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martes, 17 de enero de 2017

RENÉ ARTURO CRUZ MAYORGA [19.871]


René Arturo Cruz Mayorga 

El Salvador

René Arturo Cruz Mayorga. Escritor y profesor salvadoreño.

Nació el 17 de agosto de 1959 en la ciudad de Ozatlán departamento de Usulután, El Salvador. Sus padres, Juan Cruz y Juana Mayorga. Su preparación académica la realizó en la ciudad de Ozatlán.

Estudios realizados

Entró al Seminario Menor Santiago Apóstol de la Diócesis de Santiago de María en 1977 y en 1980 al Seminario Mayor San José de la Montaña hasta 1981 en que abandona la institución.

En 1996 alcanzó su licenciatura en Ciencias de la Educación en la Universidad Andrés Bello.

Actualmente ocupa el cargo de Director del Instituto Nacional de Ozatlán, Ana Silvia Parada.

Fundador del “Museo Lenca”, inaugurado en marzo de 2006 y radica en un aula del Instituto Nacional de Ozatlán, en Usulután.

Libros publicados

Poesía

Al pie del volcán nacen los héroes, 1996
Por los caminos de la patria, 1997
Poemas de la montaña, 1999
Del recuerdo a la redención, 2000
Trigales de esperanza, 2001
Nido entre valles, 2004

Premios

Tercer lugar a nivel nacional con el libro de poesía “Caminos de rectitud” Concurso promovido por caja mutual de El Salvador.
Primer lugar en los juegos florales de la ciudad de Usulután con el libro de poesía “Bajo el mismo cielo”, 2005
Miembro de la agrupación Poetas del Mundo y es integrado a la Unión de Poetas Hispanoamericanos, 2008
Formó parte de la Antología de poetas latinoamericanos “Proyecto Letras y Voces 2009” organizado por la Editorial Nuevo Ser de Argentina.
Integró la Antología de poetas hispanoamericanos con el título “Palabras al viento”, organizado por la Editorial Centro Poético de Madrid España, 2009.
Mención honorífica en el concurso mundial de poesía Doctor Andrés Bello de Venezuela con el Libro Sueño de Morazán, 200



LLANTO EN EL CORAZÓN

Como duele el alma cuando hay tristeza y llanto en el corazón.
Cuando las gaviotas rompen con sus alas los cristales de la noche.
Cuando la tristeza cruza la calle para morir en las garras del silencio.
Cuando los violines de agua dejan de cantar en las paredes húmedas del tiempo.
El hilo de la vida se rompe y se desangra hasta vaciar el mundo.
Cuando la travesía de la noche es larga y a veces eterna.




VERSOS AL TIEMPO

Desde mi ventana
dejaré que el tiempo
cobije mis años
y me enseñe
el rostro hermoso de la vida.

Que la noche me presente
el secreto de los astros
y la mirada penetrante
del cielo.

Que los días cobijados por el sol
me ayuden a encontrarle sentido
a este mundo vacío de sueños.

Dejaré que el tiempo
me hable desde el armario
de los recuerdos
y me entregue en mis manos
la llave de la victoria.




NUESTROS OJOS

 A veces necesitamos
  nuestros ojos
para llorar,
 para sostener
 nuestras lágrimas
y no dejar que se
 derrame el llanto.

Son nuestros ojos
los que reclaman el día
sembrando entre
 la hierba del campo
 la dulce esperanza.

Nuestra alma cruje
recostada  en el silencio
buscando en el corazón del mundo
el verdadero sentido de la vida.

Esta tierra  está  llena
 de misterios envejecidos
donde la palabra se enmudece
y se diluye con el olvido.

A veces quisiera empujar el dolor
al igual que el mar  empuja las olas
y  hablar con el  creador
como lo hace el viento a solas.



