domingo, 1 de noviembre de 2015

FERNANDO GIL VILLA [17.326]


Fernando Gil Villa 

Fernando Gil Villa es oriundo de Ejea de los Caballeros (Zaragoza). Alterna su trabajo entre Salamanca –en cuya universidad ejerce como profesor desde 1991- y Latinoamérica. 

Obras:

Ensayos:

Individualismo y cultura moral (CIS, 2001), 
La exclusión social (Ariel, 2002), 
Elogio de la basura (Universidad de Salamanca, 2005),
Juventud a la deriva (Ariel, 2007),  
Nihilistas (Maia, 2009), 
Qué significa investigar. Exorcismo del trabajo de investigación (FCE, 2013), 
Los estudiantes y la democracia. Reinventando Mayo del 68 (Plaza y Valdés, 2014).
La sociedad vulnerable (en prensa)

Narrativa:

Sociedad en crisis: puro cuento (Chiado, 2012) 

Poesía:

Hechizos de casa y luna (Cátedra poética de Fray de León, 1997)
Brasilia en verso (Thesaurus, 1997 –Edición bilingüe, español, portugués)
O náufrago e a princesa (Literatura de Cordel. Centro de Estudios Brasileños.
Universidad de Salamanca, 2004) 
Señales de humo (Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca,
2000)
Otra tierra (Huerga y Fierro, 2005), 
Esto queda  (Eclipsados, 2008),
Palabra de Náufrago (Verbum, 2014).




Fernando Gil Villa. Breve antología personal 



Hechizos de casa y luna (1997) (Salamanca: Cátedra poética Fray Luis de León)


Hölderlin en el avión 

Lo que templaba los nervios de nuestros padres 
era la pala cósmica del sol
 y de la tierra densa y pesada 
-que removían con sus manos-.
 Lo que templa nuestros nervios 
es la nausea del viaje
 y la presión del avión
 -que remueve nuestro estómago-.



Viaje al fondo de Sudamérica 

Caímos sobre tierra caliente 
como tizones avivados 
por la brisa hedionda del valle. 
América es un avión loco 
que asusta a niños de terciopelo, 
un dardo sin puntería clavado 
en las costillas blandas de los Andes, 
alas inmensas de ángel tierno 
que cubren pueblos de esmeralda, 
de esperanza muerta y resucitada. 

Jugamos a ser dioses. 
En medio de un salto fundimos 
y encendemos los vientres 
del Sur preñados de mares 
lentos e indigestos
de frutas anubarradas. 
Todo fermenta cruelmente.





Brasilia en verso (Brasilia: Thesaurus, 1997 -edición bilingüe, español, portugués-)


Bienvenidos al planeta de los simios
Salimos a recorrer el universo,
queríamos llegar lejos. 
Volvimos a Brasilia 
envueltos en bordados
de acero refulgente,
pero como habíamos ido 
demasiado deprisa, 
nos encontramos con 
                                             nuestra 
                                                             esclavitud: 
cadenas plateadas 
al calor de la luna, 
venganza de luz. 
Bienaventurados sean 
                                    nuestros señores 
                                                                      los simios.



Todo bajo control

Corderitos de algodón corretean por el cielo azul supersónico. Contemplo el espectáculo semitumbado en la hamaca 31 de la piscina 2 del Club Minas V un poco más abajo de la L2 ya sabes yendo al Lago Norte por la W3 o bien, si vas caminando, por el sendero 3.321 que coges en el Bloque 1 de Colina Nueva atravesando el bosquecillo en cuyo centro se sitúa el Pequizeiro Caryocar Brasiliense con número de catálogo 14.321. Con-templo el espectáculo con una Antárctica helada –ya que Brahma se anuncia en el Canal 1 de la TV con un sexismo que considero indecente-. Contemplo el espectáculo y me estremezco de placer cada media hora al escuchar esa misteriosa y seductora voz de señora de locutora de los años cincuenta: “ZYC Brasília Super Radio FM Stereo 89 Megahercios y 9 décimas, Brasília DF”. Es tan buena que hasta los corderitos bajan de las nubes por los cables de mi Walkman Aiwa Superbass modelo TA153 para beberse mi cerveza los muy cabrones –la ingenuidad siempre tan sedienta- y dejarme después tirado. La verdad es que llevo sólo toda la tarde del 19 del 8 de 1997 contemplando el espectáculo del sol número 4 calentando el planeta número 20. Estoy sólo y pienso que bajo esta piel con DNI del muerto 7 millones y pico R, todo está en orden, todo está en orden, todo está en ord aunque no lo sienta aunque no lo





Señales de humo (Salamanca: Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca, 2000)



Museo de cera

Me dices que vives en un museo de cera 
–amabilidad amarilla, de corazón densa- 
que eres un poco inmortal, 
que detrás de la justicia de cera, 
que debajo de la carne que te queda 
                                                                           sin depredar 
existe algo que llamas libertad: 
movimiento entre figuras
para ti real.




