martes, 10 de mayo de 2016

LIZETH SEVILLA [18.671]


Lizeth Sevilla

(Zapotlán el Grande, México  1986)
Ha publicado Crónicas Pasajeras (2006) Monólogo de una mujer desnuda (2010) Lamentos de Altamar (2015). En 2012 ganó los Juegos Florales de Zapotlán el Grande y ha dirigido suplementos de culturas populares, revistas independientes de difusión de las culturas populares y coordinado proyectos de educación popular.



Cuarenta y tres cenzontle
Nombrar las aves

                                  En el canto hay silencios que no callan
                                                                     Luis Armenta Malpica


Ce/Ome/Yei

Venimos a esta tierra de mujeres de barro
nos hicieron de luz y poesía
pero a ellos les incomodaron las flores
rasgaron nuestras ropas
cercenaron nuestros cuerpos

Nahui/Macuilli/Chicuace

Éramos el amanecer en este territorio de esperanzas
de sueños peregrinos
de mares azules y cenzontles

Chicuame/Chicuei/Chicnahui

Pero a ellos les incomodó nuestra lucha
las grietas de nuestros pasos
el eco de nuestra libertad

Mahtlactli/Mahtlactli ihuan ce/Mahtlactli ihuan ome

Derrumbaron la paz de nuestras noches
violaron a nuestras mujeres
se llevaron a nuestros niños
vinieron a llevarse las semillas
y pusieron cruces en nuestra memoria

Mahtlactli ihuan yei/ Mahtlactli ihuan nahui/ Caxtolli

A dónde se llevaron a nuestros hijos
a dónde sus ropas
a dónde su lengua milenaria
A dónde sus juegos de la infancia
A dónde nuestro llanto

Caxtolli ihuan ce/ Caxtolli ihuan ome/ Caxtolli ihuan yei

Ruega por nosotros y por ellos
y por esta puta realidad
ruega por nosotros,
ruega por nosotros
por esta tierra de podredumbre,
burocracia y silencio
de sangre

Caxtolli ihuan nahui/Cempoalli/ Cempoalli ihuan ce

Quisieron callarnos y brotamos de la tierra
y germinamos en la cabeza de un pueblo
en las calles
en los ojos del niño que pide una moneda para un taco
en las pies agrietados del migrante
que hace propias las calles que transita
de esta tierra de miedo

Cempoalli ihuan ome/ Cempoalli ihuan yei/ Cempoalli ihuan nahui

Antes se sembraba maíz criollo, amaranto
se araba la tierra con la planta de los pies
ahora nos sembraron ausencia, rabia
envenenaron nuestras raíces

Cempoalli ihuan macuilli/ Cempoalli ihuan chicuace/ Cempoalli ihuan chicome

De la tierra brota el miedo
anda por los portales de esta ciudad y de todas
se cae la carne y los ladrillos a pedazos

Cempoalli ihuan chicuei /Cempoalli ihuan chicnahui /Cempoalli ihuan mahtlactli

Nos duelen en los ojos
nos duelen en el vientre
en el fruto mancillado de nuestro vientre
el de las madres que somos
y en la garganta que se desgarra
en el corazón que busca y no encuentra

Cempoalli ihuan mahtlactli ihuan ce/ cempoalli ihuan mahtlactli ihuan ome/
Cempoalli ihuan mahtlactli ihuan yei

Ay mis hijos
ay mi gente que mira y calla
ay mis desaparecidos hay tanta
y tanta indiferencia

Cempoalli ihuan mahtlactli ihuan nahui/Cempoalli ihuan caxtolli/ Cempoalli ihuan caxtolli ce/

Nosotros hablábamos el dialecto de las flores
nuestra piel tenía grabada a cincel lucha
lucha en nuestras universidades
lucha en las comunidades rurales
contra el olvido

Cempoalli ihuan caxtolli ome/Cempoalli ihuan caxtolli yei/Cempoalli ihuan caxtolli nahui

Íbamos por la vida dignificando a nuestro pueblo
alzando en nuestras aulas la voz de ellos
el canto de ellos
de vez en cuando olvidábamos el sabor amargo
de esta muerte paulatina que nos propinan a diario a los que venimos
de siglos
de otras latitudes

Ompoalli

Somos los desaparecidos
somos los hijos que no nacieron
porque colapsó el universo
somos los colibríes de cada mujer
que nos extendió sus brazos
el hijo que estaba anunciado y nos arrebataron

Ompoalli ihuan ce

Somos los hijos de la malinche
somos un pueblo rural en un lugar del mapa que quisieron borrar
somos los hijos de nuestros padres
que van en caravana levantando la piel de la tierra
para tener la esperanza de no encontrarnos ahí
donde han sembrado los desaparecidos

Ompoalli ihuan ome

Somos los desaparecidos
somos las bocas que quisieron callar
somos los poetas que nos nombran
los músicos que nos nombran
las mujeres que nos nombran
los hombres que nos nombran

Ompoalli ihuan yei

Somos 43

Fue el estado



Nahui

                         Espero que cuando yo esté muerto comprendas
                                                           que conseguí tanto como pude.
                                                                                      Charles Bukowski



