miércoles, 4 de mayo de 2016

RIGOBERTA MENCHÚ [18.609]


RIGOBERTA MENCHÚ

Guatemala, año 1958 
Lo que se dice una heroína nacional, cuyo admirable afán fue reconocido internacionalmente con el Premio Nobel de la Paz en 1992. Rigoberta Menchú Tum es un símbolo de esperanza y constancia: una mujer indígena k’iché que se ha destacado por su liderazgo al frente de las luchas sociales en el ámbito nacional e internacional –es, además, la persona más joven en recibir Nobel de la Paz. Ya desde muy joven se involucró en las luchas reivindicativas de los pueblos indígenas y los campesinos, lo que le valió persecución política y el exilio. Ha recibido decenas de reconocimientos, entre los que destacan el premio de la UNESCO Educación para la Paz (1990), la condecoración Legión de Honor en el máximo grado de Comandante, recibida de manos del presidente francés Jacques Chirac (1996) y el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional (1998). Se ha hecho acreedora de más de treinta doctorados Honoris Causa en distintas universidades del mundo. Ha publicado decenas de libros, entre ellos Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, obra testimonial publicada en 1983 y que ha sido traducido a más de doce idiomas.


Rigoberta Menchú: 
por la paz y los derechos humanos

Escrito por  Lucia Prade

Rigoberta Menchú Tum es activista de los derechos humanos de Guatemala. Nació en el año 1958 en una numerosa familia campesina de la etnia indígena maya-quiché. Tras haber pasado una dura infancia y juventud, en medio de la lucha contra la guerrilla, la pobreza y la represión, ha podido dar solidez a su discurso y ser reconocida mundialmente por su activismo por los derechos indígenas.

Rigoberta Menchú es autora de muchos libros, entre ellos Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, donde cuenta su experiencia de vida en las aldeas indígenas, los problemas entre las comunidades y la forma como ha podido salir adelante y llegar adonde está hoy, siendo una de las principales portavoces de esa realidad local. “Los niños tenían que ser como gentes adultas” –cuenta–, nunca han tenido contacto con juguetes de plástico, pero sí jugaban con la naturaleza, con los animales, con los árboles. Era una cultura diferente, de profundo respeto hacia la tierra.

Con la represión de las clases dominantes guatemaltecas, las familias indígenas empezaron a unirse para reivindicar sus derechos, y ya de joven Rigoberta comenzó a relacionarse con la lucha en pro de su pueblo,objetivo que más tarde le costó la persecución y el exilio. Rigoberta cuenta que la extrema discriminación ha llevado a los pueblos indígenas a ocultar poco a poco su identidad, ya que el régimen trataba de quitar todo lo relacionado con la cultura y la religión propias de las aldeas. En esta época se dedicó a aprender el castellano y otros idiomas indígenas para poder trabajar como un eslabón que uniese a los pueblos que tenían una cultura en común y que, debido a su independencia, estaban destinados a desaparecer bajo la fuerte represión que estaban soportando. Más adelante empezaron a sufrir persecuciones, torturas y la muerte de muchos indígenas en plazas públicas, como en el caso de su hermano mayor.

Ante esa situación, Rigoberta decidió no rebelarse contra la guerrilla, como muchos de sus hermanos, sino empezar una campaña pacífica de denuncia del régimen guatemalteco y de la violación de los derechos humanos que ha vivido ella misma, su familia y muchas comunidades indígenas. Para escapar de la represión, se exilió, y en el año 1988 regresó a Guatemala, con protección internacional de las Naciones Unidas, y siguió su trabajo de denuncia contra las injusticias.

GQHEB-rigobertaEn 1992 la labor de Rigoberta Menchú fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz. Su posición le permitió actuar como mediadora en el proceso de paz entre el Gobierno y la guerrilla iniciado en los años siguientes. Rigoberta cree que todavía la población de Guatemala vive con miedo de que vuelva la represión, el militarismo y la dictadura, y que los principales problemas que enfrenta hoy su país son el analfabetismo, la pobreza y el hambre. “Se han idealizado mucho los acuerdos de paz, pero (...) la paz debe consistir también en tener qué comer y tener trabajo y oportunidades”, comenta en una entrevista.

