sábado, 7 de noviembre de 2015

WAYNE BROWN [17.409] Poeta de Trinidad y Tobago


Wayne Brown 

Nació en Port of Spain, Trinidad & Tobago, en 1944. Fue educado en escuelas de su ciudad natal, para recibir después una formación en lengua y en literatura en universidades de Gran Bretaña y de los Estados Unidos. Ya desde su primer libro, On the Coast and Other Poems (1972), afirmó una producción de notable madurez estética. 

Brown dio conferencias sobre poesía y sobre escritura creativa en distintas casas de estudios, desde la Universidad de West Indies, en Kingston, hasta la Universidad de Lesley, en Boston. En 1981 preparó la antología de Derek Walcott, Selected Poetry, que publicó la editorial Heinemann, en lo que fue todo un anticipo. 

El poeta también publicó narraciones, hasta que en 1989 salió de imprenta su segundo poemario, titulado Voyages. Entre 1984 y 2009 mantuvo una columna crítica llamada “In our time”, difundida en periódicos caribeños de gran tiraje, dedicada a temas políticos y culturales.

Desde 1997 residió en Jamaica, hasta su muerte en Stony Hill, en 2009.





EN LA COSTA

El almacén del paseo marítimo
está vacío esta noche. En el océano
la luna brilla, es una luna de invierno,
en una nube de enredadas alas de polilla.

¿Por qué me incorporo a estas horas de la noche
descalzo en un muelle roto?
Nunca vi a los galeones entrar en la luna,
ni la gran casa que ardió sobre la colina,

y el pescador impuntual
que salió de repente de la nada
haciendo círculos con sus largos remos,
no tenía nada que decirme.

Noche, no estoy llegando a ninguna parte.
Muchacha de la isla, tengo miedo, no me abandones.

Versión en español del poema:
Eduardo Dalter, María Luz Fernández
y Daniel Borrachia



The Witness

Always when the warring tides
ebb at sunset, someone comes.
At first you can hardly see
him: a black nut in the surf

Of the advancing skyline,
or as if the dusk congealed
to fleck that darkening iris:
your eyes widen in terror,

You hate him, mock him as he moves
among the schrapnel of chipped stones,
the palm trees' tattered flags, the stiff
trunks flung face down in the sand…

Later, on the well-lit train
to a colonial future
narrow as rails, you ask 'Who
was that stranger by the sea?'

Man, he is your memory
that each sunset moves among
the jetsam of the tribe, the years
widowed past grief, yet lingering.

Even as the murmuring
sea unwraps and wraps its arms
in turn around each dead, loved thing:
and the gesture may be fruitless, but is made.









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