PALABRAS AL UNIVERSO

Me bañaré en la luz
gloriosa de tus ojos,
en el sol maduro
de tus sueños,
en el crisol
sagrado
de tu piel.
Me bañaré en el silencio
misterioso de tus labios,
en el horizonte cálido
de tus lágrimas,
en las piedras
misteriosas
de los siglos
cobijadas por
el tiempo.

*Ozatlán, El Salvador. Ganador del cuarto lugar en la categoría de Poesía en el Concurso Anual de Cuento y Poesía de la Librería Mediática, El Salvador.




CANTO AL CHE

El che vive
en el corazón
del pueblo cubano.

Su memoria está
en todas partes,
su palabra se multiplica
como las flores del campo.

Su sangre sigue
fermentando
la justicia y la paz
de esta tierra.

Su testimonio
continúa
recorriendo,
los confines
del mundo.

El Che sigue
caminando con su pueblo,
levantando al débil
y consolando al afligido. 




EL PENSAMIENTO DEL CHE

Tenemos que
 recoger tu voz,
tu pensamiento,
tu recuerdo,
tu gloria,
para que el  mundo
conozca tu historia.

Tenemos que ser palabra
a donde falten tus labios,
y poesía a donde falten
tus versos.

Porque a ti
te pudieron llamar
comunista
guerrillero,
pero jamás ladrón.

Tenemos que imitar
tu ejemplo,
para estar seguros
que avanzamos 
por el camino recto.

Tu delito fue creer
en los  pobres,
y vivir en la verdad.

Luchar para que América
fuera el paraíso
de la justicia y la paz..




SUEÑOS DEL CHE

Se  esforzó
para que América
fuera la casa de todos
y su techo fuera de justicia
de amor y libertad.

Luchó por una tierra
comunal,
para que los hombres
ganaran el sustento
con dignidad.

Luchó porque
 América fuera
un gran Árbol
donde todos se
pudieran cobijar.

Que fuera
un río de justicia,
donde el pueblo
pudieran pescar.




RECORDANDO AL CHE

Recordarte es la mejor
manera
de mantenerte vivo.

Los hombres
cuando son dueños
de la verdad
no se lloran,
porque se vuelven
eternos.

Lo que edificaste
en cuba
aún sigue de pie
y se  multiplica
como maíz maduro
en  la tierra.

El Che no ha muerto
vive en cada uno
de los latinoamericanos,
cada día recordamos su nombre
su sonrisa y sus sueños.

Tu corazón era tan grande
que no pudiste subir
con él al cielo.
 y se lo dejaste América
para que se llenara
de valor y consuelo.




CAMINOS DEL CHE

Ahí viene el Che Guevara
 bajando de la sierra maestra
trayendo sobre sus hombros
el sol de la esperanza.

Viene bajando los valles
con su pipa encendida
contemplando  el horizonte
azul de la libertad.

viene bajando junto a las
golondrinas del invierno
que surcan con sus alas
el espacio sideral.

viene bajando entre
 las catedrales
de los cerros,
que cubren en silencio
el dolor del pueblo.

viene bajando de la sierra
para echar raíces
en Canta Clara
y de volverle la paz
al pueblo cubano.



RECUERDOS DE INFANCIA

Recuerdo cuando 
mi tierra se llenaba 
de jazmines, 
de nubes y pájaros. 

Cuando paseaba 
por los caminos 
azules de los cerros, 
con mi carita sucia.
y mi pantalón remendado.

Cuando las palomas 
tendidas en el llano,
llenaban de plumas 
la noche.

Cuando el viento 
travieso 
jugaba con la montaña, 
enredando estrellas 
en el bosque.

Ahora te veo llorar 
y temblar
con tus ríos enfermos 
de paludismo,
y tu cuerpo cubierto 
de aceite de plomo
y pesticidas




MIS TEMORES 

Tengo miedo 
de caminar,
por un mundo 
sin nombre 
y sin mañana.

Por un mundo 
ausente de sueños
y de ilusiones.