Aun así, afirma que también hay logros positivos desde aquella época, como por ejemplo, que la espiritualidad maya ya no se practica en secreto, los idiomas mayas son oficiales, se ha rescatado el manejo del calendario maya (como guía de futuro), y que, por lo tanto, su historia también empieza a ser oficial. También considera que el ambiente de hoy es más libre para los jóvenes, lo que les genera más posibilidades de tener conciencia y aprendizaje.

Recientemente, Rigoberta ha sido una de las fundadoras del partido político Wianq, formado fundamentalmente por personas de origen maya, y que trabaja para defender los intereses de las poblaciones indígenas en Guatemala. Este hecho le ha generado muchas críticas, ya que la política está relacionada con la corrupción en muchos países del mundo, y en Guatemala no es diferente. Aun así, cree que lo más importante es que haya una representación de estos pueblos en el sistema de gobierno actual, pues ya es inviable vivir aislados. Para Rigoberta, “un líder no es el que se autonombra, es el que sabe escuchar a la gente”, y “lo más importante es que seamos capaces de crear autoestima en la gente y generar una población más sana, más armoniosa, que empiece a buscar la armonía en lugar de la victimización”. Por eso sus esfuerzos son en pro de buscar la calidad humana, más allá de los cargos o puestos.

También ha creado la Fundación Rigoberta Menchú Tum a raíz de recibir su Premio Nobel, y se dedica fundamentalmente a realizar acciones de educación e iniciativas de autodesarrollo, con el objetivo de defender los derechos humanos y contribuir a la construcción de una ética de paz mundial. El código de ética para una era de paz de la fundación es:



“No hay paz sin justicia,
no hay justicia sin equidad,
no hay equidad sin desarrollo,
no hay desarrollo sin democracia,
no hay democracia sin respeto a la identidad y
dignidad de las culturas y los pueblos”.



Rigoberta Menchú es un personaje importante de lucha y reivindicación pacífica, que nos puede servir como ejemplo para tiempos difíciles como el que estamos viviendo actualmente. Su reconocimiento internacional la ha llevado a recibir numerosos premios y reconocimientos, pero también a dar la vuelta al mundo con un mensaje de paz, igualdad y justicia.



Crucé la frontera amor

Crucé la frontera amor
no sé cuando volveré.
Tal vez cuando sea verano,
cuando abuelita luna y padre sol
se saluden otra vez,
en una madrugada esclareciente,
festejados por todas las estrellas.
Anunciarán las primeras lluvias,
retoñarán los ayotes que sembró Víctor
en esa tarde que fue mutilado por militares,
florecerán los duraznales y florecerán nuestros campos.
Sembraremos mucho maíz.
Maíz para todos los hijos de nuestra tierra.
Regresearán los enjambres de abejas que huyeron
por tantas masacres y tanto terror.
Saldrán de nuevo de las manos callosas tinajas,
y más tinajas para cosechar la miel.

Crucé la frontera empapada de tristeza.
Siento inmenso dolor de esa madrugada
lluviosa y oscura, que va más allá de mi existencia.
Lloran los mapaches, lloran los saraguates,
los coyotes y sensontles totalmente silenciosos,
los caracoles y los jutes desean hablar.
La tierra madre está de luto, empañada de sangre.
Llora día y noche de tanta tristeza.
Le faltarán los arrullos de los azadones,
los arrullos de los machetes,
los arrullos de las piedras de moler.
En cada amanecer estará ansiosa de escuchar
risas y cantos de sus gloriosos hijos.

Crucé la frontera cargada de dignidad.
Llevo el costal lleno de tantas cosas de esta tierra lluviosa
llevo los recuerdos milenarios de Patrocinio,
los caites que nacieron conmigo, el olor de la
primavera, olor de los musgos, las caricias de la milpa
y los gloriosos callos de la infancia.
Llevo el güipil colorial para la fiesta cuando regrese.
Llevo los huesos y el resto del maíz. ¡Pues sí!
Este costal volverá a donde salió, pase lo que pase.