I

Debió ser doloroso Nahui
abrir los ojos en una cama
sin tu mujer al lado
dejar pasar la eternidad
-que te pertenece-
bebiéndote las olas
de un mar dulcísimo
recorrer las plazas comerciales
con ese ejército de ángeles asexuados
que no podrás poseer/
porque en tu nuevo mundo
no está el cuerpo mío
amándote
teniéndote cerca de la piel
que ahora arde y envejece
en esta tierra de misterio y tumbas.
Debió ser extraño mirarte en las aguas
cristalinas
con tu ropaje blanco.
Escuchar mientras caminabas
los murmullos de terceros que te cuestionaron
y desde entonces te condenaron al olvido.
Debiste añorar esos conciertos coreanos
-que sólo tú entendías-
en aquel mundo sin lengua/
los atardeceres en los que Lhasa de Sela
se incrustaba en tus oídos
mientras leías a Platón o a Wittgenstein
y yo tomaba café o agua.
Cómo debió dolerte
no tener en tu mochila el viejo libro
Nietszcheriano
que cargabas en tus viajes,
la colección de Alighieri
que te ponía de malas cuando llegabas al infierno
y salían ese momento tus fantasmas
al filo del atardecer
reclamando tu presencia.
No pude seguirte Nahui
porque me quedé llorando tu ausencia

en esa tarde de julio en que te reventó la vida
y ya no quedaron fuerzas para reclamarle al destino.

Cómo me entume el tiempo Nahui,
el ruido de los carros, el vacío de las noches en vela
esperando que vengas y me expliques
que me digas del neoliberalismo,
del misterio de los cuerpos despojados.


II

Qué le vamos a hacer a la vida
Nahui
si así nos la construyeron
muda
inerte por antonomasia
sin asombro
sin renunciamientos
con el caos agrietándonos los labios para no hablar jamás.
Cómo te explico Nahui el abandono
cómo te curo las heridas
de esa alma tuya
que se ha ido a adolecer
a otros paraísos

cómo te digo a ti
del libre albedrío
si elegiste bien al desafiar las reglas de los mundanos
de los que vamos por la vida creyéndolo todo
el currículo
la lengua
el sexo
los divorcios


III

Nos has dejado para siempre
dolorosos
con el miedo entrando por las uñas
con las lagrimas quemando los rostros
de esos entes que nos miran y callan
con la moral rasgándonos el pecho
y la ciencia atolondrándonos
la vida…

Cómo me harás saber de ese momento
-católico y apostólico que tanto odiaste-
en que vengas y tumbes la puerta
tires los libros
asustes al gato
y me digas con la fuerza del que regresa
que no ha pasado nada…

Hay que volver a dormir…





Un soliloquio

Y como en otras épocas
cuando me viene el amor de golpe
y quiero mirarte a los ojos
morderte los labios
abrir las compuertas de mi entrepierna
para que descifres mis andanzas
me detengo y escribo… 

Es probable que un día 
no solo te inunden mis palabras…
y entonces vengas a recorrer mi isla
[sin el miedo que eres ahora]


“Monólogos de una mujer desnuda”



En el presente que no te incluye, trazo líneas de tu cara
con el humo del cigarro, te salvo de la abstinencia,
de no imaginarte… del olvido.

Lizeth Sevilla




Nuestro amor era un simulacro, 
un antifaz del tiempo sobre nuestra memoria, 
el amor que hacíamos todos los días 
con las ausencias y presencias, 
el amor que gastábamos luego en besos 
arrancando resuellos pasionales 
al raciocinio, 
cuando empezábamos a extrañarnos 
con un dolor lúdico 
en el vientre, 
en las manos, 
en la boca, 
en el silencio 
donde hacemos falta, 
en la oscuridad: 
bendita dualidad del deseo no consumado, 
cuando nos enseñamos 
la tierra, 
el agua, 
el viento, 
y lo indecible 
se descifraba en tus manos 
[y en tu boca], 
cuando tu lengua resolvía 
cálidamente 
los misterios de mi cuerpo enardecido 
de ti, 
de todo. 


II 

Todas las noches eran de tango, 
de violines necios 
que han susurrado por los siglos de los siglos 
besos graves, 
miradas graves, 
ausencias graves, 
cuerpos sin memoria que siguen creando 
en el tiempo, en su espacio, 
que se encuentran 
y desencuentran. 


III 

En el presente que no te incluye, 
trazo líneas de tu cara 
con el humo del cigarro, 
te salvo de la abstinencia, 
de no imaginarte… del olvido. 
Y vivo en un exilio de tu cuerpo, 
de tus manos, 
tus silencios, 
en un exilio imperecedero 
sin retorno, sin luz, sin ti, 
entre los escombros y las cenizas, 
el humo y la noche, 
y construyo andamios y colmenas 
en mi regazo 
donde no duermes… 


IV 

Te desprendo del celofán que te asfixia 
[lentamente] 
te sacudo, 
existes, 
te acaricio con la boca húmeda 
imprudente, 
muda. 
Cruzo las piernas, los dedos, 
el alma 
y converso contigo, 
me fumo tu aliento, 
soberanamente me fumo tu aliento, 
el aire pesado que respiras confundido. 
Y mancillo tu boca 
[que no es mía], 
muerdo tu boca 
y el dolor es dulce. 
Hundo mis dedos 
en la selva inmortal de tu cuerpo 
donde los peces 
y el musgo 
se adhieren a mi historia. 
Te fumo 
y de vez en cuando me ahogo, 
me asfixio con el murmullo de tu aliento, 
y en esa muerte diminuta 
donde tu ausencia es utopía 
te vuelvo a enseñar 
el agua, 
los tangos, 
la tierra por donde no transitas



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