Tengo miedo de caminar
por un mundo, 
atado al odio 
y a la mentira.

Miedo de caminar 
por los recintos 
tristes de la vida,
sin encontrar la huella 
del amor. 

Miedo de caminar 
por un mundo 
vacío y olvidado.



Las manos abiertas de América Latina

América Latina.
Ya no es aquella
América sumisa.
La que no sabe nada,
la que nunca discute
y siempre se arrodilla.
América latina
levantará sus puños
con dignidad,
para gritarle al imperio
¡basta ya! 
Será una niña
libre y soñadora,
con la esperanza
que los hombres
escriban su propia historia.

Una América
justa y colosal,
donde el pueblo
tenga la oportunidad
de participar.
La misma América de Morazán,
de Sandino y Farabundo,
capaz de unir a todos
los pueblos del mundo.
La América del Che
de Bolívar y Allende,
diciéndoles a los Yanquis
que América Latina
no se vende. 







miércoles, 19 de octubre de 2016

ANA DOLORES ARIAS [19.329]




ANA DOLORES ARIAS

Ana Dolores Arias (1859-1888) nació en Cojutepeque, El Salvador y murió en la misma ciudad. Poeta de tono romancista. Generalmente utilizó el pseudónimo de Esmeralda. Existen muchas historias alrededor de su persona, y se le vincula constantemente al poeta Rafael Cabrera,por lo quegeneralmente se les conoce como los poetas novios de Cuzcatlán. Fue antologada en la Guirnalda salvadoreña de Román Mayorga Rivas, en la Galería poética centroamericana de Juan Ramón Uriarte, en el Parnaso Salvadoreño de Salvador L. Erazo, en Poesía femenina de El Salvador de David Escobar Galindo y Luis Gallegos Valdés, en el Índice antológico de la poesía salvadoreña de David Escobar Galindo, entre otras.


Ana Dolores Arias, Maestra de vocacion y poeta salvadoreña de tono romanticista.

Nació en Cojutepeque, Cuscatlán, El Salvador el 26 de julio de 1859. Su educación intelectual era pobre, pero aún así se dedicó a instruir a la juventud y a la niñez.

Trayectoria de su vida

Fue una poetisa de versos suaves y tristes que utilizó el pseudónimo de "Esmmeralda" para componer y dar a conocer sus poemas; se reveló como poetisa llorando la muerte de una amiga muy querida, sus versos se publicaron en los periódicos de Cojutepeque.

No tiene obras publicadas, pero su poesía "Tristezas" resultó ser antalogada en la Guirnalda Salvadoreña de Román Mayorga Rivas; en la Galería Poética Centroamericana de Juan Ramón Uriarte y en la Poesía Femenina de El Salvador de David Escobar Galindo y Luis Gallegos Valdés.

Ana Dolores se le conoce junto a Rafael Cabrera como los llamados "Poetas Novios de Cuscatlan".

Muerte

Falleció en 1888 en Cojutepeque, El Salvador.


Ana Dolores Arias en Parnaso salvadoreño:

Ana Dolores Arias fue una escritora y educadora salvadoreña. Nació en 1859 y falleció en 1888, con apenas 29 años. Fue Directora del Colegio Cojutepeque, en El Salvador. De su vida se tienen pocas noticias, salvo que pasó grandes penurias en su infancia y que tuvo un romance con el también escritor salvadoreño Rafael Cabrera (no confundir con su homónimo mexicano), quien era un año menor que Arias y falleció en 1885. Han pasado a la posteridad como “Los poetas novios de Cuscatlán”.

Participó de forma constante en la vida cultural de su tiempo. Al enterarse de su muerte, la sociedad literaria denominada “El Ateneo Centro-Americano” les rindió un homenaje a Arias y al escritor guatemalteco Juan Francisco Rodríguez Méndez. En el número 8, correspondiente al 15 de agosto de 1888, en la publicación quincenal de “El Ateneo Centro-Americano”, se imprimieron los discursos pronunciados durante la sesión que dicha sociedad realizó en Guatemala en homenaje luctuoso a Arias y Rodríguez.