Crucé la frontera amor.
Volveré mañana, cuando mamá torturada
teja otro güipil multicolor,
cuando papá quemado vivo madrugue otra vez,
para saludar el sol desde las cuatro esquinas
de nuestro ranchito.
Entonces habrá cuxa para todos, habrá pom,
la risa de los patojos, habrá marimbas alegres.
Harán lumbres en cada ranchito, en cada río para
lavar el nixtamal en la madrugada.
Se encenderán los ocotes, alumbrarán las veredas,
los barrancos, las rocas y los campos




Nostalgia

Es ella, la que cruzó fronteras y no le dio
tiempo de despedir el novio desaparecido,
la que gritó la verdad por el mundo,
dijo un discurso frente a militares asesinos
y no se le terminó la voz.
Es la que venció su miedo, aceptó ser acompañada
por la soledad de lejanas tierras, cruzando
fronteras esperando un avión
de allá pa ca, de acá pa allá.
Es la hija, la nieta de los mayas.
Es la que nació bajo el cielo azul.
Es la memoria de Chimel.
Es para ti hermosa mujer de mi tierra.

 


Ella (fragmento)

Arquitectura y belleza multicolor de la naturaleza
silueta del universo, rostro pecoso y marchitado de tanto cortar
algodón, café, y caña de azúcar, manos tiernas, creadoras, ásperas
y callosas por rajar la leña bajo el temascal ardiente del padre sol.
 Pies grandes, tiesos como las rocas cruzando veredas,
... charralera y caminitos de la madre tierra, por donde sólo pasan monos, ardillas, hormigas, bichos raros y pájaros nunca vistos.
Quetzal en verdecidad de esperanza y futuro.
Quetzal de pecho rojo, rojo ardiente de lucha y de coraje por tanta sangre y tristeza que han visto tus ojos. Es ella, es la Juanita que conoce el más allá de una muerte, es la xiba, la comadre, la tejedora del mañana.
Es la marimba frágil de mi tierra. Es la Mariíta la tojona de doña Marta Zacarías. Es la compañera que encendió fuego por donde pasó …



Mi tierra 
                                  
Madre tierra, madre patria,                                                                                        tus manojos de lluvia,                                                               
tus ríos transparentes,
tu aire libre y cariñoso,
tus verdes montañas y
calor ardiente de tu sol
hicieron crecer y multiplicar
el sagrado maíz y formaron los
huesos de esta tierra.

Aquí reposan los huesos y
memorias de mis antepasados
en tus espaldas se enterraron
los abuelos, los nietos y los hijos.

Aquí se amontonaron huesos tras huesos
de los tuyos, de los huesos de las
lindas patojas de esta tierra
abonaron el maíz, la yuca,
las málagas, los chilacayotes.
Los oyotes, los güicoyes y los güiquiles.
Aquí se formaron mis huesos.
Aquí me enterraron el ombligo
y por eso me quedé aquí
año tras año
generaciones tras generaciones.

Tierra mi  tierra de mis abuelos
tus manojos de lluvia,
tus ríos transparentes,
tu aire libre y cariñoso,
tus verdes montañas y
calor ardiente de tu sol
hicieron crecer y multiplicar
el sagrado maíz y formaron los
huesos de esta tierra.

Tierra mía, madre de mis abuelos,
Quisiera acariciar tu belleza
Contemplar tu serenidad y acompañar tu silencio,
quisiera calmar tu dolor.
Llorar tu lágrima al ver
tus hijos dispersos por el mundo
regateando posada en tierras
lejanas sin alegría, sin paz,
sin madre, sin nada.


CARTA DE RIGOBERTA MENCHÚ A GEORGE W. BUSH


Al señor George W. Bush
Presidente de los Estados Unidos de América
Washington, D.C. - E.U.A.