Las afueras

En las afueras no hay cigüeñas 
sino repúblicas de palomas y un son
de campanas muertas 
que atraviesa el cementerio de coches. 

En las afueras no hay
sino fachadas leprosas que esperan 
con paciencia la sirena lejana 
del tren fugitivo -para ellas un caldo tibio-.

Del iris de tu móvil salen
ráfagas verdes de paciencia
infinita que inundan 
el aeropuerto: así pues,
el monstruo dormita.





O náufrago e a princesa (Centro de Estudios Brasileños. Universidad de Salamanca, 2004)



-Compadre, empreste o jornal 
Que hoje estou pasando mal. 
–Náufrago, seu traquinas, 
Trabalhe, faça faxinas.

- O naufrágio me deprimiu
-Mas já faz um ano, viu?
Vai, pegue, leia agora,
Que logo logo vou embora.

“O mato ficou às escuras,
A vida sumiu nas trevas.
Desapareceu a princesa
E então a saudade não cessa

 `Será que ela foi raptada?
Enganou-a alguma fada?´
Se perguntam na floresta
Onde já não tem mais festa.


Onças de una afiada 
Espreitam pela exurrada
As ordens foram servidas
Saibam todos as medidas:
(…)




Otra tierra (Madrid: Huerga y Fierro, 2005)



Estuches de coco 
van a la deriva 
encierran semillas humanas. 

Un Leviatán de manos blandas 
deposita los últimos soldados del mar 
en el profundo ascensor del olvido. 
A las tres de la mañana sube, 
los coros de pájaros dormidos, 
rumbo a las estrellas. 

Gigantesco, 
imposible, 
deforme, 
medio roto, 
un gusto por la piel violenta,
por haber sido piel canela, 
hoy entregada, 
medio ausente, casi indecente, 
violeta. 

Alguien -¿pero fue un ángel?-
me vistió de marino antiguo, 
me despojó la armadura 
y me casó con la noche. 
Un viaje de novios 
en aquel ascensor 
del olvido.



Sin fuerzas vienen y van 
los perros por las arenas. 
Sin fuerzas y no se paran. 
Cosiendo van con cuidado
el infierno en este cuaderno
de paraísos inciertos





Esto queda (Zaragoza: Eclipsados, 2008)


Educación a distancia
La ventana del profesor 
tenía nieve con algo de sol, 
entrañas de bronce 
fundiéndose 
eternamente. 

Hoy le queda al pájaro
el recuerdo de las letras,
mientras cante.




Todos siendo jóvenes
Todo se dio por adelantado,
también la primavera insomne 
de la felicidad. 

Joven viejo, viejo joven: 
inherente es la ruina 
y el canto de pájaros negros
a la trama desvencijada 
de tu insólita voluntad. 

Todo se dio por adelantado. 
El aullido terco de rameras
crepusculares también.





Palabra de Náufrago (Madrid:Verbum, 2014)



Sala 427 (El portal)  (Para Maribel)

Tuvo sabor a rapto, 
me refiero al momento en que llegó,
equivocando su presencia
iluminando un mundo lejano de corazones 
apostados en cerros refulgentes

dispuestos a devolver conquistas.
Luego, aquel rubor distinto 
subió por la pared,

cambió de color los cuadros
y se instaló girando
en el cielo nublado.

Aquel fue el único acontecimiento

capaz de plantarle cara al invierno 
sinfín. 
Hubiera hecho mal de no desatarme

los pensamientos,
de no treparme yo también

a la espalda de la ventana

como un insecto penitente;

hubiera hecho mal de no aprovechar

el paso de aquel tren

de lava cálida
con destino 
al sagrado volcán,

condena segura a la felicidad 
corta y mortal de los insectos.



La caída de América (Para América)

Recuerdo que siendo bebé 
mi hija quería volar. 
Yo no le quitaba ojo de encima 
salvo un segundo cierta mañana 
que ella aprovechó para ensayar 
un vuelo corto tirándose 
desde el sofá.

Lo que vi después no podría 
volver a verlo: una montaña 
de nieve hirviendo cayendo 
sobre un corazón desprevenido. 

Felizmente la historia acabó 
bien pero he de aclarar 
que el superviviente fui yo.




Laureado 

El gran doctor nos honró con su presencia: 
Vino, 
no vio, 
y venció en cena sagrada 
donde discípulos consumieron 
más amenes que bocados de cardenal. 

Yo, Judas, tenía la esperanza 
de que el vino de la ribera
abriera un poco las compuertas 
de la presa intelectual.
Sin embargo sus sentencias fueron
tan siniestras e inciertas 
como la calle que albergaba el restaurante. 

Y así de sordo y ciego marchó 
el Dómine al día siguiente, 
tras nombrarlo farero mayor
la gloriosa universidad:
repartiendo bastonazos camuflados 
en su batuta de falso Beethoven, 
dejando esparcidos en el puente romano 
los excrementos de la revolución
burguesa. 








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