Los poemas de Arias comenzaron a circular 1880, bajo el seudónimo “Esmeralda”. Publicó en numerosos periódicos y revistas de su tiempo, como La esperanza, El Gimnacio [sic], El Cuscalteco, La Linterna, La Juventud y La Palabra. La crítica ubica su obra como parte del movimiento romántico centroamericano. Pese a que, 
hasta donde se sabe, no publicó libros individuales, y que dejó varios escritos inéditos, buena parte de su obra fue recogida en parnasos fundacionales, como Galería poética centroamericana, de Juan Ramón Uriarte, Guirnalda salvadoreña, de Román Mayorga Rivas, y Parnaso Salvadoreño, de Salvador L. Erazo. 



A continuación ofrecemos los poemas de Arias incluidos en Erazo en Parnaso salvadoreño.














https://escritorasah.blogspot.com.es/2016/09/dolores-arias-en-parnaso-salvadoreno.html

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MARÍA TERESA DE ARRUÉ [19.328]



MARÍA TERESA DE ARRUÉ    

“Teresa Arrué”, “Teresa de Arrué” o “María Teresa Arrué viuda de Salazar”. Lamentablemente, en general hay poca información sobre esta poeta. Fue poeta, periodista, educadora y costurera. 

Arrué no nació en El Salvador, como podría creerse, sino en Guatemala. No obstante, la vida y obra de esta autora estuvieron ligadas al horizonte cultural salvadoreño. Lo mismo puede decirse en el caso de Luz Arrué, hermana de Teresa, de quien hablaremos en otra ocasión. Teresa Arrué se casó con Joaquín Salazar Angulo, un empleado de aduanas. El matrimonio se divorció muy pronto. Salazar no ayudó a hacerse cargo de sus hijos, así que a ella le tocó sacarlos adelante, en medio de estrecheces económicas. Según el investigador Ricardo Roque Baldovinos, quien ha estudiado a detalle buena parte de la vida de los Salazar Arrué (por una razón que explicitaremos al final de este post), con los años Teresa llegó a tener una academia de corte y confección. Quizá debido a estas situaciones se conoce hoy poco de su trabajo literario o periodístico, que continúa disperso en publicaciones de la época. 

Un último detalle, nada desdeñable, es que María Teresa Arrué fue la madre de uno de los escritores más importantes de la literatura hispano o latinoamericana: Salvador Salazar Arrué (1889-1975), mejor conocido como “Salarrué”. 




Salarrué junto a su madre María Teresa Arrué


A continuación ofrecemos los poemas de Arrué en Parnaso salvadoreño.


Me felicitaran todas las generaciones
Madre Dolorosa

Del semioscuro fondo del paisaje,
se destaca la pálida figura
de la Madre de Cristo sin ventura,
que llora su dolor.

De sus divinos ojos obscurece
la luz del duelo que su pecho siente
al ver que muere de la Cruz pendiente
el Hijo de su amor.

Ella cruzó la dolorosa vía
junto al Mártir, convulsa y sollozante,
hsta llegar al pavoroso instante
en que negro capuz cubrió la faz del luminoso día,
al exhalar su aliento postrero
el Redentor del mundo en el madero
sangriento de la Cruz.

Y está del Hijo al pie, doliente y triste,
Símbolo fiel del sacrificio eterno
de que es capaz el corazón materno,
fuente inmensa de amor.
“¡Hijo del alma!” Exclama sollozante,
y cruzando las manos sobre el pecho,
al cielo mira y dice: “Ya está hecho;

¡El amor es dolor!” 











"A Julio Flórez" (Improvisación). Muy probablemente va dedicado al poeta colombiano Julio Flórez Roa (1867-1923) .