Excelentísimo señor presidente:

Deseo, en primer lugar, reiterar a Ud. la solidaridad y condolencia que expresé a todo su pueblo el martes 11 pasado, luego de conocer los dolorosos sucesos ocurridos en su país, así como compartir mi indignación y condena a las amenazas que entrañan esos actos de terrorismo. En los últimos días he estado pendiente de la evolución de los acontecimientos, empeñando mis mejores oficios en que la respuesta a dichos sucesos sea la reflexión, no la obsecación; la cordura, no la ira; la búsqueda de justicia, no la revancha. He invocado la conciencia de los pueblos del mundo, a los medios de comunicación, a las personalidades eminentes con las que comparto un compromiso ético con la paz, a los jefes de Estado y los líderes de los organismos internacionales, para que la cordura ilumine nuestros actos. Sin embargo, señor presidente, al escuchar anoche el mensaje que dirigió al Congreso de su país, no he podido reprimir una sensación de temor por lo que puede desprenderse de sus palabras. Llama Ud. a su pueblo a prepararse para "una larga campaña como no hemos visto ninguna otra jamás", y a sus militares a salvar su orgullo, marchando a una guerra de la que pretende hacernos parte a todos los pueblos del mundo.

A nombre del progreso, el pluralismo, la tolerancia y la libertad, usted no deja ninguna opción a quienes no contamos con la dicha de compartir la sensación de libertad y los frutos de la civilización que desea Ud. defender para su pueblo, y a quienes nunca tuvimos simpatía alguna con el terrorismo ya que fuimos sus víctimas. Quienes somos expresiones orgullosas de otras civilizaciones; quienes vivimos día a día con la esperanza de convertir la discriminación y el despojo en reconocimiento y respeto; quienes llevamos en el alma el dolor del genocidio perpetrado en contra de nuestros pueblos; quienes, en fin, estamos hartos de poner los muertos en guerras ajenas, no podemos compartir la arrogancia de su infalibilidad ni el camino unívoco al que Ud. desea empujarnos cuando afirma que "Todas las naciones en todas las regiones deben tomar ahora una decisión: o están con nosotros o están con los terroristas".

Al empezar este año, invité a los hombres y mujeres del planeta a compartir un Código de Ética para un Milenio de Paz reclamando que:

No habrá Paz si no hay Justicia
No habrá Justicia si no hay Equidad
No habrá Equidad si no hay Desarrollo
No habrá Desarrollo si no hay Democracia
No habrá Democracia si no hay respeto por la Identidad y la Dignidad de los Pueblos y las Culturas

En el mundo de hoy, todos estos son valores y prácticas muy escasas, sin embargo, la desigual manera en que están distribuidos no hace más que alimentar la impotencia, la desesperanza y el odio. El papel de su país en el actual orden mundial está lejos de ser neutral. Anoche esperábamos un mensaje sensato, reflexivo y autocrítico pero lo que escuchamos fue una amenaza inaceptable. Comparto con Ud. que "el curso de este conflicto no se conoce", pero cuando sentencia que "su resultado es cierto", la única certeza que me invade es la de un nuevo y gigantesco sacrificio inútil, la de una nueva mentira colosal.
Antes de que dé Ud. la voz de "fuego", me gustaría invitarlo a pensar en un liderazgo mundial diferente, en el que no necesite vencer sino convencer; en el que la especie humana pueda demostrar que en los últimos mil años hemos superado el sentido de "ojo por ojo" que tenía la justicia para los bárbaros que sumieron a la humanidad en el oscurantismo medieval; en el que no hagan falta nuevas cruzadas para aprender a respetar a quienes tienen una idea distinta de Dios y la obra de su creación; en el que compartamos solidariamente los frutos del progreso, cuidemos mejor los recursos que aún quedan en el planeta y a ningún niño le falte un pan y una escuela.
Con la esperanza en un hilo, lo saluda atentamente

Rigoberta Menchú Tum
Premio Nobel de la Paz
Septiembre de 2001





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