viernes, 6 de noviembre de 2015

MERCEDES MARTÍNEZ BILBAO [17.401]


Mercedes Martínez Bilbao

Nació en Santurtzi (Bizkaia) en 1960. 





Escucha. Vendrá el mar
henchido que abrazará con sigilo tu garganta,
plántulas de melisa
crecerán a los pies de tus deseos
serán alfombra para tu gozo.
Escucha y calla.
Escucha la sombra del viento
arrastrándose por el asfalto
escalando el acantilado de tu desgracia.
Y calla. Calla con el silencio de los que aprenden
a aguardar la luz del cielo
el rayo que nació tiempo atrás
de la explosión intrusa
de un corazón azul.
 

*



Tras una palabra malherida
se esconde mi arma mortal
un signo que interroga con descaro
a un por qué anónimo
ajeno a la sabiduría de su ser.
De luz. De sombra. De odio albino.
Poesía que no muere.
Cuando se acabe el oxígeno
buceará en los mares abisales de la marginación,
cuando despierte la música
se maquillará con la dicha del futuro,
colgará de las ramas de mis pechos
se transformará en las pausas de mis salmos
saltará como rana en celo sobre el charco de mi indecisión.
Símbolos diseminados por el papel,
sinfonía de luz.
Poesía a secas.




Lombrices de pavimento

Si 
aparece una lombriz 
nueva en el vecindario
no me pongo contenta
ni triste
no calculo la probabilidad
de que nuestros rastros se crucen
o de que nuestras colas
se rocen,
pienso 
simplemente
que quizá le guste la pizza con pepperoni
hastiada de comer siempre
lo mismo,
me pregunto
si ha escuchado alguna vez
la segunda sinfonía de Mahler
o si la música tecno
le enerva el sentido,
pienso
sólo pienso
y escondo mi azulada tez contra el pavimento
no vaya a ser
que noten
que detecten
una inusitada actividad neuronal
en un gusano estúpido
que perciban la arritmia del movimiento
que me produce
este malestar vital
o la escasez de mucosidad cutánea
o el tormento de mi escondido apéndice,
no vaya a ser que 
se inquieten
por la mala comunicación con mis congéneres
y que sientan deseos de inquirir
acerca de absurdas secreciones cíclicas
o comiencen a rumorear
si será miopía
o ausencia intelectual
lo que se aprecia en mi mirada lánguida
y perdida,
no vaya a ser que
achaquen a una extraña enfermedad contagiosa
mi leve despigmentación latero posterior
o que 
se les ocurra torpemente
que un envejecimiento prematuro
me ha sobrevenido
y la locura
nunca más pasajera
se ha adueñado
de mi nimio cerebro.

Sabiendo
lo que quería decir
me agarré al silencio
como a una roca
sin saber si era mi salvación
o mi condena perpetua
porque
cada sentimiento mudo
es una idea andrajosa
un poema degollado
y yo
terrestre lombriz lunática
enmudecí hace tiempo
eternamente
enmudecí hace tiempo
eternamente

Algunas lombrices que conozco
son orgullosas
como un ciprés añejo
se deslizan rosadas y esponjosas
sobre el asfalto
se creen hermosas
y, en su creencia, se arrastran
ignorantes
altaneras
testarudas
por el lodo más tupido y maloliente
tejiendo una subsistencia vanidosa y pueril,
son obtusas
obstinadas
y en su claro lomo pasean
su inmadurez específica.




El tiempo

Transito a través del tiempo
cual lombriz
perezosa sobre el pavimento.
De vez en cuando
-muy-
las lombrices blancas
entonan encendidos himnos patrióticos
a varias voces,
las lombrices rosas
se reúnen periódicamente en el parlamento
y promulgan leyes
que protegerán a todas las lombrices
de ser aplastadas
excepto cuando ello sea
totalmente inevitable
estrictamente necesario.
Alguna vez
(entre los cánticos)
el amor brota
como el genio de Aladino
entre un par de lombrices,
es casi una enfermedad.
Mientras tanto
otros seres mueren en Gaza o en Kabul
talados por la miseria de los reyes
del universo.
He elegido
la soledad
soy una lombriz de pavimento.

No hay lombriz
más clara hoy aunque mi tez brille azulada.
Mis ojos ciegos tocan la claridad vespertina
y mi piel se despliega sobre la tierra
como vestido de novia
satisfecha y llena,
la humedad me trae aroma de viejos amigos
abre mis poros
y me comunica con un mundo microscópico
menos incierto,
recojo cada molécula de oxígeno 
me limpio
me renuevo de odios almacenados en estantes carnosos,
soy princesa de lombrices
reina terráquea invertebrada
dócil pero altanera
dúctil pero despierta
como nube que persiste
su lluvia sobre la costa.

Respetad mi tránsito translúcido
y leve
de suspiros blancos
de ahuecados sueños imposibles.




Instante amargo

Cuando aprieto las manos
tanto
contra la superficie de la mesa
que se blanquean los bordes de mis uñas
y la piel del estómago
se hunde hasta tocar mi columna,
cuando tenso las mandíbulas
como la cuerda del arco
que lanza las flechas más certeras
y mi entrecejo se frunce en festón
de epidermis
a la vez
que la sangre golpea
repetidamente
la puerta de mi mente
donde no puede entrar
cada vez que ésto ocurre
mi corazón se estremece
y en un sueño inconsciente
se abandona
eternamente.












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