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viernes, 6 de noviembre de 2015

RAFAEL CABRERA [17.398] Poeta de El Salvador


RAFAEL CABRERA

Nació en Cojutepeque, El Salvador en 1860, y murió en Guatemala, en 1885. Una vida bajo el signo de la vehemencia romántica, en los amores y en la poesía. Novio de Ana Dolores Arias (“Esmeralda”),  de la que se separa al irse a Guatemala, a estudiar. Allá el poeta escribe, sueña y se enferma. Y muere. Sus poesías rezuman nostalgia  y pronunciación. Versifica con esmero, y el color emotivo impregna sus leves estrofas. Dentro de la lirica salvadoreña, encarna con “Esmeralda”, el signo legendario de la pasión ir realizada. Recogió sus versos, y los dio a Joaquim Méndez  para que los editara en un libro; pero luego se arrepintió, y ahí quedaron dispersos, en antología y periódicos. Murió en un rapto de angustia  fugitiva, a la puerta del lazareto don paso sus últimos días.

En “Los poetas novios de Cuscatlán”, recogido en “paginas escogidas das”  (San Salvador, 1939) señala Juan Ramón Uriarte: “en su canto a LA CEIBA DE MI PUEBLO-que basta para exaltar su nombre en nuestra historia literaria y que en su romance en el Lago de Llapango, su imaginación bulle libre y soberana y ya no se perciben los valimientos de Espronceda, Bécquer y José  Joaquín  Palma./ En ambas poesías prosperan las imágenes auditivas, visuales y motrices para hacerlos ver mejor lo que el poeta descubre en la realidad del mundo exterior e interno”. Y el mismo Uriarte, sobre el poema de la ceiba: “nosotros llamamos a esa poesía como el poema de la nostalgia, sin rival en la letras nacionales.” Cabrera, por su parte, en articulo citanos en la nota referente a Ana Dolores Arias, concreta: “cuando Esmeralda interesa como mujer, Gabriela por llevar en su ser algo dramático, real, palpitante. ¡Ah!, este estaba llamado a lanzar gritos tremendos en sus combates con la suerte. Este hubiera dado toque formidables a las puertas misteriosas del destino humano, si la muerte no le corta el paso y calla la voz de su interesante escepticismo.” El poema más famoso de Rafael Cabrera es “LA CEIBA DE MI PUEBLO”.



La Ceiba de mi pueblo


“En el pueblo indígena de San Juan Cojutepeque los monjes de la Orden de los Predicadores de los Santos Evangelios o de Santo Domingo de Guzmán, edificaron dos Iglesias: la de San Juan Bautista en 1612 y la de San Sebastián en 1692”

Frente a la Iglesia de San Juan, Barrio San Juan actualmente se extendía una amplia plazoleta, de forma irregular y de suelo sinuoso, en cuyo centro erguiase soberbia e imponente, en sus enormes ramas extendidas como brazos gigantescos, una añosa ceiba. En sus mejores tiempos ella proyecto su “inmensa sombra amiga” y albergo pájaros y nidos, epifitas y enjambres de insectos en un mundo maravillo de voces y colores, de luces y silencios. La Ceiba de San Juan era “el alma del pueblo”, el símbolo de la comunidad Cojutepecana.

“A principios de los años 1900, la ceiba de Cojutepeque cayo abatida por el hacha inmisericorde de un Labrador y por la orden de un ignorante funcionarios público; pero en el bello poema de Rafael Cabrera, el poema de la nostalgia, vivirá mientras viva la Republica, como una de las más bellas expresiones estéticas” (Pagina 100. El Salvador, Historia de sus Pueblos, Villas y Ciudades. Jorge Larde y Larin, Edición 1957). Según registros una ceiba sustituta se plantó, en la esquina de la Avenida Cabrera, el 3 de mayo de 1924.

