casa
como las olas del mar,
todo aquí parece traído de otro siglo
hasta las palabras
se empiezan a
extinguir,
van cambiando de significado,
a veces parecen mas livianas,
van cambiando de idea,
a veces crecen
un poco
ya dicen otra cosa
y nos acostamos
con el alma
 en las manos.

III

El tiempo se empieza
a escasear,
van creciendo las dudas,
amanecemos
inertes
cada uno en su
pasado,
cada quien cuida
la corteza
de su mirada
la dureza de
su timidez.
Porque el
tiempo vuelve
ahora mas liviano, 
con el cansancio
de todo un siglo
y aquí seguimos
aferrados a esta
casa,
aunque nadie
venga
y estas paredes
se desmoronen
con el recuerdo de tu
pasado,
aquí seguimos
en esta casa
sin puertas
sin nada
mas que
una lluvia
a punto de caer,
un silencio a punto
de gritar
y unas manos
 a punto de llorar.

IV

Aquella noche te vi crecer
con la lluvia
y jugamos en el patio
hasta que todo se quedo quieto,
esa vez crecimos
juntos
 ----vos en mis manos,
yo sentado en tu sombra----
es que crecimos todos
vos,
el silencio,
creció el tiempo
 a tu lado,
crecieron las huellas de tus pasos
después de que te marchaste,
crecieron las palabras
en tus cuadernos
y tu ausencia siguió creciendo
en mis manos. 


VII

Hoy la noche
paso lejos
de aquí,
apenas se escucharon
sus pasos.

VIII

El dia pasó
casi corriendo,
quizá mañana
corramos a su lado para no quedarnos.

IX

Vos
y yo
los tres juntos
nos quedamos abrazados
esperando tus pasos
que nunca llegaron

XV

El pudo ser el primero,
yo quizá el último.
No importa el orden de llegada
lo que importa
es haberme clavado
en tu corazón. 



Letargo de caricias, José Gabriel Quintanilla, Editorial EquiZZero, 2015.



Sencillez, síntesis, entrega, son algunos de los adjetivos que podrían definir Letargo de caricias, del poeta José Gabriel Quintanilla, uno de los libros ganadores del Cuarto Certamen de Poesía Ipso Facto 2014.


De manera que quien pretenda encontrar un despliegue de poemas pretenciosos, imágenes explosivas, versos avasalladores, se topará con un libro pensado desde lo más profundo del ser, un libro simple en su estructura y temática, y no por eso menos serio que otros, un libro sin complicaciones ni dificultades, sin abusos ni excesos, un libro que se deja leer sin remordimientos de principio a fin. 

Omar A. Chávez




[Ese silencio que corroe estas paredes…]

Ese silencio que corroe estas paredes,
esta casa que adormece en sus siglos
vos que te apartas en la sombra,
que miras oculta como la noche,
y vuelves en marzo
y vuelven las amontonadas de otros tiempos
 y te quedas como queriendo arrancar ese silencio
que corroe estas paredes
como queriendo callar estas manos que gritan  tu nombre,
vuelves en estos pasos distantes
y te quedas en un gemir de grietas,
en un crujir de sombras,
y te quedas oculta como la noche
como esas palabras
en el espejo
como esa mirada en esos gatos,
y te quedas ahogando las estrellas
como esperando otros marzos
de otros años,
de otros siglos,
de otras vidas
para dejar tus besos en esa sombra.




[El tiempo…]

El tiempo,
el silencio,
la vida
         una palabra sin prisa.
marzo se pierde con tu sombra.




[Este camino le ha dado la vuelta a medio siglo...]

Este camino le ha dado la vuelta a medio siglo
y todavía no alcanza tus pasos.




[Tres a.m.]

Tres a.m.
           el mundo cabe en el ladrar de un perro.




[Ya nada es igual los años pierden su ritmo…]

 Ya nada es igual los años pierden su ritmo
                                 a veces la lluvia se los lleva
                                                             callados
                                                             como las manos de los muertos.




[Todo tiene coherencia…]

Todo tiene coherencia:
esta historia,
este jardín que se muere en tus manos,
este libro que no termino de leer,
esa tumba sin muertos
y esta vida que no me deja de joder.
Todo tiene coherencia:
esos años como maletas de alquiler,
como noche sin dormir
y vuelve esta historia
como marzo sin estrenar,
y vuelven tus caricias
con ganas de gemir.
Todo tiene coherencia
y esta historia no termina de pasar.




[Conozco ese silencio y todos sus rincones…]

Conozco ese silencio y todos sus rincones
y esos años entrando por la ventana
y el aullido del cadejo
y la muerte colgando de la luna
conozco tu silencio en ese túnel de la vida
conozco tus pasos por esas calles
sin moteles
con ese andar de gato triste
con ese trote de perro sin dueño
conozco este silencio y esta casa sin dormir











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