De la Ceiba no quedo fotografía ni pintura alguna. Solo las agiles expresiones de Rafael Cabrera, quien “En la Navidad de 1882 – escribió en preciosos endecasílabos “La Ceiba de mi Pueblo”, llamado “el poema de nostalgia”. En dicho poema describe la ceiba, nos da presencia de aquel árbol en la historia del pueblo: en tanto que la actual, circundada por el muro de la alcaldía actual, espera el bardo que la cante, y se apresta a desafiar a los siglos”.



La Ceiba de mi Pueblo
Rafael Cabrera

I

¡Anciana ceiba de mi pueblo amado
!Si volverá a sonar bajo tus rama,
Sentado en tus raíces muellemente,
A la luz que nos dice “Hasta mañana”

A veces triste, conmovido y loco
Me finjo estar bajo tu sombra escasa
En una de esas tarde voluptuosas
En que se siente, se delira y se ama…

Allá, a mi izquierda, el encendido ocaso
Pintando flores en cendal de gualda.
Y la ondulada cumbre de los cerros
Perfilándose en fondos de escarlata.

En rumbo opuesto el San Miguel truncado
En tul se vela de azulino nácar.
Cual el genio infeliz de los ausentes
Perdido en el turbio de las distancias.

Allá también el San Vicente adusto
Su majestuosa cumbre dentellada
Engolfa altivo en la región sidérea
Como un sarcasmo a la soberbia humana.

Las nubes ciñen la severa frente
Cual leves copos de errabundas gasas.
Y acaso el yermo de su bronca cima
El campo sea de feroz batalla.

En donde el cóndor contra el cóndor luche
Con curvo pico y prepotentes garras,
Sobre el girón de palpitante presa
De un cóncavo a los bordes disputada!

!Quien sabe si mañana el gran coloso
Conmueva de mi valle las entrañas,
Y al tronar estridente de sus fauces
Se inunde Cuscatlán de ardientes lavas!

!Quien sabe, muda efigie de los siglos,
Si el dulce techo de mi abuela anciana
Vayas a sepultar tonante y fiero
En mar inmenso de encendidas llamas!

Mejor mil veces que arrogante y mudo
Seas del valle esplendida atalaya.
Refrescando tu frente con neblinas
Y haciendo hervir las fuentes a tus plantas.

Que sientas adormirse dulcemente
Al rumor melancólico del aura
La ciudad legendaria en un tiempo
Libertad! Libertad! – clamo a tus faldas.

Y el brazo armado de sus nobles hijos
La fe por guía y por pendón la audacia,
Humillaron la testa del tirano
De los valientes hijos de Tlaxcala …

Y frente a mi … del carcomido templo
La pintoresca mole se levanta,
Donde oraron los padres de mis padres
Ante el altar del tiempo de la España.

El verde llano y el amate umbroso
Donde de niño cándido jugaba,
Y la calle mil veces recorría
En las austeras procesiones santas!




II

¿Si volveré con húmedas pupilas
A contemplar las miserias parasitas
Que nacen, crecen, aman y se mueren
Al calor fecundante de tu savia?

O si juguete de los largos siglos
Que han dejado tus cepas deshojadas,
Te iras a ver muy pronto a sus embates
Sobre el suelo por siempre derrocada?

Las golondrinas que tus ramas pueblan
Son más felices que quien hoy te canta:
Ellas contemplan aquel pueblo mío
Que las ruines pasiones despedazan.

El riente pueblo que me vio en la cuna
y entre alegrías escondió mi infancia;
Que guarda todos mis recuerdos dulces
Y en otro tiempo me brindo esperanzas!

Ellas contemplan revolando alegres
El pueblo aquel cuya ilusión me halaga;
Que no prospera pero siempre bello,
Nido de amores y perfumes guarda.

Ellas le miran cuchicheando alegres;
Yo con húmedos ojos le mirara;
Y tal vez le veré cuando de muerte
Enferma sienta desmayarse el alma!

Si decretado esta, cuando la vea,
Ansiosa acaso la filial mirada,
En vano, en vano de mi abuela busque
Las venerables y apacibles canas.

Bajo las sombras caras y tranquilas
Del techo aquel, donde cuando ella oraba.
Yo, mis alegres tiempos recordando,
Reía con los niños de la casa.

Mi pobre abuela! Si de tu hijo inquieto
Las alegrías muertas retornaran.
Volvería al hogar y de tus labios
Con fe recogería las palabras!

Pero aquellas horribles tempestades
Que oías rebramar en sus entrañas,
Aun rugen con los ecos de la muerte
En las noches funestas de su alma!

Tal vez no existirás cuando yo vuelva!
Y vuelta escombros tu modesta estancia,
Mi padre, mis hermanos, mis amigos…
También en polvo para siempre yazgan!




III

Añosa ceiba! Dime sin en las tardes,
Cuando la luz crepuscular te baña,
Precioso enjambre de morenas lindas
Acude a sonreír bajo tus ramas.

Esas beldades mis amigos fueron,
También entre ellas escogí una hermana
Que me supo alentar cuando moría
El ultimo fulgor de mi esperanza.

Sus labios para mi vertieron mieles,
Y hermanos en el arte y en la patria,
Juntos cantamos, y sintiendo juntos,
La misma nota estremeció las arpas.

Lloroso un día me llegue a sus puertas
Y por última vez deje a sus plantas
Elegiaco cantar de despedida
Porque un hado fatal nos separaba.

Ella me dijo que en la casta lumbre
Que el astro de la noche nos enviara,
Los llantos de la ausencia se unirían
Cual sollozos de tórtolas que se aman.

Yo he cantado las hondas conmociones
Con que la ausencia el pecho nos desangra,
Y han ido hasta el alcázar de la Luna
Mis notas tremulentas y cansadas…

A su recuerdo inmarcesible y santo
Hay cuerdas que mi citara consagra,
Que suspiran el eco de sus himnos,
Y chispean la fe de sus palabras.

Y en su música vaga e infinita
El moribundo corazón empapan,
Y más allá de la vital miseria
!El pensamiento en abstracción espacian!

Di si la has visto ¡ceiba de mi pueblo!
Sentarse y suspirar bajo tus ramas,
Y volviendo los ojos al Poniente,
Verter de penas silenciosas lágrimas.

Y si bañada en rayos de la Luna
La oíste sollozar cual la torcaza
En las frondas calladas de los sauces,
Cuando los sueños su sopor derraman.

¡Ah! Yo la he visto lánguida y tranquila
Descender hasta mí, tímida y blanca
Como el santo candor de la pureza
Y la primera luz de la mañana.




IV

Siempre la veo! De mi mente nunca
Sus encantos purísimos se apartan,
Y me habla en el lenguaje de los dioses
Y me infunde la fe de sus plegarias.

¡Quien pudiera volver a los parajes
En donde tu penosa te levantas,
Y exhalar en el grito de los cisnes
La triste inmensidad de la nostalgia!

Sentir, amar, correr como en los días
De fiesta y placer, luz y fragancias
Que el cáliz de la vida, exuberante
Y lleno hasta los bordes, derramaba!

¡Quien pudiera escalarte y recoger nidos
En infantil dulcísima algazara,
O cortar los capullos y las flores
Con que te adornan miles de parasitas!

¡Quien recorrer pudiera uno por uno
Tanto nido de amor donde dejaran,
El corazón sus poemas de alegría,
Y sus tristezas pálidas en el alma!

Y aparecerse y ver en el paisaje
La de mi madre sombra veneranda,
Y hablarle en el idioma de los niños,
Y esperar y morir al escucharla!

Y quien … al fin ¡oh ceiba de mi pueblo!
Escuchar el sollozo de sus ramas,
Formar con ellas una cruz mortuoria
Y en la fosa dormir bajo plantas!

Guatemala, Navidad de 1882.

(Tomado del libro; Cojutepeque, biografía de un pueblo)